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Friday, October 2, 2015

DISCUTIENDO EL PAPEL RUSO EN LA CRISIS DE MEDIO ORIENTE

RUSIA EN LA CRISIS SIRIA 



Marcelo Montes, Doctor en Relaciones Internacionales (UNR), Integrante de la Cátedra Rusia (IRI, UNLP) y del Grupo Euroasiático del CARI. Profesor de Política Internacional (UNVM). 

Los acontecimientos en este mundo en transición, donde no alcanza a vislumbrarse lo enteramente nuevo y tampoco se aleja lo viejo, es decir, donde lo actual es, en realidad, efecto –y no retorno- de aquella Guerra Fría que nos dejó hace 24 años, son vertiginosos. Pocas horas después de una histórica 70 Asamblea de la ONU, por su inusual desfile de primeros mandatarios de las potencias y el regreso de otros que hacía tiempo, no aparecían por New York, con un trasfondo de gestos y acuerdos mutuos, el ruido de las bombas y misiles volvió a estallar en Medio Oriente. Los modernos Sukhoi rusos volvieron a bombardear como no lo hacían desde la invasión soviética a Afganistán o más recientemente, en Georgia 2008. Para muchos, es el retorno del viejo enfrentamiento pero una vez más, se equivocan. El contexto, los actores pero también los intereses, son absolutamente diferentes. 

Desde la crisis ucraniana, tras la hora y media que demandó la reunión Putin-Obama, por fin, Estados Unidos admitió que no puede ser un “llanero solitario” en el mundo actual y que Rusia, al igual que antes y después de los atentados del 2001, puede brindar una decisiva ayuda con el fin de reordenar lo desordenado por Washington mismo, tanto con sus “neocons” y “unipolaristas” tras la gestión Bush (hijo) como por los “neoidealistas” del propio Obama, tras la “Primavera Arabe” en 2011. De todos modos, tal reconocimiento no implica unanimidad de criterios en relación a la crisis siria, sus causales y desenlace, sino por el contrario, un mero “impasse”. 

Varias razones justifican el involucramiento ruso. Putin interpreta hace tiempo que su eternamente incomprendido país, tanto o más custodio histórico de la cristiandad que el Viejo Mundo, tiene el cáncer del fanatismo musulmán tanto wahabista como sunita, en su propio territorio desde la primera guerra chechena en los noventa, mucho antes que Occidente. Por ello, miles de voluntarios de origen eslavo, pelean en territorios sirio e iraquí, financiados insólitamente por Washington, desde hace más de dos años, con la excusa –irreal- de la lucha contra el despotismo de Bashir Al Assad. Rusia puede exportar su “know how” en la materia, brindar su ayuda militar y al mismo tiempo, proteger, al igual que en Crimea, tras el estallido de la crisis ucraniana, sus intereses geopolíticos, es decir, su base naval de Tartus, instalada en Siria, con 1.700 hombres, desde 1971, ese acceso tan deseado desde Pedro El Grande, a los mares cálidos, en este caso, el Mediterráneo. Al ingresar en la guerra civil siria, Moscú tampoco oculta su propósito de romper con el semiaislamiento internacional que le propinaron la UE y Estados Unidos, con sus sanciones comerciales a raíz del “Euromaidan” ucraniano, forjadas a la luz de la enorme ignorancia histórica, cultural y geopolítica del lugar que ocupa aun una Ucrania independiente para Rusia. 

Sin embargo, el involucramiento ruso no es ni será como en los viejos tiempos, amplio, extenso, duradero e imperialista militar. Ya hace dos años, y aunque nadie se lo reconociera, Rusia intervino con “soft power”, mediando para la eliminación de armas químicas de Bashir Al Assad, salvándolo del ataque masivo occidental y logrando lo que Obama, con su Premio Nobel, no había alcanzado: la paz transitoria. Ahora, tras el pedido oficial del propio Bashir Al Assad, Putin ha recibido del Consejo de la Federación, la autorización legal correspondiente para ingresar militarmente a Siria, pero ha expresado de modo oficial que sólo usa aviones para realizar raids contra posiciones de Al Qaeda e ISIS, es decir, grupos terroristas, aunque conociendo la picardía putinista, es obvio que también destruirá objetivos de la escasa oposición armada “racional” o prooccidental –si es que la hubiere-. De esta manera, resguarda al gobierno de Al Assad, ya que el realista líder del Kremlin, al estilo de un Kissinger o un Bush (padre) en ocasión de la primera Guerra del Golfo con Saddam Hussein, considera en términos prácticos que la decisión escogida es la única forma de terminar con la amenaza yihadista, salvando la integridad territorial siria, hoy a merced de las ambiciones no sólo de las bandas terroristas citadas sino de Turquía, Irán y las monarquías árabes. 

Precisamente, está en juego de modo adicional, aunque no de menor jerarquía, en la crisis siria, la dominación del mundo musulmán y la disputa feroz entre un 30 % de shiitas (la Irak post invasión americana, Irán ahora cooperativo con Washington, Siria y El Líbano-Hezbollah) y un 70 % de sunitas (monarquías árabes, Pakistán, ISIS, Al Qaeda, Hermandad Musulmana), con la paradoja de que entre estos últimos, conviven aliados circunstanciales y enemigos acérrimos de Estados Unidos. En su fuero íntimo, Vladimir Putin sabe pero no puede expresarlo públicamente, que la actual Rusia no está en condiciones militares de competir con Estados Unidos, por muchas razones pero sí lo puede hacer en el tablero político, aprovechando las dudas del jefe de Washington y sus colegas europeos. En tal sentido, en una nueva muestra de audacia cierta extorsión, Putin no apoyará coaliciones prooccidentalistas junto a árabes, pakistaníes y turcos, sino que planteará su propio eje junto con sirios, iraníes e iraquíes, sobre todo, hasta no asegurarse que Occidente le levante las sanciones por Ucrania. Será Obama ahora, quien exhiba una enorme incomodidad, al acabar de consensuar con Irán, su desarme nuclear. Las críticas de los “neocons” y “neoidealistas” sobre éste, recrudecerán en los próximos meses, acusándolo de debilidad ante el “Zar Vladimir”. 

Este reposicionamiento internacional le otorga a Putin, aun mayor aprobación doméstica que la que ostenta hasta aquí, en un país orgulloso de su pasado y, en un momento de dificultades macroeconómicas, producto de la baja del precio del crudo, promovido por los propios árabes sauditas, entre otros. En términos humanistas, podría criticarse el accionar de Putin, quien antepone objetivos geopolíticos o electoralistas, al drama gestado desde -y a pesar- de Damasco, pero si su estrategia de detener al yihadismo resulta exitosa, su credibilidad mundial crecerá todavía más, incluso a expensas de la pobre imagen de su propio país. A diferencia de Obama, abrumado por sus contradicciones y las de su propia sociedad, a medio camino entre las preocupaciones humanistas, las ínfulas imperiales moralistas y el cambio demográfico, el ajedrecista Putin, nostálgico del orden internacional posnapoleónico de 1815, concertado y multipolar, no trepida en aprovechar las oportunidades para salvar al Estado ruso y volver a un statu quo, mucho más previsible y beneficioso para sus intereses que el actual tembladeral, al cual condujo la primacía excluyente norteamericana, con terribles efectos humanitarios que asolan media Europa. 

 Como se acaba de percibir, no hay soluciones fáciles en este mundo en transición. Puede lamentarse la ausencia de ideologías como otrora pero al menos, tampoco hay ilusiones utopistas ni expectativas desmesuradas como en 1992. Los líderes que sepan anticipar crisis como la siria o la ucraniana, resolubles previamente con una inteligencia que finalmente faltó, escasean a pesar de que muchos altos dirigentes sentados en los estrados de la ONU esta semana, tienen el título de tales, excepto tal vez, el Papa Francisco. Sobran los decisores lentos de reflejos, que actúan a posteriori, con los hechos consumados, como el Presidente francés Hollande o la Canciller germánica Merkel, que no deja de apagar los incendios que le provoca Washington por doquier, sin provocar jamás su rebeldía, cuando ellos mismos fueron cómplices de los mismos dictadores asiáticos o africanos que hoy vituperan o desprecian. Como expresó con singular crudeza, un niño refugiado sirio frente a las cámaras de TV hace unas semanas: “estamos aquí por nuestro país está en guerra: ahora ayuden a parar la guerra”. Es ni más ni menos, lo que intenta Putin con sus propios métodos (fríos y descarnados), tal vez, similares a los empleados hace años, en la escuela de Beslan o en el Teatro Dubrovka de Moscú. Ante la ineficacia e hipocresía occidental de esta última década, sobre el mundo árabe, bien cabe darle una chance a la emergente Rusia, aunque no esperemos moralidad ni clemencia porque puede que ya resulte tarde para ello.

Monday, September 28, 2015

PUTIN Y OBAMA EN UNA HISTORICA ASAMBLEA DE LA ONU

Obama y Putin trasladan su pulso por Siria a la ONU

El presidente de EE UU acepta cooperar con el ruso, que pide una coalición contra los yihadistas comparable a la que derrotó a Hitler

 diario el pais, madrid, Nueva York 28 SEP 2015


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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, trasladan este lunes su rivalidad a la sede de la ONU, en Nueva York. En sendos discursos ante la Asamblea General de la organización internacional Obama y Putin abordaron la guerra civil en Siria, que ha dejado más de 200.000 muertos y unos cuatro millones de refugiados. Ambos tiene previsto reunirse por la tarde.
El activismo militar y diplomático de Rusia en días recientes descoloca a la Administración Obama, paralizada entre la lucha contra los yihadistas del Estado Islámico (EI) y la oposición al régimen de Bachar el Asad, a quien EE UU atribuye el principio de la guerra.
“Estados Unidos  está dispuesto a trabajar con cualquier nación, incluidas Rusia e Irán, para resolver el conflicto", dijo Obama ante la Asamblea General.  “Pero no puede haber, después de tanta sangre y matanzas, un retorno al statu quo previo a la guerra”. El presidente de EE UU dijo que, por realismo, habrá que aceptar compromisos, pero también una transición hacia un gobierno en Siria sin El Asad.
"Creemos que es un error enorme negarse a cooperar con el gobierno sirio y sus fuerzas armadas que luchan contra el terrorismo con valentía, cara a cara", dijo el presidente ruso.En su discurso ante la Asamblea General, Putin elogió la lucha de las fuerzas sirias contra el EI, reprochó a EE UU que haya armado a grupos rebeldes y se presentó como el hacedor de una coalición internacional para reforzar al gobierno sirio y derrotar a los yihadistas. Esta coalición, que Putin comparó con la que EE UU y la URSS de Stalin lideraron contra Hitler, puede entrar en competición con la que ya lidera EE UU desde hace un año.
Hacía dos años que Obama y Putin no mantienen una reunión formal y casi uno que no se cruzaban en un encuentro internacional.El conflicto en Ucrania, entre acusaciones mutuas de injerencia, y laanexión de la provincia ucrania de Crimea por parte de Rusia en 2014, enfrió la relación entre ambos líderes. Obama intentó aislar a Putin y, con sus socios europeos, impuso sanciones económicas. Siria ofrece a Rusia la oportunidad de tener un papel relevante en Oriente Próximo ante la parálisis de EE UU y la UE en Siria.
Rusia ha enviado tropas y aviones a Siria. Este fin de semana, alcanzó un acuerdo con Irak, Irán y Siria para compartir información en la guerra contra el EI. El intervencionismo ruso coincide con la llegada diaria a Europa de decenas de miles de refugiados procedentes de países en conflicto, entre ellos Siria e Irak, ocupados parcialmente por los yihadistas. 
El acuerdo de las potencias de la ONU sobre el programa nuclear de Irán —aliado, como Rusia, de El Asad— permite, sobre el papel, acelerar la cooperación contra el EI, objetivo común de estadounidenses, rusos e iraníes, pero en Washington y Moscú discrepan en el diagnóstico sobre las causas de la guerra civil, y sus soluciones.
Obama quiere usar su reunión con Putin para “entender” cómo la mayor implicación de Rusia en Siria servirá para resolver el conflicto. EE UU, que lleva un año bombardeando posiciones islamistas, cree que la brutalidad del régimen de El Asad ha alimentado a los islamistas violentos y que, por tanto, no hay solución a la guerra sin una transición política que, a largo plazo, desplace a El Asad del poder.
Rusia discrepa. Sostiene que, para derrotar al Estado Islámico, es necesario aliarse con el régimen de El Asad.
La estrategia de Obama, además de los bombardeos contra el EI en Siria e Irak, ha consistido en un plan para entrenar y armar a grupos de rebeldes opuestos a El Asad y a los yihadistas. El plan ha fracasado. Contemplaba entrenar a más de 5.000 milicianos. Sólo unas decenas han entrado en combate, según el Pentágono.
Cuando estalló la guerra, en 2011, EE UU exigía la marcha de El Asad. Dos años después, Obama estuvo a punto de ordenar una intervención contra el dictador sirio. A última hora, suspendió el ataque. Los avances del EI forzaron un cambio de estrategia y convirtieron a El Asad en un aliado de facto de EE UU contra los islamistas. Ahora la Administración Obama admite que pueda tener un papel durante la transición.
El encuentro con Obama saca a Putin del ostracismo en el que el presidente de EE UU ha intentado colocarlo desde la secesión de Crimea y lo coloca en el centro de todas las conversaciones esta semana en Nueva York.
Hacía años que la Asamblea General de la ONU —el cónclave que reúne cada septiembre a los representantes de más de 140 países— no congregaba a tantos líderes. Entre ellos, el presidente iraní Hasan Rohaní; el chino Xi Jinping; Putin, que hacía diez años que no hablaba ante la asamblea; y el cubano Raúl Castro, que nunca había asistido y prevé reunirse con Obama el martes.