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Saturday, November 26, 2016

FIDEL CASTRO: LO IMPORTANTE NO ES SU MUERTE SINO SU NEFASTO LEGADO

Por estas horas, lo lloran y llorarán los que lo aman y admiran y festejarán, sí festejarán, los que vomitan cuando escuchan su nombre. Eso generaba Fidel Castro. 

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Sin embargo y parafraseando a Nicolás Maquiavelo, está claro que ejerció el poder como pocos y por esta razón, murió un viernes 25 de noviembre en su lecho de enfermo en La Habana. Muerte natural. Como Stalin, como Mao, Brezhnev, como Napoleón, como Hafez Al Assad, como tantos otros que a lo largo de la historia, fallecieron al lado de sus obsecuentes, sin que nadie les reproche ni sus crímenes ni sus injusticias, mayores aún a las que decían que iban a reparar. Sólo así se entiende que este jesuita de clase media aburguesada y marxista oportunista, haya llegado a tener éxito en derrocar a Batista por medio de un proceso revolucionario en donde él era uno más y logró a fuerza de mucha inescrupulosidad, desembarazarse uno por uno, de los líderes del llamado Movimiento 26 de Julio: Pedro Boitel, Huber Matos y por qué no, hasta el propio Ernesto "Che" Guevara, quien, a partir de sucesivas denuncias -ver caso Regis Debray-, se deduce, Fidel desconfiaba y recelaba muchísimo. Luego, estuvo décadas enteras en el poder: 47 al frente y los últimos 10 años más, entre bambalinas, con algún poder de veto sobre su hermano Raúl. Casi sesenta años, la edad de toda una generación, manipulando, digitando, coaccionando, amenazando, sobornando, expulsando, arengando, victimizándose, todo cuando fuera necesario, practicando la "virtú" o capacidad de ejercer el poder, como le recomendaba Maquiavelo a los Médicis. Castro fue un genial alumno del florentino, varios siglos más tarde. Claro, tuvo ayudas externas inestimables en el largo trayecto. El embargo norteamericano, la excusa perfecta para hambrear a su pueblo, fue una de ellas. Idem la estúpida y torpe decisión de Kennedy, de invadir Bahía de los Cochinos. El subsidio "eterno" de la URSS en agradecimiento por haber se jugado por Moscú cuando otros no lo hicieron, es otra. El final de la Guerra Fría, lejos de ser su tumba, se convirtió en otro soporte para su mito del líder que lograba sobrevivir a todo. 
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Párrafo aparte para la intelectualidad de izquierda de todo el mundo y de América Latina, en particular. Excepto en Rusia, donde hoy se lo venera como "el gran tovarich Castro", quien fuera el primero en un exótico, lejano y tropical continente, animarse a "luchar" contra Estados Unidos, los progresistas europeos y americanos, apoltronados en sus escritorios o cafés burgueses, que cobran en dólares y cuando van a La Habana, se hospedan en los mejores hoteles que la privilegiada cúpula del Partido les garantiza, admiran ese poder de Castro y no su épica contra la injusticia.Esos intelectuales, con muchos de los cuales, Castro cultivó amistad -tampoco creo que sincera-, sienten admiración por ese control social que ejercen este tipo de líderes.  Sólo así se entiende que le hayan perdonado todo lo que ellos mismos desprecian, al menos, públicamente: el militarismo en el que degeneró su "revolución"; el nepotismo de cerrar un régimen que supuestamente "iluminado por la Razón" y confiar el poder a su hermano (Raúl); el hambre de las masas, por más que se lo intente disfrazar de igualdad para todos y demás patrañas; el conservadorismo moral del castrismo y la represión de lo que ellos llaman colectivo LGBT o minorías religiosas, para no aburrir con los históricos "disidentes"; el disimulo e hipocresía de la delincuencia -no olvidar la Operación Mariel- y la prostitución abiertamente pública en el malecón de La Habana; los pactos con extremas derechas o autoritarismos como la propia dictadura argentina de Videla-Viola-Massera. Por esta conducta hipócrita, la izquierda languidece en el mundo. Presa de sus contradicciones, la derecha más reaccionaria, ocupa el lugar que venía a defender, al lado de los obreros desplazados y todos aquellos que tienen sed de justicia en este mundo.
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Me detengo en el carácter simbólico de su figura. Hubiera despertado ese elixir mágico un Fidel Castro en Oceanía? en Escandinavia? en la propia Estados Unidos? seguramente que no. Aquí va el espacio dedicado a nuestra América Latina. Me pregunto si toda la energía dedicada a vanagloriar a este dictador patético, "enorme" figura para muchos, pero también a discutirlo o defenestrarlo, la hubiéramos usado para trazar y concretar nuestro camino al desarrollo y el fin de las desigualdades e injusticias. Sinceramente no me imagino a profesores, escritores, científicos o monjes, es decir, la reserva intelectual o moral del continente asiático, adular o venerar dictadores. Muy por el contrario, suelen ser los más opositores a ellos. Aquí, ocurre todo lo contrario. Será el resentimiento contra Estados Unidos, la representación del hispanismo? la influencia católica? cierto halo aristocratizante que aquí se respira en algunos de esos círculos? Digo esto, si realmente es así, si nos preocupan sobremanera nuestras desigualdades e injusticias. Si no es así, está bien que sigamos inmersos en el mundo de los íconos, mitos y leyendas. Es que el "realismo mágico" es quizás, la mejor manera de ocultar nuestras frustración colectiva de no ser lo que queremos y prometemos ser en este mundo.
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Por último, lo más importante. En contraste con un Allende que se suicidó fiel a sus convicciones, el supuestamente "valiente" Castro murió en su lecho de enfermo, con un cáncer que carcome todo a su alrededor, porque es una enfermedad típica de las culpas y dolores acumulados y culpas y dolores que el propio enfermo genera a los demás. Pero qué hay de los que lo toleraron tanto tiempo? de los que lo adularon? de los que lo aplaudieron? de los que lo veneraron? de los que delataron a quienes pensaban diferente? de los que vieron sus crímenes contra otros y no abrieron la boca? Alguien pensó en ellos? Porque para que Castro sobreviva tanto tiempo en el poder, habiendo generado tanto daño y mostrado tanta ineficiencia crónica y sistémica, a su capacidad para ocultarla y la ayuda externa que recibió, hay que agregarle la complicidad, por acción u omisión, de gran parte de sus propio pueblo. Termina siendo más importante que la vida o muerte física de este tipo de dictadores, el legado fenomenal material que dejan, su gran lastre, el ancla a la decadencia: la destrucción del tejido moral y social que han transmitido a sus generaciones enteras de cubanos: la desconfianza, la falta de solidaridad real, la inautenticidad, la mentira generalizada, la trampa, el ventajismo, la resignación. El espectáculo visto hoy, tras 27 años de postcomunismo, en Bulgaria, Rumania, Albania, la misma Rusia postsoviéticas, con sociedades enteras, ahora enfermas del más crudo "consumismo", pero claro, sin poder adquisitivo como el de los alemanes o anglosajones desarrollados: ese materialismo es fruto paradójicamente de tantas décadas de igualitarismo forzado que implica el pseudocomunismo. Todo esto sobrevive a Fidel pero también a Raúl. Costarán décadas recomponer en Cuba, ese tejido moral y social, algo fundamental para aquellos que nos ilusionamos con ver en esta vida, una Cuba, verdaderamente libre, democrática y justa.

Debo confesar que la noticia sólo me alegró por una razón. Armando Ribas, el filósofo cubano de nacimiento y argentino por adopción, liberal de puro cuño, autor de ese libro genial llamado "Pensamientos para pensar", podrá regresar a su patria. Habitué desde el nacimiento de la Fundación Libertad de Rosario y Premio Rogelio Tomás Pontón en 2013, él nos había comentado hace muchos años, que "con Fidel no cabían en la misma isla" y que sólo volvería, seguramente, cuando no esté más. Ahora sí, estimado Armando, podrá volver.
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Wednesday, September 14, 2016

"GLASNOST A LA ARGENTINA"

En algún momento, las sociedades que se resignan y estancan, reaccionan y así, como la vieja URSS de Mikhail Gorbachov en 1985, quien acuñara por primera vez, ese término ruso, la Argentina de Macri está viviendo su propia "glasnost" (transparencia). 

Vale la pena recordar aquel momento histórico e intentar compararlo con éste que vivimos en Argentina, porque tienen algunas semejanzas -sobre todo, por la dimensión del "cambio"- y no pocas diferencias. La URSS ya había vivido su proceso de desestalinización y liberalización con Nikita Khruschov (1953-1964), pero había sido ambivalente, porque su agresiva política exterior contradijo esas políticas adoptadas a nivel doméstico. Le siguió la era brezhneviana (hasta 1982), todavía recordada por numerosos rusos que "peinan canas", como exitosa a nivel externa y sobre todo, de gran holgura económica, permitiéndole a la mayoría de la población, convertirse en propietaria y de clase media. Pero el costo social y moral de esas dos largas décadas, excedía en mucho, sus supuestos beneficios colectivos: la corrupción era generalizada; la mentira institucionalizada también; la disciplina laboral había bajado a niveles exhorbitantes; el conformismo cultural y la obsecuencia intelectual con el poder de los gerontes soviéticos y su extendida red clientelar, plagada de delatores oficiales. Todo ello, para ser categóricos respecto al daño general que se genera a partir de estos procesos, en no pocos aspectos hoy visibles en la sociedad rusa (postsoviética), ya en democracia, híbrida, pero democracia al fin, ha tenido un duradero efecto, lo cual revela que si bien, el deterioro moral puede ser rápido, la alteración de tal patrón de conductas suele ser nada lineal y plagado de dificultades.

Cuando Gorbachov, un convencido comunista, decidió, incluso en contra de su propia "Nomenklatura" que lo ungió para otros fines, abrir las rígidas compuertas del sistema, en términos científicos, culturales, artísticos, deportivos, para reoxigenarlo y que las energías vitales de la sociedad desborden como nunca antes, la sorpresa primero y el impacto impredecible de tales acciones, luego, en poco tiempo, no tardaron en propagarse. Más allá de que todo el proceso tomado en su conjunto, no terminó bien, dado el fin del sistema y la implosión del Imperio soviético, en gran medida por el oportunismo de los Yeltsin y demás jerarcas devenidos en demócratas en Europa Oriental, la "glasnost" aún hoy es recordada como una necesaria aunque breve "bocanada de aire fresco" en un modelo social hermético, conservador e hipócrita. Ese momento les sirve a muchos rusos, aún hoy, para poder escribir en contra del putinismo, organizarse y protestar en las calles, concurrir a votar, en fin, no resignarse a obedecer, como en la era Brezhnev.

Argentina vive su propia "glasnost". A diferencia de aquella, no tiene un líder explícito, porque Macri no sobresale por su carisma y la coalición que lo llevó al poder, lo es, porque ganó en segunda vuelta, con la suma de votantes que no estaban dispuestas a seguirlo desde el inicio. Fue un voto de opción "contra" más que una elección "pro". Esa debilidad inicial no le impidió generar un "laissez faire" o nueva atmósfera cultural, donde a diario, aparecen en el primer plano, demandas de cambio colectivo en los más variados niveles. Podrá juzgarse la poca direccionalidad de los mismos y hasta la falta de liderazgo y sentido político pero es innegable que se respira como casi nunca a lo largo de 7 décadas, otro aire, que le permite a oficialistas, opositores  independientes, convivir en paz, en un país habituado en exceso a la conflictividad y facciosidad políticas, cuando no hay razones culturales ni religiosas ni étnicas para justificarla.   

Sobran los indicadores. Por primera vez en la historia de la democracia argentina, aparece la corrupción como primer problema para los argentinos, por fin hastiados del flagelo, y por encima de la macroeconomía, en momentos de debilidad de ésta. La ex Presidente está al borde de su detención por complejas redes delictivas con no pocos de sus funcionarios y empresarios (nac & pop) pero difícilmente las masas salgan a la calle para liberarla como el 17 de octubre del líder de su movimiento. Acaba de ser detenido un sindicalista símbolo de las mafias enquistadas a costa de los trabajadores formales y ello anticipa un movimiento judicial "de pinzas" sobre varios de ellos, los que de manera oportunista, se van despegando de la cúpula de la CGT o retirándose de la vida gremial. El hijo de un sindicalista connotado como Moyano, presenta un proyecto de ley en el Congreso que empequeñece aquél viejo y resistido embrión de Ley Mucci de democracia sindical de los años ochenta. En los medios se debate abiertamente sobre la apertura económica y comercial del país, algo que siempre fue tabú en una sociedad que cree tener, viviéndolo dramáticamente, una economía y un comercio exterior más abierto de lo poco o nada que es, comparados a nivel internacional. En la Provincia de Buenos Aires, se votó una ley que prohíbe la reelección indefinida de los intendentes, lo cual hace tambalear el concubinato cuasi mafioso de intendentes eternos y nepóticos con gobernadores bonaerenses cómplices, en un territorio que condena a una vida miserable a millones de habitantes, en el marco de un país nada federal. En plena era de confusión patrimonial -adrede-de los políticos, tras reconocer públicamente su presencia en los "Panama Papers", el Presidente crea un "fideicomiso ciego" y su Ministro de Energía vende sus acciones de la petrolera multinacional de la que era parte integrante. En una época de mucha violencia doméstica contra las mujeres, y "Millennials" despreocupados, sólo obsesionados con celulares y videojuegos y militancia juvenil rentada, mujeres valientes y de mediana edad, como María Eugenia Vidal y Gladys González, se animan a ir contra las mafias partidarias, policiales y sindicales. En los medios de comunicación oficiales, conviven oficialistas y no pocos periodistas y artistas de la era K, sin censura alguna. El mundo intelectual-académico está aún en deuda y habiendo asumido un patético rol de autogenuflexión durante el kirchnerato, ya evidencia algún síntoma de madurez para hacer efectiva de una vez por todas, por ejemplo, el ejercicio de la autonomía universitaria o el debate sobre el futuro de toda la educación nacional, en sus cuatro niveles. En el plano de los derechos humanos, aunque falte sanción para una de las dos partes responsables de la violencia de los setenta, no hay retroceso alguno: se juzga a militares acusados de violaciones y no hay Presidentes que indulten ni disminuyan penas. Por oportunismo o genuina liberación del poder, los jueces están trabajando sin que el gobierno actúe sobre ellos, a través de "operadores". Recientemente, la ciudad de Rosario que ha sido testigo de ocho años de un gobierno provincial inoperante y hasta cómplice del delito, ha visto caminar a cientos de miles de vecinos, reclamando por el fin de la impunidad, en dos masivas marchas callejeras. El mundo de la cultura despierta y se anima, sin subsidios oficiales clientelares, a producir y difundir: en el cine: a diferencia de "Relatos salvajes", de la era K, donde se exponían y hasta exaltaban nuestras miserias criollas, "El ciudadano ilustre" es una ácida crítica a nuestra idiosincracia pasiva, indiferente y cobarde. En pintura, escultura y música, empezamos a descubrir obras o artistas que hace décadas debimos haber conocido (por ejemplo, el género suprematista del pintor ucraniano Malévich en Buenos Aires). 

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Ignoramos qué deparará y hacia dónde va esta "glasnost" criolla. Lo que sí sabemos es que se están produciendo movimientos nunca vistos, que dependerá, una vez más, de la política, para encauzarlos y derramen de manera positiva hacia todos. Hay factores que ayudan a esta "primavera" pero no durarán para siempre. El poder está fragmentado y eso es positivo en el corto plazo pero tarde o temprano, se reconfigurará. Esta "glasnost" convive con un estado de descomposición moral, debilidad institucional y una anomia social generalizada (inseguridad, casos de "justicia por mano propia", ausencia de autoridad intraescolar) pero estos flagelos no pueden durar para siempre. Muchos argentinos votaron un "cambio" pero ignoran el real alcance del término, son impacientes y tienen una actitud subyacente nociva para emprenderlo: sólo se movilizan por causas colectivas, cuando algo negativo los afecta en términos individuales.

Como si esto fuera poco, el peronismo está dividido, como en 1984-1985 pero no tardará en buscar su jefatura natural y puede imitar así la conducta camaleónica del PRI mexicano, que volvió al poder, cuantas veces lo deseó. La coalición gobernante que combina ética con gestión como nunca antes, en algún momento, deberá dejar de rendir cuentas por la herencia y podrá exhibir sus propios logros o desaciertos -nuevo cuadro tarifario-. El empresariado se irá renovando y si el Mini Davos engendra nuevos protagonistas, se sumarán los extranjeros, ya no sólo españoles o chinos, lo cual supone otras exigencias sobre un aparato estatal, que necesita adelgazar y profesionalizarse. Como pocas veces en la historia argentina, aunque no haya "hoja de ruta" para emprender el tortuoso camino, el destino depende enteramente de nosotros.

Friday, June 10, 2016

VIKTOR KORCHNOI: ADIOS AL CAMPEON MORAL DEL AJEDREZ

Murió Viktor Korchnoi, el gran maestro que huyó del comunismo y fue un campeón sin corona en el ajedrez
Una de las grandes figuras de la historia del ajedrez falleció en su casa en Suiza; tenía 85 años y había padecido dos ACV entre 2012 y 2015
Por Carlos A. Ilardo | Para canchallena.com, DIARIO LA NACION, 6 DE JUNIO DE 2016.
En su hogar en Wohlen, un punto en la geografía suiza, en la tarde del lunes 6 de junio, ese corazón, maltrecho y cansado después de 85 años de intensos latidos dijo basta. Y con él también ese hombre, que como nunca antes cayó rendido. El gran maestro y una de las grandes leyendas de la historia del ajedrez,Viktor Korchnoi, falleció tras una larga enfermedad que lo llevó a un estado de vida casi vegetal, sordo y postrado en silla de ruedas, tras padecer dos ACV entre 2012 y 2015.
Nacido el 23 de marzo de 1931, Víktor Korchnoi sintió el rigor de la invasión nazi y el sitio a Leningrado, su ciudad natal, en 1941; sin madre ni padre, vivió bajo el cuidado de su abuela (Elena Alekseeva) y su madrastra (Roza Abramovna). "Mis padres se separaron cuando tenía dos años; él (Lev) falleció durante un bombardeo alemán y mi abuela, que se ocupó de mi crianza, murió en 1942. Un vecino me ayudó a empujar el trineo que llevaba su cuerpo hasta el cementerio de Volkovy. Caminaba un kilómetro diario para conseguir agua de un agujero en el hielo del río Neva; la comida era muy escasa y utilicé las planillas de racionamiento de los muertos para conseguir alimentos; cambié pan por leña para protegerme del frío. Cuando la hambruna nos alcanzó, mi gato Macheck desapareció de la casa", recordó a La Nación durante una charla telefónica con motivo de los festejos de su cumpleaños N°80, en 2011. Es que el gran maestro, que había conquistado 4 campeonatos soviéticos y 5 suizos (su segunda patria), dos subcampeonatos mundiales y ganado el Mundial Seniors en 2011, mantuvo siempre un cordial trato con La Nación tras sus gratos recuerdos de su paso por la Argentina.
"Fue muy importante el apoyo del diario La Nación para que yo jugara en Buenos Aires el match por la semifinal del ciclo Candidatura ante Polugaievsky", recordaba el Korchnoi sobre su duelo realizado en agosto de 1980 en el teatro Premier de la avenida Corrientes, donde se impuso por 7,5 a 6,5, y le permitió ser nuevamente aspirante al título mundial en poder del ruso Karpov. 
De sus cinco visitas al país (la última fue en 2001 para el magistral Najdorf), Korchnoi mantenía un especial recuerdo de la primera. "Nunca me podré olvidar de la primera vez jugué en Buenos Aires; se trató un magistral en 1960, el que gané ante fuertes jugadores, incluso participó Bobby Fischer, pero con el premio en efectivo que recibí, a mi regreso a la URSS me pude comprar mi primer juego de dormitorio. Mi vida era muy austera por aquellos años" contó el ajedrecista que disputó más de 5000 partidas en sus 70 años de carrera.
La fuerza física y ajedrecística de Korchnoi, conocido también como "Víctor el terrible" alcanzó uno de sus máximos puntos cuando en febrero de 2011, con casi 80 años, participó en Gibraltar, en el Open más fuerte del mundo, ante 232 jugadores, de los cuales a muchos de ellos cuadruplicaba en edad, y finalizó 39° con 6 puntos sobre 10 posibles. Entre sus vencidos estuvo Fabiano Caruana, por entonces de 18 años y N°20 del mundo, y hoy convertido en uno de los principales sucesores del campeón mundial, Magnus Carlsen.
Cuando se le consultó si se había sorprendido por su labor en Gibraltar, el legendario maestro refutó, "no, para nada; no me gustó mi actuación pero lo haré mejor el año próximo. ¿la diferencia de conocimientos con mis rivales?, ellos son jóvenes y estudian con las computadoras y mis conocimientos son esencialmente sin la máquina, por eso mi comprensión es más profunda. El uso excesivo de la computadora pacifica al cerebro humano, lo calma".
Así era el hombre, cuya odisea de vida -para huir de la URSS aprovechó su participación en un torneo holandés (IBM) en 1976 para solicitar asilo- originó el guión de la película La diagonal del alfil (Oscar a la mejor película extranjera, 1984) y la ópera rock "Chess" (de fuerte convocatoria en Londres y Nueva York), el que pudo ser también actor, músico y profesor. "Abandoné mis estudios de música porque en casa no teníamos piano ni lugar para practicar. Quise ser actor, pero mi mala pronunciación del ruso me bajó del escenario. Y pude ser profesor pero el ajedrez me salvó de ello; hoy viviría en Siberia enseñando la historia de mi país. Pensándolo bien, ya no me quejo, no me ha ido nada mal con este juego", remató en la última charla.
En compañía de su mujer, Petra Leewerick, amante, secretaria y centinela de sus promesas de amor desde hace más de 40 años, Víktor Korchnoi decidió ejecutar hoy su último movimiento, una jugada que desafía al tiempo frente a las celadas del olvido.

Thursday, March 24, 2016

AUTOCRITICA NORTEAMERICANA DE LOS SETENTA Y, POR CASA CÓMO ANDAMOS?



Me juré no escribir sobre el pasado argentino, primero porque es pasado y segundo, porque es doloroso, pero sin sentido, ya que aquí no hubo Guerras Mundiales ni de otro tipo, que justificaran tal grado de agravio, odio o sufrimiento crónicos. Pero como en el día de ayer, leí y escuché infinidad de reclamos y críticas al contenido de la autocrítica (apropiada y medida) que hizo Obama respecto a la intervención norteamericana en América Latina, en los años setenta, en plena Guerra Fría, tal hipocresía argentina me provocó de tal modo que he aquí mi reflexión. 

Precisamente, el 24 de marzo de 1976 y todo el pasado de golpes de Estado y quiebres institucionales que tuvo Argentina desde 1930, se puede explicar por ese mismo grado de hipocresía y del que todavía se hace gala, buscando chivos expiatorios, terceros culpables como las potencias o relatos tremendamente sesgados, donde hay "buenos"y"malos". En efecto, hasta el momento, si bien Argentina avanzó en la búsqueda de responsabilidades militares a lo largo de estos 33 años de democracia, desde los juicios a las Juntas del llamado "Proceso de Reorganización Nacional" en la era Alfonsín hasta la el año pasado, aun con vaivenes (leyes de Obediencia Debida, Punto Final, indultos, juicios a ex oficiales, etc.), superando "la memoria, verdad y justicia" de las transiciones de no pocos países en el mundo al respecto (la España postfranquista, la Brasil y la Uruguay post 1980, la Chile postpinochetista, entre otros), no puede afirmarse que LA TOTALIDAD DE LA CLASE POLITICA DIRIGENCIAL argentina, incluyendo la sindical y empresaria, haya hecho su "mea culpa" acerca de ese pasado ominoso.


Como tengo hijos y alumnos de la misma edad y he comprobado in situ, el grado de ignorancia y distorsión de la realidad histórica que poseen y han padecido durante estas décadas, paso a detallar mis reflexiones:

En primer lugar, el golpe del `76, amén de que contó con el consabido "consenso" social, dado el caos y desgobierno heredados de la Presidencia de la tristemente célebre "Isabelita" Perón -desde hace décadas, "becada" por todo el pueblo argentino en Madrid-, fue el corolario de una larga cadena de defecciones civiles que se remontan al corporativismo nacionalista y militarista de los años treinta. El largo ciclo golpista argentino, no es responsabilidad exclusivamente de los militares, en todo caso, sí víctimas de su desprofesionalización y manipulación por parte de los políticos desde la injerencia yrigoyenista en ascensos y retiros en los años veinte, sino de la propia dirigencia política cuyos rasgos de facciosidad, particularmente con el ascenso político de Perón -ex militar- y mezquindad, condujeron al país a un triste ocaso institucional y por ende, económico y social. No puede haber "malos" y "buenos" en esa historia, porque sencillamente, los golpes fueron las "salidas" que buscó una dirigencia acorralada por su propia torpeza, logrando en los militares, los intérpretes o ejecutores igualmente torpes y corruptos. Tampoco siquiera se salvan de la culpa colectiva, otros actores como la Iglesia Católica, el sindicalismo o los empresarios. Todos, en mayor o menor medida, son corresponsables de la debacle institucional y moral de la Argentina, a lo largo de todo un período histórico, donde paradójicamente, el país no sufrió guerras mundiales en su territorio, podría haberse beneficiado como pensaba Perón, de los conflictos externos y ajenos y, por el contrario, se enfrascó en disensos suicidas. El colmo llegaría con el final del gobierno militar que emergió en 1976, cuando el "majestuoso" -según la Revista Time de la época- General Galtieri, nos conduciría a una guerra absurda en abril de 1982 contra la mismísima OTAN. 

En segundo lugar, y como casi todos antes, ese último golpe era absolutamente evitable. Perón había regresado al país, comprendía la necesidad de pacificarlo y todos sus rivales, incluyendo el líder de la UCR Ricardo Balbín, estuvo dispuesto a apoyarlo. Pero esta vez, era el peronismo el que ya estaba tremendamente dividido en dos facciones irreconciliables, la "derecha" y la "izquierda" y ambas nos llevarían a un fenomenal baño de sangre de tres años, agudizado por la muerte de Perón y la inclinación de Isabelita hacia el ala "loperreguista" y de la "Triple A", organización parapolicial de extrema derecha. Cuando Balbín pacta la salida militar con Videla, la suerte de la viuda de Perón estaba echada pero con una mayor paciencia colectiva y la convocatoria a elecciones en meses cercanos, ese "exit" hubiera sido institucional. Primó el egoísmo dirigencial, el peronismo no puede omitir su papel en la crisis y mucho menos la oposición, que luego mayoritariamente, cubriría cargos locales y algunos nacionales en el futuro elenco golpista.

Tercero, no debe sobredimensionarse el papel de Estados Unidos. En plena Guerra Fría, el enfrentamiento con la URSS y su satélite, Cuba, era real y obviamente, la intervención cubana en Argentina databa de los años sesenta, lo cual justificaba el papel americano, aunque paradójicamente, el golpe de 1976 no tuvo la misma trascendencia o el mismo significado político y estratégico para Washington que su similar tres años antes, en Chile. En el país trasandino, hubo una experiencia socialista (en tensión permanente con el orden democrático) con Allende en el poder y un gobierno americano contemporáneo como el de Nixon-Kissinger,  que a su vez, afrontaba en casa, dos procesos políticos durísimos como la salida de Vietnam y el escándalo Watergate. Todo ello, de algún modo, justificaba que Estados Unidos hubiera actuado como actuó en el caso chileno y éste se erigiese en una especie de triste "leading case". Pero tres años más tarde, con Gerald Ford a la cabeza de un gobierno de transición, considerando que en Argentina jamás hubo una experiencia socialista y tampoco en ese momento, ya eran los Montoneros o el ERP, fuerzas irregulares capaces de obtener el poder -recuérdese el exitoso Operativo Independencia en Tucumán de 1975, urgido por el propio gobierno de Isabel-Luder- y habiendo además, alternativa institucional al golpe, Washington no creyó oportuno intervenir ni tampoco inclinar la balanza hacia el elenco golpista. Este ni siquiera le hubiera garantizado la defensa de los intereses estratégicos americanos en la zona, como quedó demostrado luego en la Navidad de 1978, en ocasión de la absurda y peligrosa guerra que a los argentinos se les ocurrió declarar a los chilenos y mucho más aún, cuatro años más tarde, con la conflagración de Malvinas, generando dos tensiones innecesarias en el Atlántico Sur, lo que incomodaba sobremanera a los americanos. La presencia del Almirante Massera, un nacionalista admirador de Perón y la autonomía estructural de los militares argentinos, ya habituados a alejarse de Washington desde los bloqueos de armas en los años cincuenta, por el castigo impuesto a Argentina por su tardía declaración de guerra a la Alemania de Hitler, no garantizaban a Washington, aliados como sí podían ser los militares chilenos. La llegada al poder de la Administración Carter a fines de 1976, con su elenco de demócratas furibundos defensores de la causa de los derechos humanos, terminaría por castigar y aislar a la Junta Militar, que sin embargo, se las arreglaría para frenar la embestida política de Patricia Derian & cía, apelando una vez más a la manipulación mediática de las clases medias argentinas, anestesiadas y negatorias de la feroz y anárquica campaña exterminadora emprendida por las cúpulas militares, policiales y parapoliciales, contra los dirigentes y militantes de izquierda, traicionados por el propio Partido Comunista. En efecto, los Echegaray, los Heller y demás líderes pactaron con la Junta por diversas razones y luego la URSS también lo haría en razón del apoyo cerealero y deportivo de Buenos Aires en 1980. Lo descrito cambiaría con Ronald Reagan en 1981, cuando muy brevemente, se inauguró un período de manipulación mutua entre Washington y los militares argentinos, supuestamente fervorosos anticomunistas, pero pronto se interrumpiría a propósito del caso Malvinas.



Por último, cabe indagarnos sobre la vigencia de una deuda pendiente, derivada de 1976, paradójicamente no mencionada entre las numerosas "deudas" internas que mantiene la Argentina, en el discurso inaugural del período legislativo, el pasado 1 de marzo, por parte del Ingeniero Macri, precisamente, víctima de lo que mencionaré a continuación, Esa deuda pendiente es la reforma de las fuerzas de seguridad e inteligencia en el país. Si se pretende combatir a flagelos transnacionales como el narcotráfico o el terrorismo, estas fuerzas policiales no sirven a tales propósitos. Manchadas por la corrupción, poco o nada profesionalizadas, sin objetivos claros y con demasiada autonomía del poder político -cabe subrayar que muy pocos políticos saben o conocen de tal temática policial-, el deterioro de estas fuerzas comienza en los años setenta, con la Triple A y luego, el Proceso, cuando la Policía Federal y ex jefes de la misma, se dedicaban a todo tipo de tropelías, desde robos y secuestros hasta negociados de lo robado, incluyendo hijos de personas "desaparecidas". La generación de esta densa red de violencia oscura, no institucionalizada pero bajo el amparo del poder político, que nunca supo o pudo ni quiso controlarla, sobrevivió a la democracia e incluso tuvo sus primeras exhibiciones públicas, con el secuestro del propio entonces empresario Mauricio Macri en 1991 a manos de la banda parapolicial de Aníbal Gordon. Si la seguridad e inteligencia de este país, sigue en manos de este tipo de mafias, la democracia argentina seguirá cojeando, porque las vidas y libertades de todos nosotros, incluyendo a quienes ocupan transitoriamente el poder, seguirá estando en peligro, como ocurrió el año pasado con el Fiscal Nisman.  

Por consiguiente, cuando los argentinos le reclaman a Estados Unidos por su autocrítica en el apoyo a algunos golpes militares en el Cono Sur, bien cabría preguntarse cuando la harán nuestras dirigencias, o sea, todos aquellos que actuaron de manera protagónica en aquellos tristes y violentos años sesenta y setenta y, continuaron tolerando o siendo cómplices de situaciones o actores nefastos en años posteriores. Porque en realidad, corresponde ser siempre concientes que la democracia llegó en 1983, producto del fiasco militar en Malvinas. De no haber intervenido la Premier Thatcher y haber provocado así la derrota de Galtieri en la guerra, bien cabe interrogarse si la adolescencia colectiva argentina, siempre a la espera de exculpaciones e irresponsabilidades, no se hubiera prolongado más allá de aquel año, generando un derrotero hasta el día de hoy, imprevisible.

Por esto y otras razones, ajenas al propósito de este desordenado artículo, agradezcamos y valoremos la visita del Presidente Obama, como la de cualquier otro Jefe de Estado, ya sin especulaciones ni expectativas desmedidas como en el pasado, pero sobre todo, reflexionemos concienzudamente sobre el 24 de marzo y nuestra propia responsabilidad colectiva como nación. Sólo así podremos madurar y aprender las lecciones de la historia, ser creíbles para el resto de los países y restaurar la confianza genuina de ellos en nosotros, sin esperar nada a cambio. Sobre tales cimientos, puede pensarse en una recuperación colectiva más profunda. 
Años 1978 y 1979:

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Saturday, May 9, 2015

70 ANIVERSARIO DE LA CAIDA DE HITLER, EN UNA MOSCU CASTIGADA POR OCCIDENTE



Para quienes piensan que fue una jornada puramente nacionalista, véase el discurso de Putin y su profunda mirada respecto al mundo de hoy, su advertencia sobre el regreso del "fascismo" y cóo el orden internacional debiera comportarse. De parabienes, los realistas.

PUTIN Y SU REALISMO POSTMODERNO







EL DESFILE DE LA PLAZA ROJA - 70 AÑOS DEL FIN NAZI

Tuesday, April 21, 2015

UNA NUEVA FASE DEL VINCULO RUSO-ARGENTINO Y LA VISITA DE CRISTINA KIRCHNER A MOSCU


 
Pocos saben que la relación entre rusos y argentinos, a nivel estatal, se remonta al 22 de octubre de 1885, cuando aquellos eran gobernados en etapas no democráticas, la de los Zares del viejo Imperio y la denominada "Generación del Ochenta", en la república oligárquica, respectivamente. También se ignora que dicha relación, sólo fue interrumpida entre la Revolución de Octubre de 1918 y el año de asunción del peronismo, en el contexto del no reconocimiento internacional de la URSS. No se conoce tampoco que entre Perón -juzgado muchas veces, unilateralmente como "fascista"- y Stalin, existió una estrecha relación personal, que incluyó la donación de la casa-embajada argentina en Moscú; que la familia sanjuanina Bravo (bloquista y colaboradora del Proceso militar) prácticamente hegemonizó dicha embajada y que, en Argentina, existe una diáspora de más de 200.000 rusos o descendientes de rusos, sobre todo, habitantes de la ciudad de Buenos Aires y algunos lugares puntuales del interior del país, como en Misiones, Entre Ríos, Rosario y Mar del Plata, entre otras. Dentro de esa diáspora, hay numerosos descendientes de aristócratas connotados, emigrados de la época de los Zares, ya en el inicio del proceso revolucionario. Esto nos hace reflexionar de cuán cerca se sienten estos dos países, por alguna razón oculta, aunque estén en los dos extremos del mundo y con culturas aparentemente tan disímiles, aunque ambos tengan un común denominador: la prevalencia de la pasión y la emoción.

 
Para demostrar que el viaje de Cristina a Moscú, no es casual y tampoco debe ideologizarse o exagerarse en su dimensión geopolítica, la relación comercial histórica también tiene sus aditamentos especiales. Por ejemplo, nunca fue tan elevada como durante los años ochenta antes y durante la Perestroika gorbachoviana, todo ello marcado por un hito previo. En ocasión del embargo alimenticio y boicot deportivo de Occidente  a las Olimpíadas de Moscú en 1980, por la invasión de la URSS a Afganistán, el gobierno militar argentino, supuestamente anticomunista, liderado por el propio Martínez de Hoz y la Sociedad Rural, vieron la oportunidad de sortear el bloqueo y proveyeron de cereales a la URSS de Brezhnev. Obviamente, dicho desaire sería muy castigado un bienio más tarde en Malvinas, para sorpresa de los propios militares argentinos, pero el beneficio comercial en divisas y el buen recuerdo todavía hoy entre los rusos por el gran gesto argentino, compensaron aquella reprimenda. También el menemismo colaboró con envíos de aceites de una gran fábrica cordobesa, al yeltsinismo, en pleno caos postsoviético. Hoy, la balanza comercial vuelve a remontar vuelo, llegando hasta los 2.500 millones de dólares, un poco más cerca de aquellos volúmenes récord de los ochenta, pero aún hay muchas posibilidades de evolución en ascenso, porque los argentinos podemos venderles a los rusos, más carne, frutas y lácteos y ellos a nosotros, más productos industrializados además de energía y por supuesto, inversiones en petróleo, gas y centrales nucleares.
 

En materia cultural, se abre también un gran abanico de posibilidades. En turismo, seguramente, muchos argentinos viajarán a las lejanas tierras rusas, en la Copa del Mundo 2018 para ver a Messi y su Selección subcampeona y los rusos se desvivirán por los encantos de Buenos Aires, las Cataratas del Iguazú y las bodegas mendocinas. Cada vez más estudiantes universitarios intercambian entre los dos países, motivados por la curiosidad y la excentricidad de ambas culturas. El tango, la danza, el ajedrez, el citado fútbol, el tenis y hasta el boxeo, como quedó demostrado el último fin de semana, son actividades que nos relacionan de una u otra forma. El hermanamiento de algunas ciudades ya es realidad y hasta a nivel político, la Legislatura de Buenos Aires y algunas Universidades nacionales, han recibido estos años, a delegaciones rusas como cada vez más autoridades argentinas han imitado el derrotero de Alfonsín en 1986, Menem en los noventa y Cristina, ahora. La llegada de la señal televisiva RT a suelo argentino, también contribuye al "soft power" ruso y acrecentar el conocimiento mutuo de ambas culturas.
 
El vínculo entre ambos países se acrecienta y aumentará más aún con los años. Parte de nuestra dirigencia política y lo que es más preocupante, los asesores de política exterior y funcionarios de Cancillería, tienden a ideologizar equivocadamente el vínculo. Gente cercana a Massa, Macri y los radicales, el 80 % de los pocos rusólogos con los que cuenta el país además de gran parte del establishment norteamericano, tradicionalmente rusofóbico,  creen que el kirchnerismo y el putinismo, son aliados políticos estratégicos porque tienen una misma concepción del poder y del mundo, siendo autocráticos y revisionistas del poder mundial. Tienen lamentablemente, una visión apegada a la Guerra Fría y no se percatan que el mundo cambió y seguirá cambiando. Pero del otro lado, el oficialista, incluyendo a la propia Cristina, también se equivocan, como antes los militares argentinos y no pocos gobiernos, que creen que pueden usar al mundo, para sus propios intereses. En la Casa Rosada y en la Cancillería, se piensa que Argentina debe fortalecer su vínculo con Rusia, porque ésta al igual que China, pretenden revisar o reformular el orden internacional, forjando una alianza contrahegemónica que desafíe el poder norteamericano y nuestro país debe estar allí, para enojar a Obama. Putin no lo ve de la misma manera: sabe que Rusia debe priorizar su desarrollo interno y abandonar viejas nostalgias imperiales contraproducentes. En ese contexto, Argentina y toda América Latina, es percibida como socia estratégica por los factores antes citados: alimentos, energía, infraestructura y cultura, mucho más en estos momentos de tensión absurda con Occidente, a raíz del conflicto civil ucraniano, en el que Rusia no ha pretendido inmiscuirse de manera directa.

En el único punto, que tal vez haya que prestar especial cuidado y no se lo tiene en cuenta paradójicamente, lo cual no sorprende en un país como el nuestro, donde todo se discute superficialmente, es en el alcance, profundidad y consistencia de los acuerdos formulados con países como China y Rusia, muchas veces, opacos, demasiados sesgados en favor de sus intereses y no de los nuestros, con hipotecas a futuro que no se alcanzan hoy a vislumbrar, en materia de tierras, medio ambiente, defensa, etc. Pero ése no es un problema que atañe a rusos y chinos, que buscan en este mundo, su propia conveniencia, sino a nuestras dirigencias y es una exigencia que debiéramos formularles a ellas, y no a elites ajenas, antes de que sea tarde para las generaciones venideras.  
 
 

Monday, November 10, 2014

25 AÑOS DEL COMIENZO DEL FIN

A todos nos tomó de sorpresa. A los académicos, excepto el sovietólogo Cohen; a los historiadores, a los políticos, a la CIA misma que meses antes, había advertido a Bush (padre) que la URSS se recuperaría rápidamente. Incluso a la Nomenklatura que nunca pensó escoger a un idealista comunista convencido como Gorbachov, quien con su torpeza de abrir el sistema a su manera, terminó generando su implosión masiva, a partir del oportunismo (o traición) de los bordes.

Polonia y Hungría jniciaron el camino en 1989 pero a fuerza de ser sinceros, el proceso de erosión de un sistema que se juzgaba invencible, comenzó tal vez, en 1978 (elección de Karol Wojtyla como Papa); 1979 (invasión fallida de Afganistán) o 1981 (Sindicato Solidaridad en Polonia), consolidándose con el nombramiento de Gorbachov al frente del PCUS, además de tener un contendiente persistente como el Presidente norteamericano Reagan desde 1980.

La propuesta de desarme y la posibilidad de generar un mundo mejor y pacífico, para concentrar los esfuerzos soviéticos en la economía doméstica y ya no más en las aventuras imperiales, intentando alcanzar el envidiado nivel de vida occidental, fueron los móviles gorbachovianos. No su reconocimiento de derrota alguna ni la fuerza de sus opositores, más serios, adentro que afuera de la URSS. Tampoco el precio del petróleo, tan bajo como nunca en la historia rusa. Fueron sus ideales, su necesidad de cambiar valores, apostando a resucitar el socialismo "con rostro humano" y cada uno, "haciéndolo a su manera" (Doctrina Sinatra), revirtiendo las lecciones de Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968. Las ideas mueven al mundo y no la economía decadente, ineficiente y corrupta de la URSS. Los nuevos valores gorbachovianos abrieron nuevas alternativas, los nacionalistas oportunistas de toda Europa Oriental lo aprovecharon y todo el castillo imperial de naipes, se desplomó. Las elites, lejos del razonamiento gorbachoviano, eligieron separarse de la URSS e iniciar su propio camino, apostando al antes denigrado capitalismo democrático.

Los 25 años desde la caída del Muro, vieron liberar a toda Europa del Este, reunificar costosamente a Alemania, desaparecer la amenaza nuclear y el Pacto de Varsovia, sobrevivir a la OTAN y expandir insólita e injustificadamente a ésta, hacia todo el espacio postsoviético. Rusia fue humillada y despreciada una vez más, convirtièndola en un país postimperial al borde de la disgregaciòn, al estilo de la ex Yugoslavia, otrora liderada por los serbios, sus primos eslavos. Los países europeo-orientales transitaron un duro camino a la economía de mercado y la democracia liberal, y salvo unos pocos, dieron su espalda a la Federación. Salvo Bielorrusia, la mayor parte de Asia Central  y en menor medida, Georgia y Ucrania, todos se mostraron ingratos con la liberación soviética de los nazis y prefirieron recordar con saña, el pasado estalinista. Rusia aún débil, fue percibida como el vecino indeseado y la potencia siempre amenazante, a pesar de tener un Ejército mendicante. Cuando se recuperó gracias al petróleo y gas, la interdependencia con Europa, quebró toda opción belicista o neoimperial, hasta el reciente caso ucraniano.

Todo, excepto en Yugoslavia, se desarrolló en paz. El proceso de desarme nuclear fue gradual y bajo control. Los avances fueron notorios en casi  todos los planos, aunque los déficits en calidad de vida e instituciones, fueron marcados en aquellos países sin pasado alguno democràtico o capitalista. Mafias, ilegalidad, corrupción, neoautoritarismo, fueron los rasgos de sistemas en donde convivìan lo viejo y lo nuevo. No había hoja de ruta alguna y en realidad, lo que ocurrió fue casi milagroso, tras tantas décadas de experimentación social antinatural.

Para los alemanes, tras décadas de nazismo y comunismo, más los ocupantes extranjeros que los obligaron a desmilitarizarse, luego de 1945, el fin de la Guerra Fría y la reunificación, fueron excelentes novedades. En poco tiempo, lideró la Unión Europea y fue la potencia económica más dinámica de su región y una de las mayores del mundo. Sin embargo, en los últimos tiempos, comienza a vislumbrarse la disyuntiva a la que tendrá que atenerse tarde o temprano: su rol militar y político. O sigue leal a los dictados de Washington o empieza a autonomizarse y tener su propia política exterior y de defensa, sin necesidad de caer en ominosas nostalgias guerreras.

Finalmente, desde el punto de vista ideológico, claramente, el mundo es mejor que hace 25 años. Hay paz, la prioridad se centra en el desarrollo económico y hay mayores libertades en general. Internet, la globalización financiera y otras aperturas son producto del desenlace de aquel orden. Hay peligros latentes como los nuevos nacionalismos, la xenofobia, la amenaza del radicalismo musulmán y cierta nostalgia por un pasado comunista que brindaba certidumbre e irresponsabilidad. Pero hoy, aún con estos riesgos citados, se vive naturalmente en libertad y la ciudadanía está más sensible a su pérdida. Cuesta muchísimo que prolifere en sitios como Rusia, Albania, Rumania, Bielorrusia, Turkmenistán y otras tantas latitudes postsoviéticas. Sin embargo, los vínculos de interdependencia económica abiertos entre los europeos, obstruyen las posibilidades de nuevas guerras, aùn con los rusos, a propósito de Ucrania. Hay y habrá tensiones, la historia no se terminó, los triunfos son efímeros pero el futuro está abierto y nadie puede predecirlo. Esa es la mejor noticia para quienes seguimos la tradición liberal, después de tanta ingeniería social y teleología fracasadas.