Sunday, August 13, 2017

CHARLOTTESVILLE: OTRA POSTAL DE LA DECADENCIA NORTEAMERICANA



Ayer, en la localidad de apenas 35.000 habitantes, Charlottesville (Estado de Virginia), un auto en carrera desenfrenada por una de las arterias de esa ciudad, atropelló a una multitud de personas, matando a tres e hiriendo a otras 19. Lo hizo en el contexto de una marcha de los supremacistas blancos, quienes portaban banderas racistas del Klu Klux Klan, de la Confederación sureña y símbolos neonazis, yendo al encuentro de la contramarcha de "liberals" y progresistas postmodernos, que reivindican valores como la pluralidad religiosa y moral, entre otros.

 

Esta vez, no fue un atentado de un musulmán radicalizado, cualquiera sea su lugar de procedencia (Arabia Saudita, Chechenia, Afganistán). Esta vez, fue un americano blanco, un joven de 20 años, oriundo de Ohio, que lleno de odio y resentimiento contra las minorías que el mismo país y su Constitución dejaron crecer y progresar, prefirió inmolar a quienes no piensan como él. Es otro signo inequívoco del desmoronamiento axiológico del otrora Imperio? No se hallan en cuestionamiento los mismos valores que lo engrandecieron? Recordemos que todo esto se da en el contexto de la era Trump, otro factor que podría ser interpretado en clave de decadencia.

En cualquier caso, parece ser también el grito desesperado de la cada vez más minoría blanca, representada por esta "alt-right" trumpiana, pero ya en el ocaso, frente a otras razas, más vigorosas en términos demográficos, como la latina. Una minoría blanca a la que, por propia decisión, están consumiendo la desocupación, el fanatismo televisivo y religioso, la obesidad, las drogas, el alcoholismo y la infertilidad, entre otros flagelos. Lejos quedó atrás el empuje propio de las familias aventureras, conquistando el Lejano Oeste, conduciéndolos al "sueño americano" en la segunda mitad del siglo XIX, como en los filmes hollywoodenses de la década del cincuenta. De ello, ya nada queda.

Es que tal vez, sea ésa la Estados Unidos que va muriendo y se resiste a hacerlo. Quizás esté naciendo "otra", con otros contenidos, con otros contornos, por qué no, más semejante a la resto del continente, que le tocó hegemonizar.

BUENA EXPLICACION DE LA SUPERVIVENCIA POLITICA DE MADURO EN VENEZUELA

TRAPITOS AL SOL
La Opinión de RAUL FUENTES
DIARIO EL NACIONAL, CARACAS, DOMINGO 13/8/2017.
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La toma del Fuerte Paramacay y el escape del muy bien apertrechado capitán Caguaripano, el ping-pong que juega el Sebin con Ledezma y López, la cohabitación imposible en el Palacio Federal del fraudulento concilio comunal y la Asamblea Nacional, el doble rol de acusador y defensor que interpreta el abogado Tarek William Saab, la persecución y encarcelamiento de alcaldes de la oposición, el dictamen del CNE que prohíbe a la MUD presentar candidatos en 7 estados, los cancilleres reunidos en Lima que desconocen la ANC y  tachan de dictador a Nicolás, la visita a sus amigotes… En fin, temas sobran para explayarse a placer. Me privaré de ese gusto para tratar de entender cómo el régimen consigue imponer sus demenciales criterios y por qué seres aparentemente humanos y pensantes respaldan y aplauden consensualmente, ¡bravo, así, así, así es que se gobierna!, las bravatas de Maduro, los desplantes de Padrino y la patanería de Cabello. Tanta aquiescencia es sospechosa. ¿Qué coco espanta, ¡bu!, a los que no ven con buenos ojos la deriva autoritaria del nicochavismo y desearían se respetase la Constitución bolivariana?
Citarse a uno mismo denota presunción o vanidad; pero, en este punto, a riesgo de ser tildado de pedante y engreído, incurriré en esa inelegante práctica, pues la pregunta no es retórica y me remite a un artículo, “Parecidos no tan casuales”, publicado hace poco más de un año en este mismo espacio,  en el que establecí algunas analogías entre el régimen militar instaurado por Chávez –y que, a su muerte, La Habana decidió endurecer y vestir, ¿camuflar?, de civil– y las hermandades criminales –Cosa NostraCamorra,  ′Ndrangheta–, enseñoreadas en el mezzogiorno italiano. Para ello, me valí de las cavilaciones respecto a la mafia del Inspector Anders, renco investigador romano, imaginado por el escritor australiano Marshall Browne (1935-2014), que disimula su minusvalía con una pata de palo –¿metáfora del capitán Ahab y su obsesiva persecución de la ballena blanca (Moby Dick) que le arrancó una pierna?– y la compensa con la sagacidad que distingue a los héroes de novelas detectivescas: “¿Qué droga han administrados al país? ¿Por qué la población se queda sentada como una liebre asustada? La respuesta (…) una gran fuerza económica; una sólida red de corrupción; el miedo y la crueldad; un secreto siniestro y una astuta planificación. Individualmente estos elementos son simples y brutales, pero al combinarlos la máquina es tan intrincada como un reloj suizo”.