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Sunday, November 19, 2017

LAS NOVEDOSAS ELECCIONES CHILENAS DE HOY


Por qué las elecciones de este domingo en Chile son únicas y cómo podrían cambiar el equilibrio de poder en el país

En un país con voto voluntario y alta abstención electoral, pocos se animan a apostar a un resultado concreto en las elecciones de este domingo en Chile, donde se elegirá Presidente de la República y se renovarán la Cámara de Diputados y parte del Senado.
Pero hay dos cosas que sí están claras: una es que el expresidente y empresario de centroderecha Sebastián Piñera llega a la recta final liderando las encuestas; la otra es que estos son en varios aspectos unos comicios inéditos.
Este año debutarán nuevas reglas para la elección parlamentaria y que es posible que el sistema político chileno, que hace 27 años se divide en dos grandes bloques, se abra a la representación de nuevas fuerzas como el Frente Amplio, que -en un símil al "Podemos" de España- rechaza tanto la herencia del régimen militar como los acuerdos de los gobiernos democráticos de la transición post Pinochet.
Clave en este eventual reacomodo de fuerzas es el fin del sistema electoral binominal vigente desde 1989 por uno proporcional moderado, el método D'Hondt.
En teoría, el nuevo sistema podría favorecer a las nuevas corrientes que, en medio del desencanto con la política tradicional, han proliferado tanto a la derecha como a la izquierda.

Sunday, December 18, 2016

AMERICA LATINA 2016, SEGUN PABLO STEFANONI

BALANCE 2016


AMERICA LATINA: UNA EPOCA MAS HIBRIDA QUE REFUNDACIONAL


Por PABLO STEFANONI, en DIARIO LA NACION, domingo 18/12/2016.

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Sabemos con Eric Hobsbawm que los tiempos históricos pueden recortarse de tal manera que no siempre coinciden con los calendarios, que los siglos pueden tener más o menos de cien años y que lo mismo ocurre con las décadas. La década en cuestión tuvo, en efecto, entre diez y quince años, y en algunos países continúa si sólo miramos los liderazgos políticos. También es cierto que no toda la región giró a la izquierda: Colombia, Perú o México se mantuvieron en modelos market friendly -y también Chile, pese a sus gobiernos de centroizquierda, y gran parte de América Central-. Al mismo tiempo, y no menos importante, muchos gobiernos regionales permanecieron en manos de fuerzas situadas a la derecha de los nacionales. Finalmente, no hay que olvidar que detrás de la llamada "marea rosada" hay y hubo modelos políticos y económicos -y de liderazgo- muy disímiles: desde un Evo Morales prudente con la macroeconomía hasta un chavismo escasamente afecto a los equilibrios fiscales. "No un modelo, ni dos, sino un caleidoscopio", escribió el latinoamericanista británico Laurence Whitehead.

No obstante, lo dicho no excluye que existan climas de época configurativos, especialmente en una región marcada por la pasión política. Y ese clima parece haber cambiado en 2016. Al triunfo de Mauricio Macri en Argentina se suma la crisis venezolana, de más larga duración, pero que tomó nuevos bríos este año, el poco elegante impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil, la derrota electoral de Evo Morales en el referéndum que lo habilitaría para competir por un cuarto mandato en 2019, y finalmente la sorpresiva derrota del "sí" a los acuerdos de paz en Colombia, ampliamente apoyados por las izquierdas de la región. Y, además, la muerte de Fidel Castro, una referencia simbólica-emotiva para las izquierdas en el poder de la región. ¿Alcanzará todo esto para impulsar un nuevo giro ideológico o se profundizará el carácter heterogéneo de la realidad subregional?

Wednesday, February 24, 2016

RECORRIENDO EL PERU EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI

Conocí Lima en noviembre de 2013 y volví a recorrerla junto al sur peruano, este verano de 2016. En ambas ocasiones, me sorprendió gratamente el grado de avance económico y social que logró el país, con una trayectoria que si bien, salvando las distancias, es diferente a la de otrora enemigo, Chile, intentó imitar la consecución de sus pilares básicos y algunos de sus resultados.






En efecto, la sociedad peruana, también pragmática, a su manera, demostró una vez que le encantan los escritores y la literatura, pero no los vota. En 1990, una vez que se había iniciado la transición democrático-capitalista chilena, tras su exitosa embestida contra la nacionalización bancaria emprendida por el entonces Presidente Alan García –casado con una cordobesa de apellido Cafferata Norés- del antiimperialista partido APRA, el célebre Mario Vargas Llosa pasó a liderar el Movimiento FREDEMO y encabezaba las encuestas presidenciales, contra los partidos tradicionales. Ganó la primera vuelta donde terminó enfrentando a otro “outsider” sorpresivo, el ingeniero rural, el japonés “Chino” Fujimori, quien en un increíble e inexplicable giro del destino, le terminó arrebatando la Presidencia al escritor. Así como hay un Chile, antes y después de Pinochet, aunque hoy ya esa figura cobra enorme lejanía, ese hecho del resultado de los comicios presidenciales de 1990 en Perú, marcó a fuego la historia política del país “hermano” de los últimos 26 años.

La evolución posterior es conocida. Fujimori se apropió de las banderas y el programa de su contrincante, aunque con su estilo tecnocrático y autoritario. Inauguró una década parecida a la menemista en Argentina, pero mucho más eficaz. Transformó Perú, trayendo inversiones extranjeras, sobre todo, chilenas, cambió su estructura comercial, invirtió fuertemente en infraestructura y hasta alteró la ecuación de todo el sistema político. El fujimorismo trajo a la arena, nuevos líderes, la mayoría, técnicos, advenedizos, “outsiders” como él: su propia hija Keiko; Andrade, quien fuera alcalde de Lima; el indígena formado en Harvard, Toledo; Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien dejó de ser el académico formado y forjado por Mariano Grondona en Harvard para instalarse en Perú e introducirse de lleno en el mundo farragoso de la política; Lourdes Flores; el propio Ollanta Humala, un militar que intentaría emular inicialmente al venezolano Hugo Chávez.

Varios de ellos junto a Alan García –por tercera vez-, competirán por el cetro presidencial en abril de este año, con resultado incierto, aunque Keiko Fujimori va primera en las encuestas. Acuña, otro “outsider” del siglo XXI, quien iba muy posicionado, acaba de ser defenestrado, luego de comprobarse que plagió el 99 % de su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid y otros candidatos como Guzmán y Reggiardo, parecen tomar la posta pero no creo que lleguen a la meta final. Con Ollanta sin delfines, Keiko disputará la final contra PPK, García o Toledo y Perú tal vez, tenga su primera Presidenta mujer, como Chile y Argentina antes.



Pero detrás de esa Perú política, pude visualizar un país más moderno que antaño, aunque con un agudo contraste entre Lima y el interior. En la capital de 7 millones de habitantes, conviven el centro antiguo y barrios pobres como Los Cerrillos, Surco y Surquillo junto a otros que podrían ser propios de Miami: Miraflores (algo parecido a la chilena Las Condes); San Isidro (centro financiero); la intelectual progresista Barranco (la Bella Vista chilena).




No obstante sus semejanzas con el caso chileno, no pueden ocultarse las diferencias históricas. Mientras Santiago fue la capital de una megaguarnición militar, como la Capitanía General de Chile, que no oculta hasta el día de hoy, ese pasado castrense, verticalista y jerárquico, Lima fue la capital de dos Imperios: el incaico, del cual hay signos, símbolos e indicios a lo largo de todo el territorio nacional pero también del boliviano y el norte argentino y, el español. En tal sentido, Lima fue el último reducto hispánico en caer, tras la epopeya sanmartiniana y bolivariana. Como tal, muestra ese carácter señorial y semiaristocrático del cual Santiago, abrumadoramente austera, carece.

Así como los chilenos parecen norteamericanos impostados, los peruanos evidentemente, se hallan chilenizados en sus consumos y hábitos urbanos, aunque muestren un inequívoco sello propio. Retirada Santa Isabel, subsiste Unimarc y se ha sumado el socio de Cencosud, los Hermanos Wong, que junto a Vivanda, Metro y Plaza Vea, constituyen los pilares de la cadena comercial alimenticia de Perú. Ingresar a un Supermercado Wong, aun con sus precios nada baratos, es una delicia. Se trata de acceder a una enorme variedad de productos, muchísimos importados, de los más recónditos lugares del planeta, con una hermosa presentación, incluyendo la gran gama de comidas preparadas. Los peruanos, al igual que los chilenos antes, pero hoy superándolos, exhiben en sus góndolas, frutas industrializadas, en jugos, licuados, mermeladas, incluso, trayéndolas de Estados Unidos.

Como contraste, es una pena recordar cómo en esa misma Argentina de enero, los productores de frutas del sur, tiraban las mismas a la ruta, en señal de protesta por los precios que les pagan las cadenas de supermercados. De un lado de la cordillera, el nuestro, la queja y la insatisfacción paralizante. Del otro, se cultiva hasta en las montañas y se industrializa en verdaderos fundos fortificados, con marcas claras y escalas apropiadas. Perú y Chile son dos ejemplos de capitalismo sustentado en empresas de gran volumen donde todo el mundo es empleado. Argentina quiso inventar otro modelo estructural, donde la clase media quiere ser dueña de Pymes, sin escala  ni dimensión empresaria. Así nos va y así les va a ellos.



El resultado es que mientras en un supermercado peruano Wong, uno puede ver el mundo entero, también podemos comprobar tristemente la escasa presencia argentina: yerba Taragûí, alfajores Havanna, leche Sancor y las heladoras exhibidoras Arneg. Nada más. Ni siquiera innovamos con el dulce de leche. Los peruanos venden su manjar blanco y los chilenos, su manjar "a secas".

Respecto a las estaciones de servicio, además de subrayar el menor precio de la nafta en dólares que en Argentina, lo cual es bastante llamativo, considerando Perú no se autoabastece de crudo, se destacan marcas como Petroperú, Primax, Pecsa, la española Repsol, etc., las que, a diferencia del caso chileno, son administradas por familias como si fueran Pymes, propietarias de las franquicias de aquéllas.

Aun con sus virtudes, este Perú que vive, por razones de ahorro energético, dos horas adelantadas, respecto a argentinos y chilenos, ofrece claroscuros. Por ejemplo, resulta clara la diferencia entre el Perú la costa (Lima, Chincha, Ica, Ilo, Mollendo) versus el Perú de la sierra (Arequipa, Nazca, Tacna –zona libre de impuestos-). Hay una naciente clase media, más fácilmente palpable en los barrios altos de Lima, usando autos importados 0 km de 10000 a 12000 dólares y accediendo a créditos para la vivienda propia, pero también otra parte de la sociedad peruana, con sueldos magros en soles peruanos, que vive de la chicha morada y la salchipapa en las esquinas.







La infraestructura vial peruana también me llamó la atención al igual que en el caso chileno. Hay una única ruta vertebrando toda la costa de norte a sur, pero la misma bordea el difícil litoral costero, con peligros de derrumbes rocosos, pero también arenamientos y por supuesto, con precipicios de gran altura sobre el mar. En un suelo acosado por eventuales sismos, es admirable la ingeniería vial permanente, también contrastando con el caso argentino, mal ejemplo en materia de inversión física-caminera, sobre llanura.






Un espectáculo aparte y diferente, el único lugar donde se respira capitalismo popular a la vieja usanza, al estilo del descrito por Hernando de Soto a fines de los ochenta, en “El Otro Sendero”, es el de las mototaxis, verdaderos transportes humanos, al estilo de las ciudades de la India. Mucha competencia, con bocinazos permanentes, circulando en contramano, desesperación por conseguir uno o más clientes, provocando un verdadero caos vehicular. Abundan en el interior y en las barriadas pobres de Lima, no así, en las más pudientes, donde están prohibidas.


En términos de medios de comunicación, la mayoría de los diarios es sensacionalista, exponiendo romances entre “botineras” y jugadores o chismes de la política. La mayoría de las radios FM son románticas, apelando a nombres como “Felicidad”, “Corazón”, “La Inolvidable” – romanticismo a la antigua, con el brasileño Roberto Carlos, el italiano Nicola Di Bari y el argentino Leonardo Favio, liderando las canciones- y “Oxígeno”, la única donde se presenta música hip hop.  No hay periodistas estrella y el “Lanata” peruano está en Miami: es polémico y se llama Jaime Bayly.




Párrafo final para mi sorpresa respecto a la corrupción policial peruana. Si bien es por todos conocido, que las policías latinoamericanas, excepto la chilena de Carabineros, se caracteriza por diferentes grados de opacidad conductual, finalmente tendremos que confirmar lo ya dicho por no pocos sitios de Internet, respecto a que sobre todo, en los viajes de regreso, donde aparecen todos los controles camineros que no existen en los de ida, tanto chilenos, por razones obvias, como los pocos argentinos que nos aventuramos a viajar en auto, tenemos que sufrir, exigencias insólitas en materia de licencia de conductor, seguros contra accidentes, maniobras supuestamente ilegales, aduciendo la superioridad de normas locales por encima de las nacionales y sobre todo, las internacionales de la región, incluyendo la amenaza de la retención del vehículo. Una vez que se comprueba la futilidad de tales exigencias, viene el correspondiente pedido de soborno o vulgarmente, "coima"



CHILE, 27 AÑOS DESPUES

Viajé a nuestro país “hermano” en los años 1989, 1991, 1992, 1995 -viviendo allí todo ese año-, 2003, 2009, 2012 y ahora, 2016. Fui testigo de la evolución de la sociedad chilena, a través de los sucesivos gobiernos, desde el final de la dictadura pinochetista (1973-1989), hoy mínimamente discutida, con sus claroscuros, pero con un innegable efecto transformador posterior. Toda la agenda democrática de los últimos 26 años, giró en torno al impacto y al legado de esa misma dictadura. Precisamente, uno de los últimos temas de debate que dividió a la sociedad chilena, fue la introducción de la gratuidad en la enseñanza, reforma que cuestionó uno de los pilares de aquella herencia del régimen que derrocó al gobierno de la UP de Salvador Allende Gossens.


Como en las ocasiones anteriores, vi un país que sigue cambiando, viviendo una modernización sin pausas. Aun habiendo atravesado gobiernos diferentes, dentro de la misma Concertación triunfante en el `89 o la misma derecha democrática de Piñera hace algunos años atrás, Chile no detuvo su marcha ascendente. 

Recorriendo el norte del país, se ven sus nuevas autopistas con sus carísimos peajes (entre 3 y 5 dólares), como por ejemplo, la Ruta 5 Norte; las rutas de acceso a las ciudades como la cuesta de Hospicio, en plena montaña, en el ingreso a Iquique; los puertos, como el de Tocopilla, principal vía de salida del cobre de la gran mina de Chuquicamata, la pujanza de Iquique, como centro comercial y portuario, aunque tal vez ya no con su Zona Franca, hoy en declive; el crecimiento de La Serena-Coquimbo, la aparición importante de Calama, etc.

 

 

A esta nueva infraestructura logística y vial, se suma el parque de transporte automotor, basado en camiones modernos, importados, veloces pero también la cadena comercial, sustentada en supermercados nuevos como Tottus y Líder, que se suman a las más tradicionales y pujantes como Jumbo, Santa Isabel, Unimarc, más numerosos malls en muchas ciudades. Hasta las estaciones de servicio o "bombas de bencina", como se les llaman allá, aparecen automatizadas, sin personal a cargo, excepto quienes cobran en sus cabinas. La Copec tiene en algunos puntos de la Ruta 5 Norte, playas muy modernas -como puede observarse en las fotos de Hijuelas-, con jardines y accesos a baños y duchas, toda una novedad en un país, donde el acceso al agua potable fue históricamente dificultoso.






Chile hoy exhibe una clase media pujante, que ahorra pero también consume a crédito, posee sus autos importados (japoneses, coreanos y norteamericanos), a los que cambia cada dos o tres años, es protagonista de un "boom" inmobiliario, fácilmente palpable por la gran cantidad de edificios sobre la costa de las Cuarta y Quinta Región y lo que pudimos comprobar en los gigantescos malls. Atrás va quedando el consumo popular del mote con huesillos y la sopaipilla en las esquinas del centro de las grandes ciudades. 




Demográficamente, en los shoppings se muestran familias jóvenes con niños pero también como nunca antes, migrantes bolivianos y peruanos, que trabajan en las ferias de consumo y las estaciones de servicio. Llamativamente, no vimos chinos como sí los hay en los supermercados de Argentina.

Esta es la foto de la Chile 2016 que aprecié en enero: detrás de la institucionalidad y estabilidad tan ponderada de tal país, vi una nación donde se cobra hasta la respiración, seguramente por sus antecedentes de que todo tiene un costo y vale la pena erogarlo; donde se cuestiona a los argentinos por avaros cuando en realidad lo son ellos; no se discuten aunque sólo parcial y muy gradualmente, los pilares del modelo impuesto en 1973 y por último, sobresale el apego a la burocracia y las reglas escritas, con una obediencia colectiva que más bien parece, simulada y no sincera.




Tuesday, February 23, 2016

CHILE Y PERU: MUY LEJOS DE ARGENTINA




Viajé este verano hacia las costas del Océano Pacífico de Chile y Perú, las tierras que esta vez, se negaron a recibir la nueva edición del Rally Dakar, por fenómenos climáticos y protestas ecologistas.

Precisamente, desde tales latitudes, se puede dimensionar realmente la falta de restricciones geográficas y climáticas del nuestro, nuestra pérdida de tiempo dirigencial y social con elementos y situaciones irrelevantes y al final del camino, el enorme rezago sufrido pero escogido por Argentina tras haber iniciado el siglo XX, muy por delante de chilenos y peruanos y del resto de Latinoamérica.

Tanto chilenos como peruanos entienden y sobreviven a la hostilidad del clima y el suelo. Son hijos del desierto y los sismos, los volcanes, los tsunamis, las sequías, los incendios y hasta la contaminación ambiental -basta con ver el cielo de Santiago o el estero Marga Marga de Viña del Mar-. Al sol que obliga a no pocos peruanos a ponerse sombreros o usar paraguas para protegerse, debe sumarse que la tierra en Chile, tiembla más de 500 veces al año. Se puede ver en una de las autopistas peruanas, el aviso del paso de una falla tectónica por el lugar además de los cientos de carteles advirtiendo de las salidas alternativas subiendo a los cerros o calles elevadas, para escapar de los maremotos.

En ambos países, se hallan dos de las más dinámicas economías de los últimos años en esta parte del continente, liderando la llamada Alianza del Pacífico. No dejo de preguntarme cómo y por qué estas dos naciones, viejas enemigas, siendo tan mentalmente cerradas, tan nacionalistas -valga la redundancia, basta ver la cantidad de banderas a lo largo de la costa, aún en las chozas más humildes, además del recuerdo permanente de la dolorosa y sangrienta Guerra del Pacífico- y hasta podría decirse, tan distorsionadoras del idioma español, aun con su estela de Premios Nobel de Literatura -es increíble la cantidad de horrores ortográficos que uno puede observar en la cartelería o señalética peruana-, se han comportado mucho mejor que la economía argentina en estas tres últimas décadas. 

Incluso volviendo al tema de la vieja rivalidad naval y militar, me asombra el pragmatismo de ambos, Mientras los argentinos se ufanan de poner carteles con "Las Malvinas son argentinas" y no han hecho absolutamente nada por recuperarlas de manera práctica desde el triste y fútil suceso de 1982, donde mandamos a morir a más de 500 adolescentes, estas dos naciones otrora guerreras, se empeñan de vez en cuando en exaltar sus diferencias a través de la diplomacia, como lo hicieron en casi todo 2015 en La Haya, pero al mismo tiempo y desde hace años. se venden mutuamente, invierten en sus respectivos territorios y hasta, como observé en Tacna, cerca de la frontera con Arica, los peruanos le venden a los chilenos, los servicios de óptica y odontología a precios accesibles, de los que no pueden gozar en su propio suelo. 

Sí, claramente, hay una diferencia institucional o de reglas de juego entre los tres países, pero también es obvio que tras ellas, hay liderazgos, hay elites que decidieron cambiarlas y hay pueblos que las aceptaron y toleraron, aun cuando desde el punto de vista cultural, éstos tengan conductas de servilismo, obediencia, pasividad y hasta desgano, que parecen ser, prima facie, incompatibles con un espíritu emprendedor, dinámico y creativo de todo capitalismo. Son países de empleados sumisos, con lo que nunca uno puede confiarse, si son sinceros o no, pero que trabajan, cobran a fin de mes y eso les basta. Los países funcionan. Tanta cercanía, tanta influencia mutua, tanta historia común con un pasado común de liberación respecto a España en el siglo XIX, pero abruman también las diferencias. El contraespejo argentino, con su anomia permanente, no deja de asombrarme.

Monday, June 22, 2015

CHILE INTENTA REFORMULAR "LA DERECHA"

PENSAR LA DERECHA
Por Claudio Alvarado, Chile B., 22 de junio
Libertad. Probablemente esa fue la palabra más repetida el sábado recién pasado, en el seminario convocado por Andrés Allamand y Jaime Bellolio (quienes, independiente de lo que sigue, merecen un reconocimiento por intentar tender puentes entre política y academia). Ello se debe a que, para buena parte del público asistente —un variopinto centenar de personas que incluía algunos parlamentarios y al ex Presidente Piñera—, la oposición tendría sus ideas muy claras. Y dentro de esas ideas que “ya están” y que sólo faltaría “comunicar mejor”, la libertad fue, por supuesto, la más invocada.
Sin embargo, ese diagnóstico (divergente al que ofrecieron la mayoría de los académicos invitados a exponer) presenta al menos dos problemas.
El primero tiene que ver con lo equívoco del término, en especial al interior de las corrientes que miran con buenos ojos o derechamente se identifican con el liberalismo, en cualquiera de sus vertientes. No es en absoluto fortuito que los discursos políticos construidos en torno a la libertad añadan, acto seguido, la frase “bien entendida”. Digámoslo así: la libertad en Hayek no es igual que en Aron, ni en ambos supone o significa lo mismo que en Röpke. Más vale ser conscientes de ello, porque una acción política orientada, por ejemplo, desde Tocqueville, es bien distinta a una que se despliega a partir de Gary Becker y sus postulados.
En cualquier caso, hay una segunda dificultad tanto o más importante, que tiene que ver con la naturaleza propia de los fenómenos políticos: éstos no se agotan ni de cerca en un mero orden de libertades. La política dice relación con las cosas comunes, con aquello que nos afecta a todos y, por tanto, no parece posible dar cuenta de ella adecuadamente a partir de categorías que acentúan los deseos y aspiraciones del individuo. Todo indica, sin embargo, que a eso conduce la pretensión de articular la acción en la polis única o fundamentalmente en torno a “la libertad”.
Desde luego, nada de lo anterior es inocuo: las ideas tienen consecuencias, y no basta “tener calle” —cualquiera sea el significado de esto— para hacer política. Por ejemplo, no es casual que a la oposición le haya sido tan difícil advertir que (y por qué) resultan muy problemáticos los niveles de desigualdad de nuestro país. Tampoco son fortuitos los problemas que, salvo muy contadas excepciones, ella ha tenido a la hora de criticar (en serio) la concentración del poder económico, o al momento de reconocer ámbitos de la sociedad civil irreductibles al mercado. Detrás de todo ello subyacen ciertas ideas y comprensiones —las ideas de “la libertad”—, que son precisamente las que han predominado en la derecha de las últimas décadas.
Si la actual oposición quiere dejar de serlo y elaborar algo así como un proyecto político, si desea convocar a —y más importante que eso: trabajar junto con— sectores y grupos críticos de reduccionismos economicistas; si aspira, en fin, a repensar sus propuestas para el país, sus dirigentes al menos debieran tomar nota de este tipo de cuestiones.
Y es que, haciendo y diciendo lo mismo —la palabra es la principal arma del político—, nada ni nadie puede cambiar.