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Monday, December 19, 2016

ASESINATO DEL EMBAJADOR RUSO EN ANKARA: OTRO CAPITULO DE LA COMPLEJA RELACION RUSO-TURCA

Hace pocas horas se acallaron los balazos del ex policía turco, el joven Mevlüt Mert Altintas contra el cuerpo del Embajador ruso Andrei Karlov en Ankara, en ocasión de su presentación de la exposición fotográfica "De Kaliningrado a Khamchatka", en pleno centro de la capital. 

En un ejemplo elocuente de una Rusia que hoy ejerce el "soft power" -vende su cultura al mundo-, el profesional de la diplomacia de Moscú, que insólitamente concurrió a inaugurar la muestra, sin escolta alguna, sólo acompañado por un traductor y un asistente, cayó asesinado, siendo el primero de la Rusia postsoviética, y el tercero desde la muerte de Piotr Voykov, el enviado soviético a Polonia, en Varsovia en 1927 y de Aleksandr Griboyedov, un poeta y diplomático muerto en disturbios contra la Embajada rusa en Teherán, la capital de Irán, en el siglo XIX.

Turquie : l'ambassadeur russe tué © Thomas SAINT-CRICQ, Laurence SAUBADU AFP


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El atentado juzgado como "terrorista" por las autoridades más altas de Rusia, entre otras, el propio Presidente Putin y la vocera de la Cancillería, Maria Zajárova, tomó de sorpresa a la Federación aunque no puede decirlo lo mismo para Turquía, que había sufrido ya, varios ataques recientes, tanto de ISIS como de los kurdos. Llama la atención la indefensión ya comentada del propio Embajador, una gran falencia de los aparatos de seguridad rusos que debieron haber estado mucho más atentos a tal vigilancia, en un contexto de tensiones previsibles pero también la propia inacción turca, que no podrá explicar cómo desprotegió a un diplomático de alto rango en pleno centro de Ankara, a pocas cuadras de la Embajada norteamericana.

Todo suena sospechoso en un contexto de relaciones entre Ankara y Moscú, tremendamente irregulares, frágiles y hasta pendulares. El famoso "cuchillo por la espalda" que citó Putin respecto al derribo del avión ruso Sukhoi el 24 de noviembre de 2015, en espacio aéreo sirio por parte de un caza turco, es una constante en el comportamiento turco desde la Guerra de Crimea en el siglo XIX, cuando el Imperio Turco Otomano no dudó en buscar el apoyo de las potencias occidentales como Inglaterra y Francia, para imponerse sobre el Imperio Zarista y el control geopolítico del Mar Negro. En la Primera Guerra Mundial, volvieron a chocar así como en la Guerra Fría, cuando ya en los años cincuenta, Turquía ingresó a la OTAN, para proteger los intereses norteamericanos y antisoviéticos en la región. Tanto Afganistán como Siria, fueron territorios de disputa geoestratégico para norteamericanos y soviéticos y en ambos casos, la República de Turquía, laica pero islamista al fin, se ubicó al lado de Washington por pura "Realpolitik". 

Cuando cayó la URSS, los viejos odios dejaron paso a una relación pragmática aunque sólo por dos décadas. La Federación Rusa llegó a acordar un "modus vivendi" con Ankara por el uso común de los recursos naturales del Mar Caspio, además de proveer ingentes ingresos al PBI turco, gracias al turismo ruso. Incluso, ya en el nuevo milenio, Turquía y Rusia, los dos únicos casos de ex Imperios que decidieron convertirse en Estados-Nación, vivieron trayectorias similares, con el ascenso al poder de dos "hombres-fuertes" (Erdogan y Putin), favorecidos por el "boom de las commodities", al frente de coaliciones heterogéneas, protonacionalistas pero sin rechazar la globalización o la integración con Europa, que no obstante, les negó la puerta abierta a ambos. 

Sin embargo, las viejas tensiones volvieron en ocasión de la guerra civil siria en 2011-2013, básicamente, por dos razones: una, la facciosidad identitaria intraislámica -los turcos sunitas pro wahabitas y Hermandad Musulmana versus los Al-Assad alawitas emparentados con los shiitas- y otra, las antiguas ambiciones imperiales de Ankara contra Siria, rivalizando con la defensa geopolítica de Rusia de su base naval de Tartus, negociada en los setenta con el padre de Bachir Al-Assad, en peligro, considerando la crisis ucraniana y las torpezas de Obama durante la "Primavera Arabe". 

En 2014 y 2015, Putin se cansó de intentar convencer -infructuosamente- a Washington y Bruselas, de que Erdogan no era un socio confiable en la guerra contra el terrorismo porque en Siria, anteponía sus propios intereses geopolíticos de defensa de la oposición armada, incluido ISIS y Al Qaeda a Al Assad y de represalia contra los rebeldes kurdos, que buscan un territorio propio separado de Ankara, pero que insólitamente, se habían erigido en la retaguardia de combate al propio Estado Islámico. Para Rusia, lejos de cualquier nostalgia militar expansionista, era y es clave derrotar a ISIS y salvar al Estado sirio como garante de la paz regional, al contrario del experimento Irak post Saddam Hussein, porque está y estaba en juego su propia lucha integración territorial, contra el secesionista emirato del norte del Cáucaso en el territorio ruso: Chechenia, Daguestán, Ingushetia, Osetia del Norte, Karbardino-Balkaria, la mayor parte de Karacháevo-Cherkessia y la estepa de Nogái.

El derribo del avión ruso hace un año y algunas semanas, tensionó la relación entre Moscú y Ankara al máximo, como en los viejos tiempos, blanqueando la oposición histórica. Putin sancionó con embargos alimentarios y turísticos al país de Erdogan, cuyo alto costo económico, obligó a éste a retroceder y pedir perdón por el trágico incidente. Fiel a sus convicciones, antes vio cómo toda Occidente lo aislaba y condenaba por su especial democracia y situación de DDHH, a propósito del golpe militar de la facción islamista radicalizada -pero insólitamente prooccidental- FETO liderada por Fethullah Gulen, exiliado en Estados Unidos y entonces, el líder del Kremlin, ofendido pero magnánimo, le tendió su mano una vez más, sin rencores. 

Sin caer en el reduccionismo de las hipótesis eurasianistas de un lado (Dugin) y del otro (Perincek), que creen absolutamente posible y deseable un eje Moscú-Ankara, en contra de Washington y Bruselas, pero que no pueden explicar ahora, fenómenos como el de Donald Trump y su predisposición prorrusa y antichina, que les rompe aquel esquematismo contrahegmónico, está claro que estábamos en medio de un acuerdo inédito entre Putin y Erdogan, cuando se produjo el atentado contra el Embajador Karlov. 


Sunday, May 8, 2016

PUERTA SEMIABIERTA A TURQUIA PARA ENTRAR A LA UE?

Bruselas avala que los turcos viajen a Europa a partir de julio sin visado

Ankara aún debe cambiar sus leyes antiterroristas para acogerse a esa medida

LUCIA, ABELLAN, BRUSELAS, DIARIO EL PAIS, MADRID, MIÉRCOLES 4 DE MAYO DE 2016.
La Comisión Europea ha ofrecido este miércoles el mayor aval político otorgado a Turquía desde que aprobó su candidatura a integrarse en la UE, en 1997. Bruselas propone eximir de visado a los turcos que viajen a Europa a partir del 1 de julio, un compromiso recogido en el acuerdo que adoptaron los Veintiocho con Turquía en marzo para frenar la llegada masiva de refugiados a Grecia. El Ejecutivo comunitario abre así camino a una delicada decisión que deberán adoptar el Consejo Europeo –representa a los Estados miembros- y la Eurocámara.
Hace un mes y medio, cuando los jefes de Estado y de Gobierno rubricaron el pacto para expulsar refugiados a Turquía a cambio de acelerar la desaparición de visados, entre otras medidas, Ankara cumplía pocas de las 72 condiciones fijadas para permitir los viajes sin trámites consulares. Hoy el país vecino cumple 65, según el análisis de la Comisión, que confía en que las otras siete se alcancen en las próximas semanas.
Más allá de los criterios técnicos, el número dos de la Comisión, Frans Timmermans, ofreció una justificación política para tender la mano a Turquía. “En los últimos años, en los que no ha habido implicación con Turquía, ¿qué ha pasado con la libertad de expresión?”, se ha preguntado, sugiriendo que ha sido precisamente el distanciamiento con Ankara lo que ha alejado al país de los estándares europeos. “Se están alejando de nosotros. Esa tendencia tiene que cambiar”, ha concluido.
De los requisitos por cumplir, dos (el acuerdo de readmisión de extranjeros con toda la UE, no solo con Grecia, y la actualización de los pasaportes biométricos para que sean aceptados en Europa) están previstas por calendario para el mes de junio. Las otras cinco no tienen fecha clara e incluyen cuestiones salvables como las normas de protección de datos y otras mucho más complejas, como la lucha contra la corrupción y, sobre todo, la definición de terrorismo.
El capítulo sobre terrorismo puede acabar frustrando la negociación, admiten fuentes europeas. Porque lo que la UE pretende es que la definición de terrorismo se ajuste a los principios comunitarios. Ahora, por ejemplo, Turquía puede atribuir propósitos terroristas a personas que simplemente se muestren críticas con el presidente, Recep Tayyip Erdogan, o cometan delitos que Europa nunca consideraría terroristas. Está por ver que el Gobierno de Ankara, en pleno endurecimiento de su posición hacia los kurdos y con numerosos ataques a la libertad de expresión, presente en pocos días una legislación que satisfaga al Parlamento Europeo, cuyo voto es necesario para liberar a Turquía de los visados.
El presidente de los liberales en la Eurocámara, Guy Verhofstadt, ya ha dado una primera muestra a este respecto. “Solo habrá acuerdo si Turquía cambia las leyes antiterroristas que se están usando para silenciar a periodistas”, ha expresado en un comunicado. Fuentes comunitarias admiten que lo que se pretende pactar va dirigido a evitar situaciones como el encarcelamiento de periodistas y rehúsan valorar qué ocurrirá si Ankara no ofrece una propuesta aceptable en junio.
La evaluación tan favorable a Turquía, no obstante, encierra una trampa. Solo los ciudadanos turcos con pasaportes biométricos de última generación podrán acceder a la UE sin visado. Y en la actualidad no hay ninguno emitido entre sus 79 millones de habitantes. El Gobierno de Ankara prevé empezar a fabricarlos en junio, pero su capacidad de emisión no excede los 10.000 diarios, explican esas fuentes comunitarias. Y además son caros. Así que el número de turcos con capacidad real para llegar a territorio europeo sin visado será muy limitado a corto plazo. Fuentes diplomáticas turcas consideran importante el respaldo político a la desaparición de visados, más allá de que los detalles técnicos no permitan en un tiempo ejercer el derecho.
Como mensaje tranquilizador a los países que temen flujos abultados de inmigración turca en su territorio, la Comisión ha propuesto también endurecer el freno de emergencia que permite a los Estados reintroducir los visados si constatan esas llegadas inesperadas. Pocos días después de que Alemania y Francia presentaran una iniciativa conjunta, Bruselas propone agilizar este mecanismo para que se puedan suspender la libertad de visados más rápidamente y para que la Comisión pueda actuar por iniciativa propia.
Junto con Turquía, Bruselas propone también eximir de visado a los ciudadanos kosovares con pasaporte biométrico. La decisión puede plantear problemas a los cinco países europeos (entre ellos España) que no reconocen a este territorio, antigua provincia serbia, como Estado.

LOS CONTROLES DE FRONTERAS SE PRORROGAN

Entre la amalgama de medidas sobre asilo y visados, la Comisión Europea ha avalado este miércoles la extensión por otros seis meses de los controles fronterizos —las suspensiones temporales de Schengen— que aplican cinco Estados del espacio de libre circulación (Alemania, Austria, Suecia, Dinamarca y Noruega).
La decisión se basa en las “graves deficiencias” detectadas en el control de las fronteras griegas y se adopta a pesar de la drástica caída en las  llegadas de refugiados a Europa, el argumento que justificó los controles.