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Friday, June 24, 2016

GRAN BRETAÑA Y EL MUNDO POST "BREXIT"



Medio mundo no durmió esperando ansiosamente el resultado oficial de las 4.00 (hora argentina) y el medio restante se despertó con la gran noticia. De manera apretada pero decisiva e inobjetable, la mitad más uno de los británicos han decidido en un referéndum, la salida del Reino Unido de la UE. Más allá de analizar las enormes e inesperadas derivaciones que surgen del hecho, éste en sí mismo, encierra particularidades dignas de analizar. 
En primer lugar, contrariamente a lo que predecían una vez más las encuestas y el propio Premier británico David Cameron, cuando adelantó de modo audaz, la fecha de la consulta popular, creyendo que la ganaría, acicateado por el triunfo del "No" a la separación escocesa en setiembre de 2014, los votantes británicos decidieron el "Brexit. Este tiene todas las características de un nuevo "Cisne Negro": inesperado y de consecuencias devastadoras. El evento se inscribe en una marea de sucesos sorpresivos y sorprendentes, que vienen ocurriendo en la arena internacional y que amenazan con continuar en diferentes lugares del globo. Si existe alguna semejanza, es con la decisión de Mikhail Gorbachov de terminar con la Guerra Fría, en los ochenta, lo cual arrastró en poco tiempo, a la caída del propio Gorbachov y su Imperio soviético o mucho más atrás en el tiempo, con el fin del patrón oro. Son movimientos cataclísmicos, tectónicos, que se sabe, dónde y cómo empiezan pero nunca dónde y cómo terminan. 
A man carries a EU flag, after Britain voted to leave the European Union

En segundo lugar, la decisión electoral sucedió en un contexto de hechos precedentes que sin embargo, parecen tener cierta concatenación a través de dos factores comunes: por un lado, un discurso antielitista, contra el "establishment" (político y empresarial-financiero), aunque sea liderado por aristócratas o millonarios como el ex periodista del Daily Telegraph y ex alcalde conservador de Londres (2008-2016), Boris Johnson y el propio candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump y por el otro, en ausencia de ideologías sólidas, su reemplazo por una oleada nacionalista, que anticipa movimientos xenófobos, racistas, autárquicos y de "destino manifiesto"("Britain First", "America First", etc.), algo semejante a lo vivido por el mundo occidental en los años treinta del siglo XX. Paradójico es que, quienes hoy se hallan a la vanguardia de las masas, sean conductores marginados o en la periferia de sus respectivos sistemas políticos, con discursos conservadores o neoconservadores, arriconando a liberales e izquierdas del lado perdedor de la historia. Todo ello, hoy, ocurre con el peso de los votos,  Las "clases populares", de manera algo desordenada y a veces, hasta incongruente y facilista,  hoy votan por los Johnson, Farage, Le Pen o Trump en contra de la inmigración, de políticas públicas ortodoxas en el campo fiscal, de burocracias centralistas e impersonales como las de Bruselas o Washington, alejadas de la realidad, que no necesariamente reeditúan en favor de aquéllas, de subsidios o transferencias enormes de dinero regresivas, etc. Claramente, los más viejos y hombres votan a favor de este tipo de políticos y políticas; los más jóvenes y mujeres, optan por salidas "civilizadas" y "cosmopolitas". La tentación populista parece retroceder aunque no tanto en América Latina, pero adelanta posiciones de modo vertiginoso, en el mundo occidental desarrollado. 

En tercer lugar, la salida de Gran Bretaña de la UE no será rápida, puede demorar algo o bastante, según opere sobre ella, la pesada institucionalidad de Bruselas, pero lo que resulta claro, que nadie en adelante, podrá subestimar el peso de los votos de anoche, con lo cual, el resultado operará sobre las cabezas de los negociadores, tanto británicos como europeos.
Vamos a las consecuencias que serán enormes, aunque no sólo en el plano financiero y comercial. La economía británica ya no es lo que era en los años treinta y mucho menos, después de los ajustes thatcherianos. Londres es un centro financiero de fundamental relevancia para Europa pero también depende de ésta, al igual que el comercio de las Islas. Los vínculos militares y culturales con Estados Unidos existen, ídem con los emergentes como China, India y hasta la propia Rusia, pero la globalización para el Reino Unido, pasaba sustancialmente por la UE. La creencia de que China e India pueden sustituir al bloque de Bruselas, es tan ingenua como la creencia del Presidente ruso Putin de que el gas europeo puede ser reemplazado por la demanda china. Esta decisión de salida afectará demasiado a la libra esterlina, al estilo del golpe de Soros contra el Banco de Inglaterra en 1992, pero también dañará las exportaciones británicas y prácticamente aislará comercialmente a las Islas. Habrá migración de capitales a la Bolsa de Frankfurt pero también, más de un "yuppie" británico perdidoso, imitará la conducta del personaje de Russell Crowe en la película de hace una década "Un buen año". 
La política, incluyendo la faz institucional-estatal, también puede salirse de su eje. No sólo Cameron pasa a engrosar las filas de los desocupados en octubre próximo: seguramente, Boris Johnson, Theresa May, Michael Gove, Priti Patel y hasta Neil Farage pasarán a pelear los espacios de poder de una Gran Bretaña más nacionalista y cerrada, con todo lo que ello conlleva en términos de pérdidas de cosmopolitismo y multiculturalidad, con una Londres convertida en una "isla" dentro de las Islas, dirigida por un abogado musulmán descendiente de pakistaníes, Sadiq Khan. Al mismo tiempo, el futuro del Reino Unido pende de un hilo. A pesar de que en la vereda de enfrente de Inglaterra y Gales, Escocia e Irlanda del Norte fueron fieles a la permanencia en la UE, precisamente, este resultado, vuelve a estimular las ansias de los escoceses por alejarse por fin de los ingleses y tender puentes de dependencia con Bruselas. Un nuevo referéndum escocés destinado a revertir el resultado de 2014, ya con los laboristas, por conveniencia, y los neoconservadores por convicciones, apoyando la secesión, prácticamente, significa el fin de la Unión trabajosa pero también coercitivamente lograda en 1701. 

Por último, el efecto dominó o cascada del "Brexit" más allá de las vigentes por no mucho tiempo, fronteras británicas. Trump, no es bien recibido en Escocia, por daños colaterales de sus inversiones y la solidaridad con sus cuestionados mexicanos, pero recibió con regocijo el voto británico porque se ilusiona con sus réplicas en Estados Unidos. Las elecciones españolas del domingo también cuentan con componente "Brexit" en los catalanes sino también en no pocos votantes de "Podemos" y hasta algunos del PP que puede ganar. La oleada populista puede seguir al interior de cada país europeo, habiéndose manifestado ya a nivel local, en Francia, Italia, Alemania, etc. Desde el Kremlin, Putin sigue atento la dinámica tectónica europea: le conviene una Europa débil que levante sanciones ahora o a fin de año y para dejarla más aislada a Ucrania y sin atractivo para la oposición doméstica proeuropea y DDHH, pero tampoco en exceso, porque puede dañarlo en la faz comercial energética. 

Para Argentina, el "Brexit" tiene una lectura ambigua. Para quienes se ilusionan con una Gran Bretaña más débil y ya sin la UE respaldándola atrás, capaz de negociar por Malvinas o con los españoles, Gibraltar, cabe no subestimar el componente nacionalista e imperialista inglés, perdiendo a los escoceses en el mediano plazo y aferrados sus nuevos gobernantes, como nunca antes, a la flema inglesa herida, por lo que no necesariamente, una Inglaterra aislada supondría mayor flexibilidad negociadora, sino lo contrario. 
Es que la historia ha mostrado muchos ejemplos de países que se suicidan porque no pueden asumir simplemente que ya no son lo que eran. La Inglaterra que emerja de una Gran Bretaña ya hecha añicos, no tiene por qué ser la excepción. En este aspecto como además, si estamos ante una era iliberal, con tanta fragmentación y populismos, algo parecida a los años treinta, previa a los grandes totalitarismos europeos, bien vale recordar la frase de Marx, "la historia se repite, primero como tragedia y luego, como farsa".

LA FRONTERA CON IRLANDA, UN GRAN ESCOLLO PARA EL "BREXIT"

Monday, July 6, 2015

GRECIA: AHORA QUE?


El rotundo triunfo ayer del "No" a la propuesta del Eurogrupo en el referéndum convocado por el Premier Alexis Tsipras la semana pasada, para forzar una nueva y diferente negociación con alemanes y cía, puede tener múltiples lecturas. Por un lado, puede ser mirado en términos morales y nostalgiosos de un mundo que ya no existe, como un "triunfo de la dignidad y la soberanía griega en un contexto de historia democrática milenaria" o, en términos más idealistas pero modernos, como "una reivindicación contra el imperialismo financiero de Bruselas y Berlín". Desde otro ángulo, el económico, más duro, como una especie de nueva extorsión a la que somete Alexis Tsipras a Alemania y el resto del Eurogrupo, yendo mañana a Bruselas a negociar ya ahora con el respaldo de la mayoría de los griegos, forzando un "sí" a las exigencias helénicas. En el medio de ello, puede interpretarse la eyección de Varoufakis del Ministerio de Finanzas y su reemplazo por Tsakalotos, un profesional formado en la cuna europea más rancia, como una señal más de aquella jugada. En cualquiera de los dos casos, la elite griega -y por consiguiente su pueblo-, pueden estar realimentando una fantasía innecesaria, que les hará perder mucho más tiempo del perdido ya y dificultándoles la salida tan deseada a la crisis.
Ocurre que Grecia está encerrada en su propio laberinto. Más allá de imaginar también una posible ayuda rusa en caso de salir del euro, o de la posibilidad de un contagio masivo a Europa, sobre todo, la meridional y la del este, las regiones más vulnerables, que los consuele y aumente su valoración ante Bruselas, resulta claro que nada de ello, les evitará la corrección necesaria que deben afrontar. Si Grecia pretende ser viable económica, política y socialmente, en el futuro, deberá realizar un fenomenal ajuste, con o sin Bruselas, con o sin Moscú, con o sin euro. Además, deberá hacerlo sin paracaídas: no hay soja, no hay gas, no hay petróleo, apenas turismo -y europeo, con euros-. Entonces, cualquier fantasía que ellos imaginen o les hagan imaginar al resto del mundo, excepto los duros banqueros y tecnócratas europeos, que precisamente han pecado de demasiado blandos en el pasado con Grecia, será sólo eso: ficción. 
No descarto que mañana se reanude un nuevo ciclo de la negociación con Bruselas, que Francia insista en convencer a Alemania para que ceda y Atenas, una vez más (la enésima) intente salirse con la suya, mientras en el Kremlin haya alguien que persista en disfrutar de este trance que viven sus vecinos -aunque al mismo tiempo, quiera desligarse de cualquier compromiso futuro con un quebrado como Grecia-. Pero también Tsipras debe ser conciente que el reloj corre en su contra. Cada día que pase y cada semana que transcurra, el pueblo griego sigue afrontando su ajuste en cuotas: privaciones, escasez, cadena de pagos rota, dificultades para pagar sueldos o pensiones, etc. Cabe interrogarse sobre la "dignidad" de dicho proceso silencioso pero inexorable. 
Todo ello tal vez lo obligue a sentarse, aceptar, autocondicionarse, comunicar el sentido de dicho sacrificio y seguir en Europa y el euro, con el "No" de ayer tan simbólico como el "No" griego a Mussolini y Hitler -Atenas fue ocupada-. Pero tampoco puede descartarse que Berlín no ceda y deje caer a Grecia en su propia telaraña. Allí Tsipras deberá responsabilizarse ante su pueblo que ayer festejaba el respeto de su "dignidad". Deberá oficializar que volvió de Bruselas con las manos vacías, que Grecia está librada a su suerte y aún volviendo a la soberanía del dracma, no podrá evitar el drama de un ajuste mayor aún, ya sin red de contención alguna.

Thursday, June 25, 2015

UNA FORMA DE ACERCAR A MOSCU CON BRUSELAS?

Una nueva estrategia europea para acercarse a Moscú

Un informe aboga por lograr un espacio de seguridad compartido



“La UE debe aprender a negociar con Rusia tal y como es, no como le gustaría que fuera”. Esta es una de las ideas centrales del informe Una Rusia más europea para una Europa más segura, elaborado por la Fundación Alternativas. El documento formula “propuestas para una nueva estrategia de la Unión Europea hacia Rusia” y será presentado este jueves en Madrid por sus autores, un grupo de 17 personas coordinado por el profesor Javier Morales.
El conflicto en Ucrania, origen del mayor deterioro en las relaciones entre Occidente y Rusia desde el fin de la Guerra Fría, es “un inaceptable foco de inestabilidad para la UE” y exige “renovar la estrategia europea hacia Rusia”, señala el documento. La nueva estrategia debe responder a “intereses y valores” de la UE y evitar que se repitan “los errores cometidos” por esta entidad en la crisis en Ucrania. La UE, opina, no supo anticipar las reacciones de Moscú a su política de vecindad y no tuvo en cuenta el resurgimiento internacional de Rusia ni las concepciones rusas de sus intereses de seguridad.
El documento aboga por “aceptar a Moscú como una gran potencia con la que es necesario trabajar para construir un espacio de seguridad compartido” y rechaza “la Guerra Fría basada en la contención”. Los desacuerdos “no deben bloquear la cooperación frente a las amenazas compartidas por los países occidentales y Rusia: por ejemplo, el terrorismo internacional o la inestabilidad en Oriente Medio”, sentencia.
El documento aplica la “resolución negociada del conflicto en Ucrania” sólo al este de ese país, mediante el pleno cumplimiento de los acuerdos de Minsk, el foro negociador formado por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania bajo los auspicios de la OSCE. A la península de Crimea, anexionada por Rusia en marzo de 2014, la da prácticamente por perdida. “La anexión de Crimea como república dentro de la Federación Rusa, ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, parece sin embargo un hecho de difícil vuelta atrás”, afirma el informe. “Aunque la UE continúe sosteniendo la soberanía ucrania sobre este territorio, debe desvincular este contencioso del conflicto armado en las regiones del Donbás, para evitar bloqueos que impidan avanzar en una resolución negociada de este último problema, donde todavía es posible el acuerdo”, señala. El logro de acuerdos con Rusia “de forma pragmática” debería conducir “gradualmente” a “crear la confianza necesaria para un acercamiento en el ámbito de los valores”, que, de producirse, será a “largo plazo”, vaticina.Cuatro son los pilares de la estrategia propuesta: la solución negociada del conflicto en Ucrania; el diálogo paneuropeo y de seguridad global; el reforzamiento de la asociación económica y comercial, y más conocimiento entre las sociedades. En 26 páginas, el documento explora vías para evitar que Rusia se aleje de Europa en dirección a otros socios como China y los países BRICS y para mantener los vínculos entre una UE, internamente dividida en sus percepciones hacia Moscú, y una Rusia que “basa su política exterior en un concepto tradicional de la soberanía y el interés nacional” y que “considera principios como la democracia y los derechos humanos como una mera justificación para la injerencia de las grandes potencias en los asuntos internos de terceros países”.

En todo caso, “una Rusia aislada será menos dialogante y más agresiva, ya que optará por buscar socios alternativos en otros continentes —China o los demás BRICS— en lugar de restaurar sus relaciones con el resto de Europa”, argumenta el texto. La negación del “carácter europeo de Rusia” y de “su legitimidad para participar en las decisiones políticas que afectan a todo el continente” sólo consigue reforzar los argumentos del nacionalismo radical ruso llamado “euroasianismo” basados en la incompatibilidad entre su cultura y la occidental”, sostiene.
El informe se manifiesta a favor de una gradual abolición de las sanciones a medida que se progrese en la aplicación de los acuerdos de Minsk (para los que subraya que no hay alternativa). También considera que la escalada de sanciones perjudica a todos. España, afirma, pierde unos 330-360 millones de euros anuales debido a las contrasanciones rusas a los productos agroalimentarios.
Constatando el carácter “esencial” de Rusia para garantizar el suministro energético europeo (otras fuentes son “más caras”), el informe propone, no obstante, diversificar el abastecimiento para evitar que ninguno de los miembros de la UE “dependa excesivamente del gas ruso”. De ahí que apoye el proyecto de gasoducto Southern Gas Corridor, desde Azerbaiyán a la UE (evitando a Rusia) e incorporando a otros productores como Turkmenistán. El documento propone una política europea de vecindad más flexible y coordinada con Moscú, un diálogo institucional entre la UE y la Unión Económica Euroasiática así como entre la OTAN y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva como medida para asentar la confianza.
La UE “carece de los medios y la legitimidad” para imponer una transformación del régimen político ruso, más allá de “apoyar a la sociedad civil” para que decida libremente el modelo de convivencia que desea. Los autores del informe subrayan los errores europeos y muestran gran delicadeza ante las susceptibilidades rusas, haciendo encaje de bolillos al establecer las relaciones causales entre los acontecimientos que llevaron a la crisis de Ucrania.
Desde el punto de vista del informe, la “implicación militar” de Rusia fue reactiva y un “último recurso” en respuesta a lo que ellos (los rusos) entendían como una amenaza a sus intereses vitales: el cambio político revolucionario surgido del Euromaidán, cuyos dirigentes consideraban a Rusia como el principal enemigo”. Los “grupos ultra nacionalistas minoritarios” tuvieron un “protagonismo inadmisible” en el Euromaidán, opina el documento, que se refiere al “derrocamiento inconstitucional” del presidente Yanukóvich, “aceptado y apoyado por EE UU y la UE”, pero no menciona la huida de Víctor Yanukóvich ni la responsabilidad de éste en la escalada de la violencia y la gestión de la crisis. En lo que se refiere a las responsabilidades de la UE y de Rusia, el documento opina, sin embargo, que éstas no son “equiparables”, pues la UE y Estados miembros apoyan a Ucrania “con medios diplomáticos, ayuda económica y material militar no letal, mientras el Kremlin “ha utilizado también la intervención militar directa y el suministro de armamento al bando prorruso”.