Wednesday, December 10, 2014

ESTADOS UNIDOS: EL DURO INFORME DEL SENADO ACERCA DE LA CIA

Las claves del informe sobre los interrogatorios de la CIA

EE UU publica un informe sobre el tratamiento a sospechosos de Al Qaeda tras el 11-S

 Washington DIARIO EL PAIS, MADRID 9 DIC 2014


Sobre más de 6.000 páginas se pactó en el Senado el pasado mes de abril que solo 524 fueran accesibles al público por razones de seguridad nacional. Cerca de doscientas de las más de 500 páginas se dedican a la historia del programa de interrogatorios y se documentan 119 casos de presos –al menos 39 de los cuales sufrieron las torturas consideradas como Técnicas de Interrogatorio Reforzadas (EIT, Enhanced Interrogation Techniques, siglas en inglés)-. La investigación fue realizada por la mayoría demócrata del Senado y cuenta con una réplica republicana por parte de los miembros de ese partido en el Comité de Inteligencia que preside Dianne Feinstein.
Tras cinco años de recopilación de documentos, investigaciones y negociaciones, 20 puntos resumen las conclusiones sobre el uso de controvertidos métodos de interrogatorio a sospechos y miembros de Al Qaeda retenidos en instalaciones secretas –‘black sites’, en inglés- en diferentes lugares del mundo en los años posteriores a los ataques terroristas del 11-S.
Estos son los más relevantes.
El uso por parte de la CIA de las técnicas reforzadas de interrogatorio no fue un medio efectivo para adquirir información que sirviera al espionaje o lograra la cooperación de los detenidos.
Según la CIA, siete de los 39 presos que fueron sometidos a las brutales técnicas de interrogatorio no proporcionaron ninguna información útil. Es más, en algunos casos, los interrogados –se evita el término torturado- ofrecieron datos falsos, lo que se tradujo en mala información para el espionaje.
La justificación de la CIA para usar esas técnicas de interrogatorios se basaba en una falsa declaración de que eran efectivas.
La Agencia hizo creer a la Casa Blanca, el departamento de Justicia y al Congreso que se evitaban complós terroristas como consecuencia directa de la aplicación sobre ciertos detenidos de esas técnicas de interrogatorio.
Los interrogatorios de la CIA a los detenidos fueron mucho peores y más brutales de lo que la CIA reconoció a la Casa Blanca, el Congreso y otros, así como las condiciones de confinamiento.
Empezando por el primer detenido de la Agencia, Abu Zubayda –hoy en Guantánamo-, y siguiendo con otros muchos, la CIA aplicó técnicas durísimas –calificadas como torturas por la senadora Feinstein- durante días e incluso semanas. Entre los métodos empleados para ‘romper’ a los sospechosos se encontraba el waterboarding (asfixia simulada por agua); la privación de sueño; la violencia sexual; la amenazas de muerte: y el walling (golpear contra un muro al detenido), entre otras.
En algunos casos, las técnicas aplicadas fueron tan duras que el personal de la CIA pidió que se suspendieran pero los altos mandos ordenaron continuar con ellas.

La CIA proporcionó de forma repetida información incorrecta al departamento de Justicia, lo que impidió un apropiado análisis legal del programa de detención e interrogatorios, así como de forma activa impidió que el programa fuera supervisado por la Casa Blanca y el Congreso.Con la aprobación del personal médico de la CIA, a algunos prisioneros se les sometió al método conocido como 'alimentación rectal' o 'hidratación rectal', ya que el jefe de interrogatorios de la Agencia consideraba que el procedimiento lograba "un total control sobre el detenido".

La Agencia coordinó filtraciones de información clasificada a medios de comunicación, incluyendo información errónea, para contrarrestar las críticas, moldear la opinión pública y evitar acciones del Congreso para restringir el programa.
La CIA no estaba preparada cuando empezó a operar el programa, más de seis meses después de recibir, el 17 de septiembre de 2001, una autorización del presidente George W. Bush, en un memorándum de notificación de acciones encubiertas, para detener secretamente a sospechosos que supusieran un riesgo para EE UU o prepararan atentados terroristas.
Para 2005, la CIA había ‘subcontratado’ la gran mayoría de las operaciones que tenían que ver con el programa de interrogatorio ascendiendo al 85% la subcontratación hacia su final. Cuando comenzó a ponerse en práctica el método de detención, la Agencia contrató a dos psicólogos que habían trabajado antes para el Ejército pero que carecían de experiencia en operaciones de interrogatorio.
La CIA no reprendió o hizo responsable a nadie por lo sucedido así como marginó e ignoró las numerosas críticas que se efectuaron desde el interior de la organización.
En 2006, la CIA ponía fin al programa de detención e interrogatorios debido en parte a la falta de cooperación por parte de otros países. La Agencia necesitaba contar con el máximo secretismo y eso no quedaba garantizado después de que George Bush admitiera la existencia del programa en septiembre de aquel año. Desde el inicio del programa fue muy difícil para la CIA encontrar países dispuestos a colaborar y proporcionar lugares clandestinos de detención. A excepción de un país –cuyo nombre, como todos, está tachado en el informe-, la CIA se vio forzada a reubicar a todos y cada uno de los prisioneros de los países en los que había establecido un centro de detención debido a la presión de los gobiernos o la salida a la luz pública del programa.
Este martes ha concluido una larga espera y más de 10 años después de que el último operativo de Al Qaeda fuera sometido awaterboarding (asfixia simulada con agua), estas eran algunas preguntas y las respuestas sobre cómo, por quién, para qué y qué beneficios –si alguno- tuvo el controvertido programa.
¿En qué ha consistido el trabajo de los investigadores del Senado?
Durante los cuatro años de investigación, se analizaron más de seis millones de cables, memorandos y otros documentos oficiales. El esfuerzo requirió de la creación de protocolos e instalaciones especiales para analizar los documentos, así como de un acuerdo de colaboración entre la CIA y el comité, rodeado de polémica. En agosto, la CIA admitió que algunos de sus empleados espiaron ordenadores reservados para los investigadores del Senado, como había denunciado en marzo Feinstein.
¿Por qué ha tardado tanto en publicarse el informe?
Principalmente por la disputa entre el comité del Senado y la CIA -con la Casa Blanca de apoyo- sobre qué detalles del informe debían de ocultarse o matizarse. Es habitual que, al desclasificar documentos confidenciales, el Gobierno revise y elimine algunos detalles amparándose en la protección de la seguridad nacional. La senadora Dianne Feinstein ha criticado una injerencia desproporcionada.
 ¿Qué opina la CIA y la Administración Bush del informe del Senado?
Tras la difusión del informe, la CIA tiene previsto publicar un documento que refutará sus principales conclusiones. Según el diarioThe New York Times, el actual director de la CIA, John Brennan, ha estado preparando junto a ex altos cargos de la agencia una contraofensiva para rebatir el informe del Senado y minimizar su impacto público. El expresidente Bush y sus más próximos asesores han decidido apoyar a la que era la cúpula de la CIA durante su etapa en la Casa Blanca. “Estos son patriotas y diga lo que diga el informe, si disminuye sus contribuciones a nuestro país, estará fuera de lugar”, dijo el expresidente en una entrevista a la cadena CNN.
¿En qué consisten las Técnicas de Interrogatorio Reforzadas (EIT, Enhanced Interrogation Techniques, siglas en inglés) y de qué sirvieron?
En abril de 2009, el Departamento de Justicia hizo públicos unos informes en los que detallaba las técnicas de interrogación usadas por la CIA y que se elevaban a diez, entre otras la privación del sueño; la manipulación en la dieta; la desnudez forzada; golpear el abdomen o abofetear la cara para producir desconcierto; amenazas de carácter sexual; encierro con insectos; y por supuesto el tristemente famosowaterboarding así como el llamado walling (sostener al detenido contra un muro mientras se le sujeta cuello y cabeza con una toalla…).
Tanto republicanos como demócratas sabían del uso de las técnicas. Obama reconoció el pasado agosto que “se había torturado a algunos tipos”. ¿Sirvieron las técnicas EIT para capturar a Osama Bin Laden? El informe es categórico: no.
¿Qué ha hecho el presidente Barack Obama sobre los métodos de tortura?
El último miembro de Al Qaeda en ser interrogado con la técnica del ahogamiento simulado por waterboarding lo fue en 2003. Pero no fue hasta enero de 2009 cuando, nada más llegar a la Casa Blanca, Barack Obama acabó con el polémico programa secreto de detención e interrogación de la CIA. Sin embargo, su Administración no ha llevado a la Justicia a ningún empleado de la agencia por esos hechos. La práctica de la detener e interrogar sospechosos en otros países continuó.
Obama apoya la difusión del informe, pero su Administración ha trabajado intensamente entre bastidores para ocultar detalles. El presidente calificó a principios de agosto como tortura las técnicas empleadas por la CIA para interrogar a sospechosos y enfatizó que se cruzó una “raya”. Sin embargo, pidió tener en cuenta el contexto de miedo generalizado tras los atentados de septiembre de 2001 para “no juzgar con demasiada dureza” a quienes “hicieron cosas que estaban mal”.
¿Cuántas personas han respondido ante la Justicia por torturas?
Ninguna. Y el informe no prevé revelar la identidad de los torturadores. De hecho, el comité no ha podido entrevistar ni a uno solo de los operativos de la CIA que formaron parte de la guerra sucia de Bush. Al llegar al poder, el presidente Obama abogó por pasar página. Hoy es difícil que haya ya consecuencias jurídicas.

A MIRACLE: AN AMERICAN AGAINST THE SANCTIONS OVER RUSSIA

WHY I VOTED AGAINST CONDEMNING RUSSIA
Recently, the House passed, by an overwhelming margin, a resolution to condemn the Russian Federation. Ten Members voted “nay,” myself among them. I wish to explain why I took this unpopular position.

Recently, the House passed, by an overwhelming margin, a resolution to condemn the Russian Federation for actions considered hostile and aggressive within its sphere of influence, specifically with regard to the politically torn country of Ukraine.
Ten Members voted “nay,” myself among them. I wish to explain why I took this unpopular position. Above all, while Vladimir Putin’s government may well have engaged in questionable behavior toward neighboring countries, Resolution 758 was nothing more than gratuitous, needlessly provocative and shortsighted. Moreover, reasonable observers the world over can see it as tantamount to a declaration that Russia is America’s enemy.
The wording spilled over with uncommon vitriol and inaccuracy at a time when our language must be focused, measured and responsible. Since the end of the Cold War, the world has grown increasingly dangerous. This is not the time for motions designed to make Congress look tough and on top of global events.
The moment, rather, calls for a clear-sighted and surefooted ability to identify friends, foes and those who—following their own interests—fall somewhere in between, always ready to find convenient allies.
More than ever, Congress must assess emerging threats astutely, with the highest degree of accuracy and balance. By passing this resolution, it failed these requirements.
The threats to America looming largest are, in order, radical Islamic terrorism and a still-Communist China, whose new economic power has emboldened its leadership to imagine that the ancient Middle Kingdom should control the world. The perils posed by Putin, if any, are not close.
As Americans who enjoy that most mature of democracies—and I say that with a straight face—we may not like the way Putin resolves conflicts in his region. We may not appreciate how he treats dissenters in his fledgling democracy—a reminder of how we’ve turned, for example, the IRS into a political weapon and the NSA into a mega-snoop.
Throughout history, America has allied with far worse actors. In my judgment—and I say this as one of the collapsed Soviet Union’s most ardent enemies—we face a likely prospect of working with whoever leads Russia against the more pressing threats of Islamic terrorism and China’s prickly claims to hegemony.
House Resolution 758 did little more to insure against these real threats than to enable my colleagues to flex their muscles—on paper. We can and must do better.
Rep. Dana Rohrabacher represents California’s 48th District. He chairs the House Subcommittee on Europe, Eurasia, and Emerging Threats and is vice chairman of the Science, Space, and Technology Committee.

Tuesday, December 9, 2014

EUobserver / Merkel 'frustrated' with Putin, her top Russia aide says

EUobserver / Merkel 'frustrated' with Putin, her top Russia aide says

THE WEST DOES NOT UNDERSTAND RUSSIANS

The West Doesn't Understand Russians


The sanctions that the West has imposed on Russia bring to mind the long-forgotten factor of national character. Back in the time of political grandmasters Otto von Bismarck and Klemens von Metternich, diplomats always took that into consideration. However, modern politicians operate at a much lower level, and their moves on the "grand chess board" are far more primitive by comparison.
Like their predecessors, they consider economic interests important, but considerations of national character strike them as totally irrelevant in the modern world. As a result, they make many missteps and blunders that only worsen the situation.
The West has long tried to understand the Russian character. For example, observers have argued that the Russian people prefer a strong centralized state more than personal liberties. Some even point to a certain "Moscow psychological type" characterized by tough resilience, conservatism and a world view shaped by Russian Orthodox beliefs and a penchant for monarchist government.
This is a controversial theory, not least because it completely ignores Russia's historical experience with democracy. Russians have elected princes, tsars and presidents. Russian lands have been convulsed by three revolutions and numerous uprisings driven by an intense desire for freedom. It is therefore somewhat unfounded to argue that Russians love or value freedom less than others.
Just the same, some elements of this theory are close to the mark. In order to hold and defend Russia's vast territory — from the Baltic region to the Pacific Ocean — Russians have needed a strong state and a strong leader, and they had to exhibit an "exceptional resilience" in their own lives. Over the centuries, those conditions for survival have shaped the Russian character.
If God were to transplant the Russian people to some small Western European country, it is entirely possible they would prefer a parliamentary form of government with strong presidential powers and would feel quite comfortable within the framework of the European Union.
Russians love to criticize themselves, the authorities and their hulking, clumsy state, but they hate it when outsiders do it. Perhaps that is wrong: Maybe outsiders are naturally more objective. But right or wrong, that's how they are, and what Russians hate most of all is when foreign powers pressure them with force. That is the best way to mobilize Russians, to compel them to unite in order to fight off the opponent.
And finally, while Westerners are accustomed to operating within the framework of clearly defined laws, Russians are more attuned to the idea of justice. That is why most Russians care little about arguments that Moscow annexed Crimea in violation of international law.
Russian diplomats and politicians, by virtue of their job descriptions, are prepared to debate that issue, but the overwhelming majority of Russians would simply assert that the annexation restored historical justice. Like Cicero, they hold that whatever is most fair is also most right.
This is why the sanctions are so ineffective against the Russian character and mentality. If the aim of the sanctions is to force Russia to change its domestic and foreign policy, they will not succeed. If the aim is to weaken President Vladimir Putin's position at home, they will also fail. Only when the Russian people themselves decide that they are fed up with Putin will his rule come to an end — but not before, and not due to any pressure from the West.
What's more, a recent survey by the Levada Center found that while in September 60 percent of Russians felt affected by the sanctions, only 47 percent felt that way by November. Interestingly, 80 percent of respondents also noted the sharp rise in prices and the worsening of Russia's economy in recent years. Isn't that strange? Don't these people get it?
Actually, it is the West that doesn't get it. Russians take it all in stride: "Yes, life has become more difficult," they say, "but we will survive." It is nothing new for Russians to have to tighten their belts and ride out the problems with a few extra bags of potatoes and an extra jar or two of pickles from their dacha gardens.
A popular anecdote holds that a foreigner walking along Moscow's freezing, snow-covered streets happened upon a boy delightedly eating an ice-cream cone. "Now I see that these people really are invincible," the foreigner remarks. You get the idea.
Of course, I am not trying to prove that Russians are perfect or that they are always right. I am suggesting that Western politicians should remember what their predecessors of old knew — namely, that whether it wants to or not, the West must find a way to co-exist on this planet with Russia and the Russian character. The sky is blue, water is wet, Russia is huge, and Russians are what they are.
That is why the wise Bismarck warned his compatriots: "God forbid, no 'Drang nach Osten'!" — that is, no expansion to the east toward Slavic lands. Today's leaders would do well to remember that sage advice offered by the grandfather of German diplomacy.
Even if sanctions succeed in weakening Russia, they will fail to achieve their primary goals. What's more, they cause a great deal of hardship on those who impose them. I seriously doubt that European voters will want to re-elect leaders who cut them off from the lucrative Russian market and launched a new version of the Cold War.
The only solution is to reach a compromise. Russians are strong-willed and full of character, but they do not want unnecessary troubles. If they have to, they can endure great difficulty, but Russians are not masochists.