Tuesday, October 7, 2014

PNL APLICADA A PUTIN (EN EL DIA DE SU CUMPLEAÑOS)

Las claves del lenguaje corporal de Putin

14 de enero de 2014 Anastasia Birka, The Moscow Times
Si hay un extranjero que merezca reconocimiento por el ascenso al poder del presidente Vladímir Putin, ese es quizá Allan Pease, un experto australiano en lenguaje corporal que califica a Putin de “estudiante muy capaz e inteligente”.

Las claves del lenguaje corporal de Putin

Pease, un autor de best sellers conocido internacionalmente como 'señor Lenguaje Corporal', conoció al futuro presidente en 1991, cuando fue invitado al Kremlin para participar en un seminario para políticos en carrera, entre los que se contaba Putin, un exoficial de la KGB de 39 años, responsable de relaciones e inversión internacionales en el Ayuntamiento de San Petersburgo. En el seminario también estaba el jefe de Putin, el alcalde de San Petersburgo Anatoli Sobchak.
“En aquel entonces, nuestra escolta estaba formada por siete personas, y todo el mundo parecía rudo y severo y llevaba pistola. Estaba tan asustado como entusiasmado”, recuerda Pease, de 61 años, la misma edad de Putin.
“Les enseñé cómo parecer más amigable en televisión y cómo evitar los gestos agresivos. Por cierto, Putin, que era el asistente del alcalde de San Petersburgo en aquel momento, era un estudiante muy inteligente y muy capaz”.
Diseccionar a Putin para saber qué está pensando ha sido el gran desafío para los que investigan sobre el Kremlin, para los Gobiernos extranjeros y la gente normal durante los 13 años que lleva en el poder. Conocido por su enorme deseo de privacidad, Putin ha sido a la vez admirado y ridiculizado por su mueca impasible, lo poco que mueve las manos y su mirada firme y sostenida.
Pero Pease, que recuerda su encuentro con Putin mientras imparte un seminario en Vorónezh este mes, alaba los gestos y expresiones faciales del líder del Kremlin, subrayando que durante los encuentros cara a cara entre el 60 y el 80 % del mensaje se transmite mediante el lenguaje corporal.
“Me fijé en él la primera vez que me reuní con Sobchak”, cuenta Pease. “Cuando entró en la sala, todo el mundo se calló. Todos sabían que trabajaba para la KGB, y yo lo entendí también. Los espías tienen una preparación y un talento especiales”.
Lo primero que Pease enseñó a Putin fue a abandonar los gestos agresivos que usaban los políticos de la era soviética. Estos gestos, como agitar los brazos o levantar los puños, se pueden recordar por el arrebato de Nikita Jruschov en la Asamblea General de la ONU en 1960, cuando protestó por un discurso golpeando la mesa con un zapato.
En lugar de recurrir a esos ademanes, Pease indica que “hay que mostrar las palmas abiertas o juntas, en un gesto llamado 'el campanario'. Ambos dan confianza”.
En la actualidad, Putin usa a menudo ambos gestos en sus discursos públicos y reuniones en el Kremlin. Pease afirma que vio cómo Putin usaba 'el campanario', lo que tuvo un gran efecto en una reunión con el presidente de los EE UU George Bush en el año 2000. “Bush, en comparación con Putin, no tenía posibilidades, por así decirlo, y Putin se comportó con discreción y confianza en sí mismo, levantando sus palmas unidas. Puede que estuviese pensando en pescar en ese preciso instante”.
Pease dice que Putin tiene otra regla de oro que emplea con éxito en las conversaciones uno a uno con otros líderes: inclina levemente la cabeza hacia un lado y realiza movimientos afirmativos hacia la persona que le habla.
“Las investigaciones demuestran que tres movimientos afirmativos seguidos con la cabeza obligan a la persona a la que escuchas a seguir hablando” explica Pease. “Por tanto, perciben que estás interesado en la conversación”.
Pease sabe de lo que habla. Es hijo de un comercial de seguros y comenzó a observar las estrategias comerciales de su padre antes de unirse a su empresa, a los 21 años, para convertirse en la persona más joven en vender más de un millón de dólares en pólizas en su primer año, según su biografía oficial.
En los años 60, Pease escribió manuales sobre cómo entender el comportamiento humano y convirtió este material en un best seller llamadoLenguaje corporal en 1981, al que siguieron otros nueve. Entre los clientes de Pease se cuentan IBM, McDonald's, la BBC, Mazda y Suzuki.
Ese mes ha tenido lugar la primera vuelta de Pease a Rusia desde 1991 para un ciclo de conferencias por Moscú, San Petersburgo, Surgut, Piatigorsk y Vorónezh. El tour terminó con charlas en Minsk y Almati (Kazajistán) el pasado fin de semana.
“Hoy en día Rusia es un lugar mucho más seguro y los rusos son realmente entusiastas y divertidos”, afirma.
A pesar de sus comentarios positivos, Pease cuenta que Putin trajo al seminario de 1991 un rasgo que nunca ha cambiado: su 'cara soviética'.

“En realidad, con ese gesto se enmascaran los sentimientos. Es comprensible, porque en épocas pasadas podía ser peligroso mostrar tus emociones en medio de la calle”.“Hay un gesto específico que usan los rusos, principalmente los hombres, pero ninguna otra nacionalidad. Es una cara soviética, la especialidad de Putin. La gente mayor lo usa más a menudo. En lugar de sonreír como los europeos, aprieta los labios y frunce el ceño para decir 'Hola, soy tu amigo'”, explica Pease.
Es curioso que en algún momento la gente de naciones tan diversas adoptase esta impasible expresión para sobrevivir, mientras también usaban otros tipos de lenguaje corporal peculiares de sus culturas, según Pease.
Pero se ha producido un cambio drástico en todo el mundo en los últimos 40 años. Los gestos ahora son iguales en todos los países: palmas abiertas, sonrisa y movimientos de cejas.
¿Por qué? Pease respondió: “Porque los adultos ven películas de Hollywood y los niños prefieren dibujos animados de los EE UU y es de ahí de donde copian su lenguaje corporal”.
Artículo publicado originalmente en inglés en The Moscow Times. 

TERRORISM IN CHECHENYA


Caucasus Report

Who Was Behind The Grozny Suicide Bombing?

A young man blew himself up late on October 5 in the center of Grozny, killing himself and four police officers and injuring a further 12 people. He has been identified as Opti Mudarov, 19, who reportedly disappeared without a trace two months ago from his home in Grozny’s Staropromyslovsky district.

According to Chechen Republic head Ramzan Kadyrov, the suicide bomber, holding a pistol, approached a police post near the entrance to a theater where a concert was scheduled to begin as part of the celebrations for Grozny Day (marked on October 5, coinciding with Kadyrov’s birthday). When the police officers asked for his identity documents, he blew himself up.
Predictably, Kadyrov blamed the incident on the North Caucasus insurgency, which is plausible given that the bomber deliberately sought to kill the maximum number of police officers. It was Aslan Byutukayev (Amir Khamzat), head of the Chechen insurgency wing, who served as mentor to Magomed Yevloyev, the young Ingush man who blew himself up at Moscow’s Domodedovo airport in January 2011, killing at least 37 people.
On the other hand, Aliaskhab Kebekov (aka Amir Ali Abu-Mohammad), the Avar theologian who succeeded Doku Umarov as head of the Caucasus Emirate, has recently come out against suicide bombings as a tactic. And Byutukayev has pledged allegiance (together with seven fellow Chechen commanders) to Kebekov and is thus constrained to comply with his orders.
Assuming that Byutukayev did not deliberately defy Kebekov’s stated disapproval of suicide bombings, two possible explanations suggest themselves.
First, that Mudarov was acting of his own volition. In which case, the questions arise: Where did he get access to explosives? And what was his motivation? Was he one of the dozens of young believers rounded up and roughed up by Kadyrov’s security police since the start of the year on suspicion of preferring Salafism to Kadyrov’s reinvention of Chechen Sufism?
And second, that he was the unwitting victim of a false-flag recruitment by someone out to spoil Kadyrov’s birthday.
The insurgency website Kavkazcenter.com reported the suicide bombingjust hours after it occurred, citing eyewitness reports suggesting that the death toll may be higher than officially stated but has not yet posted any claim of responsibility.
-- Liz Fuller

LAS NOVEDADES DEL NUEVO CONGRESO Y LAS GOBERNACIONES EN BRASIL

Romario, el senador más pop

Las elecciones tuvieron sorpresas, como la victoria del exjugador y la derrota de Suplicy

 São Paulo DIARIO EL PAIS,7 OCT 2014 - 00:10 CEST

Este año, la pugna por los 27 escaños vacantes de los 81 que tiene el Senado brasileño no se convirtió en la protagonista de las elecciones, pero causó algunas peleas exacerbadas y resultados sorprendentes.
En São Paulo, el senador más longevo desde 1991 no tendrá silla en el Congreso: Eduardo Suplicy —Partido de los Trabajadores (PT)—, de 73 años, perdió el cargo a favor de José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien se hizo con el 58,49% de los votos válidos.
En Río de Janeiro, el exfutbolista y diputado federal Romario —Partido Socialista Brasileño (PSB)— fue la figura más pop de los comicios: fue elegido por más de 4,6 millones electores, lo que equivale al 63,43% de los votos.
Proporcionalmente, quien acaparó el mayor número de votos en estas elecciones fue el senador Álvaro Dias (PSDB), elegido por el Estado de Paraná para su cuarto mandato en la casa, con el 77% de las papeletas válidas (4,1 millones de electores). Desde el principio, las encuestas le daban como favorito. Si llegara a cumplir su mandato, se convertiría en el senador más longevo en la historia del Estado, con 32 años de cargo.La mayor sorpresa se experimentó en Pernambuco, donde Fernando Bezerra Coelho (PSB), exministro de Dilma Rousseff, conectado a Eduardo Campos y dado por perdedor, terminó ganando al exalcalde de Recife, João Paulo (PT), quien quedó en segundo lugar. Bezerra recibió más de 2, 6 millones de votos (64,34%).
Tasso Jereissati (PSDB) fue el gran regreso de los comicios. El senador, conocido enemigo de Lula y del PT, y alejado del Congreso desde 2011, fue elegido para el Estado de Ceará con el 57,91% de los votos (2,3 millones).
El Estado de Paraíba eligió al senador más anciano: José Maranhão —Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)—, de 81 años, ha vuelto tras un lustro fuera del Congreso. Señalado desde el principio como uno de los favoritos, ganó con poco más de 647.000 votos (37,12%).En Alagoas, sorprendió que el expresidente Fernando Collor de Mello, alejado del cargo en 1992 por una moción de censura, fuera reelegido. En estas votaciones alcanzó casi los 690.000 votos (el 55,69% del electorado).
Cabe recordar que el PMDB fue el partido que conquistó la mayoría de escaños vacantes en la Cámara alta. El mandato de los senadores, que tiene el objetivo de representar los intereses de sus respectivos Estados, tendrá una duración de ocho años. La lista de todos los vencedores está disponible en la web del Tribunal Regional Electoral(TRE).

Monday, October 6, 2014

OBAMA`S POLICY AGAINST ISIS, UNDER FIRE

Lo pensamos. Está fracasando rotundamente la política de bombardeos de la coalición occidental a ISIS. Las decapitaciones continúan y los terroristas suman nuevas ciudades sirias. Es hora de rever dichas acciones antes de que sea tarde, Mr. Obama.

http://www.aljazeera.com/programmes/insidestory/2014/10/targeting-isil-are-air-strikes-working-2014106155412704152.html

NUEVO Y ESCLARECEDOR ARTICULO DE FYODOR LUKYANOV SOBRE LA POLITICA EXTERIOR PUTINISTA POSTSANCIONES

Russia Has No Way Back From Sanctions War

Russian diplomacy has always frowned on sanctions as tool for international policy. This is not only because the West has applied sanctions to countries with longstanding relations with Moscow such as Yugoslavia, Iraq, Libya, Iran — and now, Russia itself.
The logic of a "sanctions war" is very simple. First, if the country in question is not willing to surrender — and even the very smallest countries rarely are — the besieged government feels compelled to respond in kind, sparking a tit-for-tat exchange. Second, each successive move must cause more hardship and pain than the previous one. And once the storehouse of retaliatory measures is exhausted, all that remains is to engage in direct conflict.
In fact, the only example of an effective use of sanctions concerns South Africa during the apartheid era. But that is a very unique case because the regime built its authority on the principle of racial segregation and wound up without supporters anywhere in the world.
Some observers also point to the example of Iran, but it remains unclear how that saga will finally end. Although the unusually strict sanctions forced Tehran to muster its best diplomatic skills and open talks on its nuclear program, the final result remains to be seen. Only one thing is certain: In both cases, sanctions were lifted only after the ruling regimes changed. The West might not have declared that as their goal, but it was the main result they achieved.
The current sanctions against Russia are unprecedented in their scale and reach. Though in one sense, Prime Minister Dmitry Medvedev was correct when he said at the Sochi Economic Forum that this country lived under various sanctions throughout most of the 20th century and that this situation was nothing new.
But that comparison does not hold water because the Soviet Union deliberately isolated itself from the outside world, planning to eventually spread its own ideology around the globe and thus incorporate the "capitalist West" into the communist system. As history has shown, that proved impossible.
Current events could be compared to another of Russia's breaking points, 1917 — the point at which the Russian Empire was gone forever and its successor state became an international pariah. Hit by sanctions that fundamentally changed its status in the international system, Soviet Russia was placing its bets on autarchy, or creating a closed and self-sufficient economy.
I am in no way suggesting that post-Crimea Russia is analogous to the country that emerged from the flames of the 1917 revolution. I am saying that once the ruling authorities in a country have been deemed unfit by foreign partners, they can never fully repair relations with them.
One possible exception to that rule is Belarussian President Alexander Lukashenko, with his constantly alternating overtures to both Moscow and Europe. However, his ability to settle on a dancing partner is more a function of President Vladimir Putin's foreign policy than his own. In the end, nobody doubts that the U.S. and the EU would prefer a radical regime change in Belarus.
Following the end of the Cold War, Russia's dialogue with the West as a whole, but especially with Europe, was based on the assumption that Russia would eventually become part of an extended "Western society," although both sides had different ideas of how that would happen and Moscow's ultimate role in it. However, they retained the idea of a "strategic partnership," a relationship that required if not sincere mutual trust, then at least mutual silence to mask lingering suspicions. The application of sanctions has ended all that.
The current situation is complicated by the fact that these sanctions target specific individuals. By contrast, none of the Cold War-era efforts to contain the Soviet Union were designed to change its political system. They were aimed at limiting Moscow's foreign policy ambitions and weakening its overall capacity to mount a serious confrontation.
Today, a single man personifies the entire Russian political system. Western attempts to apply pressure against him have produced very predictable retaliatory measures at both the personal and government levels. And unlike the former presidents of Iraq and Serbia, President Putin has very imposing political and economic tools at his disposal to enact his own retaliatory deterrence measures. In effect, Western sanctions are attempting to oust the very person who alone determines Russia's political course.
For Putin, the question is not simply one of winning or losing a tactical position in a game. At stake is his own political survival and, by extension, Russia's future political landscape. With the stakes that high, why would anyone expect him to make serious concessions, especially knowing that he can never restore relations with the West?
The era in which Russia delineates its post-Soviet identity while developing a qualitatively different relationship with its former opponents has ended. A Soviet renaissance is impossible. But because Russia has fully rejected the pro-Western and pro-democratic model that emerged soon after the collapse of the Soviet Union, Moscow can no longer be said to oppose the old Soviet model of self-positioning.
Ironically, it was the Soviet collapse that enabled today's Russian leaders to attain their current levels of wealth and power. Had the Soviet Union survived, none of them would have enjoyed anything close to their current status.
It happens that 23 years have passed since the revolution of 1991. The same number of years separated the October Revolution that swept away the Russian Empire from the date when the Soviet leader — himself a product of that revolution — abandoned a revolutionary ideological course in favor of geopolitical expansion and the restoration of Russia's traditional imperial position. It seems that a new cycle of Russian history is beginning.
Fyodor Lukyanov is editor of Russia in Global Affairs.