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Monday, September 22, 2025

DISCUSSING THE SOVIET ECONOMY

After an inauguration by a zoom, we had several personal meetings in bars of Buenos Aires -CABA-.

For example, during the second meeting, July 3rd, we discussed with Belarussian Profesor Mikhail Rudenko, about a balance of the Soviet economy. Professor Rudenko is a an admirer of the Bolshevik period but he recognized some failures of the structure and public policies of those seventy years.

Interested public on Russian affairs, including professionals, businessmen and retired, attended to the meeting.

USSR FALL AFTER THIRTY YEARS  

 


 




 

 

 

 

 

Tuesday, April 17, 2018

ARGENTINA: GATAFLORISMO SOCIAL Y UN GOBIERNO SIN PLAN

Un gobierno sin "masterplan", una obsesión por evitar un "superministro" de Economía, cuando en realidad, Marcos Peña ha pretendido erigirse en él -no termina haciendo ni lo uno ni lo otro-; una parte de la coalición -Carrió y radicales- que empiezan a cuestionar a su propio gobierno, como "Chacho" Alvarez a la Alianza en el año 2000; un descontrol de la política monetaria de la BCRA, cuando empezaban a mejorar los números fiscales; un gradualismo "micro" que ya hemos visto muchas veces en Argentina, termina en el fracaso. En suma, un gobierno que dijo venir a cambiar la Argentina, con un elenco gobernante que se cree a sí mismo, novedoso e innovador, que hasta se da el lujo de negar la relevancia del pasado, pero que paradójicamente, cae entrampado por los mismos vicios de esa historia del país, al que se obstina en obviar.

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Para condimentar el comentario, una sociedad que juega al "gataflorismo" -expresión acuñada por Marcelo Longobardi-: todos dicen preocuparse por la inflación pero nadie hace nada sustancioso por sacársela de encima.

A veces, a uno le parece que Argentina no tiene rumbo y por ello, aquí se suele premiar a gobiernos que también suelen perderse en sus propios marasmos.


Saturday, April 29, 2017

LA AGENDA DE RELACION ARGENTINO-NORTEAMERICANA 2017

PRIMERA VEZ, AHORA COMO PRESIDENTES
Por Carlos Pagni, DIARIO LA NACION, 27/4/2017



El presidente Mauricio Macri llegó a la Casa Blanca para reunirse con su par estadounidense, Donald Trump, para tratar temas como la relación bilateral y la situación política en Venezuela. Acompañado por su esposa, Juliana Awada. Foto: AP

Hoy, Donald Trump y Mauricio Macri se reencontrarán por primera vez cara a cara como presidentes de sus respectivos países. Para la agenda que agita a Washington, la reunión podría ser sólo una nota a pie de página. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, anunció ayer la mayor reducción de impuestos de la historia del país.

Mientras, los legisladores se trenzan en una batalla presupuestaria que amenaza el funcionamiento de la administración. Además, la microefemérides de los primeros 100 días de Trump en el poder, que se cumplirán pasado mañana, promete nuevos decretos sobre trabajo, medio ambiente y migraciones.

La entrevista entre los dos presidentes tiene, así y todo, algunas peculiaridades capaces de recortarla del contexto. Ambos son empresarios. Y cultivan, en esa calidad, un sesgo antipolítico. Pero Macri es un aperturista, amante de la globalización, como Barack Obama. En cambio, Trump es nacionalista y proteccionista, como Cristina Kirchner. Muchos expertos lo califican, por eso, de fascista. O populista de derecha. Ésta es la paradoja: quien mejor podría interpretar ciertas melodías argentinas no sería el invitado, sino el anfitrión, a quien The Economist retrató, en la línea del historiador Federico Finchelstein, como "un peronista en el Potomac". Para tomar distancia de esta estética, sobre todo durante la campaña electoral, el gobierno argentino había previsto entregar una condecoración a James Carter, ícono del progresismo demócrata. Pero esa atención quedó para más adelante. Pedidos de la Casa Blanca.


Sunday, December 18, 2016

AMERICA LATINA 2016, SEGUN PABLO STEFANONI

BALANCE 2016


AMERICA LATINA: UNA EPOCA MAS HIBRIDA QUE REFUNDACIONAL


Por PABLO STEFANONI, en DIARIO LA NACION, domingo 18/12/2016.

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Sabemos con Eric Hobsbawm que los tiempos históricos pueden recortarse de tal manera que no siempre coinciden con los calendarios, que los siglos pueden tener más o menos de cien años y que lo mismo ocurre con las décadas. La década en cuestión tuvo, en efecto, entre diez y quince años, y en algunos países continúa si sólo miramos los liderazgos políticos. También es cierto que no toda la región giró a la izquierda: Colombia, Perú o México se mantuvieron en modelos market friendly -y también Chile, pese a sus gobiernos de centroizquierda, y gran parte de América Central-. Al mismo tiempo, y no menos importante, muchos gobiernos regionales permanecieron en manos de fuerzas situadas a la derecha de los nacionales. Finalmente, no hay que olvidar que detrás de la llamada "marea rosada" hay y hubo modelos políticos y económicos -y de liderazgo- muy disímiles: desde un Evo Morales prudente con la macroeconomía hasta un chavismo escasamente afecto a los equilibrios fiscales. "No un modelo, ni dos, sino un caleidoscopio", escribió el latinoamericanista británico Laurence Whitehead.

No obstante, lo dicho no excluye que existan climas de época configurativos, especialmente en una región marcada por la pasión política. Y ese clima parece haber cambiado en 2016. Al triunfo de Mauricio Macri en Argentina se suma la crisis venezolana, de más larga duración, pero que tomó nuevos bríos este año, el poco elegante impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil, la derrota electoral de Evo Morales en el referéndum que lo habilitaría para competir por un cuarto mandato en 2019, y finalmente la sorpresiva derrota del "sí" a los acuerdos de paz en Colombia, ampliamente apoyados por las izquierdas de la región. Y, además, la muerte de Fidel Castro, una referencia simbólica-emotiva para las izquierdas en el poder de la región. ¿Alcanzará todo esto para impulsar un nuevo giro ideológico o se profundizará el carácter heterogéneo de la realidad subregional?

Wednesday, September 14, 2016

"GLASNOST A LA ARGENTINA"

En algún momento, las sociedades que se resignan y estancan, reaccionan y así, como la vieja URSS de Mikhail Gorbachov en 1985, quien acuñara por primera vez, ese término ruso, la Argentina de Macri está viviendo su propia "glasnost" (transparencia). 

Vale la pena recordar aquel momento histórico e intentar compararlo con éste que vivimos en Argentina, porque tienen algunas semejanzas -sobre todo, por la dimensión del "cambio"- y no pocas diferencias. La URSS ya había vivido su proceso de desestalinización y liberalización con Nikita Khruschov (1953-1964), pero había sido ambivalente, porque su agresiva política exterior contradijo esas políticas adoptadas a nivel doméstico. Le siguió la era brezhneviana (hasta 1982), todavía recordada por numerosos rusos que "peinan canas", como exitosa a nivel externa y sobre todo, de gran holgura económica, permitiéndole a la mayoría de la población, convertirse en propietaria y de clase media. Pero el costo social y moral de esas dos largas décadas, excedía en mucho, sus supuestos beneficios colectivos: la corrupción era generalizada; la mentira institucionalizada también; la disciplina laboral había bajado a niveles exhorbitantes; el conformismo cultural y la obsecuencia intelectual con el poder de los gerontes soviéticos y su extendida red clientelar, plagada de delatores oficiales. Todo ello, para ser categóricos respecto al daño general que se genera a partir de estos procesos, en no pocos aspectos hoy visibles en la sociedad rusa (postsoviética), ya en democracia, híbrida, pero democracia al fin, ha tenido un duradero efecto, lo cual revela que si bien, el deterioro moral puede ser rápido, la alteración de tal patrón de conductas suele ser nada lineal y plagado de dificultades.

Cuando Gorbachov, un convencido comunista, decidió, incluso en contra de su propia "Nomenklatura" que lo ungió para otros fines, abrir las rígidas compuertas del sistema, en términos científicos, culturales, artísticos, deportivos, para reoxigenarlo y que las energías vitales de la sociedad desborden como nunca antes, la sorpresa primero y el impacto impredecible de tales acciones, luego, en poco tiempo, no tardaron en propagarse. Más allá de que todo el proceso tomado en su conjunto, no terminó bien, dado el fin del sistema y la implosión del Imperio soviético, en gran medida por el oportunismo de los Yeltsin y demás jerarcas devenidos en demócratas en Europa Oriental, la "glasnost" aún hoy es recordada como una necesaria aunque breve "bocanada de aire fresco" en un modelo social hermético, conservador e hipócrita. Ese momento les sirve a muchos rusos, aún hoy, para poder escribir en contra del putinismo, organizarse y protestar en las calles, concurrir a votar, en fin, no resignarse a obedecer, como en la era Brezhnev.

Argentina vive su propia "glasnost". A diferencia de aquella, no tiene un líder explícito, porque Macri no sobresale por su carisma y la coalición que lo llevó al poder, lo es, porque ganó en segunda vuelta, con la suma de votantes que no estaban dispuestas a seguirlo desde el inicio. Fue un voto de opción "contra" más que una elección "pro". Esa debilidad inicial no le impidió generar un "laissez faire" o nueva atmósfera cultural, donde a diario, aparecen en el primer plano, demandas de cambio colectivo en los más variados niveles. Podrá juzgarse la poca direccionalidad de los mismos y hasta la falta de liderazgo y sentido político pero es innegable que se respira como casi nunca a lo largo de 7 décadas, otro aire, que le permite a oficialistas, opositores  independientes, convivir en paz, en un país habituado en exceso a la conflictividad y facciosidad políticas, cuando no hay razones culturales ni religiosas ni étnicas para justificarla.   

Sobran los indicadores. Por primera vez en la historia de la democracia argentina, aparece la corrupción como primer problema para los argentinos, por fin hastiados del flagelo, y por encima de la macroeconomía, en momentos de debilidad de ésta. La ex Presidente está al borde de su detención por complejas redes delictivas con no pocos de sus funcionarios y empresarios (nac & pop) pero difícilmente las masas salgan a la calle para liberarla como el 17 de octubre del líder de su movimiento. Acaba de ser detenido un sindicalista símbolo de las mafias enquistadas a costa de los trabajadores formales y ello anticipa un movimiento judicial "de pinzas" sobre varios de ellos, los que de manera oportunista, se van despegando de la cúpula de la CGT o retirándose de la vida gremial. El hijo de un sindicalista connotado como Moyano, presenta un proyecto de ley en el Congreso que empequeñece aquél viejo y resistido embrión de Ley Mucci de democracia sindical de los años ochenta. En los medios se debate abiertamente sobre la apertura económica y comercial del país, algo que siempre fue tabú en una sociedad que cree tener, viviéndolo dramáticamente, una economía y un comercio exterior más abierto de lo poco o nada que es, comparados a nivel internacional. En la Provincia de Buenos Aires, se votó una ley que prohíbe la reelección indefinida de los intendentes, lo cual hace tambalear el concubinato cuasi mafioso de intendentes eternos y nepóticos con gobernadores bonaerenses cómplices, en un territorio que condena a una vida miserable a millones de habitantes, en el marco de un país nada federal. En plena era de confusión patrimonial -adrede-de los políticos, tras reconocer públicamente su presencia en los "Panama Papers", el Presidente crea un "fideicomiso ciego" y su Ministro de Energía vende sus acciones de la petrolera multinacional de la que era parte integrante. En una época de mucha violencia doméstica contra las mujeres, y "Millennials" despreocupados, sólo obsesionados con celulares y videojuegos y militancia juvenil rentada, mujeres valientes y de mediana edad, como María Eugenia Vidal y Gladys González, se animan a ir contra las mafias partidarias, policiales y sindicales. En los medios de comunicación oficiales, conviven oficialistas y no pocos periodistas y artistas de la era K, sin censura alguna. El mundo intelectual-académico está aún en deuda y habiendo asumido un patético rol de autogenuflexión durante el kirchnerato, ya evidencia algún síntoma de madurez para hacer efectiva de una vez por todas, por ejemplo, el ejercicio de la autonomía universitaria o el debate sobre el futuro de toda la educación nacional, en sus cuatro niveles. En el plano de los derechos humanos, aunque falte sanción para una de las dos partes responsables de la violencia de los setenta, no hay retroceso alguno: se juzga a militares acusados de violaciones y no hay Presidentes que indulten ni disminuyan penas. Por oportunismo o genuina liberación del poder, los jueces están trabajando sin que el gobierno actúe sobre ellos, a través de "operadores". Recientemente, la ciudad de Rosario que ha sido testigo de ocho años de un gobierno provincial inoperante y hasta cómplice del delito, ha visto caminar a cientos de miles de vecinos, reclamando por el fin de la impunidad, en dos masivas marchas callejeras. El mundo de la cultura despierta y se anima, sin subsidios oficiales clientelares, a producir y difundir: en el cine: a diferencia de "Relatos salvajes", de la era K, donde se exponían y hasta exaltaban nuestras miserias criollas, "El ciudadano ilustre" es una ácida crítica a nuestra idiosincracia pasiva, indiferente y cobarde. En pintura, escultura y música, empezamos a descubrir obras o artistas que hace décadas debimos haber conocido (por ejemplo, el género suprematista del pintor ucraniano Malévich en Buenos Aires). 

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Ignoramos qué deparará y hacia dónde va esta "glasnost" criolla. Lo que sí sabemos es que se están produciendo movimientos nunca vistos, que dependerá, una vez más, de la política, para encauzarlos y derramen de manera positiva hacia todos. Hay factores que ayudan a esta "primavera" pero no durarán para siempre. El poder está fragmentado y eso es positivo en el corto plazo pero tarde o temprano, se reconfigurará. Esta "glasnost" convive con un estado de descomposición moral, debilidad institucional y una anomia social generalizada (inseguridad, casos de "justicia por mano propia", ausencia de autoridad intraescolar) pero estos flagelos no pueden durar para siempre. Muchos argentinos votaron un "cambio" pero ignoran el real alcance del término, son impacientes y tienen una actitud subyacente nociva para emprenderlo: sólo se movilizan por causas colectivas, cuando algo negativo los afecta en términos individuales.

Como si esto fuera poco, el peronismo está dividido, como en 1984-1985 pero no tardará en buscar su jefatura natural y puede imitar así la conducta camaleónica del PRI mexicano, que volvió al poder, cuantas veces lo deseó. La coalición gobernante que combina ética con gestión como nunca antes, en algún momento, deberá dejar de rendir cuentas por la herencia y podrá exhibir sus propios logros o desaciertos -nuevo cuadro tarifario-. El empresariado se irá renovando y si el Mini Davos engendra nuevos protagonistas, se sumarán los extranjeros, ya no sólo españoles o chinos, lo cual supone otras exigencias sobre un aparato estatal, que necesita adelgazar y profesionalizarse. Como pocas veces en la historia argentina, aunque no haya "hoja de ruta" para emprender el tortuoso camino, el destino depende enteramente de nosotros.

Thursday, June 9, 2016

BUEN ARTICULO DE ANA WORTMAN SOBRE COMO ES VIVIR HOY EN ARGENTINA

VIDA COTIDIANA EN LA ARGENTINA: ENTRE LA VULNERABILIDAD Y EL CAMBIO SOCIOCULTURAL
¿Cómo viven los argentinos hoy? ¿Es igual la vida cotidiana en esta época, que hace 20 o 30 años atrás? ¿Qué factores inciden en la cotidianeidad argentina? ¿Existe una cotidianeidad por clase social, por edad o por género? Todas estas preguntas nos dispararon a reflexionar en este artículo en torno a dos cuestiones, que desde mi punto vista aparecen como una tensión en la sociedad argentina. Por un lado, cierta vulnerabilidad propia de países en vías de desarrollo, pero también característica del orden político ideológico contemporáneo donde la violencia adopta la forma de terrorismo y el lazo social está dañado. Por otro lado, podemos observar en forma paradojal transformaciones socioculturales progresivas y significativas que inciden en las identidades y nuevas percepciones del otro, de la educación, hijos, familia, así como también, nuevas formas de encuentro y desencuentro social en el marco del crecimiento de las mediaciones tecnológicas.
1. Vulnerabilidad
A diferencia de lo que ocurre en países de mayor nivel de desarrollo económico y de sus instituciones, la vida cotidiana en nuestros países está muy atravesada por conflictos sociales y políticos.
Esta más expuesta, casi no hay mediaciones. Aunque no nos interese la política y no querramos participar de ella, la debilidad de las instituciones, la falta de controles y la exposición a catástrofes varias, como cortes de luz o inundaciones urbanas y rurales, para empezar a mencionar algunas cuestiones de un largo listado posible, nos expone a un sinnúmero de situaciones que ponen a prueba nuestra subjetividad, nuestras defensas, nuestros controles, nuestros miedos, nos puede matar o arruinar económicamente, modificando inesperadamente el curso de nuestras vidas.
Los países desarrollados suelen ser más previsibles, todo aparentemente funciona y existen un sinnúmero de reglas que se cumplen y la gente, a su vez, tiene incorporadas para su cumplimiento. Las normas de tránsito suelen cumplirse más, hay más respeto por el peatón y ocurren menos accidentes de tránsito en general.
Podríamos decir que, desde esta perspectiva, la vida cotidiana es más tranquila y previsible. Uno puede planificar el día de tal manera que, si no ocurre una catástrofe, una fatalidad azarosa, todo será como fue previsto. Existe un orden social que lo asegura y las personas se comportan en función de ese orden social. Es decir, que generalmente la vida cotidiana transcurre.
Los trenes en general funcionan a horario, se mantiene una regularidad, las personas hacen lo que deben hacer y se espera que hagan. Si bien no podemos asegurar que dicho orden produce o sea el camino a la felicidad, al menos se vive, aparentemente, de forma más relajada. Como señala Ulrick Beck, el conflicto en estas sociedades aparece más bien como consecuencia del desarrollo. Si algo de esa cuasi perfecta maquinaria deja de funcionar o falla, la sociedad entra en riesgo y las personas se agrupan ya no por los motivos por los que se agrupaba mayoritariamente hasta pasada la mitad del siglo XX, sino que problemas derivados del desarrollo como la contaminación ambiental, o catástrofes naturales o desastres informáticos generan nuevos conflictos, demandas y derechos.
1.1 Tensiones globales que irrumpen. Inseguridades
Sabemos fundamentalmente a partir del 11S, que esa cotidianeidad puede verse alterada por conflictos internacionales que adoptan un formato terrorista, que se despliegan ya no en un frente de batalla, sino en plenos centros urbanos, como la destrucción de las Twin Towers en Nueva York o el Atentado a la AMIA en pleno centro de Buenos Aires, una bomba en una estación de tren urbana como Atocha en España y más recientemente, los asesinatos de 12 caricaturistas de la revista satírica francesa Charlie Hebdo. A los que se pueden sumar los asesinatos deEstado Islámico, las nuevas formas de antisemitismo que imperan en Europa, los conflictos de Medio Oriente, etc.
Si bien generalmente estas nuevas formas de conflicto político dan cuenta de nuevos malestares en la cultura, ya no cabe, tanto como en otras épocas, diferenciar entre un tipo de países y otros, muchas de estas formas de atentados y agresiones son mundializadas y se dan en distintos escenarios. Cuestiones geopolíticas, mezcladas con fundamentalismos religiosos de distintos signos, algunos más violentos que otros, sumados a intereses económicos generan violencia, extremismo y muerte. Si tradicionalmente cuando hablábamos de la vida cotidiana esto inmediatamente nos llevaba a hablar de nuestra organización doméstica, ya hace largos años que es difícil separar esa organización doméstica, ese mundo de todos los días, en relación a nuestra reproducción de vida, el hecho de tener que trabajar para vivir, eso que se hace sin pensar casi como lo que Schutz llama el razonamiento ordinario, el sentido común de un conjunto de acontecimientos que la atraviesan que son obviamente de distinto orden. En nuestro país, AMIA, Cromagnon, la Masacre de Once, más un conjunto de hechos de inseguridad que afectan fundamentalmente a las personas más alejadas de los accesos urbanos, pero que ya a esta altura nos afectan a todos, ha hecho que nuestra vida se vuelva vulnerable.
1.2 Marginalidad social, desamparo
Así, a estas formas de inseguridad derivadas de cómo se va conformando un orden internacional determinado en el cual, Argentina y America Latina están incluidos, se suma la inseguridad que sufrimos quienes vivimos en los grandes centros urbanos y suburbanos, ya sea por corrupción de funcionarios públicos y políticos como consecuencia de cierta descomposición social, también producto de la impunidad, la exclusión social y el desamparo, la droga, etc.
Quienes habitamos los grandes centros urbanos, viajamos en el transporte público, caminamos rápidamente por la ciudad para desplazarnos de un trabajo a otro, nos enfrentamos a robos, asaltos, tanto en la vía publica como también en nuestras casas. A veces son robos de nuestras carteras, celulares, camperas o autos, otras veces son robos con violencia, también hay peligro de muerte. Ese asedio constante producto de una marginalidad siempre existente, el llamado núcleo duro de la pobreza, el crecimiento y amplificación del narcotráfico, pero también del crecimiento de cierta impunidad, de instituciones que no funcionan (sistema judicial, policía, servicio penitenciario, etc.) generan una sensación de anomia social que hace que las personas cambien su comportamiento cotidiano. Es decir, que ante la percepción de amenaza, hombres y mujeres adoptan conductas defensivas, las cuales se manifiestan de diversas maneras, por dónde se camina en un barrio, qué cartera se lleva, cómo saco el auto del garaje, donde llevo las llaves de mi casa, etc., etc.
2. Cambios sociales que intervienen en nuestra cotidianeidad
2.1 Identidades sexuales
Si bien en estos últimos meses vivimos un escenario cuasi amenazante por hechos internacionales y locales, la muerte aún no esclarecida de un fiscal del Estado, también debemos pensar la cotidianeidad alterada a partir de un conjunto de cambios culturales progresivos. Así como se manifiestan procesos que podríamos denominar en forma simplificada, negativos, ya que inciden en la producción de conductas defensivas o agresivas necesarias frente a un mundo social violento, intolerante, fundamentalista, etc., también podemos advertir otros fenómenos sociales progresivos, que nos llevan a reflexionar en torno del impacto que nuevas dinámicas sociales, como el trabajo, la vida urbana y las nuevas tecnologías tienen sobre los sujetos.
Ya hacia fines de los años setenta, pero fundamentalmente en los años noventa, podemos advertir múltiples transformaciones de la vida cotidiana. Un cambio significativo de la sociedad argentina que es visible especialmente en las grandes ciudades es la feminización del ámbito laboral y también universitario. Se habla de la mujer como jefa de hogar. Si esto era corriente en los sectores populares, aparece este fenómeno en las clases medias por transformaciones de la vida familiar, ausencia o debilitamiento de la figura masculina como proveedor fundamental y único del hogar, o la participación creciente de la mujer en el mercado de trabajo y en cargos directivos.
Este fenómeno -que no es nuevo- se expande y supone numerosos cambios en la dinámica familiar. El manejo del dinero, los roles de cuidado y crianza de los hijos, la negociación de libertades, la vida social etc. Si tradicionalmente el espacio público era el espacio de los hombres, hoy esa dicotomía casi ha desaparecido o al menos si persiste ya no se sostiene discursivamente. Asimismo, la disociación entre sexo y reproducción de la vida modifican las identidades subjetivas, sentidos fijos de la vida familiar, etc.
Esta es una cuestión crucial de la vida contemporánea, la posibilidad que la sociedad se reproduzca sin estar asociada al acto sexual y menos aún a una relación social legal como es el matrimonio, lo cual tiene consecuencias sociales y culturales y subjetivas novedosas. Durante mucho tiempo se sostuvo el discurso social según el cual las personas debían casarse para tener hijos y formar una familia. Eso existe, pero no es una necesidad fundamental. Digo discurso social porque sabemos que nacían hijos extramatrimoniales, había madres solteras, etc. Pero al ser ese el discurso social, los nacimientos fuera de ese tipo de institución familiar eran ocultados y se adoptaba una mirada moralizante negativa fundamentalmente en las clases medias y altas. No decimos que los prejuicios desaparecieron, pero lentamente se van creando leyes que amparan múltiples formas de nacimiento y crianza de los hijos. Así a la forma tradicional de nacimiento se suma, la maternidad consentida que no implica convivencia de la pareja, parejas que alquilan vientres para tener hijos biológicos, parejas que adoptan, parejas homosexuales que adoptan, madres solteras que deciden tener hijos en forma conciente, etc. Así surge una multiplicidad de modelos familiares que tiene profundas implicancias en la generación de nuevas subjetividades e identidades.
La ley del matrimonio igualitario ha tenido implicancias en la legitimación pública de vínculos amorosos homosexuales, que habilitan la conformación de familias donde hay dos padres o dos madres, ¿qué significa eso, como vivencian la situación los hijos que dichas relaciones adoptan? Como se construye la maternidad y o la paternidad, es algo nuevo. ¿La paternidad no está ya más asociada a una identidad masculina? ¿O la maternidad a una identidad femenina? ¿Qué es lo femenino en una relación lésbica? ¿Cómo es la maternidad en una mujer lésbica? Por otro lado, el reconocimiento social de la diversidad sexual pensamos que debe tener consecuencias en las identidades heterosexuales y en sus formas de encuentro amoroso, en las identidades masculinas como en las femeninas. Tema también a reflexionar en relación a una nueva cotidianeidad afectiva.
2. 2 TICS. La tecnología atraviesa nuestras subjetividades y las produce
Y vinculada con la anterior es la reflexión en torno a la conformación de las identidades, problemática que también se manifiesta con la denominada primero cultura de la imagen (fotografía, cine, TV), y luego con la participación de los sujetos en hacer imágenes de sí mismos en forma permanente, las llamadas selfies. Podemos afirmar en forma contundente que han cambiado radicalmente las formas comunicación y esto supone nuevas relaciones sociales, nuevas percepciones de sí mismo, etc.
El celular, por ejemplo, que ya no es un teléfono, sino adopta el lugar de una pequeña computadora, constituye un adminículo que gestiona la ansiedad del encuentro y ahora también del conocimiento de nuevas personas para relacionarse. El teléfono originalmente servía para vincularnos con otros conocidos, para trabajar a través de una conversación y una nueva forma de hablar desde sitios determinados. Ahora podemos estar en ningún lugar. Nos comunicamos desde ningún lugar a otro ningún lugar, con otra ninguna persona. ¿Quién es el otro en el celular o en internet? El celular hoy en día parece ser todo. Podemos conseguir taxis, mandar e-mails, mensajes y hasta conseguir parejas o relaciones casuales mediante una creciente variedad de aplicaciones que nos indican según nuestras preferencias quien se encuentra cerca de nosotros.
La ausencia del encuentro con otro mediante un cuerpo que nos pone en juego es para mí el rasgo epocal significativo en torno al lazo social en sus diversas manifestaciones subjetivas, políticas y culturales ¿Quién habla, quién escribe, quién es la persona que se muestra en las redes sociales? En una nueva necesidad de atrapar un lugar y de redefinir el espacio, podemos comprender por qué cuando las personas hablan por su celular desde el transporte público muchas veces hacen referencia al lugar donde están, como una manera de anclar con otro, dónde estamos y fijar un punto en el espacio urbano. Como si siempre estuviera la angustia de que las personas no se van a encontrar, el celular y el contacto fluido por sms o whatsapp frena ilusoriamente la angustia, nos ubica en la maraña de una megalópolis resignificada en las redes de información contemporánea. Las personas están en todos y ningún lugar al mismo tiempo, todo se vuelve más efímero, etéreo, fugaz, más cool, supuestamente más débil y liviano.
Pero como decía ya hace algún tiempo Jameson en su clásico La lógica cultural del capitalismo tardío, no es que las personas no sientan, no sufran o no se angustien, el tono emocional base contemporáneo tiene otra intensidad, es más eufórico. Jameson explicaba esta nueva sensibilidad aludiendo al emblemático cuadro de Edvard Munch El grito (1893), a partir del cual pretendía señalar que en la posmodernidad los sujetos ya no tenían una subjetividad constituida por un interior que se expresaba en el exterior. Esa subjetividad burguesa propia del capitalismo liberal y culturalmente expresada por el modernismo crítico de esa subjetividad y de las formas de dominación burguesa, se podía describir como alienada, reprimida, histérica… En este nuevo dominante cultural -como prefería hacer referencia Jameson al definir “nuestro tiempo”- las personas expresan sus sentidos, emociones vivencias y su dolor humano, en la distintas rupturas de cadenas de significantes, revelando un nuevo tipo euforia, no ya trágica o sufriente. Nos parece importante señalar, que si bien Jameson escribió esta tesis cuando la computadora y la informática recién empezaban a atravesar la dinámica económica capitalista, hoy en día ese tono emocional base es dominante en los procesos de globalización y se expone cotidianamente en los textos de las redes.
Palabras finales
Nos hemos propuesto describir a través de estas líneas algunos rasgos fuertes de la cotidianeidad contemporánea argentina. El tema es muy vasto y da para diversas investigaciones socioantropológicas y psicológicas. Cierta percepción de nuevas formas de violencia y agresividad cotidiana, de carácter social, pero también político cultural, nos lleva a pensar en la necesidad de promover cada vez más la palabra y el debate. Cómo encarar situaciones de catástrofe o de masacre en un extremo, cómo encarar situaciones de inseguridad cotidiana, donde también algunas veces queda expuesta nuestra vida. En otro plano también podemos vislumbrar cambios culturales renovadores en términos de identidades sociales, subjetivas y sexuales, lo cual daría cuenta de una sociedad más libre y tolerante. En estas paradojas se despliega nuestra cotidianeidad.
*Ana Wortman es profesora de la Facultad de Ciencias Sociales/UBA. Investigadora del Instituto Gino Germani en el Área de Estudios Culturales.
Extraído de la Revista Topía. Gentileza de mi amigo cordobés Juan Iribas. 
https://www.topia.com.ar/articulos/vida-cotidiana-argentina-vulnerabilidad-y-cambio-sociocultural

Sunday, May 15, 2016

LA UNIVERSIDAD PUBLICA ARGENTINA DEBE REPENSARSE

Quiero mucho a la Universidad pública argentina. En un claro ejemplo de movilidad social, pertenezco a una familia, cuyos tres hermanos constituyeron los primeros en graduarse en los años setenta y ochenta, en el nivel universitario, tras generaciones enteras. Participé en mi infancia y adolescencia, de lo que significa en términos simbólicos, el estudio, el resultado final del mismo y todo lo que rodea al proceso educativo universitario. Mediante examen de ingreso, el último impuesto por la dictadura militar que feneció en 1982, me tocó a mí, ingresar a la Universidad en 1983, año bisagra de la historia política argentina. Allí viví mi socialización política: como elector, participé en la selección de los sucesivos gobiernos universitarios en mi Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR, asistí a las primeras asambleas universitarias y hasta milité, primero en una agrupación independiente (AIRU) y luego, en la liberal UPAU, la cual terminó siendo el brazo universitario de la vieja UCEDE, tercera fuerza nacional y la cual tuvo el privilegio de colocar a los primeros diputados liberales en la historia del Congreso argentino.






También fui testigo de las primeras políticas universitarias de la democracia, con sus ventajas y falencias: el ingreso irrestricto, el cual siempre objeté porque creo en el mérito y en el esfuerzo más que en la inclusión por la inclusión misma; la "gratuidad" de los estudios universitarios, financiada por supuesto, por nuestros impuestos, aun de los que nunca pisaron una Casa de Altos Estudios; la expulsión y hasta exoneración de profesores del "viejo régimen", vía asambleas estudiantiles, juzgados sin defensa in situ, por cargos ciertamente políticos y arbitrarios; el gobierno de los no docentes, gradualmente convertidos por obra y gracia de las componendas políticas, en verdaderos dueños de las Facultades; el deterioro de las condiciones edilicias y de infraestructura educativa; el deterioro salarial docente, por la inflación y demás flagelos, que nunca se corrigieron sustancialmente, a lo largo de 33 años. Pero claro, sí defendí a rajatabla, la autonomía universitaria, porque ése era el mejor método para que la propia Universidad argentina autocorrigiera sus debilidades, para que no degeneren en lacras imposibles de superar. Era la propia comunidad académica la que debiera haberlo hecho, pero aparentemente por el punto en el que estamos y motiva este análisis, no lo ha hecho.

Luego continuó mi vida como graduado universitario, trabajando en fundaciones y demás, pero nunca entendí algo que creo, es un enorme déficit pendiente de las Universidades: la desconexión con el mundo laboral y el de sus graduados en particular. No hay ninguna articulación institucional, ni desde el Ministerio, ni desde la Secretaría de Políticas Universitarias ni desde las propias Facultades, que vincule de manera permanente a quienes nos graduamos con nuestras viejas Casas de Estudios, excepto claro está, aquellos que siguen relacionados, porque inician y prosiguen la carrera docente, en las mismas unidades académica que los vio nacer.

Los ochenta terminaron con una situación presupuestaria y salarial caótica, acorde a la hiperinflación con la que culminó Alfonsín su mandato. Muchos colegas recuerdan los paros docentes de 1988 y 1989, que les hicieron perder varios turnos de examen y retrasar el final de sus carreras. Ya no era mi caso, porque egresé en agosto de 1988, previendo que la situación se iba a deteriorar día a día. Siguió el menemismo y sus diez años de Convertibilidad, donde el salario quedó congelado pero no había inflación. 

Fueron años en donde se institucionalizó el organigrama ministerial dedicado a las Universidades, que crecieron en número, casi llegando a las 40, creándose en el conurbano bonaerense pero también otros puntos del mapa argentino, por ejemplo, en el centro del país, en Córdoba, más exactamente, en Villa María, mi reducto laboral docente desde 1999. En un ejemplo claro de cómo se generaban y aprobaban esos proyectos universitarios, la ciudad, en aquel momento, gobernada por los radicales, pergeñó un proyecto universitario interesante, lo consensuó con peronistas e independientes, cobijó a los institutos de enseñanza terciaria, los mismos que ahora Macri quiere volver a reconstituir y que en ese momento, estaban amenazados por el gobernador cordobés, el padre del actual intendente de la capital mediterránea, el dentista Ramón Mestre y lo presentó vía un diputado oficialista que ofició de "lobbysta", D`Àlessandro para que se cree la Universidad. Esta salió finalmente favorecida, sobre otros cuatro proyectos cordobeses, lo cual revela la cantidad de sueños y expectativas universitarias que existen en el país, desde hace larga data, aunque nunca se tenga en cuenta o se piensen, en función de las posibilidades financieras y presupuestarias del país. Tampoco hay quien afirme, desde el gobierno, si tiene o no sentido abrir tal o cual Universidad en tal o cual punto del país, si es necesario, si es pertinente, si es viable, si es útil. El propio Menem también favoreció la creación de Universidades privadas, desde la UAI, vinculada originalmente a la surcoreana Secta Moon, hasta la UCEMA, de los monetaristas Fernández y Rodríguez que pasaron sin pena ni gloria por el elenco gobernante pero lograron sí oficializar su privado Centro de Estudios pasando por la Austral, ligada al Opus Dei. Como se ve, la Universidad argentina, quedó presa de intereses particularistas, pero en el caso de la pública, tampoco el peronismo, resolvió reconfigurarla. Creó nuevas sin criterio, pero hibernó las existentes, legitimando insólitas y variadas alianzas entre radicales, agrupaciones de izquierda, socialistas y unos poco peronistas (siempre marginales en el ámbito electoral universitario) y ayudó a generar Universidades privadas, premiando a "amigos y allegados. Como única mención digna de destacarse, tal vez, la CONEAU, el organismo multipartidario que se encarga de "evaluar" de una forma muy especial, es una criatura que nació con el menemismo. De todos modos, ya en 1999, quedaba claro que el sistema universitario era todo menos un "sistema", más bien sólo un "conjunto".



Tras dicha década, que ya empezó a usar y cooptar la docilidad de Decanos y Rectores, más las cúpulas gremiales de docentes y no docentes,  que optaron por privilegiar sobrevivir individualmente a costa de cambiar las estructuras institucionales y de incentivos salariales y presupuestarios, que gobiernan las Universidades, accede al poder presidencial, el radical De La Rúa, al frente de una Alianza, donde convergían intereses universitarios. Muchos docentes antiperonistas, votaron y se ilusionaron con la Alianza. Pero cuando en el año 2001, el también radical (y liberal), quien hizo toda su carrera estudiantil, militante y profesional en la UNLP, entonces Ministro de Economía, Ricardo López Murphy, no por convicciones, sino por necesidad presupuestaria, dada la pesada herencia de deuda dejada por el menemismo, planteó la necesidad de reducir los sueldos en un 30 %, arancelar los estudios universitarios y hasta provincializar las Universidades nacionales, los docentes y no docentes universitarios, liderados por la elefantiásica UBA, que había tolerado más de dos décadas de la corrupta y feudal gestión del Rector también radical (pero de la línea interna opuesta a López Murphy), Shuberoff, salieron a las calles, provocando el derrocamiento del "osado" Ministro. Los mismos que, meses más tarde, cuando el gobierno de Eduardo Duhalde (peronista no menemista), devaluó también un 30 % y provocó el default de la deuda argentina, se llamaron a un increíble silencio, porque en realidad, ya empezaban a pergeñar su extraña y servil alianza con el nuevo poder. En efecto, los universitarios adhirieron a Duhalde y mucho más aún, a su "delfín" para las elecciones de 2003, el patagónico Néstor Kirchner, quien finalmente, provocaría el renunciamiento de Menem en la segunda vuelta presidencial.

Se inició allí, lo que los universitarios argentinos, en una buena mayoría, consideran el período "más brillante" de la historia universitaria argentina. En efecto, pueden leerse algunos de esos "logros" con los que el kirchnerismo construyó su "relato" logrando la adhesión ciega de la comunidad universitaria argentina, de peronistas, progresistas, radicales, izquierda y hasta trotzkistas, a lo largo de estos años, en este artículo de Alejandro Grimson en Página Doce: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-299222-2016-05-13.htmlGrimson pertenece a esa pléyade de "intelectuales" que fueron seducidos por el nuevo gobierno y también cooptados en la paraestatal  "Carta Abierta", un grupo algo heterogéneo de aplaudidores permanentes de las políticas educativas kirchneristas, integrado por filósofos, antropólogos, comunicadores, periodistas, escritores, profesores universitarios, etc. 

Respecto a las políticas públicas del kirchnerismo hacia la Universidad, el capítulo salarial merece una atención especial. Tras la fenomenal devaluación del 2001, los salarios públicos quedaron licuados por la inflación renaciente y recién en el año 2005, producto de complejas negociaciones con los gremios y en donde, el gobierno dividió aún más el movimiento sindical, creando la oficialista FEDUN, sobre la base del gremio docente de la siempre elástica UBA, pudieron recuperarse y superar por un par de años, a la inflación. Esto explica en gran medida, la quietud  y el conformismo salarial de los docentes durante años, a pesar de que en el bienio 2008-2009, los sueldos volverían a atrasarse pero CFK a través de sus Ministros de Economía lograrían apelar a acuerdos salariales con aumentos desdoblados en el año, superiores a la inflación artificial del INDEC pero inferiores a la inflación real estimada.Lo mismo haría haría tras la devaluación de enero de 2014.

Sin ningún tipo de variantes, el Ministerio de Educación continuó con los instrumentos usados por el menemismo en la década anterior. Incentivos, un ingreso extrasalarial "en negro" que cobran los docentes universitarios en tres cuotas durante el año, pero con 12 meses de retraso; becas presidenciales para estudiantes; programas de intercambio con alumnos latinoamericanos -sí, la Universidad argentina subsidia a 40000 alumnos del continente que consiguen en nuestro país, el acceso libre que no obtienen en sus naciones de origen-; ampliación de las becas del CONICET a miles de jóvenes graduados docentes, para especializarse en estudios de postgrado tanto en Ciencias Sociales como en Básicas, sin ningún criterio de planificación nacional del recurso humano calificado, excepto el clientelar; mejoramiento edilicio de algunas Universidades y construcción de nuevas instalaciones para laboratorios especializados en genética de semillas, como el de la UNR, para empresas privadas como el holding agropecuario Los Grobo, en otro sinsentido de la contradictoria CFK; estímulo a investigaciones científicas (vacunas, satélites, reactores nucleares) pero en instalaciones de las Universidades en numerosas ocasiones, en estado precario, al margen de las normativas vigentes, como se comprobó en el lamentado accidente en un laboratorio o planta piloto de la UNRC, que dejó un saldo luctuoso de 7 muertos en 2007; cientos de contratos de triangulación de obras públicas o camuflado de prestaciones de asesoramiento técnico que no se concretaban, en Universidades, esta vez manejados discrecionalmente por el Ministerio de Planificación del hoy procesado Arquitecto Julio De Vido, etc.

La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, fue otro hito de la política kirchnerista. Los Kirchner siempre imaginaron a partir de las sugerencias de Lula y Chávez, la necesidad de poner a todo el sistema científico argentino, al servicio de un esquema de producción industrial nacional, con un Estado omnipresente y orientado al consumo del mercado interno. Los años noventa, con la globalización, eran la contracara de este proyecto que en realidad, recogía mucho de los antecedentes de los años cincuenta y sesenta, bajo otros contextos. En términos prácticos, ese desdoblamiento ministerial implicó mayor participación e injerencia del Ministerio a cargo de De Vido.

En un contexto de mayor presupuesto universitario en función del PBI, como nunca antes, con más programas y más alumnos, nadie se preocupó ni por los procesos ni por los resultados. Se gradúan apenas entre el 10 y el 30 % -según Facultades- de los que ingresan en las Universidades estatales y apenas el 40 % en las privadas. A pesar de la Ley 27204 de noviembre de 2015, que el kirchnerismo trató de amarrar, garantizando aún más el ingreso sin restricciones, la población de ingresantes ya ni siquiera es tan masiva como antes, porque deserta el 50 % en el secundario y Argentina tiene hoy a pesar de tanto discurso universalista y de accesibilidad gratuita, menos alumnos proporcionalmente (un total de 1,5 millones, repartidos en un 80 % estatales y 20 % privados) que el sistema universitario chileno (1,13 millones), hasta hace poco, arancelado, con esquema de créditos y con una dura prueba nacional anual de ingreso. En 12 de las 58 Universidades estatales, más del 80 % de los estudiantes aprobó apenas una sola materia. En el cuadro general, el 44 % de los estudiantes no aprueba más de una matería por año. Esto hace  que las erogaciones presupuestarias de las que se jactaba el matrimonio Kirchner en favor de la educación universitaria, pierdan valor. Según Alieto Guadagni, en el año 2011, el presupuesto para las 40 Universidades de aquel entonces, con 70.370 graduados, era de 4.548 millones de dólares (18.829 millones de pesos), es decir, que cada graduado costó 64.633 dólares.

Véanse al respecto, estos links: 
http://chequeado.com/ultimas-noticias/fortuna-un-egresado-de-una-universidad-publica-cuesta-mas-que-en-la-privada-mas-cara/,
http://chequeado.com/el-explicador/claves-para-entender-el-presupuesto-universitario-y-su-vinculo-con-los-paros/
http://chequeado.com/ultimas-noticias/llach-el-porcentaje-invertido-en-2010-en-educacion-ciencia-y-tecnologia-es-casi-identico-al-del-periodo-1999-2001/
http://www.lanacion.com.ar/1820557-que-la-politica-no-corrompa-las-nuevas-universidades

Siguen existiendo alumnos crónicos, como en mi vieja época de estudiante, el plazo de permanencia promedio en las carreras aumentó y la desigualdad social también creció, porque si bien algunas Universidades del interior, permitieron graduarse a las primeras camadas en una familia, los alumnos de las Universidades más grandes en las capitales más pobladas, siguen siendo de clase media que bien puede costearse una Universidad privada. En la Argentina asiste a la Universidad, el 43% de los jóvenes del quintil superior en la distribución del ingreso, pero apenas son alumnos universitarios el 12% de los jóvenes de los hogares pobres -en Chile, el 17 %-. La calidad es menor, se sigue estudiando con fotocopias y no libros y no hay ningún incentivo en la escala salarial docente, para que un buen docente gane más que un mal profesor: ambos cobran por antigüedad. El docente universitario sigue ocupando un rol de poca relevancia social y hasta graduados de algunas carreras que contaban con prestigio social, hoy lo han perdido. Tantos años hablando de la plétora médica argentina, en uno de los países con mayor cantidad de médicos por habitante, se siguen abriendo sin control, nuevas carreras de Medicina y los graduados ya empiezan a trabajar en empresas de ambulancias, como choferes o camarilleros. En el lugar opuesto, no hay suficientes ingenieros en telecomunicaciones o geólogos. 

Cómo se explica entonces el "éxito" y la seducción del modelo K sobre los profesores universitarios? Vía la prédica y distorsión de la historia argentina, con el legado de los DDHH y los desaparecidos, cuestión a la que se ha referido suficientemente Ceferino Reato, incluso creando entre las 18 nuevas Universidades desde 2011, una con el nombre de "Popular de Madres de Plaza de Mayo" (hoy intervenida por sus enormes irregularidades); mediante la incorporación de docentes e intelectuales a los medios públicos de comunicación; con un léxico claramente antiprivatista; alimentando el resentimiento de enormes capas de clase media, contra el campo y empresarios, a través de su aparato propagandístico estatal; estimulando la inclusión de leyes postmodernas, como la de aborto o uniones civiles gays, con las que atraería más a los universitarios (docentes y estudiantes); pero sobre todo, con un enorme poder manipulador, vía la política rudimentaria pero eficaz de "la chequera y el látigo"sobre Rectores y Decanos de las ahora 58 Universidades públicas, el kirchnerismo logró que la Universidad argentina hoy, sea mayoritariamente recelosa o refractaria al proyecto Macri. Que no es el mismo de López Murphy, sin pretender siquiera en pensar en arancelar, privatizar, provincializar ni ajustar las Universidades, pero que decididamente y esto es lo más preocupante, a diferencia de otras áreas, no tiene muy claro qué hacer con ellas, tal vez, porque precisamente a priori, no les son tan afines aunque tampoco quisiera obrar de manera manipulativa, como lo hizo el gobierno antecesor. Un ejemplo elocuente de "ese mitad de camino" en el que queda el gobierno de "Cambiemos", fue el nombramiento de un verdadero "outsider" al sistema universitario argentino, como el productor televisivo de "Animales Sueltos", Juan Cruz Avila, al frente de la SPU en enero, lo cual fue rechazado de inmediato por toda la comunidad universitaria, por extemporáneo e irrespetuoso al "sistema".

Hace un mes, estalló el conflicto salarial. Producto de la devaluación de diciembre de 2015 y el tarifazo de febrero de este año, recrudeció el reclamo salarial de los 130.000 docentes universitarios que ocupan 170.000 cargos más 12.000 preuniversitarios (con 23.000 cargos en colegios de las Universidades) y entonces, Macri se enfrentó a un plan de lucha gremial docente a la antigua, como en los ochenta, que incluye paros, cortes de calles, marchas, clases públicas, etc., sobre la base de la unión de las cinco centrales sindicales docentes, que antes estaban desunidas. El jueves pasado, en Plaza Houssay, enfrente del Palacio Pizzurno, donde se sitúan el Ministerio de Educación y la SPU, los docentes y estudiantes fundamentalmente de la UBA y algunas Universidades kirchneristas, se concentraron para leer discursos en contra del "ajuste" y la "defensa" de la Universidad pública. Estamos en 2016 pero pareciera en las cabezas de quienes estuvieron allí, que estamos en el caótico 2001. Lo paradójico que allí, estaban todos, incluyendo los ex funcionarios K como Filmus, Sabatella, Abal Medina, Tomada, etc.




Independientemente de que se llegue a un acuerdo salarial final, lo que falta es otra cosa. Un verdadero debate sobre el sentido y el rol de la Universidad pública argentina. En tal sentido, es interesante el artículo de Luciana Vázquez, el mismo jueves 12 en el Diario La Nación: http://www.lanacion.com.ar/1897746-un-tabu-que-nadie-se-atreve-a-discutir.

Macri, un admirador del ex Presidente desarrollista Frondizi, el último estadista (intelectual) en tener claro un proyecto educativo universitario integral, debe admitir que no basta con afirmar que los docentes deben trabajar pensando en el "cambio climático" o generar nuevos emprendimientos en la cabezas de sus alumnos, futuros graduados.

Porque para que ello ocurra, tendrá que escoger y ejecutar políticas de mediano y largo plazo para modificar todo aquello que los actores de la Universidad argentina han resistido a lo largo de décadas: objetivos académicos y científicos más claros, que hagan converger planificación con autonomía; estructuras salariales y de incentivos, que premien a los mejores docentes; transparencia en la gobernanza, auditando oficialmente los presupuestos de cada Universidad; asegurar mecanismos de participación política genuina, con pluralismo en las listas de gobierno y sindicales,; un debates profundo y no cosmético al interior y al exterior de cada institución académica, sobre el papel de la Universidad en la sociedad; articular acciones con el nivel secundario -algo que sí está dispuesto a apoyar Bullrich-; complementar políticas y objetivos con el Ministerio de Ciencia y Tecnología y, revisar por qué no, los principios sacrosantos y poco realistas del ingreso irrestricto y el cogobierno universitario.

Lo peor que pueda ocurrir es que la Universidad pública, financiada por todos los argentinos, se anquilose, se aísle, se convierta en un "sistema" abroquelado de intereses particularistas, que la desvíen de su rol primordial: formar a millones de argentinos, con un nivel de calidad superador, no sólo inclusivo.



Wednesday, April 13, 2016

LO IMPORTANTE VERSUS LO FUNDAMENTAL: EL REGRESO DE CFK Y EL "MANI PULITE" CRIOLLO



Tras cuatro meses de gobierno Macri-Cambiemos, dos grandes novedades se produjeron en menos de una semana. Por un lado, el inicio de la judicialización de varias causas, por lavado de dinero, asociación ilícita, pago de sobornos, etc. contra ex funcionarios y empresarios ligados al poder kirchnerista (casos Jaime, De Vido, Báez) y por el otro, la reaparición política de CFK, tras su "auto-ostracismo" en la Patagonia, por la imputación por parte del Juez Bonadío, por la venta de dólares a futuro, durante su gestión, lo cual ocasionó pérdidas para el país, del orden de los 70.000 millones de pesos. 

El primer tema tiene relación con una densa red de intereses político-empresarios que posee su origen en la opacidad con la que se manejaba la contratación de la obra pública argentina, por parte del otrora todopoderoso Ministerio de Planificación Federal de Obras Públicas que conducía el Arquitecto, de gran confianza de los Kirchner, De Vido, Hasta dónde llega esa red o trama oscura de poder, es la gran pregunta aún sin respuesta porque todos sabemos que este capítulo es sólo uno de una larga historia de obras sin terminar, sobrecostos, financiamiento non sancto de la política, empresarios multimillonarios y por supuesto, infraestructura vial y de otro tipo, deficitarias. Si todos, pero sobre todo, De Vido, se explayase, como amenazó e imita así, el testimonio del primer "arrepentido" Fariña, podrían caer empresarios muy cercanos al actual Presidente Macri, relativamente lastimado por la publicación de su nombre, en gran medida por la cercanía empresarial con su propio padre Franco, en los "Panama Papers". 

El segundo capítulo tiene vinculación con la reaparición pública de CFK. Pasó lo previsible: Reunión de miles de militantes (pagos y no pagos), cierta puesta en escena, con "La Cámpora" insólitamente organizando en Tribunales de Comodoro Py, custodia y acto de modo compartido con el Juez de Casación, miembro de la para-kirchnerista organización judicial, Alejandro Slokar, amenazas al Juez Bonadío, represalias contra periodistas de multimedios, discurso de una hora de la ex "Jefa", victimizándose y comparándose con Yrigoyen y Perón. 


Hasta allí, expuestos los hechos periodístico-judiciales. Sin embargo, corresponde ahora, describir las reacciones y acciones de dos poderes en jaque a partir de esos mismos hechos: el Ejecutivo y el Judicial, analizables desde una óptica política, porque en realidad, y tal como lo expresa el propio kirchnerismo, todo puede ser explicable y definible a través del prisma político. 

El gobierno ha dejado más que claras, su visión y forma de actuación ante lo comentado. En primer lugar, ha dejado que la justicia actúe y siga actuando. No ha operado, al menos, abiertamente, en un sentido u otro, el Ministro Garavano, como casi todo el gabinete, es un técnico y ha resaltado este comportamiento institucional del gobierno, preocupado por diferenciarse del pasado para de esa manera, instaurar el cambio de cultura política que el país necesita. En segundo lugar, conciente de que el "club del helicóptero", como le llama sarcásticamente Fernando Iglesias, a la red siempre lista para el golpismo institucional, puede armarse súbitamente siempre que haya represión y algún muerto para arrojárselo encima a Macri, al estilo de lo que pasó con De la Rúa en 2001, el elenco máximo de Cambiemos ha optado por ignorar políticamente la imputación a CFK, relativizar el hecho y hasta, lo que podría interpretarse como temerario, dejó que Slokar y La Cámpora se hagan cargo del control de la calle y de Tribunales, hoy, para custodiar a CFK. Mientras ésta armaba su show en Retiro, Macri estaba en Salta, con el gobernador Urtubey, peronista, ex kirchnerista, quien apoyó explícitamente al Presidente, al igual que el grueso del peronismo de gobernadores e intendentes. Sólo columnas de La Matanza y Avellaneda se movilizaron esta mañana en apoyo a CFK.

El Poder Judicial también ser puesto en la mira. Prohijado en la dictadura militar y manoseado por la servilleta de Carlos Corach & cía, no cabe duda que está actuando una vez más, de manera oportunista, para jurar lealtad al nuevo Zar electo y hasta recuperar poder corporativo pero sobre todo, para tomar revancha de la indignidad a la que la sometió el kirchnerismo con sus manipulaciones permanentes. Llegará hasta donde quiera llegar, sobre todo si interpreta favorablemente la expresión del gobierno. Bonadío se hizo cargo de la imputación a CFK pero en una causa, que a todas luces, no podría procesarla y mucho menos condenarla, porque las decisiones políticas, como ordenar la venta de dólares a futuro, son no judiciables, lo cual torna injustificable e innecesaria su decisión como magistrado. Como plantea Margarita Stolbizer, suena más lógico unificar las causas, las numerosas y más razonables, si se pretende llevar a la cárcel a CFK de modo aleccionador, como se intentó ya con De La Rúa y Menem (condenado pero no detenido por la causa de armas a Ecuador) y no gastar esfuerzos en causas judiciales como la de hoy, que CFK fácilmente puede eludir y victimizarse como lo hace. Pero para ello, se requerirá cierto rol político de un actor esencial, en la pirámide de los poderes, que hoy no existe.

En todo caso, se cruzan aquí cuestiones que obligan a un repaso y reformulación de las relaciones entre los Poderes Ejecutivo y Judicial. Así como hasta ahora, el gobierno ha probado ser eficaz en su relación con el Legislativo, en gran medida, por la enorme colaboración, también oportunista de los gobernadores peronistas, respaldando u obligando a sus diputados y senadores, por el caso holdouts -hoy, casi resuelto definitivamente resuelto-, no puede decirse lo mismo de su vínculo con la justicia, que hoy parece, casi a la deriva, por convicción, por omisión y por acción. 

Pero, claro, cabe recordar la relevancia y las derivaciones políticas y hasta económicas de este vínculo especial. En momentos de un trimestre difícil, con una inflación que se resiste a bajar, con un paro sindical a fin de mes y con angustia en buena parte de la población, no hay mejor y más rápido legitimador para el ajuste que soporta gradualmente la sociedad, que se transparente, responsabilice y condene a los actores principales de la película de corrupción generalizada que sufre hace décadas la Argentina. Si esto es así y el gobierno da vía libre a la justicia para que actúe sin control, deben advertirse sobre las consecuencias políticas de ese proceso. 

En efecto, los fantasmas de la "Tangentópolis" italiana de los noventa o el actual "Mani Pulite" brasileño, son procesos que suelen arrastrar a la caída, no de la democracia, pero sí, de buena parte del sistema político. Una justicia desbordante, pero desprestigiada, sin siquiera reputación meritocrática, enlodada y cómplice durante décadas, de los pecados de casi todo el sistema político, sin siquiera jueces probos a la manera de un Di Pietro, Falcone o Moro, también puede ir mañana contra el propio gobierno, no exento, claro, de vinculaciones opacas (pasadas o futuras), dado que en realidad, aquí, está en juego el financiamiento oscuro de la política partidaria. Todo ello es reformable, regulable, discutible abiertamente, en un proceso legislativo pero lleva tiempo y decisión política muy fuerte, además de una energía que hoy el gobierno necesita inyectar en otros planos, por ejemplo, el macroeconómico. 

En el interín, tal vez, y politólogos como Marcos Novaro, Sergio Berensztein y Andrés Malamud, en los últimos días, han hecho hincapié con matices, sobre esto, se justifique más, liderar todo el proceso, sin dejar cabos sueltos como hasta ahora, en nombre de un principismo que no tendrá premio ni valoración por parte de la población, sobre todo si se fracasa en lo económico; intervenir políticamente, moderando el avance de la justicia; imponer límites de condenables y no condenables y hasta el alcance de las causas judiciales pero sobre todo, pactar dichas condiciones con el peronismo opositor, de manera de prever impactos negativos y responsabilizar de ellos, a todo el espectro político partidario, una suerte de "Pacto del Bicentenario", como hace unas semanas, deslizó y ofreció, en una inusual muestra de generosidad política, el Senador rionegrino Pichetto.

Un gobierno plagado de gerentes y visión gerencialista, tal vez, requiera entender que necesita gerenciar la relación con la justicia, con una actitud más proactiva y no tan reactiva, para evitar males mayores y así avanzar en el objetivo democratizador e institucionalista de máxima, que se ha propuesto y merece el beneplácito del grueso de la población, el cual es cambiar la cultura política argentina, orientándola hacia una mayor transparencia y ética pública, De ese modo, podrá maximizarse la gobernabilidad de todo el sistema y neutralizarse la posibilidad de caer en situaciones de abismo imprevisible, como las que vivió Italia o afronta Brasil en estas semanas. 
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Thursday, March 24, 2016

AUTOCRITICA NORTEAMERICANA DE LOS SETENTA Y, POR CASA CÓMO ANDAMOS?



Me juré no escribir sobre el pasado argentino, primero porque es pasado y segundo, porque es doloroso, pero sin sentido, ya que aquí no hubo Guerras Mundiales ni de otro tipo, que justificaran tal grado de agravio, odio o sufrimiento crónicos. Pero como en el día de ayer, leí y escuché infinidad de reclamos y críticas al contenido de la autocrítica (apropiada y medida) que hizo Obama respecto a la intervención norteamericana en América Latina, en los años setenta, en plena Guerra Fría, tal hipocresía argentina me provocó de tal modo que he aquí mi reflexión. 

Precisamente, el 24 de marzo de 1976 y todo el pasado de golpes de Estado y quiebres institucionales que tuvo Argentina desde 1930, se puede explicar por ese mismo grado de hipocresía y del que todavía se hace gala, buscando chivos expiatorios, terceros culpables como las potencias o relatos tremendamente sesgados, donde hay "buenos"y"malos". En efecto, hasta el momento, si bien Argentina avanzó en la búsqueda de responsabilidades militares a lo largo de estos 33 años de democracia, desde los juicios a las Juntas del llamado "Proceso de Reorganización Nacional" en la era Alfonsín hasta la el año pasado, aun con vaivenes (leyes de Obediencia Debida, Punto Final, indultos, juicios a ex oficiales, etc.), superando "la memoria, verdad y justicia" de las transiciones de no pocos países en el mundo al respecto (la España postfranquista, la Brasil y la Uruguay post 1980, la Chile postpinochetista, entre otros), no puede afirmarse que LA TOTALIDAD DE LA CLASE POLITICA DIRIGENCIAL argentina, incluyendo la sindical y empresaria, haya hecho su "mea culpa" acerca de ese pasado ominoso.


Como tengo hijos y alumnos de la misma edad y he comprobado in situ, el grado de ignorancia y distorsión de la realidad histórica que poseen y han padecido durante estas décadas, paso a detallar mis reflexiones:

En primer lugar, el golpe del `76, amén de que contó con el consabido "consenso" social, dado el caos y desgobierno heredados de la Presidencia de la tristemente célebre "Isabelita" Perón -desde hace décadas, "becada" por todo el pueblo argentino en Madrid-, fue el corolario de una larga cadena de defecciones civiles que se remontan al corporativismo nacionalista y militarista de los años treinta. El largo ciclo golpista argentino, no es responsabilidad exclusivamente de los militares, en todo caso, sí víctimas de su desprofesionalización y manipulación por parte de los políticos desde la injerencia yrigoyenista en ascensos y retiros en los años veinte, sino de la propia dirigencia política cuyos rasgos de facciosidad, particularmente con el ascenso político de Perón -ex militar- y mezquindad, condujeron al país a un triste ocaso institucional y por ende, económico y social. No puede haber "malos" y "buenos" en esa historia, porque sencillamente, los golpes fueron las "salidas" que buscó una dirigencia acorralada por su propia torpeza, logrando en los militares, los intérpretes o ejecutores igualmente torpes y corruptos. Tampoco siquiera se salvan de la culpa colectiva, otros actores como la Iglesia Católica, el sindicalismo o los empresarios. Todos, en mayor o menor medida, son corresponsables de la debacle institucional y moral de la Argentina, a lo largo de todo un período histórico, donde paradójicamente, el país no sufrió guerras mundiales en su territorio, podría haberse beneficiado como pensaba Perón, de los conflictos externos y ajenos y, por el contrario, se enfrascó en disensos suicidas. El colmo llegaría con el final del gobierno militar que emergió en 1976, cuando el "majestuoso" -según la Revista Time de la época- General Galtieri, nos conduciría a una guerra absurda en abril de 1982 contra la mismísima OTAN. 

En segundo lugar, y como casi todos antes, ese último golpe era absolutamente evitable. Perón había regresado al país, comprendía la necesidad de pacificarlo y todos sus rivales, incluyendo el líder de la UCR Ricardo Balbín, estuvo dispuesto a apoyarlo. Pero esta vez, era el peronismo el que ya estaba tremendamente dividido en dos facciones irreconciliables, la "derecha" y la "izquierda" y ambas nos llevarían a un fenomenal baño de sangre de tres años, agudizado por la muerte de Perón y la inclinación de Isabelita hacia el ala "loperreguista" y de la "Triple A", organización parapolicial de extrema derecha. Cuando Balbín pacta la salida militar con Videla, la suerte de la viuda de Perón estaba echada pero con una mayor paciencia colectiva y la convocatoria a elecciones en meses cercanos, ese "exit" hubiera sido institucional. Primó el egoísmo dirigencial, el peronismo no puede omitir su papel en la crisis y mucho menos la oposición, que luego mayoritariamente, cubriría cargos locales y algunos nacionales en el futuro elenco golpista.

Tercero, no debe sobredimensionarse el papel de Estados Unidos. En plena Guerra Fría, el enfrentamiento con la URSS y su satélite, Cuba, era real y obviamente, la intervención cubana en Argentina databa de los años sesenta, lo cual justificaba el papel americano, aunque paradójicamente, el golpe de 1976 no tuvo la misma trascendencia o el mismo significado político y estratégico para Washington que su similar tres años antes, en Chile. En el país trasandino, hubo una experiencia socialista (en tensión permanente con el orden democrático) con Allende en el poder y un gobierno americano contemporáneo como el de Nixon-Kissinger,  que a su vez, afrontaba en casa, dos procesos políticos durísimos como la salida de Vietnam y el escándalo Watergate. Todo ello, de algún modo, justificaba que Estados Unidos hubiera actuado como actuó en el caso chileno y éste se erigiese en una especie de triste "leading case". Pero tres años más tarde, con Gerald Ford a la cabeza de un gobierno de transición, considerando que en Argentina jamás hubo una experiencia socialista y tampoco en ese momento, ya eran los Montoneros o el ERP, fuerzas irregulares capaces de obtener el poder -recuérdese el exitoso Operativo Independencia en Tucumán de 1975, urgido por el propio gobierno de Isabel-Luder- y habiendo además, alternativa institucional al golpe, Washington no creyó oportuno intervenir ni tampoco inclinar la balanza hacia el elenco golpista. Este ni siquiera le hubiera garantizado la defensa de los intereses estratégicos americanos en la zona, como quedó demostrado luego en la Navidad de 1978, en ocasión de la absurda y peligrosa guerra que a los argentinos se les ocurrió declarar a los chilenos y mucho más aún, cuatro años más tarde, con la conflagración de Malvinas, generando dos tensiones innecesarias en el Atlántico Sur, lo que incomodaba sobremanera a los americanos. La presencia del Almirante Massera, un nacionalista admirador de Perón y la autonomía estructural de los militares argentinos, ya habituados a alejarse de Washington desde los bloqueos de armas en los años cincuenta, por el castigo impuesto a Argentina por su tardía declaración de guerra a la Alemania de Hitler, no garantizaban a Washington, aliados como sí podían ser los militares chilenos. La llegada al poder de la Administración Carter a fines de 1976, con su elenco de demócratas furibundos defensores de la causa de los derechos humanos, terminaría por castigar y aislar a la Junta Militar, que sin embargo, se las arreglaría para frenar la embestida política de Patricia Derian & cía, apelando una vez más a la manipulación mediática de las clases medias argentinas, anestesiadas y negatorias de la feroz y anárquica campaña exterminadora emprendida por las cúpulas militares, policiales y parapoliciales, contra los dirigentes y militantes de izquierda, traicionados por el propio Partido Comunista. En efecto, los Echegaray, los Heller y demás líderes pactaron con la Junta por diversas razones y luego la URSS también lo haría en razón del apoyo cerealero y deportivo de Buenos Aires en 1980. Lo descrito cambiaría con Ronald Reagan en 1981, cuando muy brevemente, se inauguró un período de manipulación mutua entre Washington y los militares argentinos, supuestamente fervorosos anticomunistas, pero pronto se interrumpiría a propósito del caso Malvinas.



Por último, cabe indagarnos sobre la vigencia de una deuda pendiente, derivada de 1976, paradójicamente no mencionada entre las numerosas "deudas" internas que mantiene la Argentina, en el discurso inaugural del período legislativo, el pasado 1 de marzo, por parte del Ingeniero Macri, precisamente, víctima de lo que mencionaré a continuación, Esa deuda pendiente es la reforma de las fuerzas de seguridad e inteligencia en el país. Si se pretende combatir a flagelos transnacionales como el narcotráfico o el terrorismo, estas fuerzas policiales no sirven a tales propósitos. Manchadas por la corrupción, poco o nada profesionalizadas, sin objetivos claros y con demasiada autonomía del poder político -cabe subrayar que muy pocos políticos saben o conocen de tal temática policial-, el deterioro de estas fuerzas comienza en los años setenta, con la Triple A y luego, el Proceso, cuando la Policía Federal y ex jefes de la misma, se dedicaban a todo tipo de tropelías, desde robos y secuestros hasta negociados de lo robado, incluyendo hijos de personas "desaparecidas". La generación de esta densa red de violencia oscura, no institucionalizada pero bajo el amparo del poder político, que nunca supo o pudo ni quiso controlarla, sobrevivió a la democracia e incluso tuvo sus primeras exhibiciones públicas, con el secuestro del propio entonces empresario Mauricio Macri en 1991 a manos de la banda parapolicial de Aníbal Gordon. Si la seguridad e inteligencia de este país, sigue en manos de este tipo de mafias, la democracia argentina seguirá cojeando, porque las vidas y libertades de todos nosotros, incluyendo a quienes ocupan transitoriamente el poder, seguirá estando en peligro, como ocurrió el año pasado con el Fiscal Nisman.  

Por consiguiente, cuando los argentinos le reclaman a Estados Unidos por su autocrítica en el apoyo a algunos golpes militares en el Cono Sur, bien cabría preguntarse cuando la harán nuestras dirigencias, o sea, todos aquellos que actuaron de manera protagónica en aquellos tristes y violentos años sesenta y setenta y, continuaron tolerando o siendo cómplices de situaciones o actores nefastos en años posteriores. Porque en realidad, corresponde ser siempre concientes que la democracia llegó en 1983, producto del fiasco militar en Malvinas. De no haber intervenido la Premier Thatcher y haber provocado así la derrota de Galtieri en la guerra, bien cabe interrogarse si la adolescencia colectiva argentina, siempre a la espera de exculpaciones e irresponsabilidades, no se hubiera prolongado más allá de aquel año, generando un derrotero hasta el día de hoy, imprevisible.

Por esto y otras razones, ajenas al propósito de este desordenado artículo, agradezcamos y valoremos la visita del Presidente Obama, como la de cualquier otro Jefe de Estado, ya sin especulaciones ni expectativas desmedidas como en el pasado, pero sobre todo, reflexionemos concienzudamente sobre el 24 de marzo y nuestra propia responsabilidad colectiva como nación. Sólo así podremos madurar y aprender las lecciones de la historia, ser creíbles para el resto de los países y restaurar la confianza genuina de ellos en nosotros, sin esperar nada a cambio. Sobre tales cimientos, puede pensarse en una recuperación colectiva más profunda. 
Años 1978 y 1979:

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