Showing posts with label Ucrania. Show all posts
Showing posts with label Ucrania. Show all posts

Monday, April 22, 2019

UCRANIA: OTRA TRAGEDIA DERIVADA EN FARSA?


Argentina no está sóla en este mundo, si debemos hallar ejemplos de países que habiendo gozado de momentos de esplendor, dilapidaron históricamente sus recursos naturales, debido a crisis institucionales y elites irresponsables. Salvando las enormes distancias físicas y culturales, Ucrania, conteniendo una de las praderas más ricas del planeta, es una de las que nos acompaña en el ranking de la frustración. Como no podía ser de otro modo, ambos países, con poblaciones numéricamente similares, suelen tener conductas exculpatorias: en el caso de Ucrania, puede dispensársele el hecho de que a lo largo de su evolución, formó parte casi siempre de un algún formato imperial: no sólo el ruso zarista (desde el siglo XIX) y el soviético bajo el cual sufrió la hambruna del Holodomor (1932-1933) sino la Confederación lituano-polaca (siglos XVI a XVIII), el Imperio Austrohúngaro y el III Reich alemán, ambos en el siglo XX.

La división étnico-lingüística-religiosa no es un mito en el ejemplo ucraniano, pero ello tampoco explica las razones de su evidente fracaso como joven Estado-Nación, desde 1992, tras la implosión de la URSS. Con la corrupción y mafias por doquier, como pesadas herencias del “socialismo real” de 7 décadas, ni los Nomenklatura reciclados,  Kravchuk (1991-1994) y Kuchma (1994-2005) fueron absolutos pro-Kremlin ni Yushchenko y Tymoschenko, emergidos de la Revolución Naranja de 2004, condujeron al país a “Occidente” (UE + OTAN). Tampoco Yanukovich fue un “títere” del Kremlin: fue él quien intentó llevar a Kiev hacia un acuerdo comercial con Bruselas, al mismo tiempo que intentaba reequilibrar el vínculo con Moscú. El Euromaidán de 2014, tras la hegemonía lograda por los ultranacionalistas y neonazis –con muy poco de europeístas y sí de rusofóbicos y antisemitas, terminó depositando vía elecciones a un oligarca, Poroschenko. Un lustro después, Ucrania aparece agotada, con todas las promesas postrevolucionarias, hechas añicos. Más de 13.000 muertos, en la mayor guerra europea después de la disgregación yugoslava; 7 millones de refugiados (70 % a la denostada Rusia y un 30 % a la admirada pero inalcanzable Alemania) y un 10 % del territorio prácticamente en guerra civil, con un Ejército regular corrupto y con la moral bajísima y otro, enfrente irregular, formado por milicianos nostálgicos de la guerra de Stalin contra Hitler entre 1941 y 1945.

Ni Rusia que sólo aprovechó semejante caos para recuperar Crimea. Ni Washington que carece de interés estratégico en la zona, aunque sus “halcones” rusofóbicos -descendientes de emigrados polacos o judíos de los pogromos zaristas- siempre sueñan con poner sus pies lo más cerca posible de Moscú. Ni Bruselas-Berlín, a los que se podrá acusar de torpezas políticas puntuales con Kiev. Ninguno de los tres actores internacionales, son responsables directos de la situación de Estado cuasi fallido que tiene Ucrania. Es su propia kleptocracia.

Así lo evaluó y actuó por consiguiente, en las urnas, su pueblo. Sólo así se explica que lo que iba a ser otra aburrida segunda vuelta entre un Poroschenko –inclinado a exacerbar con los rusos, incidentes religiosos como el de la Iglesia Ortodoxa o navales como el del estrecho de Kerch- y Tymoschenko, en la Navidad del año pasado, apareciera por primera vez en público, anunciando su candidatura, para encaramarse en la encuestas, un actor cómico, rusoparlante, nacido en el centro-este y de origen judío, Volodymyr Zelenskiy. Un “payaso orgulloso”, como él mismo se autodenominó y que ya era muy conocido por su famoso reality donde como profesor de historia llegaba a la máxima magistratura, que hizo campaña en las redes sociales y pudo evitar la TV, aunque apelando a un futuro de paz y recuperación. Venció en primera vuelta por holgado margen y mucho más en el ballotage de este Domingo de Ramos (ortodoxo), cristalizando el desencanto y la frustración de los ucranianos con su clase política.


Friday, March 3, 2017

RUSIA-ESTADOS UNIDOS: NO SE ESPERAN GRANDES CAMBIOS

Por qué no hay que esperar un acuerdo entre Rusia y EE UU

28 de febrero de 2017 FIÓDOR LUKIÁNOVGAZETA.RU
RUSSIA BEYOND THE HEADLINES
Las relaciones entre ambos países no se basan tanto en la figura del presidente sino en el hecho de que estos dos países poseen los mayores arsenales nucleares del planeta y son capaces de destruirse físicamente el uno al otro. Además, asistimos al nacimiento de un nuevo orden mundial en el que ya no hay grandes superpotencias.
El representante oficial de la Casa Blanca, Sean Spicer, ha vuelto a explicar las intenciones del presidente Trump respecto a Moscú. “Si puede llegar a un acuerdo con Rusia, algo que han intentado las últimas administraciones, lo hará. Y si no puede, no lo hará. Pero lo va a intentar. Y creo que su éxito como empresario y negociador debería verse como una señal optimista en este sentido”.
Las palabras clave en estas declaraciones son: “algo que han intentado las últimas administraciones”. Es decir, no se trata de nuevos enfoques, sino de que Donald Trump posee una mayor cualificación que sus antecesores y conseguirá lo que estos no consiguieron.
Esto no es nada sorprendente. Las expectativas de que Trump cambiará cualitativamente las relaciones entre Washington y Moscú tienen su origen en dos fenómenos. En primer lugar, las declaraciones positivas del aspirante y posteriormente candidato republicano sobre las cualidades de Putin como líder. En segundo lugar, la potente campaña mediática y política que acusaba a Trump de tener opiniones prorrusas y más tarde vínculos directos con el Kremlin e incluso con los servicios de inteligencia rusos.
Sea como sea, estas son circunstancias coyunturales, pero el marco estratégico ruso-estadounidense se define según una base mucho más sólida: el hecho de que estos dos países poseen los mayores arsenales nucleares del planeta y son capaces de destruirse físicamente el uno al otro.

Wednesday, October 14, 2015

SORPRENDENTE: HOLANDA AUN HOY NO SE ANIMA A IDENTIFICAR AL RESPONSABLE DEL MISIL

Lo que se sabe y lo que sigue sin saberse sobre la caída del vuelo MH17 de Malaysia Airlines

Del informe técnico sobre el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines los familiares de las 298 víctimas probablemente valorarán una conclusión sobre todas las otras: que éstas probablemente no sufrieron.
Porque, tal y como se esperaba, el reporte no llegó a asignar responsabilidades por lo que pasó el 17 de julio de 2014 en los cielos de Ucrania.
Y los detalles técnicos, si bien importantes, ciertamente no ofrecen el mismo consuelo que esa tranquilizadora idea, la que además probablemente nadie intentará refutar.

Tjibbe JoustraImage copyrightEPA
Image captionLa investigación fue presentada por Tjiebbe Joustra, director del Consejo de Seguridad de Holanda.

No se puede, sin embargo, decir lo mismo de todos los otros hallazgos.
La investigación, liderada por el Consejo de Seguridad de Holanda –el país de donde provenía el vuelo– parece haber demostrado más allá de toda duda quefue un misil el que causó el incidente.
Pero con Ucrania, Rusia y los rebeldes pro-rusos que combatían en la zona de la tragedia acusándose mutuamente, ahora se debate el modelo específico del proyectil.


Misil BUK

"El vuelo MH17 se estrelló como resultado de una detonación de un misil fuera del aparato en la parte izquierda de la cabina de mando", fue la conclusión del equipo de investigación.
Y, según los expertos holandeses, ese misil pertenecía a la serie 9M38, "como los instalados en los sistemas de misiles tierra-aire BUK", de fabricación rusa; más específicamente el modelo 9M38M1.

Reporte sobre la caída del MH17Image copyrightEPA
Image captionEl reporte concluye que el avión fue derribado por un misil.

En la presentación del informe, sin embargo, el presidente del Consejo, Tjibbe Joustra, dijo que los expertos rusos que contribuyeron al mismo sostenían que no había suficiente evidencia para probar esa afirmación.
"Claro que nuestros expertos van a estudiar lo publicado con mucho cuidado. Peroel lado ruso ya ha expresado su decepción", había ya advertido algunas horas antes el vocero del Kremlin Dmitry Peskov.
Y en una conferencia ofrecida este mismo martes por la empresa rusa fabricante de los misiles, esta presentó los resultados de un estudio que, según ellos, "desmiente" el de los holandeses.

Ubicación y responsabilidad

Efectivamente, según Almaz-Antey, el tipo de esquirlas identificadas en el MH17 no se corresponde con las de las ojivas transportadas por los misiles 9M38M1, sino con los modelos más viejos de la serie.
"Probamos definitivamente que el misil que derribó el MH17 sólo pudo haber sido un BUK 9M38", dijo el director de la compañía, Yan Novikov, quien destacó que ese modelo dejó de fabricarse en 1986 y ya no es empleado por las fuerzas armadas rusas, aunque sí está en poder del ejército ucraniano.
Y, sobre todo, Novikov también insistió en que, según su investigación, el misil tuvo que ser disparado desde "un lugar al sur de Zaroshchinske", supuestamente controlado por las tropas ucranianas el día que fue derribado el avión.

Almaz-Antey, MH17Image copyrightAFP
Image captionLa empresa fabricante de los misiles BUK presentó su propio informe, que según ellos "desmiente" el de los expertos holandeses.

La ubicación será clave para determinar cuál de las fuerzas involucradas en el conflicto entre Ucrania y los separatistas rusos apoyados por Moscú pudo haber disparado el misil.
Pero el informe holandés se limitó a identificar un área de 320 kilómetros cuadrados en el este de Ucrania, señalando que investigaciones adicionales son necesarias para establecer el lugar exacto de lanzamiento.


Por lo demás, particularmente relevante es la conclusión de que, dado lo que estaba ocurriendo en Ucrania, en julio de 2014 ya "habían suficientes razones para cerrar el espacio aéreo, como una precaución".
"Pero nadie pensó que la aviación civil estaba en riesgo", reconoció Joustra, quien recordó que el día del derribo del MH17 otros 160 aviones ya habían utilizado la misma ruta.
Y, tal vez por ello, las principales recomendaciones del reporte se centran el tema de la evaluación de riesgos y manejo del espacio aéreo en zonas de conflicto, para intentar evitar que se vuelva a producir una tragedia similar.

MH17Image copyrightGetty
Image captionPara su investigación, los expertos holandeses reconstruyeron buena parte del avión.

Por lo demás, como le dijo a la BBC Barry Sweeney, que perdió a su hijo Liam en el fatídico vuelo, para estar más cerca de identificar a los responsables, las familias tendrán que esperar a la publicación de los resultados de la investigación criminal conducida por las autoridades holandesas, prevista para el año que viene.
Y, para mientras, encuentran consuelo en la evidencia que sugiere que lo más probable es que que los pasajeros del MH17 no hayan sufrido antes de morir.
"No se puede descartar que algunos de los ocupantes se mantuvieran conscientes por algún tiempo del minuto o minuto y medio que duró el impacto", reconoce el reporte del Consejo de Seguridad.
Pero según los investigadores es poco probable que estuvieran conscientes de lo que estaba pasando.
"No podemos estar 100% seguros, pero creemos que así fue. Tenemos que pensar que no sufrieron", le dijo Sweeney a la BBC.

Restos del MH17Image copyrightAFP
Image caption298 personas murieron en el vuelo MH17.

Tuesday, July 28, 2015

FRANCIA BUSCA COMPENSAR EL PESO DE ALEMANIA

EUROPA Y EL EJE FRANCO-ALEMAN
REVISTA POLITICA EXTERIOR, 28 de julio.
Unión fiscal, salario mínimo transfronterizo, un gobierno económico con presupuesto propio, impuestos de sociedades armonizados, mutualización de las deudas… son algunas de las propuestas francesas para ampliar la integración de la zona euro, que serán concretadas a la vuelta del verano. Con su intento de liderar una vanguardia de los países que quieren “ir más lejos”, el presidente François Hollande pretende ponerse a la cabeza del proceso de integración europea, renqueante tras el tercer rescate griego. Pero más que una iniciativa atrevida, París se embarca en un lavado de imagen. Francia necesita preservar una apariencia de relevancia porque cada vez es más evidente su papel secundario en una Unión Europea liderada por Alemania.
Parte de las propuestas francesas no son novedad. Ya es evidente que la UE está destinada a avanzar “a dos velocidades”, con la zona euro reforzando su integración en tanto que la periferia limita o incluso reduce (en el caso de Reino Unido) sus compromisos con Bruselas. Algunas de las herramientas más importantes para garantizar la viabilidad del euro, como la unión bancaria, llevan tiempo sobre la mesa, e incluso han sido aprobadas (aunque en este caso, las reticencias alemanas debilitaron considerablemente la medida).
La decisión de tomar la iniciativa tiene mucho que ver con la necesidad de buscar un contrapeso, aunque sea simbólico, a una Alemania que está viendo su reputación arruinada en media Europa (la de los deudores, frente a la de los acreedores, que mantienen su fe en Angela Merkel y, especialmente, en su ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble). “La solución no puede estar en una Europa dirigida desde Berlín”, señala Hans Kundnani en El País.
El problema es que, a estas alturas, el liderazgo económico alemán en la zona euro es indiscutible. En las reuniones del Eurogrupo, “solo el ministro de Economía francés hacía ruidos diferentes a los de la línea oficial alemana, y esos ruidos eran muy sutiles”, aseguraba el exministro griego Yanis Varufakis en una entrevista reciente. “Te dabas cuenta de que tenía que usar un lenguaje muy prudente, aparentar que no se oponía. Y en el análisis final, cuando Schäuble respondía y establecía la línea oficial, el ministro de Economía francés siempre terminaba por plegarse y aceptarla”.
El estado del eje París-Berlín, tradicional motor de la UE, no está exento de ironía. Ya en 2011, The Economist señalaba que el eje servía para ocultar tanto “la fuerza de Alemania” como “la debilidad de Francia”. Pero en el pasado fue la Francia de Charles de Gaulle (y la que, en 2005, rechazó la creación de una constitución europea) la que buscaba una Europa gobernada por Estados, trampolín de la influencia francesa en el exterior. Konrad Adenauer era, por el contrario, un federalista europeo. Hoy es París quien apuesta por más integración, en una Europa cada vez más germanizada.
Las diferencias entre ambos países se extienden al terreno de la economía política. A nivel europeo, las prioridades de Berlín y París difieren. “Al contemplar abiertamente una expulsión forzosa de Grecia, Alemania ha demostrado que las consideraciones económicas están por encima de las cuestiones políticas y las estratégicas. Francia ve el orden de los factores de otra manera”, señala el Financial Times. En el terreno doméstico, Hollande accedió a la presidencia hace tres años prometiendo acabar con las políticas de austeridad. Bajo presión alemana, se ha visto obligado a rectificar y apoyar los recortes promovidos por sus ministros más liberales, Manuel Valls y Emmanuel Macron.
La hegemonía de Berlín es, a pesar de todo, incompleta. Alemania no tiene vocación ni experiencia como líder internacional, y sus respuestas a la crisis del euro han estado guiadas por consideraciones cortoplacistas. La crisis de Ucrania ha sido el primer caso de política exterior en el que Alemania ha guiado al resto de Europa, con relativo éxito (de momento). Incluso en este caso, lo ha hecho con apoyo francés.

Thursday, June 25, 2015

UNA FORMA DE ACERCAR A MOSCU CON BRUSELAS?

Una nueva estrategia europea para acercarse a Moscú

Un informe aboga por lograr un espacio de seguridad compartido



“La UE debe aprender a negociar con Rusia tal y como es, no como le gustaría que fuera”. Esta es una de las ideas centrales del informe Una Rusia más europea para una Europa más segura, elaborado por la Fundación Alternativas. El documento formula “propuestas para una nueva estrategia de la Unión Europea hacia Rusia” y será presentado este jueves en Madrid por sus autores, un grupo de 17 personas coordinado por el profesor Javier Morales.
El conflicto en Ucrania, origen del mayor deterioro en las relaciones entre Occidente y Rusia desde el fin de la Guerra Fría, es “un inaceptable foco de inestabilidad para la UE” y exige “renovar la estrategia europea hacia Rusia”, señala el documento. La nueva estrategia debe responder a “intereses y valores” de la UE y evitar que se repitan “los errores cometidos” por esta entidad en la crisis en Ucrania. La UE, opina, no supo anticipar las reacciones de Moscú a su política de vecindad y no tuvo en cuenta el resurgimiento internacional de Rusia ni las concepciones rusas de sus intereses de seguridad.
El documento aboga por “aceptar a Moscú como una gran potencia con la que es necesario trabajar para construir un espacio de seguridad compartido” y rechaza “la Guerra Fría basada en la contención”. Los desacuerdos “no deben bloquear la cooperación frente a las amenazas compartidas por los países occidentales y Rusia: por ejemplo, el terrorismo internacional o la inestabilidad en Oriente Medio”, sentencia.
El documento aplica la “resolución negociada del conflicto en Ucrania” sólo al este de ese país, mediante el pleno cumplimiento de los acuerdos de Minsk, el foro negociador formado por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania bajo los auspicios de la OSCE. A la península de Crimea, anexionada por Rusia en marzo de 2014, la da prácticamente por perdida. “La anexión de Crimea como república dentro de la Federación Rusa, ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, parece sin embargo un hecho de difícil vuelta atrás”, afirma el informe. “Aunque la UE continúe sosteniendo la soberanía ucrania sobre este territorio, debe desvincular este contencioso del conflicto armado en las regiones del Donbás, para evitar bloqueos que impidan avanzar en una resolución negociada de este último problema, donde todavía es posible el acuerdo”, señala. El logro de acuerdos con Rusia “de forma pragmática” debería conducir “gradualmente” a “crear la confianza necesaria para un acercamiento en el ámbito de los valores”, que, de producirse, será a “largo plazo”, vaticina.Cuatro son los pilares de la estrategia propuesta: la solución negociada del conflicto en Ucrania; el diálogo paneuropeo y de seguridad global; el reforzamiento de la asociación económica y comercial, y más conocimiento entre las sociedades. En 26 páginas, el documento explora vías para evitar que Rusia se aleje de Europa en dirección a otros socios como China y los países BRICS y para mantener los vínculos entre una UE, internamente dividida en sus percepciones hacia Moscú, y una Rusia que “basa su política exterior en un concepto tradicional de la soberanía y el interés nacional” y que “considera principios como la democracia y los derechos humanos como una mera justificación para la injerencia de las grandes potencias en los asuntos internos de terceros países”.

En todo caso, “una Rusia aislada será menos dialogante y más agresiva, ya que optará por buscar socios alternativos en otros continentes —China o los demás BRICS— en lugar de restaurar sus relaciones con el resto de Europa”, argumenta el texto. La negación del “carácter europeo de Rusia” y de “su legitimidad para participar en las decisiones políticas que afectan a todo el continente” sólo consigue reforzar los argumentos del nacionalismo radical ruso llamado “euroasianismo” basados en la incompatibilidad entre su cultura y la occidental”, sostiene.
El informe se manifiesta a favor de una gradual abolición de las sanciones a medida que se progrese en la aplicación de los acuerdos de Minsk (para los que subraya que no hay alternativa). También considera que la escalada de sanciones perjudica a todos. España, afirma, pierde unos 330-360 millones de euros anuales debido a las contrasanciones rusas a los productos agroalimentarios.
Constatando el carácter “esencial” de Rusia para garantizar el suministro energético europeo (otras fuentes son “más caras”), el informe propone, no obstante, diversificar el abastecimiento para evitar que ninguno de los miembros de la UE “dependa excesivamente del gas ruso”. De ahí que apoye el proyecto de gasoducto Southern Gas Corridor, desde Azerbaiyán a la UE (evitando a Rusia) e incorporando a otros productores como Turkmenistán. El documento propone una política europea de vecindad más flexible y coordinada con Moscú, un diálogo institucional entre la UE y la Unión Económica Euroasiática así como entre la OTAN y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva como medida para asentar la confianza.
La UE “carece de los medios y la legitimidad” para imponer una transformación del régimen político ruso, más allá de “apoyar a la sociedad civil” para que decida libremente el modelo de convivencia que desea. Los autores del informe subrayan los errores europeos y muestran gran delicadeza ante las susceptibilidades rusas, haciendo encaje de bolillos al establecer las relaciones causales entre los acontecimientos que llevaron a la crisis de Ucrania.
Desde el punto de vista del informe, la “implicación militar” de Rusia fue reactiva y un “último recurso” en respuesta a lo que ellos (los rusos) entendían como una amenaza a sus intereses vitales: el cambio político revolucionario surgido del Euromaidán, cuyos dirigentes consideraban a Rusia como el principal enemigo”. Los “grupos ultra nacionalistas minoritarios” tuvieron un “protagonismo inadmisible” en el Euromaidán, opina el documento, que se refiere al “derrocamiento inconstitucional” del presidente Yanukóvich, “aceptado y apoyado por EE UU y la UE”, pero no menciona la huida de Víctor Yanukóvich ni la responsabilidad de éste en la escalada de la violencia y la gestión de la crisis. En lo que se refiere a las responsabilidades de la UE y de Rusia, el documento opina, sin embargo, que éstas no son “equiparables”, pues la UE y Estados miembros apoyan a Ucrania “con medios diplomáticos, ayuda económica y material militar no letal, mientras el Kremlin “ha utilizado también la intervención militar directa y el suministro de armamento al bando prorruso”.

Friday, September 12, 2014

PUTIN Y LAS ENCUESTAS

¿Cuáles son los éxitos y fracasos de Putin según los rusos?

12 de septiembre de 2014 Galia Ibraguímova, RBTH

El Centro Levada ha averiguado que lo que más valoran los rusos es el refuerzo de la posición y la capacidad defensiva del país gracias a Vladímir Putin. La democracia, las libertades políticas de los ciudadanos y la lucha contra la corrupción son los ámbitos en los que el presidente ha tenido menos éxito, según los encuestados.
Una nueva encuesta del Centro Levada ha revelado que un 30% de los rusos consideran el refuerzo de la posición del país en la escena mundial un importante logro de Vladímir Putin. Otra encuesta realizada anteriormente por el Centro Ruso de Estudio de la Opinión Pública confirmaba que los ciudadanos valoran la competencia (un 21%) y la perseverancia (un 20%) del presidente en cuestiones como la política exterior.
La solución de la cuestión de Crimea  y las acciones de Rusia en relación con los acontecimientos en Ucrania son los principales factores del aumento de la popularidad del presidente a ojos de los ciudadanos. Ya antes de la crisis en Ucrania, la determinación de Vladímir Putin durante elconflicto sirio y sus intervenciones en contra de la injerencia militar  externa en el país, así como la constructiva postura de Moscú en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, habían sido percibidas positivamente por los ciudadanos.
En 28% de los encuestados aplauden el aumento de la capacidad militar y la reforma de las fuerzas armadas.
El Centro Levada es una ONG rusa de análisis e investigación. Realiza con regularidad investigacionessociológicas y es uno de losmayores centros en Rusia en este ámbito. El equipo de investigación elabora encuestas de opinión en Rusia desde 1988. Cuenta con 67 oficinas. Sus resultados son utilizados por medios comoKommersant, Védomosti, The New York Times o Reuters, entre otros.
Serguéi Mijéiev, director del Centro de Coyuntura Política, opina que “la contundente política exterior de Vladímir Putin no puede dejar de gustar a los rusos. En los años 90 en el país no había un líder fuerte y carismático capaz de plantar cara a toda la comunidad internacional. El presidente no teme expresar su opinión respecto a los problemas internacionales más agudos ni proponer soluciones. En esto reside el éxito de su popularidad”.
Según la encuesta del Centro Levada, lo que peor se le ha dado al presidente es la defensa de la democracia y las libertades políticas, la eliminación de la amenaza del terrorismo, la lucha contra el crimen y la mejora de las relaciones interétnicas.
Los encuestados también atribuyen a Putin el desarrollo económico del país. Uno de cada cuatro rusos se declara satisfecho con el aumento del nivel de vida, del salario y de las pensiones, así como con la mejora de la situación demográfica en el país. Sigue provocando descontento la corrupción, la incapacidad de limitar la influencia de los oligarcas y las inaceptables condiciones existentes para el desarrollo del negocio privado.
Andréi Piontkovski, politólogo ruso, opina que “el crecimiento de los índices económicos es algo dudoso. Hoy en día los economistas, incluidos los del gobierno ruso, hablan de un empeoramiento de la economía. El crecimiento económico de este año es de 0. A nivel familiar se nota un empeoramiento del desarrollo económico. Los precios, especialmente los de los alimentos, están subiendo. Esto ha sido provocado no tanto por las sanciones de la UE como por nuestras propias sanciones”.
Los encuestados por el Centro Levada también señalan entre los logros de Vladímir Putin el aumento del optimismo y de las “esperanzas por la mejora de la vida en el país, el refuerzo de la moral y de los valores tradicionales, la solución del problema checheno y la cooperación con los países de la CEI”.
Dmitri Evstáfiev, politólogo, profesor de la Escuela Superior de Economía, define de este modo la popularidad del presidente: “Vladímir Putin es un hombre capaz de solucionar problemas. Todas las cuestiones y todos los problemas de la sociedad para él son oportunidades. Si el presidente dice algo, lo cumple. Los ciudadanos valoran mucho esta cualidad.
Al presidente se le pueden reprochar muchas cosas, pero hay dos cosas que no. La primera es que Putin ha tenido éxito en todos los proyectos que ha calificado de personales, y la segunda es que nunca ha faltado a las responsabilidades que ha aceptado incluso si esto no le beneficiaba. Esto se corresponde al 100% con la mentalidad rusa. Putin es un hombre oportunista en el buen sentido de la palabra”.
Andréi Piontkovski no está de acuerdo con esta afirmación y asegura que “la popularidad de Putin se debe al trabajo ininterrumpido de los canales de televisión federales. La mayoría de los ciudadanos obtienen la información del televisor y esta no siempre es completa y objetiva. Si el aislamiento de Rusia, que ha provocado unas relaciones de enemistad con las principales potencias del mundo, se considera un éxito, podemos felicitar a los ideólogos de nuestra televisión”.
Un 16% de los encuestados no menciona ningún logro del presidente, mientras que un 15% prefiere no responder.

Friday, August 29, 2014

UCRANIA, GUERRA INCONCLUSA Y Y DE IMPOTENCIAS

La crisis ucraniana parece de manual. En medio de las negociaciones diplomáticas y en el contexto de elecciones parlamentarias, la escalada militar no se detuvo. No hay invasión rusa, porque si la hubiera formalmente, Kiev ya hubiera caído -en dos semana, piensa Putin-. Los prorrusos quisieron ganar lo más que puedan, antes de perder o ceder en la mesa política y Ucrania no puede disimular su fracaso como Ejército regular, por lo que apela a la propaganda burda de la invasión rusa y el amparo de la OTAN. Obama no reacciona, excepto proyectando una fuerza de despliegue rápido en las fronteras rusas, como se propuso en Gales. La tregua decretada el viernes pasado, transcurrió en paz, con algunos episodios violentos aislados y hoy, las autodefensas prorrusas entregaron 1.200 rehenes ucranianos. Ojalá se imponga la paz, pero allí, Rusia deberá participar de alguna u otra forma.

Acompañamos aquí el excelente artículo de Francisco Ruiz (Eurasianet.es):

Ucrania: un Estado fallido rumbo al abismo

Reunión de la Unión Aduanera en Minsk. Fuente: web del Kremlin
Reunión de la Unión Aduanera en Minsk. Fuente: web del Kremlin
El pasado 26 de agosto en Minsk los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Ucrania, Petro Poroshenko, se saludaban con evidente tensión al comienzo de la reunión de los países de la Unión Aduanera (Bielorrusia, Kazajstán y la propia Rusia) con la Unión Europea, a la que se invitó a Ucrania para abordar las consecuencias de su “Acuerdo de Asociación y Libre Comercio” con la UE, así como para avanzar en búsqueda de un acuerdo que ponga fin a los combates en curso en el Sureste del país.
Los resultados del posterior encuentro entre ambos presidentes han sido nulos, a pesar de los mensajes conciliadores. El evento coincidió con la detención de diez soldados rusos en el lado ucraniano de la frontera, y con el lanzamiento de una amplia ofensiva por parte de las milicias de las autoproclamadas “Repúblicas Populares” de Donetsk y Lugansk en la costa del Mar de Azov.
De entrada, es llamativo que la primera reunión UE-Ucrania-Rusia sobre las implicaciones del acuerdo comercial se haya celebrado en agosto de 2014, puesto que el ex presidente ucraniano Víctor Yanukovich ya lo solicitó en noviembre de 2013, al constatar que la adopción de los estándares comunitarios y el establecimiento de aranceles por parte de Moscú llevaría a su país a la ruina, dado el altísimo nivel de dependencia de su economía del mercado ruso.
El hecho es que entonces Bruselas se negó a negociar en ese formato trilateral, argumentando que Ucrania no tenía más opción que firmar el acuerdo en los términos planteados. Con respecto a todo lo ocurrido desde la caída de Yanukovich, nos centraremos en dos cuestiones: la evolución política y el desarrollo del conflicto armado.
La situación política en Ucrania
Aunque ya pertenezca al pasado, no está de más recordar que Yanukovich fue democráticamente elegido en 2010 (en unos comicios avalados por los organismos internacionales), que contaba con una sólida mayoría parlamentaria tras la victoria del “Partido de las Regiones” en las legislativas de 2012, y que había llevado a Ucrania mucho más cerca de la integración europea que cualquier presidente anterior.
Las protestas del Maidan podrían haber conducido a un proceso de regeneración nacional, con una amplia representación regional, y la tutela y apoyo tanto de la UE como de Rusia. En lugar de eso, se optó por un juego de suma cero, se aceptó el papel de partidos radicales como “Libertad”, y se bendijo el incumplimiento por la oposición de los acuerdos del 21 de febrero, a pesar de haber sido auspiciados por la propia UE.
Así, el 22 de febrero se sentaron las bases del desastre: en un país tan polarizado, la visión de las milicias del “Sector de Derechas” custodiando las instituciones oficiales, y la destitución de Yanukovich por la Rada, en un proceso de dudosa legalidad en el que no participaron muchos diputados del “Partido de las Regiones” (obligados a huir de Kiev bajo amenazas), auguraban serios problemas de futuro.
A ello se sumaron las primeras decisiones de las autoridades, como el formar un gobierno sin representación del Sur y del Este (de los 20 ministros, sólo dos procedían de esas zonas), anular la ley de co-oficialidad del ruso, dar un peso desproporcionado en la administración a los radicales, e imponer como gobernadores de Dnepropetrovsk y Donetsk a dos oligarcas, Igor Kolomoyskyi y Sergey Taruta.
Cabe recordar que Yanukovich había tenido 12,5 millones de votos en 2010, con porcentajes que superaron el 90% en el Este, y que esas personas no sólo habían visto a su presidente destituido, sino que se quedaban sin opción política por el acoso al “Partido de las Regiones” y sin posibilidad de ganar unas elecciones a nivel nacional, tras desaparecer del censo los dos millones de habitantes de Crimea.
El 25 de mayo se celebraron las elecciones presidenciales, en las que resultó vencedor con el 54% de los votos el magnate Petro Poroshenko. Se puso entonces en evidencia la poca representatividad de las fuerzas del Euromaidan: “Patria”, con Julia Timoshenko de candidata, se quedó en el 12,8% de los votos, “Libertad” obtuvo un pírrico 1,16%, y UDAR apoyó a Poroshenko a cambio de la alcaldía de Kiev.
El éxito de Poroshenko se explica porque el electorado lo percibió como un candidato pragmático, que sería capaz de alcanzar posiciones de consenso y poner fin a la violencia. Por eso triunfó en todas las regiones, pero se debe destacar que mientras la participación en el Oeste superó el 80%, en el Sur y el Este no pasó del 40%, lo que indica una clara desafección de esas zonas del proceso político.
En todo caso, el nuevo presidente carece de un grupo parlamentario propio, por lo que sus decisiones han tenido que ser consensuadas. Un ejemplo de lo inestable de la situación fue el amago de dimisión del primer ministro Yatseniuk en julio, al negarse inicialmente la Rada a aprobar la venta del 49% de la red ucraniana de gasoductos a compañías occidentales.
Por ello, Poroshenko ha convocado elecciones legislativas para el 26 de octubre, a las que concurrirá con su propia plataforma. Como prueba de lo cambiante de las lealtades políticas en Ucrania, Turchinov y Yatseniuk han anunciado que abandonan “Patria”, con Timoshenko convertida en un muñeco roto tras su derrota de mayo, para formar un nuevo partido que se coaligará con el del presidente.
En ese ambiente de incertidumbre política continúa desarrollándose la campaña militar en el Sureste, ya que Poroshenko aspira a ser el presidente que ganó la guerra, que es lo que lo exigen los sectores más nacionalistas, en lugar de ser el presidente que trajo la paz al país, que es para lo que fue elegido.
El desarrollo de la “operación antiterrorista”
Las mencionadas decisiones del nuevo gobierno, percibido como ilegítimo por muchos en las zonas rusófonas, crearon un sentimiento de exclusión que se materializó en la ocupación el 7 de abril de edificios oficiales en las regiones de Jarkov, Donetsk y Lugansk, copiando el modelo usado por el Euromaidan en el Oeste del país.
El 8 de abril las fuerzas gubernamentales recuperaron el control de Jarkov. El 15 de abril, un día después de la visita a Kiev del director de la CIA, Turchinov anunció el comienzo de una operación antiterrorista contra los separatistas. A diferencia de lo ocurrido con Yanukovich, se consideró a las autoridades provisionales plenamente legitimadas para lanzar al Ejército contra una parte de su propia población.
Los primeros intentos de retomar el control del Bajo Don fueron un fracaso, con deserciones de militares y los civiles bloqueando el avance del Ejército. El 17 de abril, las negociaciones de Ginebra entre Ucrania, Rusia, EEUU y la UE pudieron atajar la crisis, al plantearse un proceso constituyente que diese más autonomía a las regiones sudorientales, en las que la mayoría de sus habitantes son ucranianos étnicos de habla rusa que nunca habían tenido interés en independizarse.
Por desgracia, los combates se reanudaron el 22 de abril, ya que las autoridades estaban bajo presión de las milicias del Maidan, que no aceptan una solución de compromiso. El “Sector de Derechas” atajó la extensión de las revueltas a otras regiones rusófilas por el expeditivo método de quemar vivos a 42 manifestantes en Odesa el 2 de mayo, cuya muerte no despertó la misma solidaridad internacional que la de las víctimas de los francotiradores en Kiev el 20 de febrero.
La situación permaneció estancada hasta el 13 de junio, cuando Kiev recobró el control de la ciudad costera de Mariupol con la ayuda de los mineros del magnate Rinat Ajmetov. El gobierno había retomado la iniciativa, pero su ofensiva no estaba protagonizada por el Ejército, sino por la nueva Guardia Nacional, en la que se integraron las milicias, y por unidades de mercenarios financiadas por oligarcas.
En realidad, esos magnates prefieren ser cabeza de ratón en Ucrania (para seguir saqueando al país) que cola de león en Rusia, donde tendrían más competencia. Por ello el mencionado Kolomoyskyi está gastando diez millones de dólares al mes de su fortuna para mantener el batallón “Dnipro”, que incluso ha empleado para bombardear instalaciones en Ucrania de empresas rusas rivales.
A partir de ese momento el gobierno no dejó de recuperar terreno, lo que ocasionó un refuerzo de las milicias separatistas, con la llegada desde Rusia de cientos de combatientes, desde chechenos a cosacos, además de un evidente asesoramiento militar. Poroshenko decretó un alto el fuego el 20 de junio, pero las condiciones de su plan de paz eran más un ultimátum que una propuesta real de acuerdo, por lo que a finales de mes se reanudaron los combates.
El 5 de julio los separatistas perdieron la simbólica ciudad de Slaviansk. Sus fuerzas se concentraron en las grandes ciudades de Donetsk y Lugansk, en las que se aprestaron a resistir la aparentemente imparable ofensiva gubernamental. En ese marco, el 17 de julio se produjo uno de los sucesos más luctuosos del conflicto, el derribo de un avión de Malasia Airlines en el que fallecieron 298 personas.
Es complejo resumir todo lo relacionado con ese evento, pero cabe destacar que desde el principio Ucrania y Occidente culparon a los rebeldes y a la propia Rusia, aunque sin aportar pruebas concretas, y se dijo que obstaculizarían la investigación, aunque los cuerpos fueron repatriados y las cajas negras entregadas a las autoridades malasias para su análisis, de cuyo resultado por cierto nunca se ha sabido.
Tampoco nadie ha aclarado los datos presentados por Rusia sobre el desvío de la trayectoria del avión por el control aéreo ucraniano, para pasar sobre la zona de los combates, o sobre la presencia de baterías ucranianas de misiles BUK. En realidad no era necesario, porque el objetivo de crear una ola de indignación antirrusa ya se había logrado, dando carta blanca a Kiev para cualquier actuación posterior.
Y es que aunque la situación militar parecía favorable al gobierno, lo cierto es que es imposible conquistar Donetsk y Lugansk sin ocasionar gran número de víctimas inocentes. No deja de ser paradójico que el gobierno califique de terroristas a las milicias, diciendo que mantienen secuestrada a la población, y que para librarlos de ellos haya optado por bombardear las ciudades, causando la muerte de más de 2.000 civiles y la huida a Rusia de cientos de miles, según datos de la ONU.
Por su parte, Moscú realizó una arriesgada apuesta con el envío, sin permiso de Ucrania, de un convoy humanitario a la asediada Lugansk, con un doble objetivo: el interno, mostrar a los ciudadanos rusos que el Kremlin no se desentendía de la suerte de sus hermanos del Bajo Don, y el externo, mostrar que mientras Kiev bombardea a su propia población, Rusia intenta paliar la catástrofe humanitaria.
También las reacciones de Poroshenko tienen una clave interna, ya que cada vez que se produce un revés militar culpa de ello a Rusia, y otra externa, para recabar con esas acusaciones más apoyo de Occidente. Lo cierto es que Rusia no va a permitir una derrota de los rebeldes, pero para ello no necesita implicar abiertamente a sus tropas, puesto que el contraataque de los milicianos del Bajo Don las últimas semanas les ha permitido capturar una gran cantidad de armamento.
Se puede concluir que Ucrania nunca volverá a ser el país que conocimos en el pasado. Crimea está definitivamente perdida, y en el Este se presentan dos escenarios preocupantes: o un Estado independiente de facto, bajo la tutela de Rusia, o un territorio reconquistado por Kiev a sangre y fuego, con su capacidad industrial destruida y con parte de sus habitantes exiliados.
Francisco José Ruiz González

Francisco José Ruiz González

Francisco J. Ruiz es Oficial de la Armada desde 1992. En 2005-06 cursó el Máster en Estudios Estratégicos y de Seguridad del US Naval War College, en 2007-09 estuvo destinado en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), y en 2009-12 fue Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Ruiz es Doctor en Seguridad Internacional desde marzo de 2013, con la Tesis “La Arquitectura de Seguridad Europea: un sistema imperfecto e inacabado”. Es profesor del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado de la UNED, miembro del Consejo Consultivo de la Fundación Ciudadanía y Valores (FUNCIVA), ha sido ponente en múltiples seminarios internacionales, y es autor de docenas de capítulos de obras colectivas y artículos en medios especializados.