Monday, March 9, 2015

SENSATO Y RAZONABLE ANALISIS DE UN ECONOMISTA ARGENTINO SOBRE LA "HERENCIA" DE CFK

EDUARDO LEVY YEYATI

“Creo que se exagera el peso de la herencia de Cristina”

Para el titular del Cippec, hay problemas importantes pero subsanables. Opina que el país necesita políticos “que no sean seguidores de encuestas”.

Por Adrián Simioni, La Voz del Interior, Córdoba, 9/3.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El próximo Gobierno argentino ¿recibirá una bomba y está condenado de antemano a saltar por los aires o tendrá la oportunidad de pasar a la historia cambiando las condiciones más perniciosas que dejará la presidenta Cristina Fernández? Para muchos, es la pregunta del millón. Y las respuestas, obviamente, no son unívocas.
Aunque crítico de la actual administración, el economista Eduardo Levy Yeyati está en el equipo de los optimistas. Y sobre esto mantuvo una extensa charla con La Voz del Interior.
Levy Yeyati es uno de los economistas más prominentes de la Argentina. Y de los más polifacéticos (empezando por el hecho de que su título de grado es el de ingeniero y siguiendo por el hecho de que tiene dos novelas publicadas). Todavía no llegó a los 50 pero ha sido director de Estrategia de Barclays Capital, economista jefe del Banco Central luego de la caída de la convertibilidad, asesor de los principales organismos financieros internacionales y hoy preside el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), tal vez el mayor think-tank argentino. Además, es profesor de Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella. Respondió a esta larga entrevista mientras se encontraba en Kazajistán, para asesorar la política monetaria y cambiaria de ese país, algo que ha hecho con varios países del mundo.
–El candidato que gane en octubre tiene las mejores probabilidades en décadas de pasar a la historia ¿podría explicar por qué?
–Hay varias razones. Primero, las expectativas: siempre pensé que eso de que en chino crisis se escribe igual que oportunidad (no es cierto) se refiere a que el fracaso genera demandas de cambio que, de otro modo, son difíciles de imponer. Por otro lado, tenemos que reescribir el modelo de desarrollo. El que tenemos, un híbrido costoso de subsidios cruzados y sustitución de importaciones, no funciona en el mundo que se viene. Pero el país tiene los insumos necesarios para dar ese giro, y la capacidad financiera para sostener la transición. Por último, después de 30 años en los que fracasamos imitando la socialdemocracia y el populismo (neoliberal en los ‘90, estatista en los 2000), el nuevo gobierno tendrá libertades para redefinir y refrescar la métrica con la que evaluamos las políticas.
-También dijo algo significativo: "Espero que los candidatos lo entiendan". ¿Cree que alguno de ellos podría estar jugando a perdedor? ¿O se refiere a que, si entienden este punto, perfilarán mejor sus objetivos y métodos de gobierno?
–Nadie juega a perdedor en política. Me refería a que veo demasiada preocupación por la herencia de lo coyuntural, el cepo, la inflación, los holdouts, el déficit fiscal. Y cierto conformismo del tipo: "Si logro sobrevivir los primeros dos años, misión cumplida". El desafío, y la oportunidad, es sentar las bases para crecer no los primeros dos años sino los siguientes 10.
-La confianza en que el próximo gobierno tendrá buenas chances de éxito contrasta con lo que parece una idea predominante contraria: Cristina Fernández está dejando una bomba de tiempo ¿No hay bomba?
–No. Hay problemas importantes pero subsanables. Creo que se exagera el peso de la herencia, del mismo modo que el año pasado se exageraba la inminencia de una crisis. Tal vez la necesidad proselitista de abrir el paraguas termina convenciendo a los actores de que efectivamente estarán muy condicionados para pensar el futuro. Espero que los candidatos entiendan que esto no es así, que hoy es el momento de ser ambicioso.
-Propongo una lista bastante larga de cuestiones para que me puntualice en qué medida cada uno de esos puntos podría comerse el capital político de un futuro gobierno. Empecemos por los subsidios a los servicios públicos y el consiguiente déficit fiscal.
–Puede costar políticamente en la medida en que se aplique una política de shock que se vaya de las manos, castigando innecesariamente a quien no puede pagar, y exponiéndose a la judicialización, como en intentos pasados. Me inclino por un ajuste selectivo y gradual; creo que hoy es imposible eliminar de cuajo los subsidios.
–Dependencia de financiamiento en pesos del Banco Central.
–No veo impacto político. Desde 2002, el BCRA emite deuda para el Tesoro, es decir, presta pesos al Tesoro y luego los vuele a sacar emitiendo sus Lebac. Las Lebac podrían ser inmediatamente reemplazadas por Letras del Tesoro, si el gobierno no insistiera con la bandera del desendeudamiento, a estas alturas, un invento. Entonces, no hay tal dependencia del Central; lo que hay es un déficit fiscal de 4.5 por ciento del PBI. ¿Es financiable? Creo que con una corrección menor (por ejemplo, un recorte selectivo de subsidios), sí, en el corto plazo. En el largo, las cuentas fiscales sólo cierran con crecimiento.
–Insuficiencia de dólares del Banco Central para seguir pagando deuda pública externa y para permitir un correcto funcionamiento de varios sectores económicos.
–No creo. Esta es una fantasía recurrente que incluso llevó a algunos a imaginar crisis y elecciones anticipadas. Pero la idea de que Argentina tiene que pagar toda su deuda en efectivo y con reservas es un relato kirchnerista fruto de su autoexclusión financiera: nadie espera que un país o una empresa repague todo al vencimiento. Además, la deuda en dólares, aun sumando juicios pendientes, no es alta en relación al PBI. Y es financiable, con emisión o, idealmente, con dólares de inversiones privadas, que son la principal fuente de divisas de la región.
–Default in progress con mercados internacionales de deuda cerrados.
–No creo que un acuerdo con los holdouts impacte en el capital político del gobierno, sobre todo si se incluyen un plazo prudente y una quita sustancial. Me parece que la gente entiende que el error ya se cometió y que hoy el acuerdo es un paso ingrato pero necesario para salir del bloqueo financiero y la estanflación. Dicho esto, hoy los mercados de deuda no están cerrados, tal como muestran las emisiones recientes de YPF y la ciudad de Buenos Aires. Lo que hay es un juicio en los Estados Unidos con alcances que el juez tiene problemas en definir, que puede comprometer la colocación de deuda soberana en el exterior. Bien asesorado, el gobierno podría hoy emitir a una tasa de un dígito; lo hará el año que viene, a un costo bastante menor.
–Gestiones estatales escabrosas: Aerolíneas, Aysa, Trenes del Amba, por dar sólo algunos ejemplos.
–Todos temas delicados políticamente, sobre todo para un gobierno no peronista, porque se reproduce una situación similar a la de la década de 1980, con empresas inviables o mal administradas pero difíciles de privatizar o racionalizar.
–Una población, en particular la del Amba (Capital Federal y conurbano bonaerense), de enorme poder político y mediático, sobre la que debería recaer el mayor peso de cualquier ajuste, dado que fue por lejos la más privilegiada frente a una población del interior dispersa, débil y sin peso político.
–Depende de la calidad del ajuste. Si se lo hace de manera selectiva y se lo comunica bien, la clase media urbana protestará, pero tiene capacidad de absorberlo y se verá beneficiada por la recuperación de la actividad y la menor inflación. Creo que todos somos conscientes de la injusticia de la política de subsidios de los últimos años.
–Pérdida de competitividad de numerosos sectores, incluso del agro, con un mercado laboral privado en la cuerda floja.
–Estos son problemas más graves, que exceden a la coyuntura. El mayor desafío de Argentina no es crecer en 2016, año del rebote, sino recuperar competividad, tanto de precios con una reducción del atraso cambiario, como productiva, con inversión, calificación e innovación. Esto es fácil decirlo pero para darte precisiones necesitaría varias páginas. Dejame sólo decir que el proceso, aun si es exitoso, lleva mucho tiempo. Salir del estancamiento de la economía real, más que la herencia coyuntural, es el verdadero desafío del próximo gobierno. Resolviendo la coyuntura tal vez el gobierno gane alguna elección; resolviendo el problema de desarrollo, ganamos un futuro.
-¿Cristina no está jugando a perder? Para muchos, sería su jugada más racional: no habría un presidente peronista con presupuesto para manotearle o hegemonizar el PJ; los altos costos políticos de cualquier futura gestión serían pagados por una gestión con relato distinto al nac&pop; tras el desgaste inevitable de ese gobierno,vuelve el relato K, invicto.
–No lo sé, ni me parece relevante. El próximo gobierno dependerá de sus resultados. Si sale a la cancha pensando en limitar los costos políticos defendiendo el cero a cero, corre el riesgo de hacer de menos y perder en la comparación con los promedios kirchneristas. Sólo sirve salir a ganar, y esto hoy en Argentina significa superar al kirchnerismo, dar un salto hacia adelante en cuatro años.
-Si no fuera así, sería la primera vez que un gobierno con relato no peronista tiene una gestión exitosa. Podría ser una bisagra en la Argentina, ¿no?
–Interpreto que te referís a un eventual triunfo de Macri. Sí, creo que esto sería un cambio político cualitativo, que podría despejar la creencia de que a la Argentina sólo la gobierna el peronismo (que creo refleja sobre todo los problemas de gestión del radicalismo). O confirmarla. De ser exitoso, podría inaugurar un nuevo bipartidismo, con el PRO y el radicalismo emulando la por ahora exitosa Concertación chilena.
-En un artículo para "El Cronista" planteó cuestiones de fondo: la inversión física que nos comimos estos años y que está en rojo; la pobreza educativa; el franciscanismo institucional y el insumo intangible del liderazgo (el de verdad, no el comprado con la billetera del Estado). ¿Qué podría hacer un próximo gobierno al respecto? ¿Le recomendaría avanzar en esos frentes o, en cambio, preparar a la sociedad para que se puedan encarar con planes ambiciosos/sólidos/consensuados de largo plazo?
–Estoy escribiendo un libro para contestar esa pregunta, que es difícil resumir en unas líneas. Yo le recomendaría avanzar en todos estos frentes, algunos interconectados. Por ejemplo, la experiencia de Colombia o Basil muestra que la infraestructura necesita no sólo un plan y dinero privado para financiarlo, sino un Estado operativo que gestione, regule y supervise. Y qué decir de la educación, escencial en el nuevo modelo de desarrollo, donde perdemos terreno cada año que pasa. En cuanto al liderazgo, necesitamos un político que no sea un seguidor de encuestas, que se anime a perder imagen al comienzo para ganarla al final, que genere nuevos consensos, que prepare a la sociedad para el largo camino del desarrollo. Y espero lo mismo del sector privado, hoy relegado a un rol de observador resignado u oportunista. Las creencias y las instituciones son ejercicios de coordinación, para modificarlos hace falta liderazgo.
-¿Qué haría con el Banco Central? ¿Va a pasar mucho tiempo antes de que pueda dejar de ser una muleta del Poder Ejecutivo?
–El Banco Central, así como el Indec, deben ponerse a punto ya en enero de 2016. Un programa monetario con pautas de inflación en base a un índice de precios al consumidor creíble tiene que ser aprobado en el Congreso en marzo, para guiar las negociaciones salariales. Esto es escencial para bajar la inflación sin enfriar la economía. El trámite requiere velocidad, capacidad técnica y mucho trabajo, pero creo que la secuencia puede planearse al detalle en 2015, e implementarse rápidamente tras la asunción.
-¿Se animaría a ser ministro de Economía de un futuro gobierno? ¿o presidente del BCRA? ¿Le recomendaría a un amigo que lo fuera o sería mandarlo a la silla eléctrica?
–Contra lo que la gente cree, las decisiones económicas no son del economista sino del político elegido por el voto. El economista sugiere y el político decide. Entonces, la decisión de asumir un cargo público no depende de cuestiones técnicas o anímicas sino de la coincidencia con el político y de su apoyo en los momentos conflictivos. Por ejemplo, cuando en junio de 2001 me llamaron para asumir como economista jefe del Banco Central, no coincidía con el objetivo de sostener la convertibilidad y rechacé el convite; cuando, seis meses más tarde, me llamaron para flotar la moneda evitando la dolarización o la hiperinflación, dije que sí. Lo mismo ahora.

NEW TENSIONS BETWEEN AZERIS AND ARMENIANS

War & Conflict

Tensions reignite in the Nagorno-Karabakh conflict

An escalation in attacks on civilians in the South Caucasus region is stoking fears of a return to all-out war.

Anna Nigmatulina | AL YAZEERA,
 
 
 
The embers of the quarter-century-old war over Nagorno-Karabakh - a landlocked mountainous region in the South Caucasus that lies at a crossroads between East and West - are smouldering again, and raising concerns another full-scale war is not far away.
The region has been the playground of empires for centuries with the Persian, Russian, Ottoman, and European empires wrestling over its natural resources and geostrategic advantage - while various ethnic groups fought for local control.
The most recent conflict erupted in 1988 after 65 years of imposed peace under Soviet rule, when Armenians living in the Nagorno-Karabakh region of what was then the Azerbaijan Soviet Socialist Republic (SSR) declared their desire to separate and join neighbouring Armenian SSR.  
What was initially a peaceful movement soon degenerated into violence and ethnic cleansing by both sides, and ultimately a full-scale war between the newly independent Republics of Armenia and Azerbaijan in the 1990s.
It was one of the most brutal conflicts to result from the imploding Soviet Union with an estimated 30,000 people killed, mostly civilians, and hundreds of thousands displaced before a ceasefire took hold. 
"You are asking very painful questions," said Ashot Harutiunyan, a war veteran and director of the history museum in the town of Shushi in Nagorno-Karabakh, when asked about the region's bloody past.
Life before the war, he said, was different "because that was during the Soviet government. It was a government where people couldn't discuss questions of national identity… And of course we lived in this system, had neighbours, visited each other - there were good Azeris."
 
'Grenades at home'
 
Aynur Jafar was an internally displaced person who fled her home in the Azerbaijani city of Aghdam with her family when the situation became too dangerous.
"It was a very peaceful place and even Armenians were coming and visiting," she recalled. "I mean, we were neighbours, we were living peacefully … we didn't think a war could happen."
But it did.
 Pardon relights Azerbaijan and Armenia enmity

"We kept hand grenades at home. Everybody had this … in case they suddenly attacked," Jafar, who was seven-years old when the war started, told Al Jazeera.
The stories of torture from neighbouring villages were so terrifying that all in the community feared being taken hostage.
"We'd decided to come together and just use that grenade to [commit] suicide," Jafar said.
Traumatised civilians, who initially resolved never to abandon their homes, felt lucky to have escaped the war zone in the end.  
"People didn't even have time to pack some things. They just ran … arriving in Yerevan [Armenia's capital] with just the clothes on their backs," Silva Prodan, who served as a doctor in the war, said of the Armenian refugees who fled Nagorno-Karabakh upon being caught in the crossfire.
By the time a ceasefire was negotiated in 1994 with the help of regional powers, Armenian forces took control over Nagorno-Karabakh, along with some buffer corridors of Azeri territory, and Nagorno-Karabakh declared itself an independent republic, albeit unrecognised by much of the world, with its own government and military.
The ceasefire has far from resolved the conflict, however, and failed to lead to a peace agreement. To the contrary, said Harutiunyan. "Basically since 1994 … there has been an ongoing unofficial war".
Azerbaijan vows to re-establish the integrity of its "occupied" territories sooner or later, while Armenian authorities boast they will retain the "liberated" Armenian lands.
 
Ceasefire
In the 25 years since the ceasefire, tit-for-tat gunfire has resulted in periodic deaths of border guards on both sides.
But there has been a significant escalation in these incidents recently involving the use of heavier weapons and attacks on civilians, "which was not visible as often before", said Arsen Kharatyan, a Tbilisi-based freelance journalist.
In 2014, 60 people died in cross-border violence, with one of the more serious incidents involving the downing of an Armenian helicopter by Azeri forces in early November. 
More troubling is both Armenia, and by proxy Nagorno-Karabakh, as well as Azerbaijan have been amassing an unprecedented presence of weaponry, with Azerbaijan's annual military budget reaching $3bn by 2011, exceeding Armenia's entire gross domestic product.
Furthermore, recent statements from officials from all sides contain increasingly belligerent rhetoric.
Bayram Safarov, chairman of the Azerbaijani Community of Nagorno-Karabakh in Exile, declared on February 3 that the Azerbaijani army is capable of "running the Armenians not only out of the occupied territories of the Azerbaijan Republic, but from Armenia itself".  
In his New Year's greetings to the armed forces, Azerbaijani Defence Minister Zakhir Gasanov announced: "We will not allow the enemy to live peacefully on our historic lands. We will restore our territorial integrity."
On the other side, Armenian authorities have indicated they are preparing for all-out war.
As early as 2010, Lieutenant General Movses Hakobian, the defence minister of the Nagorno-Karabakh Republic stated: "I'm not waiting for [Azerbaijani] provocations, I'm waiting for war… Nagorno-Karabakh's defence ministry and defence army were set up to wage war, and we are getting ready for that every day, every hour."
Armenian President Serzh Sargsyan responded to the latest border violence with: "We have prepared many surprises for the hotheads in Azerbaijan."
A tangle of alliances raises further concerns that the escalating situation could expand beyond full-scale war into a wider regional conflict.
Russia has taken Armenia under its wing, while Azerbaijan, with its abundant oil resources and strong cultural bonds with Turkey, has forged alliances with NATO and the West.
On February 7, senior officials of the Organisation for Security and Co-operation in Europe (OSCE) and the Minsk Group, comprised of the United States, Russia and France - tasked with finding a peaceful resolution to the conflict - met to discuss the worrying developments and issued a statement condemning the deadly and escalating aggression from both sides.
Officials encouraged the involved parties to stop the violence and take "steps to reduce tensions and strengthen the ceasefire and … find the political will to begin this process immediately without excuses".

A full-blown war is in nobody's interest.
Luke Coffey, political analyst
 
From February 16-19, representatives from these organisations travelled to the region for personal meetings with officials of the conflict countries to further discuss "the dangerous rise in violence".
 
No need to worry
Despite the heightened state of alert, however, analysts agree there is no reason for worry about an escalation and, on the contrary, the current situation of perceived danger actually benefits some of the countries involved.
"A full-blown war is in nobody's interest," said Luke Coffey, a political analyst.
Both Armenia and Azerbaijan want to pursue economic development and recover from the devastating effects of the war, he said.
Coffey, who just returned from a visit to Azerbaijan, said although Azeri officials vow to retake "stolen" territories, Azerbaijan, in particular, has much to lose.
"Azerbaijan likes making money from oil and gas, but oil and gas is going to be there for a certain time, but Nagorno-Karabakh is going to be there forever. So I'd say in the short term, their interest is getting money from oil and gas to improve infrastructure, to improve the lives of the IDPs living in Azerbaijan, and to modernise and rearm their military," Coffey told Al Jazeera. 
Likewise, Armenia, is working to recover both economically and politically from the war, and on reducing its dependence on Russia and diaspora remittances, and cannot afford another full-out war.
"In order to reach peace with a neighbour, we must first make order inside our own country," said Harutiunyan, the museum director.
"We must create a strong economy, jobs, a country of social justice," because economic development is key to any successful peace process, he continued.
Another war would be "disastrous for all parties", agreed Kharatyan. "Political rhetoric is one thing, and it is strongly directed to internal audiences, all politics is local."
Creating distractions at the border takes attention away from internal political troubles for the leaders of both Armenia and Azerbaijan, he argued.  
"This is especially true in the case of Azerbaijan," said Arzu Geybullayeva, a political analyst and human rights activist based in Istanbul. "To divert international attention from these issues, the Azerbaijani government is skilfully using the conflict and escalation."
Regional powers also have a stake in the status quo of instability in the region.
"I think part of it is that Russia is antagonising Armenia to take more of an aggressive stance, and that is triggering a response from Azerbaijan, so both sides are willing to use force along the line of control… But I think Russia benefits from this," said Coffey.
It is interesting that despite being members of the Minsk Group, Russia and the US are among the main suppliers of military equipment to both countries.
The Minsk group, explained Coffey, "right now is dead, just because of the political realities… It can issue statements, but that's the extent of its abilities."
The spotlight brought on by the instability in the Caucasus, "distracts the West [in light of the Ukrainian war], and makes Putin look like a statesman [trying to broker a peace deal], and helps Russian oil and gas companies" by pushing business away from unstable Azerbaijan, he added.
Russia's trade union

Turkey, on the other side, explained Coffey, "needs the investors to look to the South Caucasus. They need oil and gas transiting through the region into Turkey, because Turkey has this aspiration to be a regional oil and gas hub".  
Yet, despite this economic incentive, Turkey remains steadfast in its support for its ally. The Turkish-Armenian border remains closed to this day.
Despite all the noise, the casualties, and the rhetoric of war - the status quo will likely linger.
"Which is terrible," said Coffey. "I think that's the reality, especially in the South Caucasus, [where] these frozen conflicts find a natural home."

ELECCIONES EN ISRAEL: MUY PAREJAS

La fragmentación del voto amenaza con forzar un empate en Israel

Los sondeos para la legislativas reflejan el estancamiento del partido de Netanyahu y sus rivales de centroizquierda

Jerusalén, DIARIO EL PAIS, Madrid,  8 MAR 2015
 
 
 
Uno tras otro, los sondeos reflejan un empate técnico entre las dos grandes fuerzas en liza en las legislativas que Israel celebrará el próximo día 17. El conservador Likud, del primer ministro Benjamín Netanyahu, y la coalición de centroizquierda Unión Sionista, que lideran el laborista Isaac Herzog y la exministra Tzipi Livni, siguen corriendo cabeza con cabeza en una campaña electoral marcada por la fragmentación del voto y el auge de los pequeños partidos. Junto a la emergencia de fuerzas de nuevo cuño, la alianza de las formaciones árabes israelíes contribuye a añadir incertidumbre sobre las urnas.
“Ni siquiera está claro que se vaya a respetar la tradición de que forme gobierno el partido más votado”, advierte de entrada el analista electoral Gideon Raat en su despacho de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Gobernará el que sume más apoyos a su coalición”. Aunque en teoría el juego de alianzas debería favorecer a Netanyahu —gracias a los votos de los partidos de sus ministros de Economía, Neftalí Bennett, y de Exteriores, Avigdor Lieberman— frente a Herzog y Livni, que sólo tienen garantizado el apoyo del pequeño movimiento de izquierda Meretz, el resto de los aspirantes se cuida mucho de mostrar sus cartas.
El programa de los partidos interesa menos a los ciudadanos que la figura de los candidatos que encabezan las listas. “Sufrimos las consecuencias del modelo personalista que se ha implantado en los últimos 20 años”, puntualiza Raat. En las últimas elecciones, celebradas en 2013, el presentador de televisión Yair Lapid surgió con fuerza de la nada al lograr 19 de los 120 escaños de la Cámara con un mensaje centrista dirigido a las clases medias.
Ahora se espera que sea el Kulanu, un nuevo partido de corte populista escindido del Likud, el que dé la sorpresa en las urnas. Su líder, el exministro Moshe Kahlon, defiende ante todo la libre competencia. Se hizo muy popular al rebajar las tarifas de telefonía móvil después de acabar con el control de las grandes compañías sobre el mercado.
Pese a su tradicional hegemonía compartida, el Likud y el centroizquierda situado en la órbita del laborismo se han estancado en los sondeos en la barrera de los 25 escaños, muy alejados de los 61 que garantizan la mayoría. Su declive —impulsado por un sistema proporcional apenas corregido por la ley electoral y por la circunscripción nacional única— puede acabar forzando un Gobierno de gran coalición en Israel, según se plantean ya muchos analistas israelíes. “Nos encontramos en un escenario parecido al de la IV República en Francia, que fracasó tras la II Guerra Mundial por la ingobernabilidad causada por la atomización de los partidos”, explica el profesor Raat.
El antiguo debate político israelí entre una derecha más preocupada por la seguridad y una izquierda que persigue transformaciones sociales parece haber dejado de acaparar la atención de los electores. A la volatilidad de los partidos personalistas y las continuas escisiones surgidas en las grandes fuerzas se añade la presencia de partidos religiosos judíos en sus dos grandes ramas, sefardí y askenazi, que intentan incorporarse a las coaliciones, gobierne quien gobierne, para defender sus intereses.
El estancado proceso de paz en Oriente Próximo ha estado en gran medida ausente de la campaña. Y aunque las cuestiones estratégicas han sido elevadas a la máxima potencia por Netanyahu con su discurso en contra de un acuerdo nuclear con Irán ante el Congreso de EE UU, no parecen han tenido impacto en los sondeos. Como reconoce el diplomático israelí Yigal Palmor, “la preocupación por lo social prima en estas elecciones y será determinante en los resultados del día 17”.
Han sido precisamente los partidos árabes israelíes (20% de la población y 15% del electorado) los encargados de reabrir el debate público sobre el conflicto palestino dentro del Estado judío. En contra de la tendencia general a la disgregación de los partidos, las fuerzas de la principal minoría israelí se han concentrado por primera vez en una sola candidatura, que incluye a tres partidos árabes y otro mixto árabe-israelí. Si logra romper la tendencia abstencionista de su electorado, la denominada Lista Conjunta podría ser determinante a la hora de bloquear un tercer mandato consecutivo de Netanyahu o de permitir la investidura de una coalición de centroizquierda, como en el caso de Isaac Rabin en 1992.

Sunday, March 8, 2015

ESTADOS UNIDOS Y UNA BATALLA DE FAMILIAS PRESIDENCIALES

Clinton y Bush, el regreso de las dinastías

Los aspirantes demócrata y republicano pertenecen a

las familias hegemónicas en Washington desde los ochenta

Washington, DIARIO EL PAIS, MADRID,   7 MAR 2015
 
 
 
Estados Unidos, un país fundado en el rechazo de los privilegios aristocráticos, contempla una posibilidad inquietante: una elección presidencial en la que los candidatos demócrata y republicano pertenezcan a las dos familias hegemónicas en Washington en los últimos 25 años.
A un año y medio de las presidenciales que elegirán al sucesor del demócrata Barack Obama, dos nombres destacan en la carrera por la nominación. En el Partido Demócrata, Hillary Clinton es la favorita sin rival. En el Partido Republicano la batalla está más disputada, pero Jeb Bush es el candidato con mayor capacidad de recaudar dinero y mejores conexiones en el establishment conservador.
Clinton, que ha sido senadora por Nueva York, candidata fallida a la presidencia en 2008 y secretaria de Estado con Obama, es la esposa de Bill Clinton, presidente de EE UU entre 1993 y 2001. Bush, exgobernador de Florida, es hermano de George W. Bush, que fue presidente entre 2001 y 2009, e hijo de George H. W. Bush, presidente entre 1989 y 1993.
Nadie ha declarado oficialmente la candidatura, pero si Clinton y Bush confirman sus aspiraciones y si resultan elegidos por sus respectivos partidos, en noviembre de 2016 se enfrentarán dos dinastías que, con la interrupción de los ocho años de Obama, han ocupado la Casa Blanca desde 1989.

Estirpes de poder

Cuatro familias han repetido en la Casa Blanca desde la fundación de EE UU. Los primeros fueron John Adams (el segundo presidente, y su hijo John Quincy, el sexto). Después llegaron los Harrison (el abuelo William Henry y el nieto Benjamin), los Roosevelt (Theodore y Franklin Delano eran primos lejanos) y los Bush (George Herber Walker y su hijo George Walker). Los Clinton pueden ser los siguientes.
La dinastía política más célebre sólo tuvo un presidente, John Fitzgerald Kennedy, asesinado en 1963, pero pudo tener más. Su hermano Bobby fue asesinado en 1968, cuando iniciaba la campaña, y el pequeño, Ted, lo intentó en 1980 pero perdió las primarias demócratas ante el presidente Carter. La saga continúa: Joe Kennedy, nieto de Bobby, es ahora congresista por Massachusetts.
Más dinastías. El senador republicano Rand Paul, probable rival de Jeb Bush en 2016, es hijo del congresista Ron Paul. El padre de Mitt Romney, que perdió ante Obama en 2012, era hijo de George Romney, gobernador de Michigan. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, es hijo de otro gobernador, el recientemente fallecido Mario Cuomo. En Chicago, la familia Daley controló la ciudad durante casi medio siglo, hasta 2010.
 “Para muchos votantes, Bush-Clinton parece un retorno al ayer más que la subida del telón hacia el futuro”, dice Peter Hart, especialista en sondeos, director de la firma Hart Research Associated y cercano a los demócratas. Una de las especialidades de Hart es la organización de sesiones con votantes seleccionados en las que las preguntas y las conversaciones sirven para detectar las corrientes de fondo de la opinión pública. A principios de enero organizó uno de estos grupos en Colorado, uno de los Estados decisivos en las presidenciales más recientes.
De aquella reunión Hart sacó la conclusión de que los votantes son escépticos ante una contienda de Clinton contra Bush. “No es que digan que no les gusta esta posibilidad, pero no les emociona”, dice. Esto no significa que hayan decidido votar en contra de ellos: falta casi un año para que comience el proceso de caucus (asambleas electivas) y primarias que elegirá a los nominados. Pero sí responde a la desconfianza hacia las élites de Washington, asociadas a estos apellidos. Y refleja la hostilidad casi instintiva de los estadounidenses a la idea de que unas familias puedan repartirse el poder.
¿No hay mejores políticos en un país de 310 millones de habitantes, un país dinámico y creativo, en plena transformación demográfica y social? ¿Otro Clinton?, pueden preguntarse los demócratas. ¿No encuentra el Partido Demócrata un candidato mejor que la candidata que en 1992 ya estaba en primera línea del combate? ¿Otro Bush?, se quejan muchos republicanos.
Si Bush ganase, los tres últimos presidentes republicanos serían de la misma familia. Y si ganan Bush o Clinton en 2016 y en 2020 el vencedor sale reelegido, un miembro de estas dinastías habrá sido presidente durante 28 de los últimos 36 años. Casi un tercio de siglo. En esta democracia instalada en la duda (por la ineficacia legislativa, el temor a la pérdida de la hegemonía mundial, el ascenso de competidores como China), esta hipótesis da alas las visiones más sombrías.
“Los Estados Unidos no deberán otorgar ningún título nobiliario”, dice la Constitución en su artículo 1, y esta parece una oración destinada a definir el carácter de un país que nació con el ideal de la meritocracia.
La realidad es más compleja. La meritocracia choca con las desigualdades y el atasco del ascensor social. Y, aunque exista aristocracia política, ni es nueva ni forzosamente impopular.
“Hoy el 12% de miembros del Congreso tienen un ancestro inmediato o cónyuge que también ha servido en el Congreso. En las pasadas décadas ha sido de aproximadamente un 10%”, dice el politólogo Brian Feinstein. “No creo que esto signifique un rechazo de las dinastías o de esta especie de familias reales. Puede que esto sea lo que los americanos digan, pero sus acciones a la hora de votar no lo demuestran”.
Feinstein es el autor de The dynasty advantage (La ventaja de la dinastía), un artículo académico publicado en 2010 donde estudia el peso de los vínculos familiares en las elecciones al Congreso. Pertenecer a una familia de congresistas no es un inconveniente a la hora de ganar elecciones. Al contrario. Lo mismo ocurre, explica el politólogo, en las presidenciales. Un Bush o una Clinton, gracias a sus conexiones familiares, pueden acceder a más fondos y obtener el respaldo de otros políticos. Un factor clave es la ventaja del reconocimiento del nombre, el valor de la marca familiar.
“Si mira al nivel de conocimientos políticos en EE UU, tiende a ser bastante bajo, incluso entre personas que es probable que acudan a votar”, dice. “Hace aproximadamente un año, un tercio de personas en un sondeo no podían identificar al vicepresidente por su nombre. Así que hay grupo de votantes que saben poco de política, y para estos un Bush o un Clinton es un nombre que ya conocen”.
Otra ventaja es la fiabilidad: saben cómo funciona el poder; no necesitarán aprender. “Las dinastías tienen mucho sentido”, escribe la revista The Weekly Standard, en la órbita republicana. “Para decirlo brutalmente: las dinastías resisten porque políticamente son útiles”.
Y las dinastías no son sólo familiares. En su origen, la palabra designaba “el traspaso de poder entre un pequeño grupo de la élite política”, escribió William Safire en Political Dictionary, el imprescindible diccionario de palabras y expresiones políticas.
La primera fue la Dinastía de Virginia, la sucesión de tres presidentes de este Estado del sur: Jefferson, Madison y Monroe. Dinastía era sinónimo de clan, de establishment, de casta.
Las dinastías son como el establishment: su rechazo está inscrito en los genes estadounidenses pero son indisociables del funcionamiento de esta democracia. De los Kennedy a los Bush y los Clinton, las dinastías fascinan y repelen.

DETENIDOS CHECHENOS POR EL CRIMEN DE NEMTSOV

Uno de los detenidos por el asesinato de Nemtsov confiesa, según la juez

Un tribunal ruso ordena mantener en custodia a cinco implicados en el crimen

 
/ Moscú, DIARIO EL PAIS, MADRID,  8 MAR 2015
 
 
 
 
Uno de los detenidos por su implicación en el asesinato del opositor liberal ruso, Boris Nemtsov, —tiroteado el pasado 27 de febrero a escasos metros del Kremlin— ha confesado su implicación en el crimen, según ha asegurado una juez rusa, informan los medios locales. La juez Nataliya Mushnikova ha afirmado que la culpabilidad de Zaur Dadáev —acusado del asesinato de Nemtsov junto a Anzor Gubashev— "se ha confirmado por su confesión", recoge France Presse. El tribunal ha decidido mantener en custodia a los cinco implicados.
Por ello, agregó la juez, "hay motivos para adoptar medidas cautelares", en relación a la orden de mantener bajo prisión preventiva al acusado hasta el 28 de abril. Dadáev, quien fue detenido ayer sábado, reconoció que en estos momentos se encontraba en paro y pidió al juez que no ordenara su encarcelamiento. "Nunca antes he sido acusado penalmente. Espero que mi caso sea tratado con justicia", dijo.
Antes, los instructores que investigan el caso de asesinato presentaron cargos formales contra Dadáev y Anzor Gubashev, quien negó toda implicación en el asesinato.
En total, las fuerzas de seguridad han detenido a cinco personas, tres de ellas el sábado -Dadáev, Gubashev y su hermano Shaguid- y dos en las últimas horas, Ramzat Bajáev y Tamerlán Eskerjanov. Los tres últimos, quienes "mantienen el estatus de sospechosos", según informó a medios locales una portavoz del Tribunal Basmanni de Moscú, también defendieron su inocencia.
Zaur Dadayev, acusado formalmente del asesinato del opositor ruso Nemtsov, dentro de la celda de acusados. / TATYANA MAKEYEVA (REUTERS)
 
"Los detenidos niegan estar involucrados en dicho crimen, pero la investigación tiene pruebas de su implicación", señaló un representante de la instrucción. En todo caso, el Tribunal ordenó que los tres ingresen bajo prisión preventiva, también hasta el 28 de abril, por temor a que se fuguen, ejerzan presión sobre los investigadores o amenacen a otros testigos.
Tanto el abogado de la familia de Nemtsov, como otros opositores, diputados y defensores de los derechos humanos han pedido a las autoridades que encuentren no sólo a los autores materiales del crimen, sino también a los que podrían haberlo encargado.
Aunque todos los detenidos son chechenos, su familia reside en la vecina república norcaucásica de Ingushetia, donde sus padres han sido interrogados por la policía local en conexión con el caso.
Las madres de Dadáev y Gubashev dijeron desconocer el paradero de sus hijos, pero negaron rotundamente que estén implicados en la muerte del conocido político opositor, quien murió en el acto tras recibir cuatro balazos en la espalda. El Comité de Instrucción informó ayer de que, "según los datos de la investigación, los apresados (Dadáev y Gubashev) participaron tanto en la organización como en la ejecución del asesinato".
Nemtsov se había dirigido al jefe del Comité de Investigación de Rusia, Alexandr Bastrykin, en julio de 2014 para denunciar las amenazas anónimas que recibía. La denuncia fue enviada a Yaroslavl, donde era diputado y donde el responsable de la policía local se negó a darle curso. Según la directora de The New Times, Yevguenia Albats, aquella no fue la única vez que Nemtsov denunció amenazas.