Wednesday, October 29, 2014

ISRAEL-USA RELATIONS

Crisis: Are U.S.-Israeli Relations Really Doomed?



If there wasn’t a crisis in U.S.-Israeli relations before the appearance of Jeffrey Goldberg’s explosive new article in the Atlantic, then there is one now. Israeli prime minister Benjamin Netanyahu has long chafed at President Obama’s strictures about pursuing a Middle East peace, and Obama, in turn, has made no secret of his disdain for the rebarbative Israeli leader. But there was little evidence that the emotional rift between the two sides was of much real or practical consequence. Goldberg, however, says that it is. He holds out the prospect that the Obama administration will engage in a “showdown” with Netanyahu over Iran, will soon refuse to side with Israel at the United Nations, and, not least, will lay out its own peace plan that includes specific maps “delineating Israel’s borders.”
To a degree that Israel’s critics—and they are legion—have always been reluctant to acknowledge, the relations between Jerusalem and Washington have never been without tensions. When push came to shove, various presidents pursued what they saw as the American national interest, whether it was sending fighter jets to Saudi Arabia during the Carter administration, or punting on bombing Iran during the Bush administration. (Contrary to popular mythology, George W. Bush was also not acting at the behest of Israel when he invaded Iraq. Quite the contrary.) 
For his part, Goldberg apportions much of the blame for the whole shemozzle between the two partners on the junior one. According to Goldberg, “Netanyahu has told several people I’ve spoken to in recent days that he has ‘written off’ the Obama administration, and plans to speak directly to Congress and to the American people should an Iran nuclear deal be reached.” Meanwhile, Obama officials are livid at Netanyahu for approving new settlements in the West Bank and for his snubs of Secretary of State John Kerry, who valiantly attempted, against all the odds, to reach some kind of deal between the Israelis and Palestinians. At the same time, Obama officials have apparently concluded that Netanyahu lacks the cojones to attack Iran—he’s all hat and no cattle. Netanyahu’s caution on Iran, we are told, may seem laudable, but it is actually of a piece with his craven desire to appease various right-wing constituencies at home with increased settlement activities. Mainstream Jewish organizations, Goldberg reports, are concerned: “The Israelis do not show sufficient appreciation for America’s role in backing Israel, economically, militarily and politically,” he was told by Abraham Foxman, the head of the Anti-Defamation League.
What does all this add up to?
Goldberg indicates that he would like to “see Israel foster conditions on the West Bank and in East Jerusalem that would allow for the eventual birth of such a state.” It would be hard to disagree. But at a moment when the Middle East is aflame, it would seem an inopportune moment to pressure Israel into a peace process. But the real apprehension is that the Netanyahu government—which Goldberg refers to as “disconnected from reality”—is sabotaging, persistently, any efforts at an accommodation with the Palestinians, which is to say that it prefers war-war to jaw-jaw. The result would be isolation from the Western democracies.
Already, western Europe is beginning to treat Israel as an international pariah state. Whether a similar movement would take place in the United States, however, is an open question. Netanyahu is likely banking on a Republican House and Senate with a Republican president as his trifecta. It’s also the case that Hillary Clinton is unlikely to repeat Obama’s tough love act with Israel should she become president in 2014.
So in the next two years, Netanyahu can continue to do what he has done for the past six—attempt to perform an end-run around Obama. From the outset, he seems to have decided to outwait Obama. Maybe his strategy will be more successful than Goldberg would appear to believe, and Netanyahu is hedgehog to Obama’s fox. Goldberg says that Netanyahu’s approach is leading in the direction of Israel as a garrison state, a state of affairs that for Israelis, until now largely passive witnesses to the internecine warfare on their borders, “has its charms. But for Israel’s future as an ally of the United States, this formula is a disaster.” For now, this conclusion deserves what’s known as a Scottish verdict—not proven.
Jacob Heilbrunn is editor of The National Interest.

COMO CAMBIO EL MAPA POLITICO URUGUAYO EN TRES DECADAS


30 AÑOS DE EVOLUCION POLITICA URUGUAYA

Tuesday, October 28, 2014

LA RELEVANCIA DE LA SOJA PARA LA ECONOMIA ARGENTINA

LOS DIEZ NUMEROS DETRAS DEL NEGOCIO DE LA SOJA

REVISTA APERTURA, 27/10/2014.

En los últimos 10 años, la producción y exportación de soja representó uno de los pilares fundamentales en el ingreso de divisas para la economía argentina. Detrás del fenómeno, se esconden los números del sector.

Estos son los 10 números más destacados del mercado de la soja en la Argentina.


1. Sólo en la última década, se incrementó la producción en 17 millones de toneladas, con un ritmo de crecimiento del 5,3 por ciento anual.


2. En 2013, las exportaciones argentinas totales ascendieron a US$ 81.600 millones. De ese total, el sector agropecuario y agroindustrial tuvo una participación de US$ 48.000 millones y, la soja en particular, explicó US$ 21 mil millones.


3. El 96 por ciento de la producción de soja argentina se exporta bajo la forma de poroto, harina, aceite o biocombustible, representando al complejo más importante de la balanza comercial del país.




4. La Argentina exporta a más de 100 países su producción.


5. El mercado asiático sigue siendo el principal comprador de soja. China compra el 20 por ciento de la producción de porotos de soja; la harina de soja, por su parte, tiene como destino la Unión Europea, de acuerdo con datos de ACSOJA.


6. La inversión anual de los productores de soja fue de US$ 8600 millones, inversión que produjo 53 millones de toneladas de porotos de soja durante la temporada pasada.


7. La producción hay que llevarla a los puertos para poder exportarla. Se calcula que se realizan 1,4 millón de viajes en camión a los distintos destinos, por un valor aproximado de US$ 1200 millones.


8. El sector industrial es otro de los eslabones destacados de la cadena de la soja argentina. Actualmente procesa el 77 por ciento de la producción nacional. De esa manera, genera un valor agregado adicional de US$ 5000 millones por año.      


9. En los últimos 10 años, la capacidad de molienda se duplicó y pasó de los 30 millones de toneladas a más de 60 millones que se registran actualmente.


10. No todas son rosas en el mercado agropecuario. El precio internacional de la soja, en el mercado de Chicago, pasó de US$ 558,06 por tonelada en mayo a 334,46 a finales de septiembre.


FLAVIO BUCHIERI Y EL ANIVERSARIO DEL CEPO CAMBIARIO

“¿Un feliz cumpleaños para el cepo al dólar?”

por Flavio E. Buchieri
La mayor parte del Gabinete Nacional, encabezado por el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, defendió en estos días el cepo al dólar que el Gobierno aplicó tres años atrás y que, con diversas interpretaciones, ha dado los resultados que se esperaban, de la mano de la ratificación de la política económica basada en “hacer la plancha”. Es decir, caída de la actividad económica, del consumo y de las inversiones así como suba en la tasa de inflación, tipos de cambio para todos los gustos, brechas cambiarias crecientes y reciclaje de las expectativas negativas. Todo lo cual, de lejos, han imposibilitado el deseo del gobierno de pesificar la economía, esto es, evitar la fuga permanente hacia el dólar, en desmedro de los cada día más abundantes pesos que circulan en el circuito financiero y comercial de la Argentina.
 El dólar blue retrocede a $ 14,61 y también bajan el liqui y el MEP

La pregunta que nos hacemos desde esta columna, es hasta cuándo va a durar esta medida que, a todas luces, arroja resultados en la dirección contraria a lo que esperaba el Gobierno Nacional. Pues bien, es de esperar que en enero del próximo año se esclarezca este dilema, de la mano del vencimiento en la cláusula RUFO en los bonos que ingresaron a los sendos canjes de deuda pública en default en los años 2005 y 2010, restricción que hemos comentado en varias oportunidades en este espacio. Esta cláusula ha sido utilizada por Cristina Fernández de Kirchner como principal barrera para negociar con los holdouts antes del vencimiento de la misma. Así, en enero, el Gobierno tendrá las manos libres para arreglar con los fondos que litigaron en el Juzgado de Griesa como con el resto de los que no ingresaron a los canjes antes mencionados pero que aún no han iniciado juicio al país. Todo este paquete suma entre U$S 16.000 y U$S 20.000 millones, con lo cual –se supone- el gobierno debería iniciar una negociación global con todos ellos, de modo de “abaratar” el pago que se vaya a realizar.
Un arreglo con los holdouts implicaría retornar al plan inicial del Gobierno que se blanqueó a inicios del presente año: volver a los mercados de deuda para colocar bonos que permitan financiar gran parte del creciente gasto público para, de esa manera, reducir la tasa de inflación. Allí sí,  el Gobierno, de la mano del Banco Central, podría contar con los dólares necesarios para sostener un tipo de cambio acorde con sus preferencias, unificando en un solo mercado, la cotización de la divisa que hoy acontece en múltiples mercados. Este es, sin duda, el principal anhelo que tiene en su cabeza gran parte del oficialismo que se encolumna tras la candidatura del Gobernador Daniel Scioli, quien necesita un repunte o, al menos, un re-encauzamiento temporal de la actividad económica, de modo de mejorar el humor social que le permita elevar sus chances de disputar un mejor acceso a la Presidencia de la Nación.
¿Debemos entonces, apostar a un acuerdo con los holdouts en enero próximo? Nadie tiene la “bola de cristal” o es Mandrake como para asegurar esto. La creatividad del Gobierno siempre ha excedido las expectativas de quienes creíamos que los márgenes para el derroche del sentido común en materia de política económica estaban agotados. Sin embargo, es un hecho casi fáctico el hacer las cuentas y ver que, con los actuales dólares en el Banco Central, los posibles que ingresarán el año que viene por el saldo comercial externo neto de los requerimientos de reservas para cubrir el enorme déficit energético, menos los pagos por cumplimiento de los servicios programados de la deuda externa, dejan al gobierno ahora sí con un nulo margen de acción.
En enero, veremos si la cláusula RUFO era una traba o la excusa perfecta para “profundizar el modelo”.


SOBRE LA CLASE MEDIA ARGENTINA

REPORTAJE AL HISTORIADOR  EZEQUIEL ADAMOVSKY

La clase media como identidad y desmitificando períodos históricos