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Tuesday, March 3, 2015
INTERESANTE REPORTAJE A JUNCKER
JEAN-CLAUDE JUNCKER | Presidente de la Comisión Europea
“Tsipras aún tiene que contar a los griegos que va a incumplir promesas”
Juncker recuerda a España que "con su cifra de paro, no se puede dar la crisis por acabada"
Claudi Pérez Bruselas, DIARIO EL PAIS, MADRID, 3 MAR 2015
En algún momento de los dos últimos años, después de perder las elecciones en Luxemburgo, Jean-Claude Juncker (Redange, 1954) flirteó con la idea de dejar la política y escribir sus memorias. Luego pensó que de lo que no se puede hablar, hay que callar: “Había que contar interioridades inconfesables”. Juncker aparcó el proyecto para volver a su hábitat natural: ganó las elecciones europeas y, pese a las reticencias de Berlín, capitanea la Comisión Europea que él mismo denomina “de la última oportunidad” por la necesidad de sacar definitivamente la cabeza de esa combinación de crisis múltiples aderezada con un formidable eurodesencanto. Sigue callando algunas cosas tras varias décadas en primera línea europea, aunque fuera de micrófono enlaza jugosas anécdotas perfectamente impublicables. Y en esta entrevista con EL PAÍS ofrece una visión moderadamente optimista de Europa, aunque se permite dudar: piropea a España por las reformas, pero avisa de que lo honesto es decir que la crisis seguirá ahí hasta que baje el paro; concede que Alexis Tsipras ha asumido responsabilidades, pero afirma que aún tiene que explicarle a los griegos que va a incumplir ciertas promesas. Partidos como Syriza o Podemos, dice, tienen un diagnóstico certero de la situación, y sin embargo sus propuestas llevarían “al total bloqueo” del proyecto europeo.
Europa sigue siendo un lugar interesante y contradictorio: un exvicepresidente de Goldman Sachs, Mario Draghi, desafía la ortodoxia de Alemania. Y un líder conservador de una especie de paraíso fiscal, Juncker, planta cara a las recetas de Berlín con una dosis de flexibilidad para las reglas fiscales; activa un plan de inversiones con un inusitado contorsionismo financiero, pero también con cierto aroma pseudokeynesiano; y promete acabar con los tejemanejes de las multinacionales con los impuestos a pesar de estar en el centro del huracán por los abusos de su país. Entre el discurso churchilliano del sangre, sudor y lágrimas que encarna Merkel y el I have a dream de Martin Luther King de Tsipras, Juncker —que viaja hoy a España— busca una vía intermedia más pragmática, menos cercana al tono moralizante de los últimos (y muy alemanes) tiempos. Advierte contra la tentación del fracaso: recuerda que algunas cosas solo despiertan una lealtad apasionada cuando se han perdido. Y lamenta que lo peor de la crisis “sea el resurgir de viejos resentimientos”.
Pregunta. ¿Cuál es el mayor problema de Europa?
Respuesta. El desencanto de la gente con las instituciones es un desafío, pero el mayor problema es el desempleo. Con esas altas cifras de paro y de desempleo juvenil en España, aunque las cosas estén mejorando, no podemos decirle a la gente, ni a nosotros mismos, que la crisis se ha acabado. Lo honesto es decir que seguiremos con graves dificultades mientras el paro no baje a niveles normales. Estamos en medio de la crisis: esto no ha terminado.
P. Sorprende ese realismo: España ha hecho tres reformas laborales en cinco años y la Comisión que usted preside las pone como ejemplo día tras día, a pesar de que el paro es del 23%, y el desempleo juvenil supera el 50%.
R. Mi impresión es que el Gobierno español ha reformado la economía. Ha tomado decisiones complicadas. Ha aprobado duras reformas estructurales, aunque podamos discutir su envergadura y ambición. Solucionó la crisis bancaria. Y la recuperación está ahí: quizá no haya llegado aún lo suficiente hasta el empleo, y eso puede dar la impresión equivocada a los españoles de que las cosas no se mueven en la dirección correcta.
P. Nadie pone en duda las estadísticas, pero explíqueselas a 5,5 millones de parados.
R. Las reformas estructurales tardan en dar resultados. Entiendo la impaciencia, los ciudadanos exigen resultados inmediatos. Pero hay que dar tiempo al tiempo.
P. ¿No ha habido ya suficiente tiempo para ver resultados de las políticas europeas? Van cinco años de rescate en Grecia, por ejemplo, y no parece que Tsipras lo tenga fácil.
R. Tsipras ha dado un paso fundamental; ha empezado a asumir responsabilidades. Pero tiene un problema: aún tiene que explicar que algunas de las promesas con las que ganó las elecciones no se van a cumplir. Tsipras tiene el mérito de haber planteado las preguntas correctas. Pero nunca ha dado respuestas. Si dio alguna respuesta fue exclusivamente nacional, cuando es evidente que en lo relativo a Grecia y su programa hay 19 opiniones públicas que cuentan. Las elecciones no cambian los tratados: está claro que se puede tener otra aproximación a la crisis griega; puede haber más flexibilidad, pero la victoria de Tsipras no le da derecho a cambiarlo todo. La foto griega es muy colorida en función de quién mira, si los alemanes, los griegos, los portugueses o los españoles.
P. El último acuerdo evitó una sacudida en los mercados. Y sin embargo, ¿no es una de esas patadas hacia delante que usted denunciaba cuando dejó la jefatura del Eurogrupo?
R. La atmósfera está enrarecida. Muchos países tienen la impresión de que Grecia es una historia interminable, con dos programas que van a tener que ser tres; los griegos tienen la misma sensación. Las cosas han mejorado: el déficit público y el desempleo han caído, y la situación se había despejado hasta las elecciones. Aun así, a un griego de 27 años que no haya podido trabajar nunca le interesan poco las estadísticas: está preocupado porque no tiene un empleo. Y eso, que vale para Grecia y para España, no es tan fácil de cambiar a corto plazo, ni siquiera con reformas.
P. Tsipras fue elegido con un mensaje antiausteridad, antitroika, con la promesa de reestructurar la deuda. ¿Teme que otros partidos, como Podemos, agarren esa bandera?
R. Ese nuevo tipo de partidos a menudo analizan la situación de forma realista, señalan los enormes desafíos sociales con agudeza. Pero si ganan elecciones son incapaces de cumplir sus promesas, de transformar sus programas en realidades. Las propuestas de algunos de esos partidos no son compatibles con las reglas europeas: llevarían a una situación de total bloqueo.
P. “Muerte a la troika”, decía un alto cargo de la anterior Comisión. ¿Ha llegado ese momento?
R. La gente descubre ahora que llevo años diciendo que sería conveniente poner punto final a la troika. En parte por un problema de dignidad: quizá no fuimos lo suficientemente respetuosos.
P. Eso mismo dice Tsipras.
R. Es distinto. Mi enfoque consiste en señalar que los países rescatados se sentaban a negociar no con la Comisión o con el Eurogrupo, sino con funcionarios. Eso no era adecuado. Hay un segundo problema: cuando lanzamos un programa de ajuste es imprescindible una evaluación del impacto social. Eso no se hizo, y hoy vemos que el 25% de los griegos han sido expulsados del sistema de seguridad social. Debimos prever ese tipo de consecuencias.
P. Más allá de Grecia, Europa empieza a virar: más flexibilidad fiscal, inversiones y un BCE más activo. EE UU crece el doble y tiene la mitad de paro, quizá porque aplicó otras políticas. ¿Es demasiado tarde? ¿Hubo errores aquí?
R. EE UU y la eurozona no son comparables. En Europa seguimos pensando que la consolidación fiscal y las reformas son importantes, pero está claro que con eso solo no alcanza: hay que invertir para evitar que 23 millones de europeos sigan hambrientos de empleos. Para eso diseñamos el plan de inversiones de 315.000 millones. Los bancos públicos de Alemania y España ya se han sumado al proyecto. Estamos en el buen camino.
P. Pero descartan invertir en el capital del fondo. Solo inyectarán fondos en la fase final de los proyectos para sus respectivos países. ¿Le decepciona?
R. No comparto su punto de vista. Cuando la foto global del plan esté lista tendremos más aportaciones. Pero incluso sin ellas, el plan es como un poema: habla por sí mismo.
P. Usted estuvo entre los padres de las actuales reglas del euro, que ni impidieron la crisis ni luego sirvieron para gestionarla bien. ¿No fueron diseñadas para un mundo que ya no existe?
R. Europa no es un Estado con un Gobierno y un Tesoro. Con el diseño actual de la eurozona, las reglas son imprescindibles para coordinar las políticas económicas. El Pacto de Estabilidad ya permite flexibilidad; la Unión Bancaria es un salto adelante para evitar que se incube una réplica de la crisis financiera. La Unión Económica y Monetaria es un proceso en continua construcción.
P. ¿Por qué en el Sur tenemos la impresión de que la flexibilidad con las reglas llega justo cuando los problemas alcanzan a Francia, como ya ocurrió la pasada década también con Alemania?
R. Confunde usted las fechas: Alemania no siguió la letra del pacto en 2003, y la reforma se hizo en 2005. Con respecto a la decisión de dar dos años más a Francia, varios países, incluidos los del Sur, han criticado esa medida. Y sin embargo no veo gran entusiasmo en Francia, que está obligada a modificar su presupuesto y a cumplir sus compromisos. Se puede tener la impresión de que Francia ha recibido un regalo, pero es un regalo envenenado.
P. ¿Cómo le explica a un español que después de tres reformas laborales y una de pensiones España obtuvo dos años en 2013 para cumplir el déficit, y que Francia ha obtenido cuatro años desde entonces sin una sola reforma de ese calibre?
R. Francia no hizo suficientes reformas, pero sí puso en marcha ese proceso. Ha reformado su estructura regional y ha aprobado la ley Macron, aunque no sea lo suficientemente ambiciosa. París ha enviado un documento de 47 páginas que explicita cómo va a abordar las reformas. Sabe que tiene que mejorar. Y lo hará.
P. ¿Va a haber multas?
R. Estoy seguro de que el Gobierno francés ha entendido que las sanciones son una posibilidad.
P. El tradicional eje franco-alemán parece cosa del pasado. ¿Qué opinión le merece lo que Tony Judt denominaba “el inquietante poderío de Alemania”?
R. Grecia es el ejemplo de que esa impresión acerca de que Alemania lidera Europa con mano de hierro no se corresponde con la realidad. Ha habido varios países más severos que Alemania: Holanda, Finlandia, Eslovaquia, los bálticos, Austria. En las últimas semanas, España y Portugal han sido muy exigentes en relación con Grecia. Debimos prever el impacto social de los programas de ajuste
P. ¿Cómo ha ido evolucionando su relación con Merkel? Su Comisión quiere ser más política: ¿eso incluye actuar como contrapeso de Berlín?
R. No estoy interesado en desafiar a Merkel ni a ningún primer ministro. Mi relación con ella es excelente.
P. Uno de los desafíos de su mandato es el referéndum británico sobre su pertenencia a la UE. ¿No le cansa tanto apocalipsis?
R. Mi experiencia me dice que las revoluciones nunca se anuncian: las rupturas del statu quo solo tienen éxito si llegan por sorpresa. Quiero meditar las propuestas del Reino Unido. Ellos tienen sus líneas rojas y yo tengo las mías: la libre circulación de personas es innegociable. Pero estoy sorprendido de que países del Sur como España, o los del Este, con largas tradiciones de emigración, no reaccionen con más firmeza.
P. ¿Qué propuesta va a hacer la Comisión sobre inmigración?
R. Entiendo el énfasis que ponen algunos países en luchar contra los abusos, pero la respuesta no es cambiar las reglas europeas, sino la legislación nacional. Si hoy se ataca la libre circulación, dentro de dos años habrá ataques contra otras libertades.
P. Ese tipo de propuestas van en paralelo al avance del populismo. Pero a los europeos les molestan otras cosas: la evasión fiscal, por ejemplo. ¿Es usted la persona adecuada para acabar con ese asunto después del Luxleaks?
R. El problema de Luxemburgo es igual que el de muchos otros países. Pero el ecosistema ha cambiado: varios socios se han visto obligados a hacer ajustes que minan sus Estados del bienestar, y ya no toleran esos comportamientos con los impuestos. Los europeos ya no aceptan que las multinacionales, con ayuda de consultoras, eludan el pago de impuestos fácilmente. En cuanto a Luxleaks, en Luxemburgo las reglas son claras, aunque probablemente no fueran correctas: no es el ministro de Finanzas quien toma estas decisiones, sino la administración tributaria. Sé que nadie se lo cree, pero es así.
P. Europa tiene problemas en casa (Grecia), en su periferia (Rusia) y corre el riesgo de perder a una o dos generaciones de jóvenes por el drama del paro. ¿Ve los síntomas de desfallecimiento?
R. Vivimos en un mundo crecientemente complicado y peligroso. La UE ha dado pasos para mejorar su gobernanza, pero sigue siendo difícil compartir soberanía y superar pulsiones nacionalistas disgregadoras: la crisis ha hecho aflorar dramáticamente problemas que se venían gestando desde hace años. Pero no veo alternativa al proyecto europeo, salvo las utopías regresivas que plantean algunos populismos demagógicos. ¿Cuál hubiera sido el escenario si los países no hubieran compartido moneda? ¿Hubiéramos tenido una respuesta común para una Rusia que hace todo lo que puede por dividirnos?
P. Sin una recuperación digna de ese nombre es inevitable que salgan viejos diablos del armario. ¿Qué consecuencias tiene la fractura Norte-Sur?
R. Lo más triste de los tres últimos años es comprobar que siguen ahí viejos resentimientos que creíamos desaparecidos. Muchos de los análisis alemanes sobre Grecia son inaceptables; muchas de las reacciones griegas a lo que decide Alemania son inaceptables. No solo la recuperación es frágil: la integración europea en conjunto está amenazada. Es una flor delicada.
RELACION ISRAEL-ESTADOS UNIDOS EN SU PUNTO HISTORICO MAS BAJO
Netanyahu intenta socavar en Washington la negociación con Irán
El primer ministro de Israel asegura que su intención no ha sido faltar al respeto del presidente Barack Obama al aceptar la invitación para hablar en el Capitolio
Yolanda Monge Washington, DIARIO EL PAIS, MADRID, 3 MAR 2015
Decir que el discurso que dará este martes en el Capitolio de Washington el primer ministro israelí pone en peligro las relaciones de Estados Unidos con Israel es quedarse corto, ya que llega tras seis años de desconfianza y agravios protagonizados por Barack Obama y Benjamin Netanyahu.
Si hubiera que encontrar un símil que casase a la perfección con la relación entre el presidente de EE UU y el primer ministro de Israel no habría otro mejor que el que los equipararía a un matrimonio que sigue unido por el bien de los niños. Y seguirá no importa qué.
Desencuentros entre el Ejecutivo israelí y Washington los ha habido antes, como recordaba el ministro de Exteriores Avigdor Lieberman respecto a los sufridos durante el mandato de Menajem Beguin, pero nunca como ahora se habían dañado décadas de apoyo bipartidista unánime a la cuestión israelí. La interesada alianza Boehner-Netanyahu, con la que este último pretende hacer descarrilar las negociaciones con Irán, ha situado las relaciones EE UU-Israel en su punto más bajo desde que el presidente Eisenhower amenazase con sanciones al Estado israelí durante la crisis por el Canal de Suez en 1956 y ha provocado que un apoyo que era monolítico se torne en un enfrentamiento político.
Netanyahu asegura que siente la obligación moral de advertir de los peligros de un acuerdo nuclear con el régimen de los ayatolás
No hay mejor prueba de lo anterior que la actuación de los miembros judíos en el Congreso de EE UU, todos demócratas menos uno republicano. Esta mañana, a un día de que Netanyahu compareciese ante ambas Cámaras del Congreso para hablar sobre “el potencial acuerdo que amenaza la supervivencia de Israel” —en palabras del propio primer ministro—, 30 demócratas —cuatro senadores y 26 representantes— aseguraban que no asistirían al discurso. La mitad de ellos son políticos negros que ven en la aceptación del primer ministro de la invitación unilateral del presidente de la Cámara de Representantes una falta de respeto hacia Obama al desafiar su política exterior. Cerca de media docena son judíos y representan el 21 % de los miembros de esa confesión religiosa en el Congreso.
Que Netanyahu se viera forzado a decir durante su alocución de hoy en la conferencia anual en Washington de la AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Israel-Estados Unidos) que su intención al aceptar la invitación republicana no era faltar “el respeto al presidente Obama ni al puesto que representa” era una prueba más del daño hecho, ya que, como el valor a los marines, el respeto hacia el mandatario se presupone cuando se es invitado en su país.
Netanyahu ha insistió hoy —como lo hará mañana— en que sentía “la obligación moral” de advertir de los peligros de un acuerdo nuclear con Irán y que no se quedaría callado “mientras quede tiempo” para evitarlo. Utilizando un mapa que mostraba los lazos de Irán con el terrorismo en varios continentes, Netanyahu dijo que Irán amenaza la existencia de Israel. “Esto es lo que Irán hace ahora sin armas nucleares”, explicó el líder del Likud. “Imaginen lo que hará con armas nucleares”.
Con la invitación al primer ministro israelí, Boehner busca evitar que el presidente no imponga sanciones a Irán y Netanyhau traza la línea para no hacer concesiones a Teherán
Netanyahu y Obama discrepan sobre la posición que debe mantener la comunidad internacional sobre Irán. Si el dirigente israelí comparte con el Partido Republicano la necesidad de nuevas sanciones contra Teherán, el mandatario norteamericano ha avisado de que vetará cualquier iniciativa en ese sentido, porque considera que podrían torpedear las negociaciones con el régimen de los ayatolás —lo que busca Netanyahu—, cuyo plazo termina el 31 de marzo. Con la invitación a Netanyahu, Boehner busca debilitar ese postulado y el primer ministro israelí trazaba la línea de no hacer concesiones a Teherán.
La semana pasada, la asesora de seguridad nacional de Obama, Susan Rice, calificó de “destructiva” para la relación bilateral la aceptación de la invitación republicana —de espaldas a la Casa Blanca— de Netanyahu. También este lunes, Barack Obama ha garantizado que las relaciones con Israel son "fuertes" y que comparte con su socio el objetivo de que Irán no obtenga armas nucleares, según Reuters.
Hoy, Samantha Power, embajadora norteamericana ante la ONU, refutó los temores del primer ministro y aseguró en el foro de la AIPAC que “EE UU no permitirá a Irán obtener un arma nuclear. Punto”. Power recordó a la audiencia que la Casa Blanca de Obama ha invertido más de 20.000 millones de dólares en la seguridad de Israel. “Creemos que la diplomacia es el camino preferido para lograr nuestro objetivo”, dijo Powers. “Pero si la diplomacia falla, somos conscientes como el que más de los riesgos de un Irán dotado de armas nucleares. No dejaremos que eso suceda”, prosiguió, para finalizar diciendo que nunca “se pondrá el sol en el compromiso de EE UU con la seguridad de Israel”. “Nunca”, apostilló.
Monday, March 2, 2015
LA LUCHA POR LA ALDEA DE SADDAM HUSSEIN
Ofensiva iraquí para retomar Tikrit de manos del Estado Islámico
La operación constituye una prueba de la capacidad para reconquistar Mosul
Ángeles Espinosa Dubái, DIARIO EL PAIS, MADRID, 2 MAR 2015
Las fuerzas gubernamentales iraquíes han iniciado la ofensiva para recuperar Tikrit de manos del Estado Islámico (EI), según ha anunciado este lunes Al Iraqiya, la televisión estatal. La operación es altamente simbólica ya que se trata del lugar natal del ejecutado Saddam Husein. Además, su desarrollo constituye una prueba de la preparación de las tropas para el eventual avance sobre Mosul, la tercera ciudad del país situada unos 200 kilómetros al norte.
Varios miles de soldados, milicianos chiíes y miembros de tribus suníes se han concentrado en los alrededores de Samarra, a 130 kilómetros de Bagdad, desde donde se ha preparado el asalto. Se espera que cuenten además con el apoyo aéreo de Estados Unidos, ya que el combate no va a ser fácil. Los yihadistas se han atrincherado y si la experiencia de los últimos meses sirve de algo, las tropas saben que van a afrontar una dura resistencia, además de ataques suicidas y trampas explosivas.
“Aunque con anterioridad [las tropas] han bombardeado con artillería y ha habido escaramuzas en los alrededores de Tikrit, ésta parece la ofensiva [terrestre] para recuperar la ciudad”, interpreta Sinan Adnan, del Institute for the Study of War.
La importancia la operación ha hecho que el primer ministro, Haider al Abadi, se traslade personalmente hasta el cuartel de mando en Samarra. Allí se reunió anoche con los responsables militares y prometió “liberar [la provincia] de la tiranía de los terroristas”.
Toda la provincia de Saladino, de la que Tikrit es la capital, ha sido un foco de insurgencia desde que la intervención estadounidense derribó a Saddam en 2003. El dictador había nacido en Awja, una aldea de las afueras de esa ciudad donde se encuentra el núcleo de su clan. Además, el año pasado, tras la caída de Mosul, se produjo allí una de las matanzas más sonadas de miembros de las fuerzas de seguridad. Los yihadistas aseguraron haber matado a 1.700 soldados secuestrados en el cercano Camp Speicher.
Si bien la cifra nunca ha sido confirmada oficialmente, el asunto generó un gran malestar público, sobre todo entre la comunidad chií, a la que pertenecían la mayoría de los militares asesinados a sangre fría. De ahí que las milicias de esa confesión se encuentren especialmente motivadas para la ofensiva de Tikrit.
Pero el empeño no es puramente confesional. Las huestes del EI han alienado a todas las comunidades. Tal como recuerda Adnan, en la vecindad de Tikrit desalojaron a la tribu de los Jubur, una de las mayores de Irak, de varias comarcas, incluida la de Alam, una de las primeras en mostrar resistencia al avance de los yihadistas. De ahí, que la ofensiva cuente también con una representación siquiera simbólica de fuerzas suníes.
Sunday, March 1, 2015
LA USINA DE LA ELITE FRANCESA
Así se fabrica un presidente de Francia
Tres jefes de Estado, seis primeros ministros y los responsables de las mayores empresas francesas han pasado por la Ècole Nationale d’Administration.
Aquí ha educado Francia desde 1945 a sus élites, desde el actual presidente de la República, François Hollande, hasta miles de altos funcionarios.
Entramos en la ENA, un prestigioso club que nutre de talento a la quinta potencia mundial y al que también acceden los extranjeros más brillantes.
Gabriela Cañas, DIARIO EL PAIS, MADRID, EL PAIS SEMANAL, 18 DE FEBRERO DE 2015.
El proyecto de conocer la Ècole Nationale d’Administration por dentro impone respeto. Conocer la vida pública de Francia lleva irremediablemente a un calificativo de nuevo cuño: enarca. El diccionario de la Real Academia Española no reconoce el término, pero la enciclopedia libre Wikipedia, por supuesto, sí: “Enarca es un alumno o antiguo alumno de la Ècole Nationale d’Administration, la ENA”.
El listado de los enarcas es apabullante. El actual presidente de la República, François Hollande, es un enarca. Los exjefes del Estado Jacques Chirac y Valéry Giscard d’Estaing también lo son. No hace falta pasar por la ENA para alcanzar la cúspide del poder, pero la excepción de Nicolas Sarkozy hizo reflexionar en 2007 a los medios acerca de si la vida política francesa estaba cambiando de estilo. Hollande, en 2012, volvió a poner las cosas en su sitio.
Del presidente hacia abajo, los enarcas han dirigido los destinos de Francia, la quinta potencia mundial y en la que España se ha mirado siempre para construir su aparato administrativo. A modo de aperitivo, aquí van algunos nombres ilustres: los ex primeros ministros Alain Juppé, Lionel Jospin, Laurent Fabius (hoy ministro de Exteriores), Edouard Balladur o Michel Rocard. En la lista hay multitud de ministros. Entre ellos, actualmente en el cargo, Emmanuel Macron (Economía), Michel Sapin (Finanzas), Fleur Pellerin (Cultura) y Ségolène Royal (Ecología). Enarca es el actual comisario europeo francés, Pierre Moscovici, así como Jean-Claude Trichet (expresidente del BCE), los exdirectores del FMI Jacques de Larosière y Michel Camdessus, y el presidente del Banco de Francia Christian Noyer.
Hay muchos políticos que no han pasado por la ENA. La institución privada Science Po es otro importante granero de pensadores y administradores de la cosa pública, por ejemplo, pero no haber logrado entrar en la ENA es en Francia un desdoro que algunos no perdonan. El nombramiento, en agosto pasado, como ministra de Educación de Najat Vallaud-Belkacem formó un importante revuelo en las capas más recalcitrantes de la sociedad francesa. A sus defectos de ser joven, feminista y musulmana (nació en Marruecos) le añadieron la tacha de no ser enarca. El machismo impregna las críticas recordando, por contraste, que su marido, Boris Vallaud, sí había logrado entrar en la ENA. Ahora, este alto funcionario es secretario general adjunto en el palacio del presidente de la República, el Elíseo.
Somos como caballos de carreras. Nos cuidan mucho, pero tenemos que rendir”
Puede que en otros tiempos ser enarca no supusiera disponer del pasaporte dorado para entrar en el Olimpo del poder. Hoy, con Hollande, el Elíseo es el centro de operaciones de un nutrido grupo de viejos alumnos de la ENA: Jean-Pierre Jouyet, secretario general (también lo fue con Sarkozy); Thierry Lataste, su director de gabinete; Constance Rivière, directora general adjunta de dicho gabinete; Gaspard Gantzer, consejero de comunicación; Jacques Audibert, consejero diplomático, y el ya mencionado Boris Vallaud.
La fama precede, en fin, a una institución cuyo cuartel general fue trasladado a Estrasburgo hace 22 años. En esta bellísima ciudad alsaciana, declarada patrimonio de la humanidad, muy próxima a la frontera con Alemania, hay otras instituciones muy acordes con la ENA. Está, por ejemplo, la impresionante sede del Parlamento Europeo (su gemela se halla en Bruselas), la sede del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y ARTE, la cadena de televisión franco-alemana, una excepción de intelectualidad en el panorama audiovisual. Estrasburgo es la única ciudad de Francia capaz de competir con París en el terreno cultural y educativo con casi 60.000 estudiantes universitarios, teatro, orquesta y ópera. Es el marco ideal para los flamantes enarcas.
La primera sorpresa es, sin embargo, la de comprobar que la sede de la ENA es más bien modesta. Enclavada a orillas del Rin, el edificio es una antigua cárcel reformada que, por obras, ni siquiera dispone ahora de biblioteca. Las aulas son pequeñas; el mobiliario, sencillo. El ambiente, casi nulo. Concertada la cita de EL PAÍS desde hacía un mes (en medio se interpusieron las vacaciones de Navidad y el cambio de ciclo académico), los alumnos están en estos días de enero revisando sus pruebas en pequeños grupos y los directivos de la escuela no quieren que se les moleste.
La cafetería, donde no se sirven comidas, solo bocadillos, refrescos, chocolatinas y cafés, está desierta. Este no es un lugar muy fotogénico, especialmente cuando el gélido frío del invierno reduce los círculos de amigos en el patio de la escuela. La encargada de prensa asegura que algunos de los enarcas extranjeros están dispuestos a hablar con los periodistas. Los franceses no responden a la invitación de hacerlo. Desentrañar los secretos del éxito de una institución como esta parece tarea complicada.
Interior de la Écola Nationale d'Adminsitration. En sus paredes cuelgan fotografías de todas las promociones que por allí han pasado, personalidades de la política y el mundo empresarial francés. / Gorka Lejarcegi
La mayoría de los alumnos, de hecho, no se hallan hoy en la escuela. Están participando en un debate sobre finanzas europeas. En efecto, el imponente hemiciclo está repleto de gente joven. Los escaños los ocupan 1.200 alumnos. Los de la ENA están mezclados con los de la Sorbona y la Escuela de Comercio de París. La sesión la preside la eurodiputada conservadora Anne Sander junto a un nutrido grupo de funcionarios comunitarios, y los participantes hablan del plan Juncker para fomentar el crecimiento en Europa. Como colofón, suena el himno europeo, la Novena de Beethoven, y a renglón seguido, Primavera, de Ludovico Einaudi. Muchos salen del hemiciclo con el brazo en alto, el móvil en la mano, el programa Shazam activado para identificar la pieza.
Parte del secreto de la ENA es esa cercanía con las instituciones, con los funcionarios de alto rango y con los políticos. El resto es una tarea en la sombra, un duro trabajo del que da cuenta uno de los más adultos y entusiastas del alumnado que acaba de comenzar el primer curso en la ENA el pasado 5 de enero. Se llama Xavier Ricard, tiene 42 años, ha trabajado en varias ONG hasta dirigir una de ellas y, finalmente, ha dado un giro a su vida para convertirse en funcionario. Superar las pruebas exige una media de dos años de estudio. Una vez admitido en la ENA, el plan de estudios consiste en hacer estancias de prácticas en instituciones francesas, acudir a clase y superar las numerosas pruebas que hay en el camino. Los que mejores calificaciones obtengan al cabo de dos años serán los primeros en elegir destino. “Somos como caballos de carreras de lujo”, explica Ricard. “Nos cuidan mucho, pero tenemos que rendir en consonancia”.
La combinación es llamativa. El mismo que se sienta en el hemiciclo y toma la palabra (casi siempre en inglés) como si fuera un prócer de la patria malcome después un bocadillo sobre la moqueta de los pasillos del Parlamento repletos de estudiantes. El bocadillo y el refresco son gratis. Es lo que hay. En la clase, en la ENA, uno de los ejercicios consistirá en leer 50 folios y después elaborar un breve informe para el supuesto ministro de turno.
El lujo de la ENA no está en sus instalaciones ni en los servicios de catering que la institución aporte. Mats Goch, un alemán de 26 años tan alto, fuerte y rubio como se espera de un alemán, ha logrado entrar en la ENA y el diploma que obtendrá dentro de dos años le facilitará, cree, lograr un puesto fijo en la Administración de su país. Está feliz de haber conseguido una plaza para este curso. “El marco de este lugar es soberbio”, dice. “Doy clases de inglés con solo cuatro personas. ¡Un lujo!”.
Nathalie Loiseau es la directora de la Ècole Nationale d’Administration. Es diplomática, defiende el rol de la ENA –forma generalistas y no expertos– y vivió cinco años en Estados Unidos (trabajó en la Embajada de Francia en Washington DC). / Gorka Lejarcegi
El lujo reside en el nivel de inversión que realiza el Estado francés para formar a sus altos funcionarios. Todos deben poseer título universitario y añadir a sus estudios los dos años de preparación para las pruebas de acceso (derecho público, economía, cultura general, finanzas, política internacional y europea). Solo uno de cada diez aspirantes lo consigue. Una vez superadas, el Estado los considera funcionarios en prácticas, de modo que durante su estancia en la ENA disponen de un sueldo para afrontar los gastos de manutención. Los nuevos cobran 1.399 euros netos al mes. Los que ya son funcionarios (estudian aquí para alcanzar un mayor rango) perciben 2.144. A cambio, los alumnos se comprometen a trabajar para la Administración francesa un mínimo de diez años. Es una forma de recuperar la inversión. Los que se van al sector privado deberán reembolsar una parte.
En general, esa condena de ser funcionarios les parece a los enarcas un privilegio. “Es exactamente lo que quiero hacer”, explica Guillaume Poupeau, de 26 años, que acaba de entrar en la ENA. “Quiero tener una vida interesante”. Poupeau habla cinco idiomas. En su familia hay una cierta tradición de trabajar en el sector del lujo. Si alguien quiere hacerse rico, dice, mejor no ser enarca.
El Estado aporta a la ENA 28 millones de euros anuales. Difícil comparar cifras. Baste saber que el coste medio por alumno universitario en España ronda los 5.000 euros anuales, que es lo que gana un solo enarca nuevo en cuatro meses. Cada año coinciden solo 240 alumnos en la enseñanza básica, la hasta ahora descrita. La mitad está en el primer curso, y la otra mitad, en el segundo. Pero la ENA tiene al cabo del año otros 5.000 alumnos en otros cursos de formación permanente y actividades diversas, la mayoría de pago, y no son baratas. Los acuerdos suscritos con 120 países y las becas permiten el acceso a alumnos extranjeros. Todo ello eleva los ingresos totales de la institución a casi el doble.
Del presidente hacia abajo, los enarcas han dirigido los destinos de Francia
Esta escuela infunde un fuerte sentimiento de pertenencia. Este año celebra su 70º aniversario. Fue creada por Charles de Gaulle después de la II Guerra Mundial para reconstruir la Administración francesa, y la ENA difunde el orgullo de dedicarse a la función pública; un mensaje cargado de solemnidad histórica. Su misión: democratizar el acceso a la Administración y fomentar el meritoriaje frente al amiguismo del pasado. Basta echar un vistazo a los nombres de cada promoción para percatarse de ese sentimiento de formar parte de la historia: Francia Combatiente (la primera), Europa, Albert Camus, Stendhal, Jean Jaurés, Guernica (única con reminiscencias hispanas), Derechos Humanos, Averròes, Marie Curie… La elección la hacen los propios alumnos al iniciar el curso. El resultado suele difundirse en la prensa nacional.
Ese ejercicio en principio lúdico es una primera clase práctica. Los 120 alumnos de la promoción pasan tres días en un hotel en los Vosgos. Allí, además de esquiar o bailar por las noches, los estudiantes deben bautizar su propia promoción. Ello les obliga a acordar las reglas del juego, exponer sus argumentos en público y negociar. A la última promoción le tocó esa tarea el viernes 16 de enero, apenas una semana después de las matanzas de París en la revista satírica Charlie Hebdo y en un supermercado de comida judía. Los alumnos estaban tan impresionados que buscaron nombres adecuados a las circunstancias: Gandhi, Libertad de Expresión, Laicidad, Erasmus… “Yo propuse Clemenceau [ex primer ministro francés], pero enseguida me di cuenta de que era problemático para algunos, especialmente para los alemanes, pues él fue partidario de atacar a Alemania en la I Guerra Mundial”, explica Guillaume Poupeau. Ganó la propuesta de otro compañero, Rémi Bochard: George Orwell. Ahora, en la recepción de la ENA, y durante todo el año, el visitante será recibido por una frase del escritor británico: “Hablar de libertad no tiene sentido salvo que se hable de la libertad de decir a los demás lo que no quieren escuchar”.
Los de la promoción George Orwell están a punto de partir. Cada uno tiene ya un destino en una institución francesa o europea. Ricard hará sus primeras prácticas de cuatro meses en la Comisión Europea. Naïma Ramalingom, una simpática francesa de ultramar, estará en la Embajada francesa de Corea del Sur. Alicia Saoudi, que ya es funcionaria, se va a la de Holanda. Hay un lugar para cada uno y en todas esas instituciones les reciben con los brazos abiertos. Saben que van a contar con un nuevo funcionario bien preparado al que además no hay que pagar. Ya lo hace la ENA.
Entre práctica y práctica, las clases en pequeños grupos continúan. La que nos ha tocado en suerte ver es algo peculiar. Los cinco alumnos de la profesora Julie Breeze se sientan unos frente a otros y las cámaras recogen sus intervenciones. Breeze les ha dado documentación y ellos ahora deben representar a cinco países de la UE para discutir sobre políticas de inmigración. Hadrien Haddak habla por Reino Unido; Nicolas Paree representa a Alemania; Lucie Roesch, a Francia; Xavier Rousset, a Grecia, y Paul-François Schira, a Italia.
El edificio de la ENA es una antigua cárcel reformada. En la imagen, un patio interior. / Gorka Lejarcegi
El debate se desarrolla íntegramente en inglés y Julie Breeze está impresionada por la fluidez con la que los jóvenes se han expresado en un idioma que no es el suyo y con un gran despliegue de matices y habilidad en los razonamientos utilizados. Al margen de la ayuda técnica recibida con anterioridad, siempre hay un lugar para la improvisación. Utilizar la entonación debida, desplegar el gesto adecuado y rebatir un argumento no son detalles que uno pueda aprender en una tarde. Tampoco parece algo estudiado que los cinco rían abiertamente cuando Haddak (Reino Unido) propone pedir a la Comisión Europea un informe a falta de consenso entre ellos. Es la salida propia de los desacuerdos bruselenses.
Los profesores, salvo los de lenguas extranjeras y alguno más, no suelen ser ni fijos ni docentes profesionales. La ENA echa mano de políticos y funcionarios para explicar a los alumnos cómo funciona la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE) o cuál es la encrucijada de la Unión Europea. La vista, siempre puesta en sus futuros cometidos profesionales. “No es lo mismo”, les explica el profesor Thomas Guibert a sus alumnos, “elaborar un informe para un portavoz que para un secretario de Estado que se reúne con sus homólogos. El primero tendrá menos margen de maniobra. Los informes también han de ser diferentes si están elaborados para un encuentro bilateral, donde hay más capacidad de debatir, o para uno multilateral, donde tu país probablemente va a tener la opción de hablar poco y una sola vez”.
Una diplomática llamada Nathalie Loiseau es la directora de la ENA. Su despacho, así como el anfiteatro, es una de las pocas estancias de esta escuela que responden a su fama de excelencia. Para ella es importante el hecho de que la ENA forme generalistas y no expertos. Loiseau vivió cinco años en Washington. Trabajaba en la Embajada francesa. Conoce bien la Administración americana y la de su propio país. “A la salida de la escuela”, explica, “los alumnos son capaces de trabajar en equipo y todos comparten el mismo lenguaje, lo que les hace más eficaces. En Estados Unidos, cada agencia, cada departamento tiene su propio sistema de reclutamiento y cuando tienen que trabajar juntos no se conocen. Para preparar un proyecto tardan seis meses. En Francia, siempre que haya voluntad política para sacarlo adelante, el método es más rápido y sencillo. El aparato funciona y es ágil”.
Los alumnos trabajan en equipo y comparten el mismo lenguaje, lo que les hace más eficaces”
El modelo es exportable y está abierto a otros países. España lo aprovecha poco. Una pena, según Marta Jiménez Blanco, de 48 años, tres hijos y funcionaria de Hacienda, la única española que ha habido en este lugar en siete años. Treinta en total desde 1970. Jiménez Blanco solo estará en Estrasburgo siete meses en un curso de reciclaje, en formación permanente, y alaba el hecho de que aquí se valoren más las habilidades que los conocimientos memorísticos.
El argelino Ahcène Gheroufella, de 32 años, es, sin embargo, de la promoción George Orwell y, como el alemán Goch, cree que sus estudios le servirán para promocionarse como funcionario (ya lo es) en su propio país. En Gheroufella hay además algo de espíritu fundacional. “Aquí intercambiamos ideas y experiencias”, explica solemne, como si estuviera deseoso de participar en la modernización de las estructuras administrativas de su país.
Esos aires de cambio fueron los que impregnaron de manera profunda algunas de las promociones más recordadas de enarcas. Hoy, en Francia, la más famosa de ellas es la promoción Voltaire, de 1978-1980. En 2008, Raoul Peck rodó para Capa Drama, Canal + y Arte una serie televisiva totalmente visionaria. Sobre un relato de ficción de jóvenes inconformistas, los nuevos enarcas de esa época se rebelaban contra los rígidos sistemas de la ENA y se proponían sacudir los vetustos cimientos de la Administración francesa. Muchos vieron en ese relato la sombra de la pareja política más famosa de Francia: el presidente François Hollande y la candidata a la presidencia y ahora ministra de Ecología (además de madre de sus hijos) Ségolène Royal. Los dos eran alumnos de la promoción Voltaire y de su mano ha llegado la primera Administración totalmente socialista desde la derrota de Mitterrand en 1995.
Los alumnos se esfuerzan duro para convertirse en funcionarios ultrapreparados. En la escuela, los estudiantes no solo son franceses: acuerdos suscritos con 120 países permiten el acceso a los extranjeros. / Gorka Lejarcegi
Los alumnos aseguran que apenas hay rivalidad entre ellos. Ciertamente, los mejor cualificados son los primeros en elegir destino, pero algunos afirman que previamente negocian entre ellos para evitar grandes frustraciones. Al fin y al cabo saben que a partir de ahora sus carreras profesionales van a discurrir en paralelo. El mejor ejemplo lo tienen en el propio presidente de la República. La lista de enarcas que trabajan en el Elíseo es amplia. A ellos hay que añadir los consejeros que ya se han marchado, como Aquilino Morelle, Sylvie Hubac o David Kessler.
Pero la promoción Voltaire es especial; casi mítica. Con Hollande y Royal estudiaron en la ENA el ex primer ministro de la derecha Dominique de Villepin, el exministro de Cultura Renaud Donnedieu de Vabres, el presidente del grupo AXA Henri de Castries y los ya citados Jean-Pierre Jouyet y Sylvie Hubac.
Pero la promoción Voltaire es especial; casi mítica. Con Hollande y Royal estudiaron en la ENA el ex primer ministro de la derecha Dominique de Villepin, el exministro de Cultura Renaud Donnedieu de Vabres, el presidente del grupo AXA Henri de Castries y los ya citados Jean-Pierre Jouyet y Sylvie Hubac.
En el anfiteatro de la ENA pone fin a la jornada la charla de Philippe Leglise-Costa. No hay largos prolegómenos. Leglise se sienta solo en la mesa situada en el escenario, se presenta a sí mismo y empieza a hablar de la situación europea: la crisis, el terrorismo, Grecia… Un centenar de alumnos le escuchan. Es el secretario general de Asuntos Europeos y sherpa (negociador) del presidente de la República. En su dilatado currículo hay un dato revelador: también es enarca, de la promoción Voltaire para más señas. Ahora comparte sus conocimientos con las nuevas generaciones cerrando el círculo. Puede que la ENA no sea una escuela del poder, como tituló Peck su serie televisiva, pero se le parece mucho.
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