Tuesday, February 24, 2015

MARRUECOS: SIN EFECTOS DE "LA PRIMAVERA ARABE"


Adiós al cambio en Marruecos

En el aniversario de la olvidada protesta estudiantil 20-F, una clase de jóvenes de la élite marroquí lamenta la falta de libertad y la religiosidad del país


Rabat, DIARIO EL PAIS, MADRID,  23 FEB 2015





El pasado viernes fue el cuarto aniversario del estallido en Marruecos del Movimiento estudiantil 20-F, que provocó con sus protestas callejeras en plena irrupción de la primavera árabe una convulsión inédita en el país, hasta el punto de que el rey Mohamed VI acabó anunciando una amplia reforma de la Constitución, ya aprobada. El viernes no hubo ninguna celebración ni conmemoración ni especiales en la prensa sobre el 20-F. Ese colectivo está desaparecido, exiliado o preso. Los medios de comunicación han prestado más atención, dossiers e interés al fenómeno de Podemos en España. Una cincuentena de jóvenes de la élite de Rabat explicaron a EL PAÍS en esa jornada las razones de su desencanto: tienen miedo a represalias si expresan sus ideas y lamentan una regresión del país ante la creciente presencia de la religión.
Les costó arrancarse a hablar a los miembros del último curso del Colegio Español de Rabat. Y no por timidez. Son unos 50 chavales, chicos y chicas de entre 17 y 18 años, de una escuela que educa con los parámetros, profesores y el sistema español a los hijos de las clases dirigentes de Marruecos, a punto de dar el salto a la universidad y de votar en las elecciones del año que viene. Tienen preparación, idiomas y cierto orgullo de clase.
Leila Hamed es de las más lanzadas, abiertas y claras. Pero luego sus mismos reproches los repiten casi de manera enojada con el panorama actual Omar Taoufik, Salim Khayat, Wail Boubekri o Lina Benamar.
 El Movimiento 20-F ya no les dice nada. Argumentan que fue incluso una tapadera auspiciada por el poder para apaciguar los ánimos levantados en aquellos días y controlar mejor las manifestaciones. Abominan de los medios de comunicación tradicionales marroquíes, porque están controlados y no aportan nivel a sus debates, y recomiendan el uso de las redes sociales para enterarse de cómo canalizan ahora sus inquietudes.
Están mucho más al día de lo que propone Podemos, un partido al que se sigue con mucha vigilancia por el poder en Marruecos por sus tesis cercanas al Frente Polisario sobre el Sáhara y por sus ideas de acabar con las vallas en Ceuta y Melilla, como se ha reflejado en el último número en portada y amplio despliegue interior de L'Observateur.
Ese mismo viernes, Abdellah Tourabi, director del semanario Telquel, el más prestigioso de Marruecos, reprochaba a los partidos establecidos no haber sabido integrar cuatro años después esa savia nueva que apareció con el 20-F en sus estructuras para refrescar a su propia casta decimonónica.
Los chicos del instituto español resumen su malestar actual con su país en que las reformas anunciadas entonces, al calor del 20-F pero también de la inestabilidad de las naciones vecinas, se frenaron y han provocado un paréntesis raro. “Nosotros tenemos preparación, sabemos pensar, no tenemos que asumir todo lo que nos dicen oficialmente, pero nos falta mucho espíritu crítico”, se queja Lina. No están indignados ni aglutinados en ningún colectivo o partido. Piensan en salidas individuales. Algunos profesores universitarios marroquíes han admitido que ese mismo ambiente conformista de la juventud marroquí les sorprende en estos momentos en sus clases.
Sus compañeros lo asumen sin rubor y Omar, Wail y Salim admiten además que les es más fácil expresar sus anhelos a colegas españoles u otros amigos extranjeros que a cualquiera en su país: por miedo. “Aquí si dices algo que puede no ser adecuado no se sabe lo que te puede pasar a ti y a los tuyos”, confiesan varios. Ese clima les transmite una opresión que les lleva a la mayoría a asegurar que su ilusión es emigrar, marcharse fuera, a trabajar y a vivir. Alguno matiza, sin embargo, que sí pretende continuar viviendo en su país y ayudar así a su desarrollo.
Reconocen que tampoco pueden mantener ese tipo de charlas, en general, con sus padres en casa porque no les entienden y porque confían más en su propia fe. “En Marruecos tenemos un problema con la religión, cada vez está más presente y lo contamina todo”. Se refieren así a los retrocesos en algunos aspectos de las libertades, a los nulos avances con respecto al aborto clandestino, a las mayores restricciones por ejemplo en la venta oficial de alcohol o a la situación de las mujeres y el mayor uso del velo en el día a día.
- ¿Pero tú, Wail, cumples los preceptos del Ramadán?
- “Bueno, pero eso es otra historia, que depende además de mi vida privada”.

PACTO GRECIA-UE: LOS GRIEGOS AUN CONFIAN EN TSIPRAS


“Aunque Tsipras logre sólo el 5% de lo que prometió, ya será mucho”

Los griegos apoyan masivamente a su Ejecutivo pese al aluvión de críticas internas

Atenas, DIARIO EL PAIS, MADRID,  24 FEB 2015

Tsipras


“Se hace campaña con la poesía, pero se gobierna con la prosa”. La frase atribuida al antiguo gobernador de Nueva York Mario Cuomo podría aplicarse al pie de la letra a la tesitura en que se halla, apenas un mes después de llegar al poder, el Gobierno de Alexis Tsipras: de las promesas a la realidad hay un trecho, y el acuerdo firmado el viernes con el Eurogrupo ha puesto de relieve lo abrupto que puede llegar a ser. Pero a las voces críticas que se han alzado en los últimos días en el seno de Syriza, el partido de Tsipras, por considerar que el pacto contradice, e incluso niega, su programa electoral, se contrapone la confianza total, casi fe ciega, de la ciudadanía en el Ejecutivo griego: el 81% le apoya en las negociaciones con Europa, según la última encuesta, previa a la reunión del viernes de los ministros de la eurozona. El 73% cree también que Tsipras es el hombre adecuado para sacar a Grecia del pozo de cinco años de recesión, mientras que el 90% rechaza la troika y el 83%, el programa de rescate.

El acuerdo de mínimos pactado con el Eurogrupo bien podría erosionar ese apoyo. O la modesta propuesta de reformas por parte del Ejecutivo, tibio reflejo del ambicioso programa electoral. O ninguna de las dos cosas, a juzgar por las opiniones oídas durante este día desabrido y festivo (Lunes de Cuaresma), víspera del aterrizaje en una realidad preocupante, la de, tal vez, tener que tragarse un nuevo sapo europeo. “No importa si tenemos que ir más despacio, pasito a pasito. Claro que nos habría gustado que todas las promesas se cumplieran de golpe, pero enfrente tenemos enemigos temibles, como Alemania, dispuesta a darnos duro para que no levantemos cabeza, y por eso lo que consiga [Tsipras], aunque sea poco, será mejor que lo que hemos tenido estos cinco años”, afirmaba este lunes Evanguelia Alexaki, una de las “Limpiadoras en Lucha” acampadas en el centro de Atenas desde hace 10 meses, junto a la tienda de campaña en la que aún pernoctan pese al anuncio del Gobierno de su inminente recontratación (un mensaje anterior al acuerdo, que estipula el coste cero de las reformas).
La actitud de Alexaki y otras dos compañeras, que degustan junto a un brasero los dulces típicos del día “nos los han traído tenderos del barrio, nos cuidan mucho”, es casi un acto de fe: este martes se celebra un juicio en Atenas por la irregularidad de sus despidos sancionada por el Constitucional griego, pero confían en regresar a sus puestos de trabajo “en un mes o mes y medio”. “Nos lo ha prometido Tsipras, y también Katrougalos [viceministro de la Reforma Administrativa], que vino a vernos y nos dijo que si no volvemos a ser contratadas dimitirá, y que también debería dimitir el Gobierno en pleno”, esgrime Alexaki como salvaguarda, o como si las promesas a veces no las cargara el diablo.
Sobre las críticas lideradas por el héroe de la resistencia Manolis Glezos al que se han sumado en las últimas horas Mikis Theodorakis, histórico compañero de viaje de la izquierda; el prestigioso economista y diputado de Syriza Kostas Lapavitsas y una eurodiputada del partido, Alexaki recurre a los paños calientes: “Veneramos a Glezos, para los griegos es un símbolo, y sin duda su intención es que las cosas se hagan mejor y más deprisa, pero no se puede criticar a un Gobierno que lleva menos de un mes en el poder. Un Gobierno se juzga en cuatro años, no en tres semanas”. Le da la razón, en un barrio bien de Atenas, María Dimitrakis, economista y votante de Syriza. “No es de recibo ese bofetón [de Glezos]. Aunque Tsipras sólo logre ahora el 5% de lo que prometió, ya será mucho. Las reformas que Grecia necesita no son tanto contables como de raíz, una transformación profunda y sustancial del Estado, y eso no cuesta dinero, sólo voluntad política. Y Tsipras la tiene. Con él y con Varoufakis, Grecia va a salir adelante, estoy segura, aunque ahora nos lo pongan tan difícil”.
En una estación de autobuses atiborrada de viajeros que apuran el puente de tres días, Anthoula, universitaria, clase media y profundo escepticismo, se encoge de hombros al preguntársele su opinión sobre el pacto. “No sabría qué decirle, porque negociar en Bruselas invocando la crisis humanitaria del país mientras la ocupación hotelera ha sido [este puente] del 100%, parece un contrasentido, ¿no? También es verdad que mi familia no ha sufrido mucho la crisis, por suerte, por eso entiendo que los más desfavorecidos se agarren a un clavo ardiendo, aunque sea la esperanza en el cambio… pero es tan poca cosa, y tan volátil…”. El aterrizaje en la realidad, o el despertar del sueño, se impone día a día en Grecia.

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