Saturday, January 10, 2015

LOBBYING EMPRESARIO EN ARGENTINA

A fondo

Lobby empresario: el poder detrás del poder

Economía
La falta de regulación puso la actividad bajo sospecha; la política global de las multinacionales trajo algo de transparencia; cuáles son y cómo operan los sectores clave
Por   | LA NACION 

¿Tenés acceso a Augusto Costa ? ¿Conocés al ministro Kicillof ? ¿Podrás lograr que nos destraben las DJAI [Declaraciones Juradas Anticipadas de Importaciones]?" Las poco ortodoxas preguntas surgieron en la etapa de selección para ocupar la posición de lobbista de un gigante de consumo masivo que opera en la Argentina. El ahora director de Asuntos Públicos y Corporativos de la multinacional no salía de su asombro. Sin embargo, logró pasar con éxito el último mano a mano que lo convirtió en ganador de su terna al responder que sí a dos de las tres consultas.
Ya en 1830 la palabra lobby designaba a los pasillos de la Cámara de los Comunes británica en donde individuos y activistas podían reunirse y conversar con los miembros del Parlamento sobre los temas que les preocupaban con el objetivo de influir en sus decisiones.
La versión local, sin embargo, tiene una adaptación a los tiempos que corren y en la que las reglas de juego no están escritas, las posiciones, atomizadas, y la representatividad se licúa cuanto más fina es la letra de los puntos en discusión. Como consecuencia, los códigos de la actividad suelen entrar en un cono de sombras en el que se mezclan mitos y realidades.
Matías Szapiro, ex director de Asuntos Públicos y Corporativos de la tabacalera Nobleza Piccardo, admite que "en la Argentina se asocia al lobby con una práctica negativa, con la idea de valijeros. Sin embargo, es una cuestión más holística de gestión de intereses y de lograr que tu objetivo sea comprado por el interlocutor, que tiene estándares internacionales de los que las multinacionales no se escapan".
El área de lobby en el organigrama corporativo local existe sólo desde hace 12 años, en promedio, e incrementó su presupuesto un 44% durante el último año, según un relevamiento realizado por IDEA entre 114 de las principales firmas que operan en el país. En un mercado de fuertes regulaciones, en el que los funcionarios abren o cierran puertas, el poder del lobby escaló más alto en el mapa de las corporaciones. Hoy, en un 81% de los casos el área reporta directamente al CEO o al presidente de la compañía.
En un mercado de fuertes regulaciones, el poder del lobby escaló más alto en el mapa de las corporaciones

Cuando se mira el último año se observa que hubo un mapa muy claro de prioridades para las empresas: los cambios impositivos, los regulatorios, la presencia o ausencia del Estado en determinados rubros y los cambios en el comercio exterior completan la lista de las principales preocupaciones de las corporaciones, a la que se suman las regulaciones propias del negocio en el que compiten. Laboratorios, bancos, agroquímicas, alimenticias, tabacaleras, mineras, firmas de telecomunicaciones, automotrices, constructoras y energéticas integran el top ten de las que más acciones concretas encararon.
La dinámica corporativa pasa en primer lugar por la construcción del propio relato, que permita contrarrestar el esgrimido por el Gobierno.
En el caso de los sectores más controversiales, se busca potenciar su rol como generadores de empleo y sustentabilidad; en el caso de los laboratorios, tratan de mantener el bajo perfil y avanzar en las licitaciones potenciando la idea de capital nacional; en el mundo de las distribuidoras eléctricas, tratan de justificar con balances en rojo las deficiencias que se producen en el servicio, y en el sector minero, de cuantificar la cantidad de empleos que generan en las provincias en las que operan.
"Lobby es el derecho constitucional de peticionar ante las autoridades. Se puede trabajar con apoyo externo, pero la gestión no se terceriza", resume Miguel Giménez Zapiola, director de Asuntos Corporativos de Barrick, la firma minera que representa 28,6% del PBI de la provincia de San Juan.
"En Estados Unidos todo está regulado. Se registran las horas que los lobbistas están en el Congreso, con quién y de cuánto fue el aporte realizado por cada empresa. A diferencia de la Argentina, donde el problema no sólo es el lobby sino la transparencia", resume el argentino que dirige los asuntos públicos de una de las grandes multinacionales del sector tecnológico.
La situación estadounidense tiene muy pocas similitudes con la versión local. De hecho, allí existe registro del número exacto destinado por General Electric, AT&T y Altria, las tres firmas que más desembolsaron en lobby, para influir sobre sus intereses estratégicos entre 1998 y 2014. Nada menos que 857,6 millones de dólares, según resume la última edición de la revista Fortune, en la que se revela también que se están haciendo recortes en la actividad en aquel país.
Aunque seis de cada diez directores de Asuntos Corporativos se mostraron en una reciente encuesta de IDEA a favor de la regulación del lobby en el país, esa posibilidad no aparece en la agenda inmediata. Hoy existen cinco proyectos de ley vigentes (cuatro en Diputados y uno en el Senado), pero la historia demuestra que no son prioritarios para el oficialismo. "La mayoría tiene una larga historia, pero nunca lograron tratamiento. Todas las iniciativas fueron presentadas por legisladores de la oposición", describe Lorena Zapata, directora de Actualidad de la Fundación Directorio Legislativo.
Entre los fundamentos de los proyectos presentados aparece que "el lobby es una actividad legítima que permite que diferentes sectores económicos y sociales acerquen sus demandas e ideas a los tomadores de decisión. Pero la ausencia de una regulación propicia un ambiente apto para que se cometan actos de corrupción u otros comportamientos ilícitos".
En todos los proyectos se presume el mismo concepto: el lobby no es negativo o ilegal. Si su influencia es negativa o positiva depende del marco en el que se desenvuelve y de las prácticas que conlleva. En 2004 entró en vigor el Reglamento de Gestión de Intereses para el Poder Ejecutivo Nacional, que firmó el presidente Néstor Kirchner, y si bien tiene vigencia deja demasiados espacios abiertos para reuniones sin registro, según admiten los propios lobbistas.
Si la influencia del lobby es negativa o positiva depende del marco en el que se desenvuelve y de las prácticas que conlleva

"En la Argentina hay dos maneras de influir: una más tradicional, con las formalidades de las reuniones y a través de los líderes de opinión, y otra relacionada directamente con las campañas electorales y los montos que se aportan por lo bajo a cambio de futuras gentilezas", resume el director general de una de las principales cámaras de lobby.
Así, el menú de prioridades varía según los objetivos que tengan para este año. Para las tabacaleras, se trata de mantener la estabilidad fiscal, poder aumentar los precios y evitar regulaciones prohibitivas. Para los laboratorios, seguir moviéndose en el bajo perfil y potenciando la participación en los negocios con el Estado. Las exportadoras de soja y las cerealeras buscan evitar que las constantes amenazas de una intervención aun más profunda del Gobierno se conviertan en realidad. El sector financiero, por su parte, trata de evitar un nuevo cambio de reglas de juego que gire sus balances del azul al rojo, como ocurrió con las firmas de servicios.
Entre las alimenticias y firmas de consumo masivo otra es la cuestión. Las distintas listas de Precios Cuidados obligaron a activar los departamentos de lobby para negociar qué productos entraban y cuáles no en el programa, aunque las audiencias con la Secretaría de Comercio no son una tarea sencilla. La clave para las empresas pasa por potenciar aquellas categorías que no afectan los márgenes de ganancia e intentar disminuir la exposición en lo que en la jerga de las empresas denominan "vacas lecheras", por su rentabilidad y volumen de ventas.
Para las automotrices, el objetivo principal de este año es destrabar el ingreso de los dólares necesarios para su operación local. La autorización de US$ 3000 millones por año es uno de los objetivos de máxima que esgrime la industria para mantener un volumen de 650.000 unidades, además de evitar el "globo de ensayo" del Procreauto 3.
La lógica de la actividad se basa en un sistema preventivo con las denominadas alarmas tempranas. Es decir, una especie de despertador con el que los directores de Asuntos Públicos y sus equipos monitorean la cobertura de los temas regulatorios que los afectan directamente y tratan de prevenir cambios disruptivos para sus negocios. "Después se activan los contactos, pero quedó demostrado que existen dos estadíos: uno, cuando el proyecto baja del Ejecutivo y ya no hay nada que hacer, y otro, cuando se gestó en la línea media y sí existe poder de negociación", describe el ex director de Asuntos Públicos de una importante petrolera argentina.
"Los empresarios se animan cuando están en las últimas. El lobby local es a la defensiva o al ataque, pero no se llega a ver una propuesta de fondo porque la diversidad de intereses los termina separando", se enoja Guillermo D'Andrea, profesor de Dirección del IAE. Y agrega: "A los empresarios los junta el espanto y no el amor. La queja, la crítica, el cortoplacismo, la caída en las ventas, el cepo, la baja en las escrituras y el contexto".
A nivel nacional existen 910 entidades, contando cámaras empresariales (797) y asociaciones de criadores (113). Desde el punto de vista legal, las cámaras son consideradas asociaciones civiles, al igual que las fundaciones, y no tienen un límite en la cantidad de cámaras destinadas a una misma industria. A su vez, cada provincia tiene su propia reglamentación, lo que aumenta la confusión y el desconcierto, según describe la investigación sobre el mapa empresario local realizado por el IAE, y agrega que cada una de las ciudades de tamaño significativo tiene su propia cámara, con objetivos así duplicados.
Otra de las superposiciones se da también por tipos de producto. Por ejemplo, de 56 cámaras que existen en el sector ganadero, 27 corresponden al ganado bovino. En el sector agrícola, de 86 cámaras que funcionan a nivel nacional representando a 19 productos se llega a un promedio de 4,5 cámaras por producto, resumen en el IAE. El promedio de miembros por cámara es de 103 personas, con un máximo de 4613 socios y un mínimo de dos. "Para bailar el tango hacen falta dos. Los empresarios han sido muy prescindentes durante los últimos años y eso se nota en la consecución de objetivos", cierra D'Andrea.
Hasta hace pocos años la acepción "lobby" tenía connotaciones de carácter negativo y en muchos casos hasta se eludía su visibilidad

Para Luis Betnaza, vicepresidente 1° de la Unión Industrial Argentina (UIA), "más allá de que hay una división enorme, tenés una entidad que aglutina a los accionistas de los principales grupos de la Argentina, que es AEA [Asociación Empresaria Argentina], y después están las gremiales empresarias, que tienen un rol de intermediación clave". Para el hombre fuerte del grupo Techint, "todo el mundo tiene el derecho a tener la entidad que quiera, pero la representatividad te la dan los asociados, y eso se nota en la UIA".
El debate se da también sobre las distintas formas en las que se pueden establecer las relaciones. "Muchas veces la autoridad política pretende una entidad amigable, que en definitiva favorece a ambas partes, pero el rol del sector industrial es transmitirle a la autoridad los intereses concretos, no ser simpáticos", agrega el cuestionado líder de una gremial empresaria que tiene tanta afinidad con el Poder Ejecutivo como la CGT de Antonio Caló.
En la evolución de la especie existe otra arista del lobby local. "Así como en los 90 el perfil del área estaba orientado a prensa y relaciones públicas, y su aparición, a legitimarse socialmente, el paradigma de esta década es que los profesionales del sector tienen un perfil de asuntos públicos y corporativo bien marcado", grafica Juan Pablo Maglier, director de Relaciones Institucionales de La Rural y de esa división de IDEA.
Hasta hace pocos años la gestión de los asuntos públicos y gestión de intereses tenía características de tabú, la acepción "lobby" tenía connotaciones de carácter negativo y en muchos casos hasta se eludía su visibilidad. Actualmente, dada la gran profesionalización de la actividad y la incorporación de funciones que muchas empresas multinacionales tienen en sus casas matrices, la función tiene una mayor presencia en las organizaciones locales, similar a la global, y procura dar respuesta a la demanda de transparencia generalizada de la sociedad.
"Puertas adentro se hace un mapeo de stakeholders [accionistas, proveedores, cámaras y trabajadores, entre otros sectores que pueden verse afectados por cualquier decisión]. Influenciadores, decisores, alianzas estratégicas que hay que tejer, plan de campaña con objetivos mensurables, y así se estructuran los proyectos de influencia, que también incluyen a los gobernadores de las provincias en las que operamos, a los máximos funcionarios del área y el intento de llegar al Ejecutivo de forma directa", cierra el responsable de lobby de otra de las tres principales mineras que operan en el país.
Como último dato, suma conocer la opinión de uno de los tres principales headhunters (cazatalentos) del país: "Cuanto más controversial sea el área para la que se encara la búsqueda, mayor es la remuneración. La brecha entre igual posición en una firma de un negocio «amigable» de una que no lo es puede superar el 35 por ciento. Hoy el lobbista es parte del corazón de las multinacionales que operan en el país, y mucho más, de aquellas en las que abrir una puerta implica sencillamente salvar el negocio".

Del ketchup a los vasos de café

Cuando la filial local de McDonald's se quedó sin ketchup en sobrecitos en sus sucursales del país, la firma decidió no hacer ningún comunicado oficial en el que se culpara al Gobierno por el faltante. Las consabidas demoras en la aprobación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) por parte de la Secretaría de Comercio habían ocasionado el problema.

Sin embargo, fuentes del sector describieron cómo logró destrabarse la importación de la salsa cuando el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich , se hizo eco de lo que ocurría en las redes sociales (hashtag #faltaketchup incluido) y activó en menos de 24 horas la solución.

El contexto en el que ocurrió el faltante era en plena transición entre la salida de Guillermo Moreno y la llegada de Augusto Costa a la Secretaría de Comercio. Algo similar ocurrió con el queso cheddar, que solía ser importado y hoy se produce en el país.

El grupo Alsea (competidor en el rubro de comidas rápidas, que tiene entre otras marcas Starbucks y Burger King en el país) vivió un problema similar, y la solución también fue parecida.

En tiempos de Guillermo Moreno como mandamás de la economía, la cadena de cafés sufrió el faltante de sus tradicionales vasos, y para resolverlo aceleró los plazos de sustitución de importaciones y de búsqueda de proveedores locales. Al solucionar el problema temporal, la firma "pidió disculpas" por sus vasos de origen nacional.
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ASI VIVEN LOS MUSULMANES EN FRANCIA: MEJOR QUE EN SUS PAISES DE ORIGEN?

Edición Nro 187 - Enero de 2015

De una generación a otra: exclusión, violencia, integrismo

Viaje a los “barrios norte” de Marsella

Por Maurice Lemoine*
    
Cinco distritos de Marsella, situados al norte de la ciudad provenzal, fueron declarados “zonas de seguridad prioritarias” por el gobierno francés en agosto de 2012. En 1987, el autor de esta crónica escribió un libro sobre los habitantes de esos barrios, en su mayoría inmigrantes de la “segunda generación”. Veinticinco años más tarde, volvió a verlos.
© David Turnley / Corbis / Latinstock
Tengo dos países –murmura Mohamed–, Francia y Argelia. Aquí y allá. Pero el que yo prefiero, es el mío” (1). Estamos en 1987 y Mohamed, atrapado entre dos culturas, pertenece a la famosa “segunda generación” de inmigrantes. Al igual que Djamila, Malika, Fatima, Karim, Brahim o Kader, vive en uno de los “barrios norte” de Marsella: la Solidarité, le Petit Seminaire, la Busserine, los Flamants, la Castellane, el Plan d’Aou, Bassens, etc. Aislados como por un cordón sanitario, una concentración de complejos de viviendas de alquiler módico (HLM, en francés), muy deteriorados, albergan en su mayoría a familias magrebíes que en casi todos los casos pasaron antes por los barrios de tránsito (2).

Pasaron veinticinco años. La decoración es la misma: una jungla urbana que creció sin plan de conjunto, rutas, autopistas y, todos alineados y en damero, los famosos barrios. A primera vista parecen menos vetustos: sería absurdo pretender que no se haya hecho nada en este lugar. En determinadas partes se ha demolido y reconstruido, en otras bajó la densidad. Aquí o allá se ha renovado. Esto no impide que, en una segunda mirada, aparezcan huecos de escalera ruidosos, fachadas descoloridas, balcones oxidados, pequeños comercios cerrados.

Resurge la misma mermelada de gritos y de risas, la misma charla colorida. Pero hablar de “segunda generación” ya no tiene sentido. En el corazón de estos “suburbios en la ciudad” –los “barrios norte” forman parte de Marsella–, ya existe una tercera, incluso una cuarta generación. “Nosotros tenemos todavía la costumbre de volver a casa, sacarnos la ropa y ponernos la gandura [vestimenta del Magreb] –se divierte Fatima Mostefaoui, presidenta de la asociación de locatarios de los Flamants–. Ellos, no. Son realmente franceses. ¿Cómo pueden decirles que son diferentes?”. “Sin embargo todavía se habla de beurs [árabes], de inmigrantes, ¡se los sigue llamando extranjeros!”, se conmueve la dinámica Karima Berriche, directora del Agora, el centro social de la Busserine. Sin duda porque, abuelos, padres, hijos y nietos mezclados, siguen viviendo en su mayoría relegados en estos mismos barrios. En cuanto a su reputación...

Portación de cara

En los años 80, se destacaban dos diarios –en el registro “joven magrebí arrebata una cartera; ¿qué hace el gobierno para poner fin a los delitos de los inmigrantes?”–: Le Méridional, de extrema derecha, que le ganaba por un cuerpo a Le Provençal, de centro izquierda. Ambos se fusionaron en 1997 y se convirtieron en La Provence. Pero el tono no cambió. Aunque según el ex profesor de Filosofía André Koulberg, trabajador social en el barrio de Malpassé, “nuestro principal obstáculo es la imagen. Los sucesos con los que alimentan a sus lectores existen, no lo negamos, pero está todo lo demás... Y lo ignoran deliberadamente”.

“Pasar de las villas de emergencia a los barrios de tránsito y luego a la vivienda social, crea barrios un poco monocordes, –recuerda como una verdad de Perogrullo la directora de la asociación Ancrages, Samia Chabani–. Pero ahora, incluso las escaleras lo son.” Les Rosiers, Bon Secours, la Savine, el Plan d’Aou, albergan a comorenses y, en distintos grados, a familias de patronímicos norte-africanos; la Castellane, a los magrebíes; en la Renaude se amontonan árabes, gitanos y comorenses. Más fuerte aun en la Savine: “Hace quince años los recién llegados fueron reagrupados por su origen –relata Anne-Maire Chovellon, que trabajó allí–. Unas torres para los asiáticos, otras para los magrebíes, otras para los comorenses. Entonces, los primeros problemas se presentaban en primer grado con los niños: no querían trabajar juntos, había racismo entre ellos”.

“Quieren irse –podíamos escribir en 1987–. Al mismo tiempo, un profundo arraigo los ata al barrio. Allí crearon redes, sus apoyos afectivos y financieros.” De regreso al mismo lugar nos preguntamos: ¿Qué ha cambiado? ¡Nada! Estos monobloques funcionan como una aldea, todo el mundo se conoce. Al bajar a recibir al cartero, siempre hay un vecino, una vecina que vuelve de hacer las compras. Un sistema de relaciones, de complicidades, de favores. En verano, bajo los balcones llenos de ropa secándose, viejas heladeras, cochecitos para niños y bicicletas, se sacan las sillas, se conversa afuera. Y si a todos les gusta esta vida comunitaria, es más que nada porque allí se sienten protegidos.

Incluso los jóvenes, que parecen muy seguros de sí mismos. Ir al Puerto Viejo o la Canebière se traduce en: “Bajo a Marsella” (cuando ya están allí). Pocos cruzan el Rubicón. “Si vas a una discoteca, te rechazan; si buscas trabajo, te rechazan; los canas te controlan porque tenés cara de árabe…” “Objetivamente, hay frenos para la movilidad –constata Florence Lardillon, en la Universidad del Ciudadano–. Aunque sólo fuera a causa del transporte público, mal organizado. Pero también existe la movilidad en la mente, ligada a esta cuestión de la imagen: cuando salga de mi barrio, ¿cómo me van a mirar? Creen llevar estigmas que hacen que no sean bienvenidos.”

Conviene precisar que la asignación de residencia no favorece en absoluto el movimiento. “Los de vivienda social nos hacen creer que nos abren los cupos –se indigna la señora Mostefaoui–. Pero si nos queremos ir de los Flamants, sólo nos proponen lugares equivalentes: los Clos, la Bégude Nord, y de vez en cuando la Bégude Sud. Nos mandan en masa a los Aygalades y a las Hirondelles, pero no nos ofrecen el Merlin –¡soberbio!–, los Chartreux, Palmeri, Val Plan; a lo sumo a uno o dos. ¡No somos salvajes, somos educados!”

“Estás frente a un espejo que te refleja permanentemente tu imagen –deplora Berriche–. El problema, en un medio popular precarizado, es que esta exclusión resulta pesada. No tenés otra red en la cual apoyarte.”

Una situación tanto más delicada considerando que Marsella, en materia de empleo, “es la muerte”. Nada muy original, se objetará. En 1987, burlón y desengañado, Mustafá interpelaba a sus amigos: “Si conocés a alguien que quiera un CAP [Certificado de Aptitud Profesional], se lo doy. Tengo tres. De pintor, de albañil y de plomero. ¡No me sirven para nada!” Se acababan de cerrar las fábricas de tejas, las industrias mineras; se reestructuraba la fábrica química de Pennaroya, las jabonerías, las aceiteras. La desocupación estallaba, de 3,9% en 1973 a 26% en 1999 –con picos de hasta el 40% en algunos barrios populares–, para volver a bajar en 2012 al 14,1% (3). A la “segunda generación” de inmigrantes le sucedió la segunda o tercera generación de desocupados. En Busserine, Benaziza Lahouaria está angustiada: “Mi marido es marmolero, diplomado, tiene experiencia; mi hijo tiene un título de bachiller profesional como agente de seguridad pública y privada, ni uno ni otro encuentran trabajo”. A pocos pasos de allí, con la gorra al revés sobre la cabeza, un joven de origen comorense estalla en una risa incierta: “A mis amigos los veo cuando van a fichar”.

Sin embargo, Marsella es una obra a cielo abierto. En 1995 fue lanzado el proyecto Euromediterráneo que pretendía fusionar, en veinte años, desarrollo económico y reorganización urbana. El intendente Jean-Claude Gaudin (Unión por un Movimiento Popular, UMP) renovó el centro de la ciudad, erigió torres de vidrio y de metal en la Joliette para convocar cuadros y crear empleos de alto valor agregado –para los cuales la inmensa mayoría de los jóvenes de los barrios no tiene ni la formación escolar, ni el nivel profesional adecuado–. A esto hay que agregar una gran renovación de la costanera y de la “city”, y –¡prioridad de prioridades!– el techo del estadio Vélodrome (273 millones de euros).

“A priori, hay laburo –constata el psiquiatra infantil Djamel Bouriche–, pero en las obras sólo hay personas llegadas del Este, nadie de los barrios. ¡Es lamentable, es un escándalo! Ikea se instaló en la zona de la Valentine y sólo tomó blancos, chicos de la Côte Rouge, ninguno de Saint-Marcel”. Franceses, pero que se llaman Mohamed o Brahim. “Decir que venís del barrio de los Cedros –suspira un joven– es peor que anunciar que venís del extranjero.”

Resultado: “Algunas familias sólo sobreviven –constata con furia contenida un educador especializado–. Antes se decía ‘Está difícil’ a partir del 15 del mes. Ahora es a partir del día 7. Ya no es una brecha, es un abismo el que separa los diversos estratos de la sociedad”.

Consecuencia, ya en 1987, se decía: “Ahora los jóvenes tienen otra mentalidad. Arrebatan las carteras de las viejas, arrancan las cadenitas, rompen las farmacias, hacen cualquier cosa”. Un cuarto de siglo más tarde, nada nuevo bajo el sol. Ante la desesperación, sólo queda arreglárselas, todo el mundo lo sabe. Robos de autos, robos al voleo –llamados “robos express”–, robos de tarjetas por los “dabeurs” (4), lanzamiento de piedras y actitudes incivilizadas de los usuarios cada vez más jóvenes en el interior de los autobuses… Una violencia omnipresente, multiforme, plural, pero que es necesario también, sin caer en el relativismo… relativizar. “Como en cualquier parte, hay una pequeña minoría que jode la vida de los otros –comenta Lardillon–. Dicho esto, en tanto que trabajadores sociales, cuando vamos a los barrios, nunca nos sentimos inseguros.” En la Busserine, el franco-comorense Daouda Damanir matiza otro tanto: “Es difícil hablar del asunto porque todo esto para mí es banal. Robos al voleo existen. Yo los he visto. Pero decir que hay todo el tiempo, es un abuso. ¡No vivimos en una favela!”.

Jóvenes en peligro

Aunque son más repetitivos que graves, estos actos terminan desgastando a la población. En los últimos años, después de haber sido reducida, la policía de proximidad desapareció por completo.

De manera que... “Cuando éramos jóvenes, había pequeños robos. Hoy, pasan cosas más peligrosas y más graves.” “Cuando eran jóvenes”, Djamila se acercaba a sus amigas: “No le digas a nadie... ¡Mi hermano se droga!”. El “bizness” llegó en ese momento, de manera artesanal, individual, “cuestión de ganar algo de plata”. Con una tragedia, que pasó desapercibida, debido al cocktail heroína-sida: “La droga destruyó a esta juventud –gesticula Bouriche, mientras viejas imágenes bailan ante sus ojos–. Un período sombrío, como en los barrios negros e hispanos de Estados Unidos: perdí a la mitad de mis amigos”.

“En esa época, se hacía a escondidas –nos confiesan en Malpassé–. Hoy, es un tráfico a cielo abierto.” Los dealers de 18-20 años fueron reemplazados por niños, dirigidos por adultos, que son verdaderos empresarios. De allí “el baile de las Kalachnikovs” y los arreglos de cuentas entre “mafiosos de origen magrebí” que están a la orden del día –veintinueve muertos entre principios de 2011 y septiembre de 2012–. A pesar de la gravedad de los hechos, nos permitimos sonreír ante quienquiera que ose pretender que mafias y vandalismo no existieron nunca bajo el cielo azul marsellés. Sólo que hasta hoy no se etnicizaba el fenómeno (salvo, quizás, tratándose de los corsos, en un registro “folklórico”).

Aun cuando no implica más que a una franja ínfima, esta vida paralela tiene un impacto en la vida cotidiana de algunos barrios: el Clos la Rose, Font-Vert, la Visitation, la Castellane, Bassens, les Micocouliers, Malpassé. ¿La red? Una docena de personas, entre 13 y 25 años: los choufs (campanas), los que enganchan a los clientes, los que preparan la mercancía, los “charbonneurs” (vendedores), instalados delante de los blocs, bajo el hueco de las escaleras. De allí que, siempre en Malpassé, “las idas y venidas de los habitantes y de los visitantes se vuelvan muy complicadas”, observa un residente. En este barrio enfrentado a un grave problema de deserción escolar, los niños están atrapados. “Todo empieza por ‘andá a comprar una latita y un sándwich’ para el que está vendiendo y después, poco a poco, sigue una forma de promoción social que los pibes no encuentran ni en la escuela, ni en la sociedad”.

A la mañana, en determinados lugares, como en Font-Vert, los “boss” contratan a los traficantes mal pagos que, “contrariamente a lo que se dice, ganan muy, muy poco”. En la Castellane resulta difícil circular para un desconocido sin que los muy jóvenes campanas le pidan explicar qué hace ahí. Como habitués, los clientes pasan tranquilamente. Gente común, todas las clases sociales y todos los colores de piel confundidos.

No debe subestimarse el problema bajo pretexto de que los medios de comunicación sacan provecho del mismo: los modos operativos se tornan cada vez más violentos. “Cuando pertenecen a una red, si no tienen un padre o un hermano particularmente respetados, o una familia muy piadosa, los chicos están atrapados. Sufren malos tratos corporales; al menor error, palos y encierro. La cosa puede ir incluso mucho más lejos.” ¿Jóvenes delincuentes? Jóvenes en peligro, sobre todo. Y cuando las familias tratan de resistir, “son agredidas; les saquean el departamento, les queman el auto… Resultado: todo el mundo se calla y soporta”. Otros cierran los ojos: entra dinero a la casa, alivian la indigencia. La pregunta es si son realmente poblaciones salvajes o grupos sociales abandonados.

Reconstruir más que edificios

Y ya que hablamos de inseguridad… Los Flamants reclamaron durante quince años para que, por fin, el poder público se decidiera a instalar un semáforo en la vía de gran circulación que separa el barrio del modesto centro comercial vecino. “Hace algunos años una mujer murió atropellada cuando iba a la panadería –se indigna Hadda Berrebouh–. Los autos circulan a 200 kilómetros por hora, y casi todos los meses había un accidente.” A raíz de esto, el 24 de marzo de 2012, un pequeño grupo de gente contenta puede disfrutar del discurso del alcalde del sector, Garo Hovsepian (Partido Socialista), acompañado de un puñado de notables: “Queridos amigos… ¿La inauguración de un semáforo es acaso un acontecimiento excepcional? La respuesta es no. Pero en este caso se vuelve excepcional. Porque, desde hace años, no se tomó en cuenta lo que pedían los vecinos. Hoy, con mucha buena voluntad [sic], hemos logrado resolver este problema. Entonces yo, digo: hay que ser optimista, todos juntos, codo a codo”. Se acercaban las elecciones, claro está.

Desde hace treinta años, se están “rehabilitando”, cosa de nunca acabar, los reductos más deteriorados. Sin embargo... “El ascensor nunca anda –refunfuña el muy digno Lounes Agouminelcha, de 70 años–. Conozco una mujer discapacitada, con una niña de 8 años que tienen que subir regularmente dieciocho pisos a pie. No somos perros, no es normal. El propietario sólo se preocupa por el alquiler.”

Esta vez, sin embargo, prometido, “la mano viene en serio”. Iniciada en 2006, en el marco del Gran Proyecto de Ciudad (GPV, en francés) que se extiende sobre un territorio en el que viven 210.000 habitantes, la más vasta de las reestructuraciones comprende seis barrios (5). Se demuele, se reconstruye, se abren nuevas vías “para hacer ingresar la ciudad en los barrios [particularmente, en caso de hipotéticas revueltas, las fuerzas policiales] y los barrios en la ciudad”.

Sin discutir la necesidad de esta obra, Lardillon expone ciertas inquietudes: “La promesa es que por cada vivienda destruida, otra será construida. ¡Pero no necesariamente en el mismo lugar! Los alquileres, teóricamente, no deberían aumentar. Pero los más pobres seguramente no podrán quedarse”. Por otra parte, los primeros interesados expresan una evidente frustración: “Quisiéramos un mínimo de concertación, pero los proyectos ya vienen acordados”.

Un detalle: en los llamados a licitación para la atribución de estas obras, existe una cláusula de inserción; el 5% de las horas trabajadas debe ser reservado a los jóvenes del barrio de que se trate. En los Flamants, Mostefaoui no oculta su disgusto: “Las empresas nos dicen: ‘No los tomamos en el barrio, los reclutamos en otra parte, esto los obliga a salir’. ¡Como si nuestros muchachos fueran a bajar en pijama, con su medialuna y un café, para ir a trabajar!”. Argumentos ridículos que ofrecen a gente cansada de luchar, pero no por ello tontos. Los capos del BTP (edificios y trabajos públicos) cobran subvenciones del Estado y, burlando la ley, van a la Porte d’Aix o a otros lados a reclutar trabajadores clandestinos, que trabajan a voluntad y no pagan cargas.

Según la opinión general, reacondicionar los edificios no servirá de nada si no hay progresos en el empleo, la educación, la salud, los servicios públicos; todo lo que hace al fundamento de la cohesión social.

¿La escuela? “Chicos que vienen del mismo barrio, que se conocen, que viven todo el día juntos y que van a la misma clase, donde son 32: ¡cómo quiere usted que haga un profesor, que ya ni siquiera va al IUFN [Instituto Universitario de Formación de Maestros de Escuela], que tiene 21 años! ¡Es mandarlo al matadero!”, afirma fulminante nuestro educador. A los padres, que se encuentran a su vez en situación precaria, les cuesta transmitir su convicción respecto de la utilidad de la enseñanza. “Son muy sensibles a la cuestión escolar y al éxito de sus hijos; no son en absoluto derrotistas o invisibles –precisa Berriche–. Se trata simplemente de gente en dificultad.”

En los colegios vetustos, los profesores, desamparados, cambian todos los años. Los liceos, como Diderot –2.000 alumnos y 250 docentes– o Saint- Exupéry, están también expuestos a la eliminación de cargos, al avance del empleo precario, la degradación de las instalaciones... los tiempos que corren. “Los últimos años las relaciones con los alumnos se tensaron mucho –asegura Cathy Bourgoin, profesora en Diderot–. Nos critican porque somos mujeres; las relaciones entre los sexos se degradaron notablemente.” Abordar cuestiones como la religión o el aborto se vuelve delicado. Nordine Hossine, que proviene del barrio “sensible” de la Calade, y es profesor de Letras e Historia en la sección de Enseñanza Profesional, se rebela: “¿Pero de dónde salió su imam? ¡Nunca oí hablar de eso!”.

Repliegue sobre la fe

Fue de Marsella que partió La Marcha por la Igualdad de 1983. La “segunda generación”, sentimentalmente ligada al país de origen, pero muy “libertad, igualdad, fraternidad”, era un hervidero: militancia asociativa, lucha antirracista, reivindicaciones sociales… Sin renegar de sus padres, que traían del pueblo su cultura, algunos grupos de mujeres jóvenes quisieron emanciparse. En ese entonces, Zohra no dudaba en confesar: “Preparamos todo en la cocina mientras los hombres hablan… ¿Y a la tarde? Nosotras en una pieza, los hombres en otra. ¿Por qué no nos ponemos el chador, ya que estamos?”.

De esta generación, muchos emergieron gracias a su coraje y a su talento. Aquellos de los que se habla demasiado, para esconder la miseria de los otros, o aquellos de los que no se habla nunca, so pretexto… de que se habla demasiado. Podrían multiplicarse los nombres y las funciones: Samia Ghali, alcalde de los distritos 15 y 16 de Marsella, senadora de Bouches-du-Rhône; Karim Zéribi, presidente del Consejo de Administración de la Dirección de los Transportes de Marsella (RTM, en francés); Karima Berriche, Yamina Benchenni y muchas otras, responsables de centros sociales. Qué orgullo en la voz de Agouminelcha, cuando confía: “Tengo una hija que trabaja con un médico, otra en el Consejo Jurídico, otra es oficial de policía en Clermont-Ferrand; tengo también un hijo varón en la Marina Nacional. Y me ocupo de mis nietos como me ocupé de mis hijos, ¡Inch Allah!”.

Pero muchos, demasiados quedaron al borde del camino, teniendo que soportar la discriminación y, al mismo tiempo, ser fieles. A tal punto se los ha remitido a sí mismos –“árabes-musulmanes”– que algunos han terminado por decir: “Yo soy ‘eso’; ya que me rechazan, voy a afirmarme”. Para no solucionar nada, surgieron hogares de integrismo. Aquí, allá, en Malpassé, “tenemos un lugar de oración muy, muy radical; hay un lavado de cerebro en los jóvenes, se siente una presión enorme sobre el barrio”. Aquí, como en otras partes, en Malpassé, se inquieta Chabani, “se ven aparecer una cantidad de prácticas ‘folklorizantes’ del islam, con personas, en particular mujeres, que dan la impresión de disfrazarse, que llevan vestimentas que no están ligadas ni a su historia migratoria ni a su historia familiar, y que reducen la práctica religiosa a prohibiciones alimentarias o vestimentarias absurdas”.

Hay por tanto un repliegue sobre la fe. Sin embargo, pretender que se trata de un maremoto equivale a una manipulación. Muy republicana, la inmensa mayoría practica –cuando lo practica– un islam tradicional. Y las relaciones serían más tranquilas si la construcción de la Gran Mezquita de Marsella no se remitiera permanentemente a las calendas griegas, si el gobierno de Sarkozy no hubiera humillado a esos franceses con debates ineptos sobre la “identidad nacional” y si nos acordáramos de que cuando los tiradores argelinos liberaron Marsella nadie se preocupó por saber si comían halal. “En nuestro barrio –observa Moustefaoui– tenemos mujeres con velo que dan cursos a los niños; ¡no cursos de árabe, de francés! Mejoran su nivel. Se las ha tratado de integristas… No tenemos fanáticos aquí.”

En el Agora, Berriche reflexiona: “¿Por qué este crecimiento del islamismo? Porque hubo ausencias, en particular entre los trabajadores sociales. No fuimos los suficientes a trabajar en la educación popular, tanto para niñas como para varones. ¿Pero dónde estaban la izquierda y la extrema izquierda?”. De una generación a otra la transmisión política se interrumpió.

Fisuras en la estructura social

Mientras que toda la antigua estructura social se resquebraja, los centros sociales y las asociaciones no dejan de luchar valientemente. Aun cuando, unos y otras, antaño animados por militantes libres, a menudo benévolos, caídos bajo la órbita de la política de la ciudad y de su ministerio, se hayan institucionalizado. “Ligados a los poderes públicos –explica Koulberg–, ya no pueden tener la misma fuerza de proposición, de reacción y sobre todo de confrontación que antes.”

Su financiamiento proviene de los ministerios, del Consejo General, del Consejo Regional, de las alcaldías, etc. ¿Impartir educación popular? Además, habría que tener tiempo: en una coyuntura general donde el dinero escasea y donde, para obtener las subvenciones de unos hay que habérselas quitado a otros, en fin, una verdadera carrera de obstáculos. “Pasas más tiempo llenando el papelerío y pidiendo subvenciones que trabajando realmente.”

Y, sin embargo… Esta tarde de marzo, se prende la luz en la sala llena del Teatro del Merlan, prestigioso escenario nacional avalado por el Ministerio de Cultura. En el marco del “Cine de al lado”, iniciativa mensual lanzada en sociedad con el Agora –la Busserine se encuentra justo en frente, del otro lado de una ruta– y otras asociaciones, termina la proyección de Detroit, ciudad salvaje (6). Un documental sobre esta ciudad estadounidense, antiguamente cuna de la industria nacional que, alcanzada por la desindustrialización, pasó de la prosperidad a la pesadilla de la crisis (7).

El primero en tomar la palabra, una vez lanzado el debate, es un joven de origen africano: “No quisiera ofender, pero ¿por qué vimos este film? Todo el tiempo se busca el lado podrido de la manzana, los edificios destruidos y eso… Vine contento, me voy deprimido”. Un estallido de risa general saluda la intervención. La velada reúne a los vecinos del barrio, particularmente a los jóvenes, chicas y chicos, pero también otros marselleses venidos de los cuatro puntos de la ciudad. En una perfecta diversidad social, cada uno toma la palabra y se habla de todo: de la droga, del crack, de la música hip-hop, del capitalismo, de las fábricas cerradas, de las empresas deslocalizadas… Un intercambio de tal riqueza que al final de una de estas sesiones, unos marselleses que viven en el centro tomaron a Koulberg por el brazo: “Es increíble, se expresan normalmente, hablan de los problemas de todo el mundo. ¡No pensábamos que fueran como nosotros!”. 

1. Todas las citas que se refieren a los años 80 fueron extraídas de la obra del autor, Les Cités interdites. Marseille : filles et fils de l’immigration au quotidien, Encre, París, 1987.
2. Barrios de viviendas provisorias, a la espera de la atribución de viviendas del tipo HLM.
3. Françoise Lorcerie y Vincent Geisser, “Les Marseillais musulmans”, Open Society Foundations, Nueva York, 2011; y, para 2012, www.linternaute.com/ville/ville/accueil/154/marseille.shtml
4. Por los distribuidores automáticos de billetes (DAB).
5. La cañada de Malpassé y los Cedros; Saint-Paul; Flamants-Iris; Saint-Barthélemy III-Busserine - Picon; Sainte-Marthe.
6. Detroit, ville sauvage, de Florent Tillon, Ego Productions, París, 2010.
7. Véase Allan Popelard y Paul Vannier, “Detroit, la ciudad que se encoge”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2010.

* Periodista.

Traducción: Florencia Giménez Zapiola

Tariq Ramadan: The West, terrorism and Islam - Europe - Al Jazeera English

Tariq Ramadan: The West, terrorism and Islam - Europe - Al Jazeera English

LA REACCION EUROPEA ISLAMOFOBICA

La ultraderecha endurece su campaña antimusulmana

Grupos extremistas de toda Europa utilizan los ataques para reforzar su discurso contra los extranjeros

Bruselas, DIARIO EL PAIS, MADRID  9 ENE 2015
 
 
 
La extrema derecha europea ve en los atentados de Francia un ejemplo perfecto del mal que preconiza desde hace años: el supuesto intento de islamizar el continente por parte de los inmigrantes de origen musulmán. De Francia a Suecia, pasando por Reino Unido, Alemania e Italia, los partidos de corte xenófobo tratan de sacar réditos de lo ocurrido en París. En el plano más cercano, la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, habló de un atentado “realizado en nombre del islamismo radical” que enfrenta a los franceses “a una ideología mortífera”. Las valoraciones resultaron aun más incendiarias fuera de Francia.
Después de varias semanas agitando Alemania con marchas promovidas por los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida, por su nombre alemán), este movimiento ha aprovechado los ataques de París para justificar sus postulados. No es el único en Alemania, un país reacio a demonizar a cualquier minoría por su pasado reciente. La formación eurófoba Alternativa por Alemania, con siete diputados en el Parlamento Europeo, ha instado a los grandes partidos a “considerar seriamente si continúan difamando a Pegida”, en palabras de su vicepresidente, Alexander Gauland.
El riesgo es que estas opciones, minoritarias pero que han experimentado un gran empuje electoral en el último año, capitalicen el desconcierto de los ciudadanos ante tragedias de este tipo. Sin matices, Matteo Salvini, responsable de la Liga Norte italiana —partido eurófobo, antiinmigración y separatista, que gobierna las ricas regiones de Lombardía y Véneto—, no dudó en considerar que “el islam es el problema”, y criticó al Papa Francisco por “hacer un mal servicio a los católicos” al promover el diálogo con los musulmanes.
Un mensaje similar se aprestó a lanzar Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad holandés, que va a ser procesado por incitar a “limpiar de marroquíes” el país. Wilders ha grabado un vídeo en el que anuncia solemnemente que lo observado en Francia “es sólo el principio” y clama contra el islam, “una ideología que persigue someter a todo el mundo a la sharía [ley islámica]. El partido de Wilders controla 12 de los 150 diputados del Parlamento holandés. Sus vecinos belgas del Vlaams Belang, más residuales en las cámaras de ese país, alertan del “peligro de la islamización en Europa”.
Extendiendo el problema más allá del ideario musulmán, el líder del nacionalista británico UKIP, Nigel Farage, el partido más votado de Reino Unido en las últimas elecciones europeas, atribuye tragedias como la de Francia al multiculturalismo en Europa. “La obsesión por fomentar una sociedad multicultural ha creado una quinta columna en Occidente”, ha asegurado Farage en un comunicado difundido por el partido.
Respaldado por un éxito electoral que le ha dado el 13% de los votos en Suecia y que ha estado a punto de tumbar el Gobierno socialdemócrata, los Demócratas Suecos, de doctrina antiinmigración, han vinculado también los atentados al islam. “La religión de la paz muestra su rostro”, ha declarado sarcásticamente Björn Söder, secretario general de la formación sueca.
Discurso radical
Marine Le Pen, líder del partido Frente Nacional francés, afirmó que el islamismo radical es “una ideología mortífera”. 
Geert Wilders, líder xenófobo holandés, aseguró que el islam “persigue someter a todo el mundo a la sharía”. Lo ocurrido en Francia “es solo el principio”.
Nigel Farage, al frente del partido británico UKIP señaló: “La obsesión por fomentar una sociedad multicultural en Europa ha creado una quinta columna en Occidente”.