Friday, November 21, 2014

LA XENOFOBIA ANTIEUROPEISTA GANA TERRENO EN GRAN BRETAÑA

El UKIP logra su segundo escaño en los comicios parciales de Reino Unido

"Si ganamos aquí, podemos hacerlo en todo el país", celebra el líder del partido eurófobo

 Londres DIARIO EL PAIS, MADRID21 NOV 2014 - 11:01 CET

El partido populista, xenófobo y antieuropeo UKIP ha conseguido su segundo diputado en Westminster, al ganar las elecciones parciales de ayer en Rochester y Strood. La victoria añade presión al primer ministro David Cameron y potencia el efecto UKIP, que está logrando marcar la agenda política británica a seis meses de las elecciones generales, situando el control de la inmigración y el antieuropeísmo en el centro del debate político.
El candidato Mark Reckless, que forzó estas elecciones parciales al abandonar su escaño tras pasarse del Partido Conservador a UKIP, ha vuelto a ganar su asiento, esta vez para la formaciónantiestablishment a la que las encuestas dan cerca de un 16% de la intención de voto para las generales. Reckless se impuso por 2.920 votos (42,1%) a la candidata conservadora, Kelly Tolhurst (34,8%).No por previsible la derrota deja de ser humillante para David Cameron que, aunque no es tradición que los primeros ministros se involucren en las elecciones parciales, viajó hasta en cinco ocasiones a hacer campaña a esta circunscripción electoral del sureste de Inglaterra.
La tercera más votada fue la candidata laborista Naushabah Khan, que obtuvo el 16,8%. El partido de Ed Miliband, que ganó durante 13 años en esta localidad hasta 2010, cayó un 11,7% respecto a las últimas elecciones. Más aún (un 15,4%) cayeron los liberal-demócratas, que no llegaron al 1% de los votos, y cedieron el cuarto lugar a los verdes, que cosecharon el 4,2% de los apoyos.
“Si creéis que el mundo es más grande que Europa, si creéis en una Gran Bretaña independiente, venid con nosotros y os devolveremos vuestro país”, dijo a los británicos el victorioso Marck Reckless. “Imaginad lo que significaría tener un bloque de diputados de UKIP en Westminster lo suficientemente grande como para sostener el equilibrio del poder”. Para Nigel Farage, líder de UKIP, esta victoria es “brutal” y significa que, de cara a las elecciones del año que viene, “todo está en el aire”.
Rochester and Strood no estaba contemplado demográficamente como un territorio natural para UKIP, al contrario que Clacton, en Essex, donde el partido obtuvo en octubre su primer diputado, el también trásfuga tory Douglas Carswell. Por eso existe el temor en el Gobierno de que se produzcan nuevos episodios de transfuguismo, después de que Reckless asegurara durante la campaña que estaba hablando con dos excompañeros suyos que también planeaban pasarse a UKIP.

INMIGRACION: EL OBAMA QUE TODOS ESPERABAN

Preguntas y respuestas sobre las medidas migratorias de Obama

Repasamos los detalles de la acción ejecutiva del presidente

 Washington DIARIO EL PAIS, MADRID21 NOV 2014 - 03:03 CET

El presidente Obama desveló este jueves los detalles de la acción ejecutiva que suspenderá las deportaciones de millones de indocumentados. Hasta cinco millones de sin papeles, según las estimaciones de la Casa Blanca, podrán recibir un permiso de residencia y de trabajo temporal y dejar atrás la amenaza de la deportación.
A pesar del consenso que existe en EE UU acerca de la necesidad de reformar el sistema de inmigración, con el respaldo de más de la mitad de los ciudadanos, el anuncio ya ha despertado duras críticas por parte del Partido Republicano, que amenaza con bloquear su implementación.
¿En qué consiste la acción ejecutiva de Obama?
El presidente cancelará las deportaciones de más de cuatro millones de inmigrantes indocumentados, a los que se otorgará un permiso de residencia y trabajo temporal de tres años.
El objetivo de esta medida es que los indocumentados que tienen hijos estadounidenses dejen de vivir bajo la amenaza de una deportación que les separe de su familia y les obligue a regresar a su país. Los sin papeles que cumplan determinados requisitos -como la ausencia de antecedentes penales o un tiempo mínimo de residencia en EE UU- podrán trabajar de manera legal.

Los últimos datos del Censo estiman que son 11,6 millones de personas. La mayoría llegaron al final de la última oleada migratoria, que empezó en los años 70. En 1990, había 3,5 millones de personas sin permiso de residencia legal en el país, cifra que ascendió a 12,2 millones en 2007. La crisis económica y el endurecimiento de las medidas de inmigración hizo que a partir de ese año descendiera el número de entradas ilegales y aumentaran los indocumentados que regresan a su país.¿Cuántos indocumentados hay en EE UU?

¿Cuántos se podrán beneficiar de esta medida?
La Casa Blanca estima que casi cinco millones de personas.
¿Quiénes son?
Los jóvenes indocumentados que llegaron al país con menos de 16 años y antes del 1 de enero de 2010, a través de la ampliación del programa de Acción Diferida que canceló las deportaciones de jóvenes indocumentados en 2012. Hasta ahora, solo podían solicitar el permiso quienes tuvieran, además, menos de 30 años en el momento de pedirlo y hubieran entrado antes de 2007, pero la Casa Blanca ha eliminado esa condición. La Administración estima que esta situación afecta a 270.000 personas. Los nuevos permisos tendrán vigencia de tres años.
Un segundo programa beneficiará a los padres indocumentados de niños estadounidenses que puedan demostrar haber residido en EE UU más de cinco años y carezcan de antecedentes penales. Una vez regularizados, podrán pagar impuestos y residir y trabajar legalmente en el país.
¿Se beneficiarán los padres de los dreamers?
Obama ha dejado fuera a los progenitores indocumentados de los jóvenes que han logrado un permiso de residencia y trabajo temporal a través del programa de Acción Diferida (DACA) de 2012. Según la Casa Blanca, el presidente se hubiera extralimitado en sus poderes ya que la ley de inmigración vigente solo permite a una persona solicitar el permiso de residencia de un familiar si es residente legal, y losdreamers que se beneficiaron de DACA no lo son.
¿Cuándo se puede hacer la solicitud?
La Casa Blanca estima que el sistema para regularizar a los padres indocumentados de niños estadounidenses llegará en la primavera, mientras que el de los dreamers estará listo un poco antes.
¿Habrá permisos para trabajadores agrícolas?
Las medidas de Obama no incluyen visados de trabajo temporales para trabajadores agrícolas. Según miembros de la Administración, sí podrán acogerse a los programas de acción diferida, si cumplen los requisitos necesarios, para evitar la deportación.
¿Habrá visados para profesionales especializados?
El presidente Obama no creará un visado para los trabajadores especializados en sectores como el científico o de tecnología. Sin embargo, sí ha ordenado la creación de un grupo especializado de trabajo para determinar la mejor manera de otorgar esos visados para responder a la demanda de profesionales en el sector.
¿Habrá nuevas medidas de seguridad en la frontera?
La Casa Blanca quiere reforzar los recursos para la seguridad fronteriza de manera que se impida la entrada de nuevos migrantes y sea más fácil deportar a aquellos que sean interceptados en la frontera.
¿Cuál será la nueva prioridad en las deportaciones?
La orden ejecutiva de Obama modificará el objetivo de los recursos destinados a las deportaciones, con mayor énfasis en la seguridad en la frontera y un nuevo programa de Comunidades Seguras de manera que se pueda expulsar más rápidamente a aquellos indocumentados que representen una amenaza para la seguridad o hayan entrado recientemente en el país.
¿En qué situación quedan los menores no acompañados que llegaron este verano?
Los menores que llegaron a la frontera en el verano de 2014 están considerados como prioridad en el orden de deportación, ya que su entrada ilegal en el país fue posterior al uno de enero de este año. Asimismo, se expulsará a quienes hayan desobedecido una orden de deportación emitida después del 1 de enero de 2014.
¿Los beneficiarios de la acción ejecutiva serán ciudadanos de EE UU?
No. El presidente carece de autoridad para dar la ciudadanía a los indocumentados de manera automática. La orden ejecutiva solo le permite modificar cómo se aplican las leyes, por lo que sí puede decidir a quién se deporta o no. Al establecer nuevos criterios, Obama quiere impedir la expulsión de aquellos que cumplan estos requisitos pero no serán ciudadanos automáticamente.
¿Qué ocurrirá con el resto de indocumentados?
Los millones de personas que no cumplan los requisitos para evitar la deportación tendrán que esperar a una reforma del sistema migratorio más amplia, como la que impulsó el Senado en 2013. Si EE UU quisiera deportar a todos los indocumentados, incluso a un ritmo como el actual, de 400.000 al año, tardaría tres décadas.
¿Qué es una orden ejecutiva?
Se trata de una medida que puede firmar el presidente de EE UU para legislar por decreto o modificar la aplicación de una ley ya existente. Como tal, puede ser recurrida en los tribunales, revocada por su sucesor o bloqueada por el Congreso si, como amenazan los republicanos, le niegan los fondos presupuestarios para aplicarla. Obama ha invitado a los líderes republicanos a completar la reforma migratoria para ampliar los efectos de la orden anunciada este jueves.
¿Cómo ha llegado Obama hasta aquí?
En 2007 fracasó el último intento de aprobar una reforma del sistema migratorio de EE UU. Al año siguiente Obama prometió durante su campaña electoral que impulsaría un nuevo sistema, un objetivo que todavía no ha logrado. El desgaste de las negociaciones de la reforma sanitaria y la victoria de los republicanos en las legislativas de 2010, cuando lograron la mayoría en la Cámara de Representantes, y su oposición a la regularización de indocumentados complicaron aún más las negociaciones. En 2013, el Senado aprobó un proyecto de ley de reforma migratoria, el más ambicioso en las tres últimas décadas, pero sigue bloqueado a falta de la ratificación en la Cámara. El presidente ha defendido que solo emplearía una orden ejecutiva a falta de acción en el Congreso, como ha ocurrido finalmente.

Thursday, November 20, 2014

THE DRAMATIC SITUATION IN EAST JERUSALEM

Spending a few days in East Jerusalem left me terrified. Here’s why.

TEL AVIV — Tuesday night, East Jerusalem was almost disturbingly quiet. After two of the city's Arab residents murdered five Israelis in a synagogue, Israeli police were out in force. But as I wandered around in the heavily Arab parts of town, there was almost no sign of struggle.
The quiet was false. Israeli police have set up new checkpoints outside of Arab neighborhoods. On Thursday morning, soldiers went into the Shuafat refugee camp in East Jerusalem. They were informing relatives of Ibrahim al-Akkari, who killed one Israeli and wounded five by ramming into them with his car on November 5, that their home would be destroyed. According to Ma'an News Agency, clashes broke out in the camp between Palestinian residents and the soldiers. The same day, Israeli police intercepted a cache of "fireworks, knives, and tasers" allegedly destined for East Jerusalem rioters.
This tension isn't just a response to the synagogue killing — the worst single attack on Israeli civilians in three years. It's about the broader, months-long unrest in East Jerusalem from which the attack sprung. The day before the synagogue attack, I saw Israeli police shut down a road. One observer told me that a thrown stone had smashed through a cab's windshield, apparently into the cabbie. This was just blocks from my hotel.
The Jerusalem violence is being propelled by forces beyond either the Israeli or Palestinian leadership's control. The longer it goes on, the greater the risk of governments being pulled in — posing a threat to the fragile lull in national violence after the summer's war in Gaza.

East Jerusalem is neither fully Israeli nor fully Palestinian — which makes it uniquely hard to manage

israeli security issawiya
Israeli security forces stand guard during a protest in Issawiya. (Ahmad Gharabli/AFP/Getty Images)
Walking around the city, it's not obvious what divides East Jerusalem — the part of the city Israel conquered in 1967 — from its western sibling. But East Jerusalem, home to about 98 percent of the city's Muslim residents, really is different. Its Arab residents are significantly poorer than the Jewish ones. In fact, they aren't even Israeli citizens. Unlike Arab residents of Israel proper, East Jerusalem residents aren't considered Israeli: any peace deal would require handing over a large percentage of East Jerusalem to the Palestinian Authority.
But East Jerusalem's Arabs aren't exactly Palestinian, either. Israel annexed East Jerusalem after conquering it in 1967, so the Israeli government, not the Palestinian Authority, runs the area.
That means, in practice, that East Jerusalemites don't have meaningful political leadership. They're allowed to vote for local Jerusalem offices (though not in Israeli national elections), but they refuse — they see themselves as under Israeli occupation, and thus see voting as collaboration. In the 2008 local election, just 1.8 percent of eligible East Jerusalem Arabs voted.
The bottom line, then, is that you've got an impoverished, disenfranchised population that's just blocks away from Israeli communities in both West and East Jerusalem. The PA has no authority over them, and they don't respect the Israeli authorities. This is a situation rife for provocation — and lots of people are happy to give them one.

Forces beyond the leadership's control conspire to make Jerusalem violent

A Palestinian holds a Molotov cocktail in Abu Dis.
A Palestinian holds a Molotov cocktail in Abu Dis. (Anna Ferensowicz/Pacific Press/LightRocket/Getty Images)
The political vacuum in East Jerusalem is easy for extremist factions on both sides to exploit. The popular anger among East Jerusalem Arabs makes it easy to inflame tensions, and hard for governments to lower them.
That's how the current spate of riots and violence really got started. The anti-Israeli violence escalated considerably after the July murder of Muhammed Abu Khdeir — a Palestinian teen killed by Jewish extremists in retaliation for the killing of three young Jews. Khdeir's killing, which took place in East Jerusalem, inflamed latent anti-Israeli sentiment. There was already some violence in Jerusalem's Arab neighborhoods, but it escalated seriously after that.
The existence of this underlying anger makes provocation extremely dangerous. Take the Temple Mount, the holy site for Jews and Christians. Right-wing Israeli activists, includingKnesset members in the governing coalition, having been waging a campaign to assert Jewish rights to pray anywhere on the Temple Mount. Right now, Jews are are allowed to visit the summit, but not pray openly there. This is a compromise of sorts — Jews are free to pray in front of the Western Wall, widely considered to be the holiest Jewish site that's accessible for prayer — but not at the top of the Mount itself.
The situation is volatile. Arabs perceive the push to change the Temple Mount status quo as a means of asserting Jewish control over a shared holy site (it's currently managed by the Islamic Waqf). So the campaign to expand prayer had infuriated East Jerusalem's Palestinians: one prominent Jewish Temple Mount activist was nearly assassinated. More inflammatory actions from activists could result in even more East Jerusalem violence.
But Palestinian rioters and terrorists don't always need to be provoked. The perpetual low-level violence since July, which has gotten more lethal in the past few weeks, are a testament to that.
According to the head of the Shin Bet, Israel's equivalent of the FBI, these incidents are almost all conducted by lone wolves. Because the violence is uncoordinated, it's hard to detect. And the more violence there is, the more likely Israeli authorities are crackdown.
The point, then, is that Israeli and Palestinian extremists alike can bypass their official leadership if they want to make the situation worse. Netanyahu has a lot of trouble reining in the hard-right Knesset members in his coalition — let alone private Temple Mount activists. And Palestinian President Mahmoud Abbas has no real power over random young men in East Jerusalem. The two groups can aggravate each other directly, conspiring to deepen the crisis.

The situation is incredibly precarious

Palestinian boys toy gun
Palestinian boys with a toy gun in Shuafat. (Thomas Coex/AFP/Getty Images)
The fact that governments can't really stop provocations or violence from happening doesn't mean that they don't play an important role here. Palestinian and Israeli authorities can calm the situation — or escalate it.
Abbas, for his part, did the right thing condemning the synagogue attack. That said, a constant drumbeat of angry rhetoric from his office hasn't calmed the situation. When Abbas warned about Jews "contaminating" the Temple Mount, and vowed to defend it from incursions, it sounded an awful lot like a justification for violence. Though the Shin Bet chief believes Abbas isn't intentionally trying to escalate the violence, he also believe the Palestinian leader's words are part of the problem: "some part of the Palestinian public views [Abbas'] statements as legitimizing terror."
Netanyahu also needs to keep a careful lid on the Israeli policy response. On Thursday, virtually the entire Israeli security establishment — Defense Minister Moshe "Boogie" Ya'alon, the top military brass, and leading police officials — told him that keeping the military there would make things worse, not better. "Both the IDF and police fear that soldiers would be too quick to fire at demonstrators or exaggerate when using riot control measures,Ha'aretz's Amos Harel reports. Netanyahu needs to avoid making a bad situation even worse.
But the leaders aren't even fully in control of their own actions. There's a lot of Palestinian support for "resistance" against Israel. Israelis just want their government to do something to stop the violence. Naftali Bennett, leader of the Jewish Home party and Netanyahu's chief rival for the leadership of the Israeli right, has called for an extended military operation in East Jerusalem aimed at stopping the attacks.
So Palestinian politics inclines Abbas to back the violence, while Israeli politics points Netanyahu towards a harsh response. The longer violence goes, on, the greater the danger of some kind of escalation becomes.
And in this case, escalation would mean a full-blown intifada, a national Palestinian uprising against Israel. The last one ended in 2005, but not before it claimed thousands of lives. The unrest is contained to Jerusalem right now, but there's no guarantee that West Bank Palestinians stay quiet forever. This isn't yet the third intifada, and it's far from inevitable that it becomes one. But even a risk of one makes the growing instability in Jerusalem really, really scary.

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