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ANALYZING THE WORLD FROM A RUSSOCENTRIC VIEW. This site will be attractive and a motivational experience to those who want to learn the real image of Russia, from its history, millenary culture and its identity discourse. It is relevant that we are in the Southern Cone, where our perceptions are similar to the whole Global South, so far from the Western capitals. MARCELO MONTES
Tuesday, April 14, 2015
Monday, April 13, 2015
CUMBRE DE LAS AMERICAS: OBAMA Y CRISTINA
Son dos Presidentes en retirada, que sin embargo, se niegan a ser "patos rengos", sin pena ni gloria. Uno, Obama, recién ahora con los deshielos propuestos a Irán y Cuba, dispuesto a justificar el Premio Nobel de la Paz de 2007, animándose a proponer iniciativas que rompan el statu quo y descolocando a adversarios internos (los republicanos más recalcitrantes y el lobby anticastrista) como aliados externos (Israel). La otra, Cristina, negándose a dejar de "marcar la cancha", intentando siempre conservar protagonismo político, incluso sobre sus posibles sucesores, como Daniel Scioli, a quien trata de presionar con puestos clave en las listas de diputados, para sus jóvenes militantes de la agrupación "La Cámpora".
Son diferentes las responsabilidades de uno y otro, porque Obama conduce al hegemón más relevante del planeta y la Presidenta, lidera un país, que ha entrado hace ya varias décadas, en una declinación marcada, pudiendo estar en un plano mucho más importante del que está. No obstante ello, en ambos se destaca esa tendencia, a evitar dejarse ganar por el ocaso personal. En los políticos del mundo de hoy, tan obsesionados por las encuestas, y tan resignados, al mismo tiempo, a sus ciclos políticos, es loable que ambos Presidentes se nieguen a dicha tendencia.
Donde se advierten divergencias, es en el discurso de ambos respecto a la reinserción cubana en el sistema interamericano. Mientras que para Cristina, como para algunos progresistas y populistas del continente, con una carencia absoluta de realismo, Cuba ha vuelto al redil porque "ha luchado dignamente por su independencia contra un gigante poderoso", para el Presidente afroamericano, como para los propios hermanos Castro, el acercamiento se produjo porque ambas partes tomaron conciencia de que el rumbo de sus relaciones mutuas a lo largo de casi seis décadas, no las conducían a nada positivo.
Lejos de la heroicidad en la que creen todavía algunos cristinistas, para la dupla gobernante en Cuba, muy distante en el tiempo, la vieja alianza soviética y ya sin satisfacer lo suficiente, los beneficios del turismo internacional o la caridad canadiense o española, Cuba acordó con Estados Unidos porque presenta un drama humanitario y económico de magnitud, realmente "indigno" para su propio pueblo, que sólo puede remediarse en el corto plazo, desde el "gran país del Norte" y su hoy, generoso, desinteresado y honrado Presidente. Desde Estados Unidos, la lectura es también similar. Obama extendió su mano porque con ella, van la promesa de inversiones y más turismo, sobre un país, con recursos humanos calificados pero infravalorados monetariamente, debido a su perverso sistema económico. De esa manera, también destraba un problema interno: el dinosáurico "lobby" anticastrista de Miami.
Por lo tanto, si bien, tanto Obama como Cristina pueden mostrar la misma ambición respecto a no perder protagonismo interno o externo, difieren en sus visiones acerca de la realidad. Mientras una, tal vez, digna representante de un país que vive de espaldas al mundo, desde hace largo tiempo, sigue aferrada a cierta concepción dogmática y cerrada del poder, tanto doméstico como hacia afuera, el otro, como buena parte de este mundo, se mueve en una lógica más pragmática, interpretando aunque no siempre, el rol que Estados Unidos tiene aún en el mundo, donde lejos de caer en el desprestigio o la decadencia, conserva todavía, no sólo una holgada supremacía militar, sino también cierta capacidad de influencia y liderazgo político.
Tal ejercicio de capacidades, si se emplea con inteligencia -y no con obstinación como en el caso ucraniano-, puede ayudar a que los demás actores estatales del sistema internacional, también jueguen su parte para que todo el sistema adquiera una mayor estabilidad y certidumbre.
HOY DEMOCRATA, EX REPUBLICANA: HILLARY RODHAM CLINTON, LA CANDIDATA
Cuando Hillary empezó a ser Hillary
En Wellesley, la universidad donde dio sus primeros pasos en la política, la candidata demócrata es una figura venerada: una líder para los libros de historia
Marc Bassets Wellesley (Massachusetts), DIARIO EL PAIS, MADRID, 13 ABR 2015
Hillary apoyaba entonces a los republicanos. Era una de sus primeras campañas electorales y reclutaba voluntarias en Wellesley College, la universidad donde estudiaba.
“La chica que no quiera salir a la calle a estrechar manos puede mecanografiar cartas o dedicarse al trabajo de oficina”, declaró Hillary Rodham a The Wellesley News.
La archivera de la universidad ha colocado en una mesa los volúmenes encuadernados de los años sesenta del semanario de Wellesley. Entre ellos, el ejemplar del 13 de octubre de 1966, con la noticia sobre la campaña para las elecciones locales y estatales de aquel año. También carpetas con recortes de periódicos. Y una copia de la tesis de final de carrera de su alumna más ilustre.
Hillary Rodham es hoy Hillary Clinton y se embarca en otra campaña. Esta vez la candidata es ella. Quiere llegar a la Casa Blanca.
Todo empezó aquí, en este campus de construcciones góticas en las afueras de Boston (Massachusetts), unos años antes de conocer a Bill Clinton, su futuro marido y presidente de Estados Unidos. En Wellesley, Hillary dejó de ser republicana y se convirtió en demócrata; su nombre salió por primera vez en los papeles; y, el 31 de mayo 1969, en el acto de graduación de su promoción, pronunció su primer discurso ante una audiencia de centenares de personas.
Ahora, profesores, alumnas y administrativos la veneran. Es una figura casi intocable. La exalumna con más éxito. La que, con su nombre, atrae a nuevos estudiantes y con la que siempre se asociará a este campus. La que aspira a ser, después de 44 hombres, la primera mujer presidenta de Estados Unidos.
Wellesley, ahora como hace medio siglo, es un lugar especial, una isla donde las mujeres pueden educarse y liderar sin la sombra de la discriminación
En Wellesley, Hillary Clinton ya es presidenta.
“Pese a nuestras diferencias ideológicas, y pese a que discrepe en algunas cosas, es una mujer que ha logrado tantas cosas y ha hecho tanto por romper el techo de cristal que no puedo hacer más que respetarla”.
La estudiante Lizamaria Arias es miembro de la dirección ejecutiva del Partido Republicano en Wellesley. En sus primeros años aquí, Hillary Rodham fue la presidenta de las Young Republicans, la misma organización a la que pertenece Arias.
En un campus donde los progresistas son mayoría, Lizamaria, como Hillary en 1966, es una excepción. Ella dice que es republicana porque cree en la libertad del individuo para labrarse su propio camino.
Clinton en Wellesley College. / Getty
¿Votaría por Hillary Clinton? “No estoy preparada para contestar. Pero sin duda lo consideraría”, responde. En tiempos de polarización política, encontrar en Estados Unidos a un republicano dispuesto a votar a Clinton es una anomalía. Sólo puede ocurrir en Wellesley.
Lizamaria Arias, nacida en 1995 en el estado de Maryland, es hija de un guatemalteco y una colombiana. Pertenece a la minoría latina, la más pujante del país con más de 50 millones en un país de más de 310 millones.
Es posible que, sin Hillary Clinton, Arias no hubiese estudiado en Wellesley. Explica que a los 16 o 17 años leyó ‘Historia viva’, sus memorias. Descubrió que la mujer que fue primera dama de Estados Unidos en los años noventa, senadora y candidata a la nominación del Partido Demócrata en la década pasada y secretaria de Estado después, fue alumna de Wellesley y que Wellesley forjó su carácter.
Para las alumnas de Wellesley, Hillary Clinton es una personalidad cercana y remota, un personaje para los libros de historia. Cuando Bill Clinton juró por primera vez el cargo de presidente, faltaban dos años para que Lizamaria Arias naciese. Cuando Bill y Hillary abandonaron la Casa Blanca al final del segundo mandato, tenía seis años. El drama por las relaciones de Bill con la becaria Monica Lewinsky, la guerra de Irak, la derrota ante Barack Obama en la nominación demócrata en 2008, son recuerdos lejanos o episodios que ha conocido por los libros o por personas mayores.
Clinton es pasado. Y es futuro: la esperanza de que sea ella quien rompa el techo de cristal de la presidencia, este límite que a simple vista parece inexistente pero que ninguna mujer ha franqueado en este país. Sus años en Wellesley forman parte de la memoria de la institución.
¿Publicar fotos de la tesis de Hillary Clinton? No sin permiso. “Le advierto de que la señora Clinton posee el ‘copyright’ de este material”, dice la archivera.
Como estudiante de ciencias políticas creo que una cosa es la política y otra la vida personal. Son cosas distintas”
¿El escándalo Lewinsky? Una representante del campus que supervisa una entrevista a dos alumnas tercia: “Creo que esto no entra en el ámbito de su papel como mujer afiliada a Wellesley”. Una alumna responde: “Como estudiante de ciencias políticas creo que una cosa es la política y otra la vida personal. Son cosas distintas”.
Wellesley, ahora como hace medio siglo, es un lugar especial, una isla donde las mujeres pueden educarse y liderar sin la sombra de la discriminación y la competición masculina. Es una de las ‘seven sisters’, o siete hermanas, la versión exclusivamente femenina de la Ivy League, la élite de la élite en la educación superior estadounidenses.
Sin Wellesley, Hillary nunca habría sido lo que es.
“El increíble aplomo y confianza en sí mismas es algo que no deja de impresionarme de las estudiantes de 18 o 19 años en Wellesley. En otros campus esto no existe”, dice Arias. “Aquí las mujeres son mujeres. No las describiría como chicas”.
Cuando Hillary Rodham, nacida en 1947, llegó al campus en 1965, era una muchacha de los barrios de clase media en el norte de Chicago, y Wellesley, una institución tradicional que formaba a buenas esposas y madres.
“La mayoría de mujeres que se graduaron en 1969, como la mayoría de mujeres que aquel año iba a la universidad, preveían trabajar sólo hasta que se casasen o tuviesen el primer hijo. Pocas se graduaron con objetivos y planes profesionales. La mayoría aún creía que es mejor que los hombres se ganen el pan y las mujeres sean esposas”, escribió, tres décadas después, la periodista Miriam Horn en ‘Rebels with white gloves’ (Rebeldes con guantes blancos), un libro sobre las mujeres de la promoción de Hillary Clinton.
Alan Schechter las conoce. Con Hillary Clinton se cartea y habla esporádicamente.
Conversar con Schechter, profesor emérito de ciencias políticas, es una inmersión en el Wellesley de los años sesenta, un momento de explosión social y política. “En 1962, el colegio no me habría contratado si yo no hubiera estado casado. Les preocupaban mucho los hombres solteros”, dice.
Wellesley era una burbuja. Este campus no era Berkeley: los ecos de las protestas estudiantiles, de Vietnam y del movimiento por los derechos civiles llegaban amortiguados.
Clinton, en el centro, durante su etapa universitaria. / Corbis
“En la primavera de 1968, Hillary todavía era republicana, aunque moderada”, recuerda Schechter, que vio en ella “habilidades de liderazgo en pleno desarrollo”. El profesor le consiguió una beca para trabajar durante el verano con el grupo republicano en el Congreso, en Washington, con el congresista Melvin Laird.
Estados Unidos era un país en metamorfosis. Como Hillary. Las leyes sobre los derechos civiles, la incipiente lucha por la igualdad de las mujeres y las dudas sobre la guerra de Vietnam —miles de muchachos coetáneos suyos morían en la jungla del sureste asiático— contribuyeron a su transformación.
“Regresó en otoño de 1968 y me dijo: ‘Quiero escribir una tesis de final de carrera sobre la pobreza’”, dice Schechter. “Esto era un signo de que su ideología había cambiado”.
La tesis, de 88 páginas, lleva por título 'Sólo existe la lucha… Un análisis del modelo Alinsky'. Se trata de un estudio sobre el izquierdista Saul Alinsky, el activista de Chicago que años después inspiraría al joven Obama.
Hillary Rodham se había vuelto demócrata, pero no revolucionaria ni hippy. Cuando hubo que cambiar las normas que regulaban la entrada de chicos en Wellesley, prefirió el diálogo con las autoridades universitarias a la confrontación.
“Algunos estudiantes querían tomar el edificio de la administración. La visión de Hillary era: ‘Veamos cómo les convencemos de que nosotros tenemos razón y ellos no’. Es un enfoque pragmático”, dice el profesor. Pura triangulación, por usar la palabra que designaría los equilibrismos ideológicos del matrimonio Clinton en los años de la Casa Blanca.
Cuando hubo que cambiar las normas que regulaban la entrada de chicos en Wellesley, prefirió el diálogo con las autoridades universitarias a la confrontación
El paso de Hillary por Wellesley concluyó con el discurso de graduación. Por primera vez hablaba una estudiante, además del invitado de honor, que aquel año fue Ed Brooke, senador republicano (y negro) por Massachusetts. Brooke criticó en su discurso las “protestas coercitivas” de las nuevas generaciones. Hillary reaccionó improvisando y criticando al senador. Causó un pequeño escándalo.
“Ella se veía como una igual con Ed Brooke”, dice Schechter. El diario The Boston Globe y la revista Life se hicieron eco de sus palabras.
“Habla en nombre de su generación”, decían unos. “¿Pero quién se ha creído?”, se indignaban otros. “Los elogios y los ataques”, escribió Hillary Clinton en sus memorias, “anticiparon lo que vendría más tarde”.Hillary ya era Hillary. Tras graduarse en Wellesley, ingresó en la escuela de leyes de Yale. Allí conoció a Bill.
El Wellesley de 2015 es un lugar tan idílico y aislado como entonces. Sigue siendo sólo para mujeres (Vassar, otra de las ‘siete hermanas’, es mixta desde 1969). Pero Estados Unidos no ha dejado de transformarse. Como el campus.
“Wellesley aceptará peticiones de ingreso de mujeres trans”, se lee en la primera plana del número del pasado 11 de marzo de ‘The Wellesley College’. Las aulas se abrirán a cualquier persona que se identifique como mujer, aunque haya nacido hombre.
¿Una mujer presidenta? En 1969 habría sido casi tan difícil de imaginar como la admisión de transexuales.
¿Y una latina presidenta?
“Quien sabe lo que traerá el futuro”, responde la latina (y republicana) Lizamaria Arias a la pregunta sobre si se ve algún día en el cargo. “No puedo contestar en este momento. Si el país lo necesita, nunca voy a decir no a mi país. Pero tampoco es lo que me propongo ahora. Están bien lejos ahorita. Esto es lo bueno de este colegio. Ser presidente no es algo que esté muy fuera del alcance. Me encanta el mensaje de Wellesley”.
—¿Cuál es el mensaje? ¿Que todo es posible?
—Básicamente, sí. Con mucho trabajo.
Sunday, April 12, 2015
EL NUEVO TERRORISMO AFRICANO
Una yihad con el sello de África
Grupos como Boko Haram y Al Shabab son capaces de atacar en varios países
Las fronteras porosas facilitan la extensión del salafismo
Óscar Gutiérrez Garrido Madrid, DIARIO EL PAIS, 11 ABR 2015
El patrón se repite: un joven de veintitantos, universitario, inteligente, sociable, poco sospechoso de radicalismo, que un día desaparece y al tiempo asesina a punta de fusil. Ese es, grosso modo, el perfil de uno de los autores tunecinos del ataque del mes pasado al museo del Bardo, Yassine Abidi, de 27 años; pero también lo es de Mohamed Abdirahim Abdullahi, de 24 años, uno de los terroristas del grupo Al Shabab que perpetró el 2 de abril el asalto al campus universitario de Garissa, en el este de Kenia.
Ambos atentaron a las órdenes de una organización transfronteriza liderada por extranjeros: Abidi, según las autoridades tunecinas, bajo el sello de Okba Ibn Nafaa, dirigida por argelinos; Abdullahi, keniano, cumpliendo con los planes de la milicia somalí. Los dos mataron a compatriotas en suelo nacional. Y lo hicieron, pese a los casi 8.000 kilómetros que les separa, bajo el mismo paraguas, el de la todavía influyente red de Al Qaeda. Así es el yihadismo regional que atraviesa África de este a oeste y en torno al Sahel.
“Estos grupos no forman parte aún de una yihad global”, señala el teniente coronel Jesús Díez Alcalde, del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), “pero sí de una yihad regional porque pueden atentar fuera de sus fronteras y cuentan con milicianos de países vecinos”. Organizaciones como Al Shabab, instalada en el sur de Somalia, Boko Haram, en el noreste de Nigeria, o Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), debilitada en el Sahel tras la ofensiva francesa en Malí en 2012, no tienen sobre el papel la capacidad para atentar en Occidente que logró el fallecido Osama bin Laden o la que pretende ahora el grupo sirio-iraquí Estado Islámico (EI). ¿Están coordinados estos grupos africanos? “Ni están coordinados ni centralizados todavía, pero sí hay conexiones, mantienen reuniones entre ellos y han compartido entrenamientos”, apunta Díez Alcalde. El analista del IEEE recuerda la suerte de paz alcanzada en 2012 en Malí entre AQMI y una de sus escisiones, Mujao, en presencia de milicianos de Boko Haram.
Periodistas presentes en marzo de aquel año en la ciudad maliense de Gao pudieron ver cómo decenas de pick-ups llegaban a la ciudad. Era una ofensiva con presencia de combatientes tuaregs, pero liderada por yihadistas de AQMI y de sus grupos satélite Mujao y Ansar Dine. En la Dirección General de la Juventud se instaló un grupo armado que hablaba hausa. “Eran nigerianos”, asegura Moussoudou Oyahitt, director de la emisora local La Voz de los Jóvenes. “Con el tiempo nos enteramos de que eran miembros de Boko Haram”. El analista somalí Abdi Samad lleva años señalando la presencia de milicianos de Boko Haram en Somalia, mientras que los servicios de inteligencia estadounidenses saben que el cerebro del atentado de 2011 contra la sede de la ONU en Abuya, la capital nigeriana, el camerunés Mamman Nur, obtuvo refugio y entrenamiento en campos somalíes.
La atomización de AQMI —escisiones como Jund al Khalifa se han unido incluso al EI— en el norte magrebí y la guerra a Boko Haram y Al Shabab no han evitado que el terrorismo africano de corte salafista, ideología que comparten con sus colegas de Mesopotamia —con los que difieren en otras cosas, como el uso de amuletos de guerra— sitúe la alerta en el continente en su grado más alto. Analistas y Gobiernos coinciden en señalar los mismos condicionantes: la porosidad de las fronteras, la ausencia del Estado allí donde se levantan santuarios yihadistas, y un desierto incontrolable. El analista camerunés Martin Ewi, del Instituto para el Estudio de la Seguridad (IES), añade algo más a la ecuación: “Hay causas domésticas en la base de cada uno de estos grupos violentos”.
La ofensiva militar en el noreste de Nigeria ha hecho que la secta islamista liderada por Abubaker Shekau perdiese la mayor parte de las localidades que controlaba en los Estados de Borno, Yobe y Adamawa. No obstante, Boko Haram, ligada ya oficialmente al EI y a las órdenes por tanto del califa Abubaker al Bagdadi, ha demostrado en los últimos meses capacidad para cruzar la frontera y golpear en Níger y Camerún. De este último país, Shekau ha sacado también hombres para sus filas.
También ha perdido fuerza la milicia somalí Al Shabab desde que en agosto de 2011, la operación militar de las tropas de la Unión Africana le obligase a abandonar la capital, Mogadiscio, para centrarse en gobernar el sur —e instaurar allí una versión muy rigorista de la ley islámica— y en atentados tanto contra objetivos diplomáticos dentro del país como contra los vecinos Kenia y Uganda. “Los terroristas buscan terrenos donde vender su ideología”, apunta Ewi. Y Al Shabab ha encontrado tierra fértil en el vecindario, lo que explicaría el boom de los “milicianos extranjeros”, entre ellos kenianos, yemeníes, tanzanos, árabes con pasaporte estadounidense, británicos, noruegos… Kenia es, sin embargo, su principal foco de atracción y destrucción. “La dureza militar contra la milicia”, afirma Ewi, “ha salpicado a la numerosa comunidad somalí de Kenia, que se siente tratada injustamente”. El analista del IES cree que esto y la “pérdida de poder en Somalia”, han disparado “los alistamientos en Kenia”.
Hace dos años y medio que Al Shabab perdió el puerto de Kismayo, desde donde se beneficiaba, por ejemplo, del comercio de carbón vegetal, una fuente de financiación de peso también para la despiadada milicia fundamentalista cristiana Ejército de Resistencia del Señor, de Joseph Kony. Los fondos del terrorismo africano comparten vías. “Puede haber sin duda conexión”, señala Díez Alcalde, “en las rutas del crimen organizado, en el tráfico de personas, armas… Si entra droga por Guinea Bissau hacia Malí, y de ahí va al sur, los diferentes grupos de la región lo sabrán”. Como muchos supieron del arsenal abandonado por los gadafistas en la ofensiva de la OTAN.
Precisamente Libia es considerado hoy el principal santuario yihadista en el norte de África. Hacia allí se han dirigido muchos de los miembros de AQMI huidos de Malí. Por allí se ha visto, según publica el semanario Jeune Afrique, al argelino Mokhtar Belmokhtar, uno de los principales líderes terroristas de la región, hoy líder del grupo Al Mourabitoun. Y también allí, en la franja costera norte, el EI ha decidido construir su mayor filial fuera del califato sirio-iraquí.
Con información de José Naranjo y Gemma Parellada.
ENCUENTRO OBAMA-CASTRO Y EL TARDIO FINAL DE LA GUERRA FRIA EN AMERICA LATINA
Obama y Raúl Castro mantienen una histórica reunión
“Obviamente, esto es un encuentro histórico”, dice Obama. “Ahora estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro”.
Marc Bassets Panamá, DIARIO EL PAIS, MADRID, 12 ABR 2015
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo cubano, Raúl Castro se reunieron este sábado en Panamá, en el primer encuentro de este nivel desde hace más de medio siglo. El encuentro, que duró cerca de una hora, empezó a las 14.45, hora local, en una sala del centro de convenciones donde hoy concluye la VII Cumbre de las Américas.
“Obviamente, esto es un encuentro histórico”, dijo Obama. “Ahora estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro”. El presidente de EE UU fijó como prioridad en el proceso de reconciliación la apertura de embajadas en La Habana y Washington. EE UU y Cuba interrumpieron las relaciones diplomáticas en 1961.
“Estamos dispuestos a hablar de todo, pero necesitamos ser pacientes, muy pacientes”, dijo Castro. “Es posible que hoy discrepemos en algo en lo que mañana podamos estar de acuerdo”.
Obama y Castro han dado en Panamá un impulso al proceso de reconciliación de Estados Unidos y Cuba. Las fotos, los apretones de manos, el anticipado encuentro cara a cara entre ambos enviaron un mensaje al mundo: no hay marcha atrás en la distensión entre dos países enfrentados durante más de medio siglo. Cuatro meses después de que ambos anunciasen el inicio del deshielo, la cumbre ha servido para visualizar el vuelco, el inicio del fin de un conflicto que era la última rémora de otra era y uno de los últimos obstáculos para la normalización de las relaciones entre ambos países.
Cuatro meses después de que ambos anunciasen el inicio del deshielo, la cumbre ha servido para visualizar el vuelco
Hasta la cita de Panamá, los encuentros conocidos entre los líderes de EE UU y Cuba habían sido esporádicos o fortuitos. El presidente Bill Clinton saludó brevemente a Fidel Castro en el año 2000, durante una reunión de la ONU. También fue breve el apretón de manos entre el propio Obama y Raúl Castro en 2013, durante los funerales de Nelson Mandela.Hay que remontarse a 1959, cuando el entonces vicepresidente Richard Nixon se reunió con un Fidel Castro triunfante en abril de 1959, o al encuentro entre Fulgencio Batista y el presidente Dwight Eisenhower, en Panamá, en 1956, para encontrar una reunión comparable a la de Panamá.
La reunión entre Obama y Castro, más extensa y sustancial que cualquier otra desde Nixon y Eisenhower, estuvo precedida de días de maniobras discretas y de una coreografía en varios actos, una sucesión de imágenes y vídeos de ambos saludándose o caminando juntos en medio de una multitud de líderes: el photo finish del final de la Guerra Fría en América Latina.
Por primera vez desde que el cónclave panamericano empezó a celebrarse en 1994, Cuba participaba en él. Por primera vez en años, los latinoamericanos no miraban al vecino del norte con suspicacias. Los agravios no han desaparecido, como quedó demostrado en los discursos en la sesión plenaria de la cumbre, pero el giro de EE UU y la insólita admisión, por parte de Obama, de que 50 años de aislamiento del régimen cubano habían sido un fracaso, merecieron aplausos en Panamá.
Desde el 17 de diciembre, el día que se anunció el restablecimiento de las relaciones entre ambos países, los avances han sido sostenidos. Las negociadoreas, la estadounidense Roberta Jacobson y la cubana Josefina Vidal, se han reunido tres veces, dos de ellas en La Habana. Altos funcionarios de los dos países han dialogado sobre derechos humanos.Cuba ha liberado a 53 presos políticos.
Estados Unidos ha suavizado las restricciones al comercio y a los viajes a Cuba, y ha abierto las puertas a la importación de bienes y servicios suministrados por empresas privadas cubanas. Empresas como Airbnb, una web de alquiler de habitaciones para turistas, o Netflix, el servico de vídeo por internet, han desembarcado en Cuba. El paso más urgente, después de la previsible retirada de Cuba de la lista de Estados que patrocinan el terrorismo, es la reapertura de las embajadas. Las relaciones diplomáticas se interrumpieron en 1961.
La Casa Blanca quiere ir más allá y presiona al Congreso de EE UU para que adopte una propuesta de ley que abriría definitivamente la isla al turismo estadounidense. Y Obama pide que el Congreso levante el embargo comercial, la medida que es la llave final de la reconciliación.En Panamá termina una era. “La guerra fría terminó hace tiempo”, dijo Obama. “Estados Unidos mira al futuro”.
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