Wednesday, January 14, 2015

EL CAOS DE YEMEN, EMBRION DEL ATENTADO DE PARIS

Otro problema para Yemen

Su vinculación con el atentado de París pone de relieve el desgobierno del país

Dubái, DIARIO EL PAIS, MADRID 14 ENE 2015
 
 
 
 
El vínculo con el atentado de París es lo último que le hacía falta a Yemen. El frágil Estado heredero del reino de Saba afronta su enésima crisis no ya de legitimidad, sino de mera capacidad para mantener unidas las agrietadas costuras del país, amenazado por el independentismo del Sur y la rama local de Al Qaeda. En el último golpe al débil poder central, la revuelta de los Huthi, que hasta ahora se había confinado a las montañas del norte del país, se extendió el pasado verano hasta la capital, Saná, haciéndose con el control de facto del Gobierno.
Desde entonces, ese grupo tutela los ministerios y los principales centros oficiales como el aeropuerto internacional o el Banco Central. Incluso forzó un cambio de Gabinete. Sin embargo, no está cumpliendo su parte del acuerdo de paz alcanzado el 23 de septiembre en el que, a cambio del nombramiento de uno de los suyos (además de un representante de los independentistas del Sur) como consejero del presidente Abdrabbo Mansur Hadi y de un primer ministro independiente, se comprometió a retirar a sus milicianos de forma escalonada.
“Es una situación muy ambigua en la que se dan a la vez el vacío y la dualidad de poder”, explica un observador desde Saná.
Los rebeldes justifican su actitud por la lucha contra la corrupción y la necesidad de supervisar el proceso. Sin embargo, su negativa a participar de forma activa en él, formando un partido político o asumiendo responsabilidades directas de gobierno está contribuyendo al fracaso del mismo.
A la vez, la afiliación zaydí de los seguidores de Ansarullah (literalmente, Partidarios de Dios, aunque se ha generalizado la denominación Huthi por el clan que lidera la insurrección desde 2004) está siendo explotada por Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) para atizar el sectarismo. Los zaydíes son chiíes, lo que permite a los extremistas suníes manipular la naturaleza del conflicto (a pesar de que apenas un tercio de los 24 millones de yemeníes sigue esa rama del islam, e históricamente han convivido sin problemas). De hecho, desde que la demostración de fuerza de los Huthi, AQPA, que controla el centro y el sureste del país, ha conseguido aglutinar a numerosas tribus suníes.
Mientras tanto, se agota la paciencia de una población empobrecida por décadas de nepotismo y que se llenó de esperanza cuando su movilización al hilo de la primavera árabe logró echar de la presidencia a Ali Abdalá Saleh. Pero a pesar de lo proclamado, la transición no está siendo ni pacífica ni ejemplar. Muchos yemeníes han visto su mano, e incluso la connivencia de Hadi (que fue su número dos), en la facilidad con que los Huthi tomaron no sólo la Administración sino incluso las instalaciones militares, al hilo de las protestas contra la subida de los carburantes. A pesar de que Saleh libró seis guerras contra los rebeldes del Norte, en Yemen las alianzas y lealtades siempre han sido volátiles. Por ello, continúan las protestas.

A GERMAN JOURNALIST INTERVIEW TO ANOTHER GERMAN OF IS


NOUS NE SOMMES PAS CHARLIE

NOSOTROS NO SOMOS CHARLIE

Primero, y como suele ocurrir con los fenómenos postmodernos, “líquidas”, de poco sustancia y fácilmente evaporables, el “Je suis Charlie” apenas producida la tragedia de París, se globalizó virtualmente. Después, la persecución y muerte de los terroristas y finalmente, las manifestaciones multitudinarias, más importantes que las islamofóbicas de Alemania organizadas en las últimas semanas. Pero a pesar de que parecen muchos quienes están de ese lado, también somos numerosos, aunque silenciosos, quienes en nuestro Occidente, aun condenando severamente los atentados, elegimos la autocrítica. Tal vez, la razón radica en que  priorizamos la convivencia social en libertad –y no al revés-, advirtiendo que, en esta atmósfera hostil y por el camino de la diferenciación y la respuesta militar o coercitiva al terrorismo, Occidente corre el riesgo  de profundizar sus equivocaciones históricas.
 

Precisamente, empezando el relato histórico, tras haberse evitado el holocausto nuclear con el fin de la Guerra Fría, Occidente se empeñó en modificar, desestabilizar y hasta trastornar el delicado y precario dominio de fuerzas presentes en la Península Arábiga y Medio Oriente, mientras se producía un lento pero persistente proceso de islamización de su aliada Europa, que había empezado con la entrada turca a Alemania en los cincuenta, tras la II Guerra.

En efecto, fue en  1990, cuando Estados Unidos diseñó una coalición de países aliados para castigar y desalojar a Saddam Hussein de su invadida Kuwait, casi toda Occidente aprobó tal comportamiento de Bush (padre). Eran tiempos de euforia fukuyamesca, en las postrimerías de la Guerra Fría y en ese contexto, todo lo que se hacía para disciplinar al viejo mundo, independizado en los sesenta pero atrasado y reacio aún a Occidente, era bienvenido y justificado.

Cuando once años más tarde, en respuesta a los atentados del 11S, volvió Estados Unidos a reaccionar contra los asesinos, impactando una vez más sobre la Irak de Saddam, ya para derrocarlo y también sobre la Afganistán del talibán, arguyendo –y mintiendo- sobre los vínculos con Al Qaeda y la presencia de armas de destrucción masiva (AMD). En esa fase, el consenso mundial, por muchas razones, fue menor pero aun así, las acciones y el experimento democratizador (infructuoso) posterior, pudieron plasmarse. Por otra parte, fue el único y efìmero  momento (2001-2004) de cierta coincidencia entre Estados Unidos y Rusia, luego roto por una serie de episodios menores y la crisis ucraniana del año pasado.

Los atentados de Londres y Madrid, fueron junto a otros, en Asia y Oceanía, secuencias de la misma guerra desatada pero en todos los casos, la violencia del enemigo fanático islámico fue condenada y Occidente toleró para su propia desgracia, una restricción enorme de sus libertades públicas, cuando no, conflictos por espionaje oficial, entre los mismos aliados, en todo el 2013.

Ya en esta década, verificados los fracasos de Irak y Afganistán por el elevado costo civil y la feudalización del poder, como efecto lejano e indeseado de aquéllos, con la anuencia de Occidente, se produjo la “Primavera Arabe”, sólo relativamente exitosa en Túnez, pero igualmente disgregadora con el actual caos de Yemen -donde se gestó el atentado de París-, el golpe egipcio a la Hermandad Musulmana,  las incursiones francoamericanas en Libia –para derrocar a Khadaffy- y Siria –para desalojar a Bashir Al Assad-. El producto final fue mayor anarquía, drama humanitario y Estados fallidos por doquier, lo cual favoreció aún más los planes del terrorismo, vía ya no sólo Al Qaeda, sino también con ISIS, cuyo objetivo territorial era el retorno al califato y, otros grupos menos conocidos. El consenso ya era mucho menor que hace dos décadas y pocos ya escuchan o creen las razones de los líderes occidentales que se abrazaban el domingo en las calles de París.

Todo este proceso de 25 años simbolizó el marco para las excusas perfectas que los terroristas postmodernos –como los llama Walter Laqueur- encuentre para justificar su estrategia de infundir miedo y empezar a ganar esta guerra asimétrica contra las sociedades abiertas. “Pisar suelo sagrado”, por parte de los Marines, según Fouad Ajami, advirtió  Bin Laden, formado en Afganistán por la misma CIA en la lucha con los mujaiidiin contra los soviéticos, fue una violación intolerable. Las viñetas danesas, continuadoras de la burla de Salman Rushdie con sus “Versos Satánicos”, las nuevas invasiones de territorios sagrados, las imposiciones y exhibición de nuestra cultura occidental como superior, se fueron tornando cada vez más agraviantes y lesivas para una cultura, la islámica, poco tolerante a lo diferente, como casi todas las culturas. Contó  con dos aliados estructurales, la globalización y las nuevas tecnologías que el propio Fukuyama, aunque hoy nadie lo recuerde, había anticipado, ayudarían a estos fanáticos premodernos. A ello se agrega la demografía, que, como había sugerido Huntington en “Choque de civilizaciones” a principios de los noventa, para “aguar la fiesta” de Fukuyama, jugaba y juega en contra de Occidente, aunque pocos prestaron  atención a ese hecho. Putin advirtió a Occidente de su error en Siria pero todos quisieron matar al mensajero.  

Dejando atrás la historia y yendo al plano de los valores, también Occidente allí lleva las de perder. El bando de “Je suis Charlie” reivindica la libertad de expresión por encima de todo y la superioridad moral de Occidente, enfatizando a lo Voltaire, el valor de la sátira y el buen humor y enrostrándole a los islamistas, su atraso e intolerancia. El problema es que los mismos islamistas han buscado a Occidente para vivir, lo han elegido como cuna para el progreso de sus hijos y nietos y han tolerado y siguen haciéndolo, sus reglas, sus normas y convivencia, con excepción de unos pocos. Al Yazeera misma, es una demostración que el mundo islámico también reivindica la libertad de prensa.

Que Occidente reaccione ahora con persecuciones u hostilidades generalizadas, y como afirma Manuel Castells, optando por un camino de “israelización”, se parapete en un muro defensivo, resecuritizando su agenda, cerrando sus fronteras o haciendo imposible la vida a los inmigrantes, nos igualará a los terroristas que decimos combatir. Desde 2001, ya hemos soportado restricciones enormes a las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo.

En el plano moral, tampoco Occidente es percibida como una cultura ejemplar. Sus viejos principios liminares al generalizarse, se han banalizado y hasta opacado. El feminismo, el aborto, el consumo de drogas, la homosexualidad, el avance de la secularidad extrema, de la cual, la transexualidad, publicitada como nunca incluso en Hollywood, son fenómenos que son percibidos, entre musulmanes pero también entre ortodoxos y budistas, como denigrantes y dañinos para la propia naturaleza humana. Como la filosofía elegida por los gobiernos europeos en su mayoría, el multiculturalismo no ha dado resultados, la integración social ha sido ficticia, los inmigrantes musulmanes, si bien no pocos han ascendido a la clase media, siguen hacinados en ghettos y la amenaza de la extrema derecha reaccionaria, es permanente sobre ellos.

En el interín, el Islam deberá aislar a sus violentos, marginarlos, elevar el papel protagónico de sus líderes de la sociedad civil, no sólo clérigos, sino académicos, intelectuales, mujeres, etc.  Lo deberá hacer tanto en Medio Oriente y Africa como en la propia Europa, la cual también está urgida por permitir o no el ingreso de Turquía a la UE, lo cual sería un cataclismo para la institucionalidad europea.

En esta evolución, Charlie Hebdo está lejos de ser un nuevo héroe de la libertad, porque cometió un nuevo grave error. La provocación, la ofensa o blasfemia, pueden ser tolerados en nuestro mundo, hasta cierto punto, incluso y frente al poder político, demostró su eficacia,  pero no en otros mundos  y mucho menos, contra ellos. Necesitamos menos Voltaire y Locke y mucho más Kant y Arendt.

Huntington nos aconsejó prudencia, moderación, la conformación de alianzas inteligentes (por ejemplo, con Rusia y China) y sobre todo, el diálogo interreligioso que aísle a los violentos. Sería interesante seguir sus consejos, muy lejanos a la creencia común de una nueva Cruzada contra el Islam o nada que se le parezca. En cambio, si Occidente, a la ofensiva, continúa por el sendero de la marginación e incomprensión de la lógica islamista, provocando e imponiendo nuestras reglas, vamos rumbo a un conflicto ilimitado y la derrota como civilización, perdiendo todos nuestros valores. Una vez más, depende de “nosotros”, no sólo de “ellos”.

Tuesday, January 13, 2015

Egypt court orders retrial in Mubarak case - Middle East - Al Jazeera English

Egypt court orders retrial in Mubarak case - Middle East - Al Jazeera English

DOS EXPERTOS (ROY Y PANEBIANCO), SOBRE EL ATENTADO DE PARIS Y LA ISLAMOFOBIA

" La comunidad musulmana no existe "
Entrevista a Olivier Roy
(trad. de Yoss Olmosort)
11 de enero de 2015 ¦ Por José Confavreux
Mediapart
 
Olivo Roy es profesor del Instituto Universitario Europeo, donde dirige el Programa mediterráneo. En particular, es el autor del Islam Universalizado (Umbral, 2002), La Ignorancia Santa (Umbral, 2008) y En busca de Oriente Perdido (Umbral 324 p., 21,00 dólares).
Entrevista.
- ¿Niega la comparación entre los atentados de París y el 11-Septiembre 2001?
- Sí, en términos de intensidad, esto me parece, a pesar de todo, diferente. Nueva York, tuvo 3 000 muertos, una operación minuciosamente preparada, dirigida del exterior; el producto de lanzamiento de Al-Qaeda que pasa entonces a la amenaza estratégica global. Aquí, en Francia, tenemos unos crímenes cometidos por tres pequeños gandules que aprendieron a manejar el kalachnikov en Yemen. El impacto simbólico y emocional es considerable, pero en términos de seguridad o de geoestrategia, no estamos en la misma dimensión.
Además, estoy un poco sorprendido por la intensidad de este impacto simbólico y emocional, mientras que no hay mucha diferencia con las matanzas perpetradas por Mohamed Merah, que no habían tenido la misma resonancia. Hay aquí un desbordamiento afectivo que me parece revelador de una angustia profunda.
Francia ha conocido varios atentados que no han puesto en marcha ni tal pánico, ni esta llamada a la unidad nacional que me parece ser el reflejo de una unanimidad falsa: ¿si hay unidad, por qué rechazar al FN de la manifestación, y si no hay unidad, por qué hacer como si los clivajes o diferencias de opinión hubieran desaparecido brutalmente? Estos últimos volverán con tanta fuerza porque habrán sido borrados artificialmente con goma bajo el nuevo (pensamiento) políticamente correcto.
El homenaje a las víctimas es indispensable y la compasión necesaria, pero no comprendo por qué casi no hay ninguna palabra sobre las víctimas de Vincennes y hay tal movilización para Charlie Hebdo, que era por excelencia el periódico insolente y contestatario, capaz de reírse de todo, aborreciendo la unanimidad de la fachada …
Como si en cada atentado hubiera unas "verdaderas" víctimas y una víctimas colaterales; o, como si Charlie Hebdo hubiera estado bien definido como tal, y pudiéramos suponer que Coulibaly no hubiera entrado por casualidad en un establecimiento judío. Y luego, no puedo abstenerme de sentir una forma de autoconmiseración corporativista de una parte de los medios de comunicación que me parece muy alejada del espíritu de Charlie …
-¿ El antisemitismo es constitutivo de la yihad?
El antisemitismo no es constitutivo de la estrategia de los estados mayores de la yihad. Ni Bin Laden, ni Baghdadi hicieron a los judíos su blanco principal. Para ellos, el conflicto palestino-israelí no es la matriz de todos los conflictos: el enemigo es, para el primero, Occidente, y, para el segundo, los "herejes" es decir los chi' itas. En cambio, entre los jóvenes radicales islamistas movilizados en Occidente, el antisemitismo es una dimensión fundamental, pero que forma parte de una cultura compartida con muchos otros.
En efecto, este antisemitismo latente no es específico en el joven Beurs (joven de origen norteafricano) de suburbio. Basta con mirar al público de Soral o Dieudonné. Sin base musulmana, destilan un antisemitismo que tiene un impacto sobre una juventud que se siente marginada, cualesquiera que sean sus referencias religiosas. Hacemos del Islam una línea de clivaje en Francia, sin ver todo lo que se reparte de una y otra parte, y todo lo que es transversal en estas formas de violencia y en este antisemitismo, que no es específico de estos jóvenes musulmanes. Basta con leer los comentarios de los lectores en los sitios Web de los periódicos y de los blogs para darse cuenta de eso …
Chérif Kouachi había intentado que se evadiera el pirotécnico de los atentados de 1995. ¿Existe un continuum yihadista desde los años 1990?
Sí, no creo en estas historias de yihadistas de la primera, de segunda o de la tercera generación. Inventamos una nueva generación tan pronto como no comprendemos qué pasa. Existe pues una continuidad en la permanencia de personajes como Beghal o en la transmisión que se hace particularmente en prisión. Es como en el medio de los gángsteres, hay unas figuras míticas, una transmisión, un mitologización de los antiguos, reforzado por el papel pedagógico de la prisión.
Esta continuidad no significa que no haya evolución. Pienso que esta evolución se sitúa menos sobre el número de conversos que, según yo, es una constante que se percibe solamente hoy - el grupo Beghal ya contenía cerca de un tercio de los conversos-, pero más bien sobre la importancia creciente tomada por las mujeres. Por consiguiente, la yihad se hace en lo sucesivo cada vez más a menudo en familia, entre hermanos, o con mujeres y niños, que están en Francia o que parten hacia Siria …
¿Cómo y por qué esta ideología mortífera seduce a los pequeños parisinos?
Mi tesis es que la razón principal de esta radicalización es el cruce entre una base musulmana de una parte y por otra parte, una cultura de la violencia, del resentimiento, de la fascinación nihilista por un heroísmo malsano, negativo y suicida, el de los jóvenes asesinos de Columbine que masacran a la gente de su escuela y se dirigen al público en vídeos on-line antes de entrar en acción; y de morir, porque la muerte es siempre el fin de la historia (lo que fue también el caso de la banda de Baader).
La " yihad universalizada" prácticamente es la única ideología global hoy disponible en el mercado como la revolución era la ideología estándar de los jóvenes rupturistas en los años 1970. Poner el énfasis principalmente en las fuentes eventuales y coránicas de la violencia - un Corán que estos jóvenes occidentalizados conocen a menudo tan mal ya que no hablan el árabe o no lo hacen bien-, lleva a ignorar la continuidad profunda del terrorismo islámico con esta cultura joven de la violencia y del fantasma de omnipotencia, la del efecto Columbine en los Estados Unidos, la que explica el éxito de películas como Scarface en los suburbios, sin hablar de videojuegos o Born to Kill.
Lo que voy a decir se tiene que agarrar con pinzas pequeñas, pero encuentro un ejemplo interesante en Marsella. Marsella jamás fue parte activa de radicalizaciones políticas. En los años 1970, la Izquierda proletaria, después el movimiento terrorista francés de extrema izquierda, no han sido representados en Marsella. Y hoy, el radicalismo islamista no existe apenas tampoco. Mientras que estas organizaciones de izquierda radical de los años 1970 o 1980 fueron, como el islamismo radical hoy, sobrerepresentados en Grenoble, Lyon, Lille o París. Mi hipótesis es que Marsella y su cultura de violencia local y de bandolerismo ofrece salidas a esta cultura de la violencia, que, por lo tanto, no necesita pasar por la radicalización política. Los jóvenes gángsteres de Marsella están en la misma puesta en escena de la violencia espectacular, de esta cultura del superhombre, pero no se arrogan el derecho de la vida y a la muerte sobre cualquiera.
Pero cuando se interroga a las madres de los gángsteres o a las madres de los yihadistas, vemos que están totalmente aterradas por la radicalización religiosa o delincuente de sus niños, que tienen algo en común ( por otra parte, muchos yihadistas son antiguos gamberros). No comprenden por qué, cuando les dicen a sus hijos que van a morir, esto no los detiene. Pero estos jóvenes están fascinados por la omnipotencia y el culto del superhombre. Saben que van a reventar, pero pasan de eso. Estamos en la misma problemática que Mesrine, aunque éste no era un asesino de masas. Y han pasado de la cultura del revólver a la cultura del kalachnikov, que hace más daño.
¿ Por qué se efectúan estos atentados hoy?
Me parece que el fenómeno es más sociológico, estructural, que geoestratégico. Habríamos podido pensar que los asesinos de Charlie Hebdo y del autoservicio apelarían al Estado islámico, pero apelan a Al-Qaeda en Yemen, porque es allá dónde fueron, porque es su historia personal. Y sus cómplices son sus amigos, ningunos son militantes que se hayan reunido por convicción. Lo que cuenta para ellos, es más su itinerario personal que la geopolítica contemporánea.
Chérif Kouachi parece haber pasado por grupos religiosos fundamentalistas. ¿Esto debilita la distinción entre el Islam salafista, que puede ser quietista, y el Islam radical que va hacia la yihad?
Muchos de los jóvenes yihadistas han pasado por grupos fundamentalistas, tablighis o sobre todo salafistas. Pero creo que hay que comprender más bien esto como una trayectoria de jóvenes que se buscan, que prueban la delincuencia, el tabligh, el salafismo, para encontrar por fin su "vía" …
En un verdadero grupo tablighi o salafista, se tiene una disciplina a la cual a menudo es difícil plegarse, levantarse a las 5 de la mañana, la prédica religiosa, el reglamento interno del grupo. Los jóvenes yihadistas a menudo pasan por grupos fundamentalistas, pero no se quedan allí, y la mayoría de las veces, no permanecen mucho tiempo. Si se quedan en el grupo, envejecen y se tranquilizan. Casi no tenemos ejemplos de personas que pasen diez años en un grupo salafista antes de pasar a la yihad.
Por lo mismo, muchos jóvenes que se unen a un campo de entrenamiento vuelven de allí rápidamente porque no soportan la disciplina. Está claro que uno de los hermanos Chouaki pasó por un entrenamiento militar, pero no estoy seguro que hubieran formado parte de una unidad armada estructurada. La manera en la que huyeron y el hecho de que abandonaran un documento de identidad, como una forma de lapsus freudiano, de voluntad de firmar su acto personalmente, se parece más a los gestos de individuos radicalizados de gente que pendonea que a los de los militantes profesionales y curtidos.
Usted recientemente escribió que este acto terrorista transformaba el debate intelectual en cuestión casi existencial: interrogarse acerca del lazo entre Islam y violencia conduce a interrogarse el lugar de los musulmanes en Francia. ¿ De qué manera?
Hoy, hasta intelectuales antirracistas se preguntan: ¿ acaso no hay algo en el Islam que lleve a este género de matanzas? Hasta aquí, esta interrogación fue reservada para ciertos polos ideológicos: los populistas antiinmigración, la derecha identitaria anti Islam y hasta una franja de la laicidad militante. Ahora, esta idea se ha convertido en un cliché y este tipo de discurso se ha liberado, particularmente desde el debate sobre la identidad nacional lanzado por Sarkozy. Se hizo lo nuevo políticamente correcto, aunque periódicos como Causeur continúan afirmando que se quebrantan los tabúes y lo políticamente correcto poniendo este tipo de cuestiones.
Entonces, todo este discurso esencialista no está fundado sobre ninguna realidad sociológica, sino valoriza una lectura teológica que es sólo la adición de algunos clichés sobre la naturaleza del Islam ("en el Islam no hay separación entre religión y política ") habiéndolos tomado prestado justamente de los fundamentalistas mismos, o del orientalismo desusado. No nos interesamos por el Islam real, es decir por la religiosidad y por la práctica concreta de los creyentes, por su diversidad.
Y luego, como de costumbre, mezclamos constantemente etnicidad y religión y somos incapaces de definir correctamente la una o la otra. La confusión está bien ilustrada por el debate sobre las "estadísticas étnicas ". Mientras se trate de un debate digamos "acientífico" (lo que es, a pesar de todo para los verdaderos demógrafos), se ha vuelto ideológico y normativo. Entre los que acusan a los "progresistas" de negarse a ver los hechos (por ejemplo la sobre representación de los jóvenes de origen musulmán en las prisiones), y estos mismos progresistas que advierten contra la estigmatización de las poblaciones de origen inmigrante, nos duele poner las "verdaderas" cuestiones: Qué es lo que sale de lo religioso "puro", de lo cultural, de lo social, y, el gran debate impensado de la política, la misma política que nuestros hombres políticos disimulan detrás de la retórica y la famosa "comunicación" que funciona plenamente en la gestión del duelo de los muertos de Charlie Hebdo.
Francia es mucho más mixta y mucho menos "comunitarizada" que lo que se dice. Cuando el geógrafo Christophe Guilluy opone a los suburbios próximos, poblados de jóvenes musulmanes (los musulmanes siempre son jóvenes, y viceversa), las "periferias" urbanizadas pobladas de blanquitos, olvida que estas últimas cuentan con un número de familias de origen musulmán que jugaron a la ascensión social y se encuentran en el gueto de la zona urbanizada.
Esta ceguera viene también del hecho de negarnos a ver la presencia de la clase media musulmana en nuestra sociedad, en parte porque no quiere ser vistas. Pero el incremento de esta clase media es flagrante. No necesitamos estadísticas étnicas para tomar un anuario y ver al número de médicos con nombre árabe en una ciudad media, consultar la lista de los profesores de un colegio de provincia o los nombres de los consejeros financieros de una sucursal bancaria del suburbio parisino.
Aquella gente no quiere pertenecer a una comunidad y no quiere hablar en nombre de una comunidad. Sin embargo, no dejamos de reenviarlos a los barrios difíciles. ¡ En una ciudad como Dreux, que conozco bien, los alcaldes, de derecha o de izquierda, pusieron durante mucho tiempo y sistemáticamente al concejal de origen árabe en el tema de los deportes o de los barrios (esto cambió)!
La máquina que hace que la gente pertenezca a una comunidad viene con la forma en la que la República reduce a esta clase media musulmana a papeles de "hermano mayor", manteniendo en la dirección de las supuestas instituciones representativas del Islam en Francia, a los que vienen del extranjero y no representan esta clase media integrada y en ascensión.
Vamos a pescar aquí y allí a " imanes moderados " para desviar a los jóvenes de la yihad, los cuales apenas hablan francés, como Hassen Chalghoumi, el imán de Drancy. Mientras que los jóvenes yihadistas radicalizados que hablan un mejor francés, son poco susceptibles de seguir este género de sermones. Ignoramos también a los "verdaderos" moderados que viven tranquilamente sin buscar el micrófono inquisidor que se tiende a alcanzar cuando se hacen pseudorreportajes en los suburbios.
Pero no existe trabajo serio, ni política, ni periodística, ni sociológicamente sobre la clase media musulmana. Las únicos representantes de esta clase media que se deja percibir son unas mujeres políticas, como Vallaud-Belkacem, Bougrab o Dati, pero que no se deja de subrayar que se trata de excepciones, porque son mujeres.
¿ Por qué escribe que no existe " comunidad musulmana " en Francia?
Es un hecho. No existe comunidad religiosa fundada sobre el Islam, a nivel institucional, ni al nivel de las escuelas, ni en cuanto a las asociaciones, y es más bien una buena noticia. Sin embargo, el gobierno y los medios de comunicación tienen sólo ese discurso, con el afán de luchar contra la pertenencia a la comunidad.
Entonces, si el 30 % de los niños judíos están escolarizados en escuelas confesionales (según L'Arche, n ° 555, mayo de 2004), la cifra que concierne a los musulmanes no debe sobrepasar el 0,1 %, visto que existen no más de 10 escuelas confesionales musulmanas en Francia, los padres prefieren, por otra parte, enviar a sus niños a las escuelas católicas.
No hay, en la mayoría inmensa de los musulmanes, el deseo de pertenencia a una comunidad, y si el ramadán es el rito más respetado es porque cumple también una función amistosa en espacios en crisis de convivencia; decir que el ramadán es una práctica comunitaria, es como si dijéramos que Navidad para los cristianos o el festnoz para los bretones hacen que pertenezcan a una comunidad (hay los que lo dicen).
 
Ataque en el corazón de Europa / El desafío para Occidente

La guerra con el extremismo es asimétrica militar y culturalmente

El Mundo

Por   | Para LA NACION
 
ROMA.- La guerra llevada adelante por el extremismo islámico en Europa no es solamente "asimétrica" en el sentido militar, sino también en un sentido cultural. Los europeos estamos en desventaja, y los jihadistas, en ventaja. Ellos nos entienden, o al menos conocen nuestros puntos débiles. Nosotros no los entendemos.
Una señal de esta incomprensión es el hecho de que tantos europeos compartan una falacia, a saber, que quien mata en nombre de Dios no es un "verdadero creyente", olvidando que los hombres siempre se han asesinado unos a otros en homenaje a Dios o a un puñado de dioses. Cierto es que los europeos ya no están dispuestos a hacerlo, pero eso depende en parte del hecho de que tantos europeos ya no creen en Dios: Europa, de hecho, es el continente más secularizado del mundo. Quien no cree en Dios difícilmente entenderá a quienes asesinan en su nombre, y les parecen marcianos.
En la duración y el éxito de un conflicto que todos tememos que será largo y sangriento incidirá el devenir de la guerra en curso entre el extremismo islámico y sus enemigos en los diversos tableros de Medio Oriente, África y Asia. Las eventuales y duras derrotas militares que sufra el extremismo islámico en esos diversos tableros podrían gradualmente debilitar el desafío islamista sobre Europa, mientras que, por el contrario, sus éxitos militares fuera del tablero europeo podrían ulteriormente agravarlo.
Pero la duración y el éxito del conflicto también estarán influenciados por lo que ocurra dentro de la comunidad musulmana de Europa. Será cuestión de ver si la fingida unanimidad de la que esa comunidad se sirve hoy como paraguas será dejada de lado y empiezan a emerger las divisiones entre quienes, por una parte, podríamos llamar "contagiados" (de nosotros, de nuestra libertad) y los "no contagiados" (los puros).
La condena genérica del jihadismo que se hizo en París, ese mantra según el cual los extremistas habrían mancillado ante todo al islam, y las posiciones, en definitiva, en las que se plantaron ahora los representantes de las comunidades islámicas europeas oscurecen más de lo que aclaran, tendiendo a ocultar la contigüidad y continuidad cultural que los une.
Al hacerlo, alimentan una vez más la ambigüedad y ponen en la misma bolsa y bajo una misma etiqueta a personas de fe musulmana, pero con enfoques presumiblemente distintos entre sí.
Si creemos realmente que Occidente, con la separación entre religión y política, con sus derechos, con su igualdad formal, con la libertad, representa un modo de vida más atractivo que los otros para muchos hombres que no disfrutan de esos beneficios, entonces debemos creer que muchos musulmanes que viven desde hace tiempo en Europa han encontrado el modo de hacer convivir pragmáticamente sus creencias con la libertad occidental.
Cuentas
Aunque su religión no haya arreglado sus cuentas con la modernidad, ésos son los musulmanes "contagiados" de nuestro modo de vida, pero que no por eso han renunciado a practicar la religión de sus padres. Pero el problema es que ellos deben arreglar cuentas con otra parte, numerosa y también muy bien financiada por las petromonarquías y otros regímenes musulmanes: los "no contagiados", los voceros del islam hipertradicionalista y antioccidental, y en sus variantes, antagonistas entre sí, wahabita y de los Hermanos Musulmanes. Es ahí, entre los "no contagiados", donde se encuentran los predicadores que alimentan un enfoque de rechazo a la cultura occidental.
Ése es el caldo de cultivo del que emergen también los grupos marginales del extremismo jihadista. Ésos son los musulmanes que piensan que un día Europa deberá reconocerle un rol público a la sharia, la ley islámica.
La distinción que utilizo aquí no tiene nada que ver con la distinción entre islam moderado e inmoderado. Quien utiliza esta última división en realidad cae en la trampa conceptual en la que quieren hacerlo caer los fundamentalistas. De hecho, casi siempre se termina por llamar "moderado" a un wahabita sólo porque toma distancia del sangriento proceder de los jihadistas del momento, perdiendo así de vista su cercanía cultural y su lectura común de los textos sagrados.
Si los musulmanes que quieren integrarse a Europa lograran imponerse a los tradicionalistas, entonces, a pesar de este doloroso presente, podríamos pensar en el futuro con un poco de fe y de optimismo. Por el contrario, si siguen imponiéndose las unanimidades fingidas, las ambigüedades y las hipocresías, los problemas no harán otra cosa que profundizarse.