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Monday, April 22, 2019

UCRANIA: OTRA TRAGEDIA DERIVADA EN FARSA?


Argentina no está sóla en este mundo, si debemos hallar ejemplos de países que habiendo gozado de momentos de esplendor, dilapidaron históricamente sus recursos naturales, debido a crisis institucionales y elites irresponsables. Salvando las enormes distancias físicas y culturales, Ucrania, conteniendo una de las praderas más ricas del planeta, es una de las que nos acompaña en el ranking de la frustración. Como no podía ser de otro modo, ambos países, con poblaciones numéricamente similares, suelen tener conductas exculpatorias: en el caso de Ucrania, puede dispensársele el hecho de que a lo largo de su evolución, formó parte casi siempre de un algún formato imperial: no sólo el ruso zarista (desde el siglo XIX) y el soviético bajo el cual sufrió la hambruna del Holodomor (1932-1933) sino la Confederación lituano-polaca (siglos XVI a XVIII), el Imperio Austrohúngaro y el III Reich alemán, ambos en el siglo XX.

La división étnico-lingüística-religiosa no es un mito en el ejemplo ucraniano, pero ello tampoco explica las razones de su evidente fracaso como joven Estado-Nación, desde 1992, tras la implosión de la URSS. Con la corrupción y mafias por doquier, como pesadas herencias del “socialismo real” de 7 décadas, ni los Nomenklatura reciclados,  Kravchuk (1991-1994) y Kuchma (1994-2005) fueron absolutos pro-Kremlin ni Yushchenko y Tymoschenko, emergidos de la Revolución Naranja de 2004, condujeron al país a “Occidente” (UE + OTAN). Tampoco Yanukovich fue un “títere” del Kremlin: fue él quien intentó llevar a Kiev hacia un acuerdo comercial con Bruselas, al mismo tiempo que intentaba reequilibrar el vínculo con Moscú. El Euromaidán de 2014, tras la hegemonía lograda por los ultranacionalistas y neonazis –con muy poco de europeístas y sí de rusofóbicos y antisemitas, terminó depositando vía elecciones a un oligarca, Poroschenko. Un lustro después, Ucrania aparece agotada, con todas las promesas postrevolucionarias, hechas añicos. Más de 13.000 muertos, en la mayor guerra europea después de la disgregación yugoslava; 7 millones de refugiados (70 % a la denostada Rusia y un 30 % a la admirada pero inalcanzable Alemania) y un 10 % del territorio prácticamente en guerra civil, con un Ejército regular corrupto y con la moral bajísima y otro, enfrente irregular, formado por milicianos nostálgicos de la guerra de Stalin contra Hitler entre 1941 y 1945.

Ni Rusia que sólo aprovechó semejante caos para recuperar Crimea. Ni Washington que carece de interés estratégico en la zona, aunque sus “halcones” rusofóbicos -descendientes de emigrados polacos o judíos de los pogromos zaristas- siempre sueñan con poner sus pies lo más cerca posible de Moscú. Ni Bruselas-Berlín, a los que se podrá acusar de torpezas políticas puntuales con Kiev. Ninguno de los tres actores internacionales, son responsables directos de la situación de Estado cuasi fallido que tiene Ucrania. Es su propia kleptocracia.

Así lo evaluó y actuó por consiguiente, en las urnas, su pueblo. Sólo así se explica que lo que iba a ser otra aburrida segunda vuelta entre un Poroschenko –inclinado a exacerbar con los rusos, incidentes religiosos como el de la Iglesia Ortodoxa o navales como el del estrecho de Kerch- y Tymoschenko, en la Navidad del año pasado, apareciera por primera vez en público, anunciando su candidatura, para encaramarse en la encuestas, un actor cómico, rusoparlante, nacido en el centro-este y de origen judío, Volodymyr Zelenskiy. Un “payaso orgulloso”, como él mismo se autodenominó y que ya era muy conocido por su famoso reality donde como profesor de historia llegaba a la máxima magistratura, que hizo campaña en las redes sociales y pudo evitar la TV, aunque apelando a un futuro de paz y recuperación. Venció en primera vuelta por holgado margen y mucho más en el ballotage de este Domingo de Ramos (ortodoxo), cristalizando el desencanto y la frustración de los ucranianos con su clase política.


Thursday, June 25, 2015

UNA FORMA DE ACERCAR A MOSCU CON BRUSELAS?

Una nueva estrategia europea para acercarse a Moscú

Un informe aboga por lograr un espacio de seguridad compartido



“La UE debe aprender a negociar con Rusia tal y como es, no como le gustaría que fuera”. Esta es una de las ideas centrales del informe Una Rusia más europea para una Europa más segura, elaborado por la Fundación Alternativas. El documento formula “propuestas para una nueva estrategia de la Unión Europea hacia Rusia” y será presentado este jueves en Madrid por sus autores, un grupo de 17 personas coordinado por el profesor Javier Morales.
El conflicto en Ucrania, origen del mayor deterioro en las relaciones entre Occidente y Rusia desde el fin de la Guerra Fría, es “un inaceptable foco de inestabilidad para la UE” y exige “renovar la estrategia europea hacia Rusia”, señala el documento. La nueva estrategia debe responder a “intereses y valores” de la UE y evitar que se repitan “los errores cometidos” por esta entidad en la crisis en Ucrania. La UE, opina, no supo anticipar las reacciones de Moscú a su política de vecindad y no tuvo en cuenta el resurgimiento internacional de Rusia ni las concepciones rusas de sus intereses de seguridad.
El documento aboga por “aceptar a Moscú como una gran potencia con la que es necesario trabajar para construir un espacio de seguridad compartido” y rechaza “la Guerra Fría basada en la contención”. Los desacuerdos “no deben bloquear la cooperación frente a las amenazas compartidas por los países occidentales y Rusia: por ejemplo, el terrorismo internacional o la inestabilidad en Oriente Medio”, sentencia.
El documento aplica la “resolución negociada del conflicto en Ucrania” sólo al este de ese país, mediante el pleno cumplimiento de los acuerdos de Minsk, el foro negociador formado por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania bajo los auspicios de la OSCE. A la península de Crimea, anexionada por Rusia en marzo de 2014, la da prácticamente por perdida. “La anexión de Crimea como república dentro de la Federación Rusa, ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, parece sin embargo un hecho de difícil vuelta atrás”, afirma el informe. “Aunque la UE continúe sosteniendo la soberanía ucrania sobre este territorio, debe desvincular este contencioso del conflicto armado en las regiones del Donbás, para evitar bloqueos que impidan avanzar en una resolución negociada de este último problema, donde todavía es posible el acuerdo”, señala. El logro de acuerdos con Rusia “de forma pragmática” debería conducir “gradualmente” a “crear la confianza necesaria para un acercamiento en el ámbito de los valores”, que, de producirse, será a “largo plazo”, vaticina.Cuatro son los pilares de la estrategia propuesta: la solución negociada del conflicto en Ucrania; el diálogo paneuropeo y de seguridad global; el reforzamiento de la asociación económica y comercial, y más conocimiento entre las sociedades. En 26 páginas, el documento explora vías para evitar que Rusia se aleje de Europa en dirección a otros socios como China y los países BRICS y para mantener los vínculos entre una UE, internamente dividida en sus percepciones hacia Moscú, y una Rusia que “basa su política exterior en un concepto tradicional de la soberanía y el interés nacional” y que “considera principios como la democracia y los derechos humanos como una mera justificación para la injerencia de las grandes potencias en los asuntos internos de terceros países”.

En todo caso, “una Rusia aislada será menos dialogante y más agresiva, ya que optará por buscar socios alternativos en otros continentes —China o los demás BRICS— en lugar de restaurar sus relaciones con el resto de Europa”, argumenta el texto. La negación del “carácter europeo de Rusia” y de “su legitimidad para participar en las decisiones políticas que afectan a todo el continente” sólo consigue reforzar los argumentos del nacionalismo radical ruso llamado “euroasianismo” basados en la incompatibilidad entre su cultura y la occidental”, sostiene.
El informe se manifiesta a favor de una gradual abolición de las sanciones a medida que se progrese en la aplicación de los acuerdos de Minsk (para los que subraya que no hay alternativa). También considera que la escalada de sanciones perjudica a todos. España, afirma, pierde unos 330-360 millones de euros anuales debido a las contrasanciones rusas a los productos agroalimentarios.
Constatando el carácter “esencial” de Rusia para garantizar el suministro energético europeo (otras fuentes son “más caras”), el informe propone, no obstante, diversificar el abastecimiento para evitar que ninguno de los miembros de la UE “dependa excesivamente del gas ruso”. De ahí que apoye el proyecto de gasoducto Southern Gas Corridor, desde Azerbaiyán a la UE (evitando a Rusia) e incorporando a otros productores como Turkmenistán. El documento propone una política europea de vecindad más flexible y coordinada con Moscú, un diálogo institucional entre la UE y la Unión Económica Euroasiática así como entre la OTAN y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva como medida para asentar la confianza.
La UE “carece de los medios y la legitimidad” para imponer una transformación del régimen político ruso, más allá de “apoyar a la sociedad civil” para que decida libremente el modelo de convivencia que desea. Los autores del informe subrayan los errores europeos y muestran gran delicadeza ante las susceptibilidades rusas, haciendo encaje de bolillos al establecer las relaciones causales entre los acontecimientos que llevaron a la crisis de Ucrania.
Desde el punto de vista del informe, la “implicación militar” de Rusia fue reactiva y un “último recurso” en respuesta a lo que ellos (los rusos) entendían como una amenaza a sus intereses vitales: el cambio político revolucionario surgido del Euromaidán, cuyos dirigentes consideraban a Rusia como el principal enemigo”. Los “grupos ultra nacionalistas minoritarios” tuvieron un “protagonismo inadmisible” en el Euromaidán, opina el documento, que se refiere al “derrocamiento inconstitucional” del presidente Yanukóvich, “aceptado y apoyado por EE UU y la UE”, pero no menciona la huida de Víctor Yanukóvich ni la responsabilidad de éste en la escalada de la violencia y la gestión de la crisis. En lo que se refiere a las responsabilidades de la UE y de Rusia, el documento opina, sin embargo, que éstas no son “equiparables”, pues la UE y Estados miembros apoyan a Ucrania “con medios diplomáticos, ayuda económica y material militar no letal, mientras el Kremlin “ha utilizado también la intervención militar directa y el suministro de armamento al bando prorruso”.