Wednesday, January 28, 2015

OBAMA IN INDIA

             

Hey, America: Give the Balance of Power a Chance

Paul R. Pillar, THE NATIONAL INTEREST, JANUARY 27. 
 
 
 
 
President Obama and his team scored an early success in the president's visit to India that didn't really require any effort on their part. The first 45 minutes of the president's meeting with Prime Minister Narendra Modi was devoted to discussing China, with the U.S. side pleased to find Modi sharing their own concerns about implications of China's rise for the strategic situation in the region. Not only were the U.S. and Indian assessments about China congruent; Modi took the initiative in suggesting revival of an informal security network that included the United States, India, Australia, and Japan.
Modi's posture on this subject was much different from what has characterized India's overall strategic posture for most of its history since independence. Throughout the Cold War a major element of Indian diplomacy was what bore the label of neutralism, and later was more often called nonalignment. Neutralism did not sit well at all with U.S. policymakers, some of whom—most notably Secretary of State John Foster Dulles—sharply criticized it. In 1956 Dulles stated, “These neutral governments do not seem to realize that the Communist intentions are so diabolical and so hostile to their freedom and independence.” He said that neutralist countries “would eventually succumb unless they could develop a crusading spirit against the evil forces of Communism.” Dulles especially angered the Indians by referring to their variety of neutralism as “immoral”.
Dulles may have been more unrestrained than most in the language he applied to this topic, but he was reflecting a strong and recurring American outlook that has been applied as well to other situations in international politics. That outlook is one of seeing the world divided fairly clearly between good guys and bad guys, of becoming impatient with those who do not see it the same way, and of using U.S. initiative to get the laggards to take their proper place in the good-vs.-bad lineup. That outlook manifested itself years after the Cold War when President George W. Bush told everyone else in the world that they were either with us or with the terrorists.
Two basic problems have limited the effectiveness of this habitual American approach. One is that many people and governments do not see the global lineup the same way, and they have good reasons not to. International conflict is just not that simple, and cannot be reduced to such orderly lines. The other reason is that most people and governments do not like being prodded by the United States into standing in particular spots in the lineup as the United States defines it. They would rather reach their own conclusions and make their own decisions in acting on those conclusions. Certainly this last consideration has been for many years a major factor in shaping Indian policies.
A different and better approach for the United States would be more often to let the natural rhythm of the balance of power work. This would be understood by serious realists, for whom balancing in international politics is a core concept. There is something of a hidden hand at work, akin to how such a hand works economically in free markets. The hidden hand does not write the same script each time, and political scientists have explored the conditions under which balancing rather than bandwagoning is most likely, and vice versa. But if something a would-be hegemon is doing worries us, it probably is worrying others as well.
And thus expansion of Chinese power, including into India's own ocean, naturally makes Modi worry, without our having to tell him that he should be worried, and makes him willing to do something about it. The favorable result at the New Delhi meeting demonstrates how a balancing approach that relies on others' own interests and conclusions usually will be more successful than lecturing people, pushing and prodding them into our preferred position, or casting moral aspersions on them.
Image: White House Flickr.                         

MATANZA DE IGUALA: CASO CERRADO PARA EL GOBIERNO MEXICANO

 

“Encargué que mataran a los estudiantes y destruyeran todo”

El Gobierno mexicano da por asesinados e incinerados a los 43 normalistas

La confesión de un jefe sicario culmina la investigación

México, DIARIO EL PAIS, MADRID,  28 ENE 2015
 
 
Los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa han dejado el mundo de los desaparecidos y entrado oficialmente en el de los muertos. Desde ayer, las autoridades mexicanas les consideran fallecidos y sostienen, ya sin asomo de duda, que fueron detenidos, asesinados e incinerados. Y todo por una terrible confusión: los sicarios de Guerreros Unidos les tomaron por integrantes de un cartel rival, Los Rojos. Esta conclusión, rechazada de plano por las familias, abre el camino al cierre de un caso que ha convulsionado al país como pocos en la historia reciente y cuya persistencia en las primeras planas, alimentada por las dudas sobre la investigación oficial, lo había transformado en un huésped incómodo para el Ejecutivo. Un foco de erosión y protesta ante el que el presidente, cuyo nivel de aceptación popular toca mínimos históricos, ha decidido pasar página: “Estoy convencido de que este instante, este momento de la historia de México, de pena, tragedia y dolor, no puede dejarnos atrapados; no podemos quedarnos ahí”.
En este nuevo capítulo de la tragedia de Iguala ha jugado un papel fundamental la reciente detención de Felipe Rodríguez Salgado, alias El Cepillo. Este sicario de Guerreros Unidos, líder de una célula de 10 maleantes, fue el hombre que, según confesión propia, recibió la instrucción de su jefe de liquidar a los estudiantes. El núcleo de su espeluznante declaración habla por sí mismo: “El Chucky [su jefe] me llamó por teléfono y me dijo que me iban a entregar dos paquetes con detenidos y que eran de Los Rojos […] Eran entre 38 y 41, no los conté; algunos venían amarrados con mecate o esposados, y otros golpeados y ensangrentados […]. Al llegar al basurero de Cocula, bajamos a los estudiantes de las camionetas. Me percaté de que algunos, los que estaban abajo, ya habían muerto, creo que por asfixia. Quedaban vivos unos 15 a 18 estudiantes […]. Le encargué a El Pato que se hiciera cargo de todo, de entrevistarles y darles piso y que destruyera todo […]. El Pato ya había acostado a cuatro detenidos y les disparó en la nuca”.
Con esta explosiva confesión en la mano, el Gobierno mexicano decidió salir en tromba y poner punto final a las especulaciones sobre la tragedia de Iguala. Para ello puso delante de las cámaras al procurador general, Jesús Murillo Karam, y al director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomas Zerón. Ambos dieron un intenso repaso a las investigaciones efectuadas: 487 informes periciales, 386 declaraciones, 99 detenidos, 95 teléfonos móviles investigados, 14 registros… De esta batería de pruebas destacaron los restos óseos (uno de ellos identificado por el ADN como perteneciente al normalista Alexander Mora Venancio), las trazas de la pira que supuestamente devoró los cadáveres, las confesiones de los sicarios y los agentes municipales, los reconocimientos de los supervivientes, así como las conexiones y ubicaciones de los teléfonos celulares esa noche. Todo ello les permitió ofrecer un cuadro final, “una verdad histórica” de lo ocurrido, y que, en esencia, corresponde con la reconstrucción oficial conocida desde noviembre pasado.
El relato se inicia la tarde del 26 de septiembre, cuando los normalistas entraron en Iguala (Guerrero) con la intención de recaudar fondos para sus actividades y de tomar a la fuerza cuatro autobuses para asistir a la conmemoración de la matanza de Tlatelolco en la Ciudad de México. Su llegada a una localidad sometida al imperio del cartel de Guerreros Unidos no pasó inadvertida. Los halcones alertaron a sus jefes, entre ellos, al propio alcalde y su esposa, dos importantes integrantes de la organización criminal. La orden de pararles devino en locura. La Policía Municipal de Iguala, una terminal del narco, inició una feroz persecución que dejó sobre el asfalto seis muertos y permitió la captura de 43 aterrados estudiantes. Para borrar huellas, se les puso en manos de los agentes del vecino municipio de Cocula, igualmente corruptos. Los sicarios estaban convencidos de que entre los estudiantes había miembros del cartel rival, Los Rojos. Y de la captura se pasó al exterminio. Los normalistas fueron entregados a los sicarios en el paraje de Lomas del Coyote. Subidos en dos camionetas, fueron trasladados hasta un recóndito basurero de Cocula. Apilados como bestias, uno encima del otro, la mayoría llegó muerta por asfixia. A los supervivientes, una vez en el vertedero, les mataron de un tiro en la nuca. Sus cadáveres fueron incinerados en una inmensa pira y los restos, siempre según esta versión, arrojados en bolsas de basura al río San Juan.
Pese a la abundancia de testimonios aportados, la intención gubernamental de pasar página va a ser difícil del cumplir. El propio procurador general reconoció que mientras no se detenga a todos los implicados la investigación seguirá abierta. Entre los prófugos se encuentran los jefes policiales de Iguala y Cocula y también los lugartenientes de Guerreros Unidos que dieron la orden de matar a los estudiantes. Sus testimonios son claves para despejar las últimas dudas. Entre ellas, la fundamental: por qué los sicarios tomaron a los estudiantes por un cartel rival. Murillo Karam señaló que no hay ninguna prueba que indiqué que hubiera infiltrados del narco entre los estudiantes. Y si esto es así, ¿qué ocasionó esa terrible confusión?
Tampoco le resultará fácil al Gobierno, en pleno año electoral, restaurar la confianza. Las familias de los fallecidos se han distanciado de las tesis oficiales. Para muchos de ellos, el Ejecutivo carece de credibilidad y se niega a llegar al final de la trama. “Repudiamos la forma de actuar el Gobierno, pretenden cerrar de forma descarada el caso y no les importa el daño que causen a las familias. No bastan las declaraciones de los asesinos, queremos una demostración científica. Los padres seguimos en la lucha”, señaló el portavoz de las familias, Felipe de la Cruz. “Falta de mascada información no podemos permitir que este caso se cierre de un día para otro”, afirmó el representante de los normalistas, David Flores.
Bajo esta borrasca, algunos medios que han llegado a apuntar a la responsabilidad del Ejército y de la Policía Federal en la matanza. Una imputación que desmienten las autoridades mexicanas. Pero la hoguera difícilmente se apagará. Las protestas por la tragedia de Iguala siguen convocando a miles de personas y, en un país que se ha visto sacudido en pocos meses por una sucesión de escándalos en las más altas esferas, cualquier chispa puede ahondar la crisis.

ESTADO ISLAMICO FUERA DE KOBANE

Las milicias kurdas echan al Estado Islámico de Kobane

Las autoridades kurdas buscan ahora liberar las aldeas cercanas al pueblo sirio

Estambul, DIARIO EL PAIS, MADRID  28 ENE 2015
 


Las tornas han cambiado en Kobane, al norte de Siria, tras más de cuatro meses de asedio. Las milicias kurdo-sirias han logrado expulsar a las fuerzas del Estado Islámico (EI) del casco urbano y ahora luchan en campo abierto y en las aldeas de los alrededores para proteger la ciudad y forzar el repliegue de los yihadistas.
“Los campos de los alrededores de Kobane están todavía en manos del Daesh (la denominación árabe del EI)”, asegura por teléfono Idris Nassan, viceministro de Exteriores del cantón de Kobane que acaba de regresar a la ciudad sitiada. Según Nassan, aún quedan 400 aldeas en manos de los yihadistas en todo el territorio cantonal de Kobane, una de las tres provincias –junto con Hasaka y Yazira– liberadas desde el inicio de la guerra civil en Siria por las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), milicia adscrita al Partido de la Unión Democrática (PYD, nacionalista kurdo) y otras formaciones afines.
“Nuestras fuerzas han cumplido su promesa de victoria. El proceso de liberación última de todo el cantón de Kobane está frente a nosotros y nos comprometemos a llevar a término también esta promesa”, afirmaron las YPG en un comunicado. La conquista, el pasado domingo, de la estratégica colina de Mishtenur, al sur de la ciudad y desde la que el EI empleaba su artillería contra los habitantes de Kobane, ha permitido ampliar el pequeño territorio controlado por las YPG.
El martes se recuperó Helince y este miércoles se luchaba en los pueblos de Shiran, Tal Ghazal y Minaze, en un radio de entre 5 y 8 kilómetros al sur de Kobane, lo que ha permitido romper algunas de las líneas de suministro de los yihadistas. “Las YPG han rodeado a los combatientes del EI en las áreas rurales del sur de la ciudad, mientras los aviones de combate de la coalición están golpeando los bastiones del EI”, informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).
Los bombardeos de la coalición internacional liderada por EE UU han tenido un papel muy importante a la hora de detener el avance yihadista iniciado el pasado 16 de septiembre y que, en apenas unas semanas, redujo el territorio controlado por el Gobierno cantonal a apenas unos pocos barrios de Kobane, pero, según reconoció el vicealmirante John Kirby, portavoz del Pentágono, la victoria no hubiese sido posible sin “un socio de confianza sobre el terreno” que “ayudó a calibrar esos bombardeos”.
A esta extraña alianza entre EE UU y el YPG (organización “hermana” del grupo armado kurdo-turco PKK, al que Washington considera terrorista), se han sumado además los peshmerga del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí –que han aportado la poca artillería pesada con que han contado los defensores– y algunas unidades de lo que queda del Ejército Libre Sirio (ELS), los llamados “rebeldes moderados”.
Según el Observatorio, los yihadistas han perdido 979 combatientes, de ellos 38 perecieron en atentados suicidas, aunque algunos cientos más habrían muerto en los bombardeos aéreos. EE UU, de hecho, eleva el número de bajas del EI a 1.200 y los YPG a unas 3.000. Los defensores han perdido por su parte a unos 500 milicianos, incluyendo a una docena del ELS y un peshmerga, y a unos 40 civiles, víctimas de los bombardeos del Estado Islámico.
El mayor problema es que los combates han dejado la ciudad prácticamente inhabitable. “El 50 % de la ciudad está completamente destruido y el resto está muy dañado”, explica Nassan en declaraciones a este periódico. “Para los refugiados puede resultar peligroso regresar porque no podemos garantizar el suministro de comida o de medicamentos. Dependemos de la ayuda (externa)”.
Desde el inicio de la ofensiva yihadista, unas 200.000 personas procedentes de Kobane se han refugiado en Turquía y ahora muchas esperan el momento de regresar a sus hogares.
Ismail Kaplan, dirigente local del partido kurdo de Turquía DBP, explica que en torno a un centenar de personas cruzan cada noche la frontera a Kobane desde territorio turco. Kaplan cree sin embargo que aún es pronto para que regresen los refugiados tras haber visitado esta semana en primera persona la ciudad siria. “La mayoría de los edificios están destrozados. Hay que reconstruirlos y estamos negociando [con las autoridades turcas] que se permita el paso de materiales de construcción”, afirma. Pero antes, matiza, “hay que limpiar [de yihadistas] los pueblos de los alrededores”, para poder garantizar la seguridad de Kobane.
 Aunque situada en un paso fronterizo, la importancia estratégica de Kobane es muy relativa, dado que el EI controla varios cientos de kilómetros de la frontera entre Siria y Turquía. La trascendencia de la victoria kurda es sin embargo muy significativa dado el carácter simbólico de la lucha, como muestra que el EI haya empleado en ella a algunos de sus mejores combatientes, muchos de ellos extranjeros e incluso veteranos de guerras como la de Chechenia.
El aura de invencibilidad de la que gozaba el EI se ha diluido e incluso hay informaciones que hablan de decenas de yihadistas abandonando la organización de Abu Bakr al Baghdadi. “Es la primera batalla en la que el EI es derrotado por una fuerza más pequeña y mucho peor armada”, sostiene Nassan. “Además toda la comunidad internacional nos ha apoyado, por lo que esperamos que Turquía (país al que se acusa de hacer la vista gorda ante las actividades del EI) nos ayude más. Esta es una batalla de la humanidad contra el terrorismo”.
La victoria en Kobane ha sido celebrada en Irán, Irak y Turquía, pues la lucha ha reforzado la unidad entre los kurdos, un pueblo dividido no sólo por fronteras trazadas hace un siglo, sino también por rencillas internas entre sus organizaciones. “El martirio en un mismo día de Zeravan (el único peshmerga muerto en la defensa de Kobane) y Nechirvan (un guerrillero kurdo-sirio caído luchando al este de Mosul) es el símbolo de la hermandad, unidad y unanimidad de la nación kurda”, dijo el pasado domingo el presidente del Kurdistán iraquí, Masud Barzani. El hecho de que los kurdos se hayan mostrado como una de las fuerzas de combate más decisivas en la lucha contra el Estado Islámico ha espoleado sus demandas, y ahora exigen para Siria un modelo federal similar al iraquí, que les permita conservar su autonomía conquistada en la guerra.