Saturday, October 18, 2014

MI ARTICULO DE MARZO DE 2013, SOBRE EL NUEVO PAPA FRANCISCO

Viernes, 15 de marzo de 2013  01:00 | Opinión, DIARIO LA CAPITAL DE ROSARIO

Nueva fuerza moral y revitalizadora

Recuerdo las imágenes de "La Misión", aquella película del francés Joffe, cuyo protagonistas eran De Niro e Irons, filmada en los ochenta, en nuestras Cataratas del Iguazú y con música del....
Por Marcelo Montes (Investigador de la Fundación Libertad)

Recuerdo las imágenes de "La Misión", aquella película del francés Joffe, cuyo protagonistas eran De Niro e Irons, filmada en los ochenta, en nuestras Cataratas del Iguazú y con música del genial Ennio Morricone. Asomaba allí el espíritu jesuita de aquellos curas, austeros, estoicos pero al mismo tiempo silenciosamente rebeldes y convencidos de que el progreso social era deseable y compatible con las enseñanzas del catolicismo. Tal vez, el exagerado principismo e igualitarismo que perseguían no me parecían atinados para dicha circunstancia, pero hoy resulta claro que a veces los contenidos deben dar lugar a las formas o las señales que la Divina Providencia nos coloca en nuestro camino.
Hoy, un cura sencillo pero de fuertes convicciones, que viajaba hasta hace una semana atrás en subte y colectivo, en nuestra Buenos Aires, que además pasó parte de su vida en Mendoza, Córdoba pero también Alemania, tras haber salido segundo en el cónclave papal de 2005, esta vez, acaba de ser ungido como el nuevo Papa, el número 266 en la historia de la milenaria Iglesia de Pedro el pescador, el primero de nuestro país y también de nuestro continente, que alberga a la mayoría de la feligresía católica mundial.
Esta abreviada biografía tal vez testimonia el tipo de perfil del nuevo liderazgo de la antigua institución. Tras una renuncia sorpresiva de su antecesor europeo, en medio de escándalos y desafíos morales en un siglo de enorme expansión tecnológica, la llegada de un Papa argentino "centrista", equidistante del capitalismo pero también de las posiciones excesivamente progresistas, incluyendo las políticas públicas garantistas de éstos, puede significar aire renovador, a pesar de su edad, para enfrentar con sabiduría, las nuevas circunstancias.
Por último, una mención para Argentina. Conocida su relación crítica con el kirchnerismo, el ex Cardenal Bergoglio (hoy Francisco), puede inyectarle a la Iglesia Católica argentina una dosis de vigor moral que necesita la sociedad argentina, para enfrentar su destino futuro. También su liderazgo personal, imbuido del mismo espíritu y socialización de aquellos curas de "La Misión" y la Compañía de Jesús, puede servir de ejemplaridad integral, en aras de relanzar una sociedad civil, todavía anestesiada y carente de autoestima. Como sucedió en 1978, con el polaco Karol Wojtyla (Juan Pablo II), y Europa del Este más la ex URSS, a veces, la fuerza moral levanta países y sociedades aletargadas desde afuera de ellas. Los próximos meses serán decisivos a la hora de observar la evolución de estas circunstancias, en aras de ejercer mejor los valores cristianos de la libertad y la vida en dignidad.

"BRAINSTORMING" DE TEDX EN ROSARIO

EN DIRECTO

MIS OPINIONES EN MARZO DE 2014, SOBRE UCRANIA Y CRIMEA

2014-03-28 09:53 POLÍTICA, ABC MUNDIAL 

ONU: Argentina se abstuvo en condena a Rusia por anexión de Crimea

La Cancillería informó que en la votación realizada hoy en las Naciones Unidas, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, miembros fundadores del Mercosur, votaron en abstención la resolución referida a la situación en Ucrania
  • Argentina se abstuvo en la votación en la ONU sobre Ucrania
  •  
El voto de la Asamblea General de la ONU este jueves condenando la anexión rusa de Crimeamostró las diferentes posiciones que la crisis en Ucrania provoca en América Latina, dividida entre intereses nacionales y alianzas internacionales.Durante su intervención, la representante argentina ante las Naciones Unidas, María Perceval, expresó que “se nos propone un texto con un pronunciamiento basado en una interpretación por parte de la comunidad internacional del derecho interno de Ucrania que no es coherente con el principio de no intervención en los asuntos internos de ese país”.

La funcionaria instó a “respetar la primacía del principio de integridad territorial, la soberanía y la independencia política de todos los Estados”, y añadió que Argentina “deplora el doble standard de varios miembros de esta comunidad que adaptan sus acciones y discursos a las necesidades geopolíticas con las cuales pretenden avanzar en confrontaciones particulares”.

“Pretendemos que nuestras decisiones no vuelvan a caer en la lógica de un mundo dividido por barreras ideológicas”, dijo y remarcó que “la resolución que ha sido presentada camina en la dirección de limitar el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos”.
La resolución presentada por Ucrania y apadrinada por las potencias occidentales y Costa Rica, y que no tiene carácter vinculante, fue aprobada por 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. 
Chile, Colombia, Perú, México, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana apoyaron el texto en defensa del principio de integridad  territorial y denunciando la ilegalidad del referéndum del 16 de marzo en Crimea, en el que la gran mayoría de la población de la península votó su  incorporación a Rusia, aceptada por el Kremlin. 
Votaron en contra de la resolución cuatro países del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América): Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba. 
Entre los que se abstuvieron se encuentran Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Paraguay y El Salvador. 
Mgter. Marcelo Montes
Profesor y analista de Política Internacional
Colaborador de INNOVAES, expresó al respecto: "Considero que la Argentina salió a apoyar apresuradamente la posición rusa respecto a Crimea. Comparando los referéndums de dicha Península con el del año pasado en Malvinas, aquí la población isleña, ratificó su deseo de seguir perteneciendo a Gran Bretaña, como suele plantearse desde su ocupación militar en 1833. En cambio, en Crimea, la población decidió plantear la independencia de Ucrania y luego, volver a la soberanía rusa. Respecto a por qué en un caso (Malvinas), las potencias occidentales no objetaron el referéndum y en Crimea, sí, suena elemental: suele ocurrir así, cuando se trata de un miembro de la comunidad occidental, no se lo cuestiona y sí se lo hace, cuando nos referimos a un actor estatal no occidental, en este caso, Rusia. Pero estos dobles o múltiples estándares, suelen ser típicos de las conductas de los Estados en el orden internacional. La propia Argentina ha tenido dobles estándares a lo largo de su política exterior histórica. Ahora mismo, criticando a las potencias occidentales, por su acción respecto a Crimea, Argentina no tiene en cuenta que nuestro país, forma parte del G20 y mantiene una deuda con el Club de París, grupo al que que acaba de pedirle una refinanciación mayor en el último viaje de la Presidente Cristina Fernández a Francia"
(HTTP://ABCMUNDIAL.COM/NOTICIAS/MUNDO/POLITICA/2218-ONU-ARGENTINA-SE-ABSTUVO-EN-CONDENA-RUSIA-ANEXION-CRIMEA/)


Herencias de la Guerra Fría


por Marcelo Montes
Hace más de dos décadas, Ucrania fue uno de los tres estados firmantes del acta de defunción de la Unión Soviética, demostrando así, por un lado, su lealtad histórica al viejo imperio comunista pero también su firme decisión de enterrarlo. Tras un período de cierto “impasse” en su relación especial con Rusia, en cierto modo, la continuadora jurídica de la antigua unión, esa aparente dualidad volvió a hacerse elocuente en el año 2004. En dicha ocasión, protestas civiles y presiones internacionales, bajo el “paraguas” de “Revolución Naranja” urgieron por nuevas elecciones al presidente Yanukovich (aliado del Kremlin ruso) y meses más tarde, ya en 2005, catapultaron a la duplaYushenko-Timoshenko al poder, bajo un régimen político semipresidencialista. Facciosidad, corrupción, populismo, sobreactuación de Timoshenko y otros factores, favorecieron el fin de dicha coalición liberal-demócrata y con ella, el fin de las ilusiones “prooccidentalistas”.
Marcelo Montes
Marcelo Montes é licenciado em Ciência Política pela Universidad Nacional de Rosario (UNR), Argentina, magister em Relações Internacionais pela Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e doutorando em Relações Internacionais. É pesquisador da “Fundación Libertad”.
Hace más de dos décadas, Ucrania fue uno de los tres estados firmantes del acta de defunción de la Unión Soviética, demostrando así, por un lado, su lealtad histórica al viejo imperio comunista pero también su firme decisión de enterrarlo. Tras un período de cierto “impasse” en su relación especial con Rusia, en cierto modo, la continuadora jurídica de la antigua unión, esa aparente dualidad volvió a hacerse elocuente en el año 2004. En dicha ocasión, protestas civiles y presiones internacionales, bajo el “paraguas” de “Revolución Naranja” urgieron por nuevas elecciones al presidente Yanukovich (aliado del Kremlin ruso) y meses más tarde, ya en 2005, catapultaron a la duplaYushenko-Timoshenko al poder, bajo un régimen político semipresidencialista. Facciosidad, corrupción, populismo, sobreactuación de Timoshenko y otros factores, favorecieron el fin de dicha coalición liberal-demócrata y con ella, el fin de las ilusiones “prooccidentalistas”.
En el 2010, insólitamente, con el apoyo de su viejo archirrival Yushenko, volvió al poder Yanukovich, quien reformó la Constitución para convertir a Ucrania en presidencialista, y tras su categórico triunfo electoral, bajo la nueva institucionalidad dos años más tarde, envió a prisión a la líder opositora Yulia Timoshenko, bajo cargos de corrupción. Así, Yanukovich demostraba ser nada original: al igual que la gran mayoría de los países detrás de la ex “Cortina de Hierro”, lideraba un régimen político con fachada democrática, pero nada liberal, con cooptación de los medios de comunicación, clientelismo empresario (los oligarcas de Donetsk y Dnieperpetrovsk), más corrupción y desigualdad social. Sin embargo, cuando en noviembre del año pasado, Yanukovich, en la soledad del poder y con un contexto económico bastante adverso, decidió no adherir a la posibilidad de ingreso a la UE en Vilna (capital de Lituania), estallaron manifestaciones civiles, aunque inicialmente, de menor tenor a las de 2004. La posterior represión y la palpable demostración de un gobierno debilitado, estimularon las protestas sin liderazgo claro pero cuando el Presidente acordó primero con Rusia, la aceptación de un préstamo multimillonario y gas a precio subsidiado, y trascartón, sancionó leyes que prácticamente prohibían las protestas. Todo el clima confrontativo empeoró. El ex campeón mundial de boxeo Vitali Klitschko, incorporado hace un par de años a la actividad política, al frente del partido UDAR y otros sectores de cuño ideológico liberal o nacionalista, extremistas, como “Patria” y “Swoboda” (Libertad), se vieron motivados a actuar, incluso en términos cuasi paramilitaristas, esta vez, bajo la expresión “Euromaidan”.
La naturaleza de estas protestas que terminaron con el mandato de Yanukovich, fue muy diferente de las de hace una década. Aquellas poseían visos de cierta legalidad, tenían su origen en el reclamo contra elecciones fraudulentas y tenían la clara intención de promover el triunfo de Yushenko a través de su coalición política. El Euromaidan, en cambio, presentó visos de violencia cuasi anárquica, preocupante; nunca estuvo clara la intencionalidad de grupos tan heterogéneos a quienes los unía, desalojar a Yanukovich pero no ungir a nadie en especial y finalmente, tampoco resultó tan evidente que siquiera tuvieran un contenido proeuropeísta u occidentalista, ya que entre los manifestantes, hubo grupos tradicionalistas radicalizados, en cualquier caso, anti Bruselas. No faltaron aquellos que pretendieron encabezar raídes antisemitas o antirrusas.
Claramente, la dinámica política interna es la que decisivamente influye en el comportamiento de los actores. Ucrania no fue noticia alguna en los diarios internacionales entre 1992 y 2004, gracias al liderazgo de Kravchuk y Kuchma, en el marco de un régimen político semipresidencialista pero oligárquico y corrupto, lejos de los modelos transicionales poliárquicos, checo y polaco. La evolución política ucraniana, populista, clánica y con cierto grado de polarización entre una mitad social propeuropea y otra mitad prorrusa, es un simple reflejo de la geografía económica y étnica ucraniana, atravesada por tales clivajes. Incluso, en términos industriales, el sudeste ucraniano, de auge en la era comunista y de decadencia “protegida” en la postcomunista, es un reservorio de statu quo que retroalimenta al sistema político.
No obstante ello, Rusia siempre ejerció gravitación, ya sea, negociando la continuidad de la flota del Mar Negro, el control del armamento nuclear, la moneda común, etcétera. Tanto en el 2004 como en el 2006, Moscú ejerció una insoportable presión sobre el suministro y precio del gas a Kiev. La historia común (el Rus de Kiev y su competencia con Moscú, el papel de Catalina La Grande, las amenazas polacas y alemanas, el pasado estalinista, las decisiones de Khruschev) y cierto paternalismo cultural que ejerce Rusia sobre Ucrania aunque también, una actitud especial y oportunista de ésta en relación a aquélla, hacen que el Kremlin, sobre todo, bajo el liderazgo de Putin, no renuncie a tal influencia. La reciente defensa de los rusos parlantes y étnicos de Crimea, un lugar caro a los sentimientos históricos de Moscú, así lo atestigua. Putin presionará y pondrá máxima tensión en dicho espacio, pero no apoyará secesiones, porque hacerlo, implicaría aceptar el mismo estándar para el caso checheno, lo cual, sería irracional en términos geopolíticos.
En el caso de la Unión Europea y Estados Unidos, sus intereses pueden ser convergentes, en torno a respaldar una Ucrania más autónoma de Moscú, pero al mismo tiempo, las diferencias de énfasis y roles, son notorias. Mientras para la primera, la variable económico-comercial y en segundo lugar, la de los valores democráticos, pueden llegar a ser prioritarias en la relación con Kiev, para Washington, sólo la seguridad, en términos de la OTAN, en un espacio postsoviético de relevancia, merecería algún tipo de involucramiento, aún con cautela. La posición de Ucrania, en una esfera tan cercana a Moscú, lejos de estimular a Washington a decisiones audaces y de incierto costo, en realidad, la neutraliza. También resulta claro, tras una década de la “Revolución Naranja”, que la UE podría haber contribuido eficazmente al fortalecimiento institucional democrático de Ucrania y lamentablemente, no lo hizo. Hoy, pueden comprobarse las consecuencias internas de tal déficit cooperativo.
Pero Ucrania también ha jugado su propia carta y ha intentado manipular tanto a Moscú como a Bruselas.Alternativamente, Yanukovich como Timoshenko negociaron precios, transporte y suministro efectivo del gas a Europa, en condiciones cuanto menos opacas; usaron demagógicamente la adhesión a la OTAN y a la UE -en este caso, mera “vecindad”-, dado su carácter de status simbólico y no de solución real a los problemas domésticos. También ilusionaron a Moscú, con la incorporación a su bloque comercial regional con países euroasiáticos, más Georgia y Bielorrusia: la élite ucraniana, en su intimidad, observa que dichos “socios” han sido sobrevalorados en comparación con los mayores avances que ha logrado Kiev en torno a su modernización para entrar por ejemplo, al “club europeo”. Así, la nada confiable élite ucraniana “juega a dos puntas” pero no se ve compensada suficientemente por ninguno de los dos actores externos nombrados que, por otra parte, también son interdependientes, dados sus negocios energéticos conjuntos, demanda de turismo, etcétera.
Finalmente, habrá que seguir observando a Kiev. Sólo allí, la élite post Yanukovich, aislando a los radicalizados delEuromaidan, tendrá que acordar, bajo la tutela de la UE, Washington y obviamente de Moscú, un camino pacífico a las elecciones de mayo próximo, evitando herir las sensibilidades cuasidisgregacionistas del este, el sur y de la propia Crimea.
Texto publicado originalmente no Infobae no Sábado 15 de março de 2014. Publicado com a autorização do autor.
http://grupoemergentes.wordpress.com/2014/03/19/herencias-de-la-guerra-fria/

NEW LEADERS OF INDIA AND INDONESIA IN CONTRAST

Modi and Jokowi: Why the World Should Take Notice

Comparing the leaders of the world’s largest and third-largest democracies.
For India and Indonesia, the world’s largest and third-largest democracies, 2014 is a watershed. It is the year that powerful political dynasties, a long-term feature of the region’s electoral landscape, were finally supplanted by a new breed of popular leader.
That is why the twin elections — of Narendra Modi in India and of Joko Widodo in Indonesia — are both landmarks.
The two leaders come from outside of what are the traditional bastions of political power in their countries. Modi, whose family ran a tea stall, has risen from the near bottom of India’s caste and class hierarchies to become Prime Minister.
Jokowi, as Widodo is universally known in Indonesia, came from a similarly underprivileged background. The son of a carpenter, he was a furniture seller, before becoming Mayor of Solo, a mid-sized city in central Java.
In elections earlier this year, both Modi and Jokowi took on political opponents who were the very embodiments of the entrenched political establishment. Modi squared off against Rahul Gandhi, scion of the Nehru-Gandhi family that has led India’s Congress party since Indian independence.
Jokowi’s main rival was Prabowo Subianto, a former son-in-law of military dictator Suharto, and the head of the country’s Special Forces in the years before Suharto’s downfall in 1998.
With their strong grass-roots support, clean personal reputations and reformer credentials, Modi and Jokowi have raised hopes for change within their nations.
The story of their rise and the dynamism they represent has also given investor sentiments around the globe a boost.

A captivating storyline, but…

And yet, these superficial similarities obscure the more trenchant differences that separate the two men in terms of temperament, policy inclinations and political circumstances.
As a leader, Modi is dominant and combative, whereas Jokowi is consensual and conciliatory. In his more than 12-year reign (2001-2014) as Chief Minister of the Indian state of Gujarat, Modi acquired a reputation for governing with a firm hand, as he pursued an aggressive, pro-business agenda.
Since taking charge of the country, Modi has ensured a concentration of powers in the Prime Minister’s office (PMO). Ministers have been left with little elbowroom and need to secure PMO approval even before appointing key staff.
Modi’s authority is embodied in his person. He was widely described in the Indian media as running a Presidential-style campaign in this year’s election, although India has a parliamentary system of governance.
Modi’s projection of power is physical. During the election campaign, he crisscrossed the country attending thousands of events. And he even used 3D holograms to project his image in places where he could not be present.
On the campaign trail, he also famously remarked that it took a man with a “56 inch chest,” a reference to his own broad torso, to bring development to the relatively backward parts of India.

Different temperaments

In contrast, Jokowi is physically slight and unassuming in manner. As governor of Jakarta (a post to which was elected in 2012), he avoided the tangible trappings of power like fancy cars and security details.
He often walked around public markets and squares listening to people’s concerns first hand, and he was known for unexpected­ly joining popular city events like rock concerts and marathons.
While Modi’s reputation in Gujarat was built on the back of large infrastructure projects, Jokowi’s reputation derives from his two-term stint as mayor of Solo. During this time, he was able to transform a formerly crime-ridden city into a center for regional arts and culture.
It was in Solo that he demonstrated his mediation skills by developing a consultative approach, as demonstrated for example by relocating street vendors away from a park in the city centre.
The vendors had built up a squalid, semi-permanent market–place that caused major traffic snarls. All attempts at forcibly removing them had failed. Spurning heavy-handed tactics, Jokowi held over 55 informal meetings with the street sellers to find a mutually acceptable solution. This entailed moving them to an alternative location in exchange for financial incentives, as well as the establishment of public transportation links to the new venue.
As Jakarta governor, Jokowi employed a similar approach in encouraging 500-odd smallholders at the city’s crowded Tanah Abang market to move off the streets. Although this second attempt met with less success, it nonetheless underscores Jokowi’s preferred approach to tackling problems: patience and dialogue with an aim to developing consensus.

Different priorities

Modi and Jokowi also have markedly divergent policy priorities. The Indian Prime Minister is an economic reformer with capitalist instincts.
A known admirer of the Chinese model of development (he visited China four times as Gujarat’s Chief Minister), Modi’s achievements in Gujarat included attracting substantial investments into large manufacturing and power projects. He introduced business-friendly policies aimed at cutting red tape and making land acquisition easier than in other parts of the country.
However, critics say that Modi’s conception of “development” came at the cost of the large-scale displacement of the poor. Gujarat’s strides in social infrastructure (such as education and gender-empowerment) have also been criticized as not matching the pace of economic progress.
Since becoming Prime Minister, Modi has surprisingly not focused on economic reforms as much as on foreign policy positioning. He has also announced two well-publicized domestic programs, one related to sanitation and the other to financial inclusion.
The first one, called the swachh bharat scheme, aims at eliminating open defecation by constructing toilets in every household by 2019. The latter’s goal is to open 75 million bank accounts by January 2015 to serve the country’s poor.
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These are both programs aimed at the the underprivileged , rather than the business elite. And yet, in emphasizing personal hygiene and finance rather than any broader public policy strategy, they reveal Modi’s inclination towards viewing the individual, rather than the community, as the locus for “progress.”

Individualism vs. communitarianism

Jokowi, on the other hand, is a communitarian. In Jakarta, as in Solo, he made community welfare a consistent priority. His sympathies lie with small business owners, like the street vendors of Solo.
As governor of Jakarta, his flagship projects included a free healthcare card and education funds for the poor, the shifting of thousands of squatters out of flood catchments into low cost apartments, and the restarting of a much-delayed public transport overhaul.
None of these projects were an unqualified success. And yet, Jokowi was elected President, despite the well-run and cash-rich campaign conducted by his rival, Prabowo Subianto.
Moreover, it was and is Prabowo, not Jokowi, who enjoys the support of the majority of big industrial conglomerates in Indonesia. (Prabowo’s own brother, Hashim Djojohadikusomo, is a business tycoon whose net worth was estimated at $700 million in 2013, by Forbes).
Jokowi’s popularity derives largely from his humble style, personal honesty and commitment to community participation in the political process.

Minorities as a test case

Significantly, for a large and plural country like Indonesia, Jokowi has also ensured he has strong credentials amongst the country’s minority communities.
When he ran for governor of Jakarta, for example, he chose Basuki Tjahaja Purnama, a Christian of Chinese-descent, as his running mate. This was remarkable because Indonesia is a Muslim-majority country with a history of racially motivated discrimination against the ethnic Chinese community.
During the Presidential campaign, Prabowo openly played the “Muslim” card, garnering the support of the majority of Islamic parties and laying claim to the mantle of “true” Muslim.
Meanwhile, Jokowi, was the subject of a disinformation campaign that insinuated he was a Chinese Christian, rather than the Javanese Muslim he is. Nonetheless, the former Jakarta governor remained steadfast in his public espousal of pluralism
In contrast, Modi’s track record with regards to India’s minority communities is bleak.
The Indian Prime Minister is accused of doing little to stop the 2002 religious riots that took place under his watch as Chief Minister in Gujarat, in which more than 1,000 people, mostly Muslims, were killed.
These are allegations he has consistently denied and been cleared of by the courts, although many civil society groups continue to hold him culpable. Modi is also closely affiliated to the right-wing Hindu organisation, the Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), whose objective is to make India a Hindu nation.

Veteran politician vs. the novice

The third major contrast between the Indian Prime Minister and Indonesian President is in their political circumstances. Modi might have risen from humble origins, but he is a political veteran with a proven knack for working party machinery to his advantage.
Under Modi, the Bharatiya Janta Party (BJP) won a landslide victory, giving them a clear majority in parliament. This is a feat that has not been pulled off since the start of India’s so-called “coalition-era” in 1989.
Modi can therefore operate on the basis of a strong mandate. And while he still needs to work with the Chief Ministers of India’s multiple states, many of whom are from opposition parties, the Prime Minister has more of a free hand at the center than any other Indian leader has had in decades.
Jokowi is a comparative newbie to politics, having entered the fray as recently as 2005. Prior to being elected as President he has only had experience running cities. Most importantly, his room for maneuver as leader of Indonesia is far more constrained than Modi’s is in India.

Getting things done

The Indonesian legislature is controlled by a coalition led by Jokowi’s archrival Prabowo. Known as the Red and White coalition, this grouping has already used its majority to pass a bill opposed by Jokowi, ending direct elections for village heads, mayors and governors.
Notably, Jokowi was himself a beneficiary of such direct local elections. Without them, he would have had precious little chance to get elected as mayor of Solo. The new bill is widely seen as an attempt by the political establishment to fight back against the possibility of “upstarts” like Jokowi coming to power again.
To complicate matters even more for Jokowi, not only is parliament dominated by Jokowi’s rivals, his authority is weak even within his own party, the PDI-P. The party chairperson is Megawati Sukarnoputri, Indonesia’s president from 2001 to 2004 and the daughter of Indonesia’s founding President, Sukarno.
Very much an establishment person, she continues to control the party machinery. That significantly reduces Jokowi’s leeway to conduct negotiations with potential political allies.
Both Modi and Jokowi face a formidable task as leaders of the world’s first and third-largest democracies, respectively India and Indonesia are eclectic and demographically immense nations.
The two new leaders share a long list of challenges: cleaning up politics and public life, harnessing demographic dividends to productive use, fixing creaking infrastructure, maintaining pluralism, and trying to find the right power-sharing equation between the center and provinces.
Modi and Jokowi differ in their outlook and approach to solving these problems – and neither has an easy task. How each fares will be of great relevance to both countries, and of continuing interest globally.

OBAMA NOMBRA UN "ZAR" PARA LUCHAR CONTRA EL EBOLA



Obama nombra un ‘zar’ para la lucha de EE UU contra el ébola

Ron Klein, exjefe de gabinete de dos vicepresidentes, es un experto en el manejo de crisis aunque no sanitarias

 Washington EL DIARIO EL PAIS, MADRID17 OCT 2014 - 19:21 CEST


Solo pocas horas después de sugerir la posibilidad, la Casa Blanca ha anunciado esta mañana de viernes el nombramiento de una persona para que lidere la respuesta ante el ébola en Estados Unidos. Quien ocupará el cargo conocido como zar(coordinador de las tareas gubernamentales en ese ámbito) será Ron Klain, abogado y jefe de gabinete de dos exvicepresidentes, Al Gore y Joe Biden, y que optó al mismo cargo junto a Barack Obama, puesto que finalmente ocupó Denis McDonough.

El jueves por la noche, el presidente Barack Obama sugería por primera vez la posibilidad de tal nombramiento para liderar la estrategia federal, debido a que la Administración tiene otros frentes importantes también abiertos, como la lucha contra el Estado Islámico en Irak y Siria. “Quizá sea necesario nombrar a una persona adicional”, declaró Obama, “no porque este equipo no haya hecho un trabajo excepcional sino porque también son responsables de otras muchas cosas”, puntualizó el mandatario. Obama ha cancelado esta semana por dos días consecutivos viajes y actos de campaña para recaudar fondos para el partido demócrata para permanecer en la Casa Blanca supervisando la respuesta de la Administración a la crisis del ébola.
Aunque carece de experiencia en el ámbito sanitario, Klain, 53 años, es conocido por ser un experto gestor en el manejo de crisis, tales como la que se vivió en el año 2000 durante el recuento de votos en Florida que finalmente le dio la presidencia a George W. Bush frente a Al Gore. La cadena HBO realizó una película sobre aquellos días en la que el actor Kevin Spacey representó el papel de Klain.
"Sus credenciales son excelentes, ha supervisado complejas operaciones en el seno del gobierno federal, y guarda una buena relación con los principales miembros del Congreso así como con los integrantes de la administración estadounidense, entre ellos el propio presidente", según han informado fuentes de la Casa Blanca a Reuters.
Klain informará directamente de sus avances a las dos mujeres que aconsejan al presidente en términos de seguridad nacional, Lisa Monaco y Susan Rice. “Se asegurará de que se realizan los esfuerzos necesarios para proteger al pueblo americano detectando, aislando y tratando a los pacientes de ébola a la vez de que se dedicará intensamente a parar la enfermedad en sus países de origen en África”, escribió la Casa Blanca a través de un correo electrónico.
La Administración Obama ha sufrido críticas por su respuesta inicial a la crisis del ébola dentro de EEUU en términos de si los hospitales estaban suficientemente preparados para atender a potenciales pacientes contagiados por un virus que ya se ha cobrado más de 4.000 vidas en África. Desde que falleció la semana pasada en Dallas (Texas) el liberiano contagiado con ébola en su país, han sido varios los congresistas que han reclamado que se prohiban de forma temporal los vuelos con origen en los tres países afectados africanos afectados por el virus: Liberia, Guinea y Sierra Leona.
Citado por el diario The Washington Post, el ex embajador de Obama en Rumania Mark Gitenstein relataba que Klain forjó una fuerte relación con el presidente cuando le ayudó siendo todavía un senador por Illinois a preparar los debates presidenciales contra el candidato republicano John McCain en 2008. “Esas preparaciones requieren decir cara a cara que algo no lo estás haciendo bien”, explica Gitenstein.