ANALYZING THE WORLD FROM A RUSSOCENTRIC VIEW. This site will be attractive and a motivational experience to those who want to learn the real image of Russia, from its history, millenary culture and its identity discourse. It is relevant that we are in the Southern Cone, where our perceptions are similar to the whole Global South, so far from the Western capitals. MARCELO MONTES
Wednesday, April 15, 2015
CARLOS SLIM PETROLERO?
Carlos Slim se lanza a la conquista del mercado petrolero en México
El magnate fusiona dos empresas que daban servicio a Pemex para fundar Carso Oil &Gas
Sonia Corona México, DIARIO EL PAIS, MADRID, 15 ABR 2015
El magnate mexicano Carlos Slim se ha sumado a la fila de empresarios que ven oportunidades en la reforma energética de México. Este martes ha informado a las autoridades mexicanas la creación de su firma Carso Oil & Gas. Para conseguirlo, el segundo hombre más rico del mundo ha fusionado dos empresas que ya trabajan con Petróleos Mexicanos (Pemex) en la perforación de pozos petroleros en el Golfo de México.
Carso Oil & Gas comienza la carrera por el mercado energético en México con activos por 3.478 millones de pesos (227 millones de dólares). Slim ha fusionado a Carso Infraestructura, Construcción y Perforación con Condumex Perforación. Ambas poseen contratos con la petrolera estatal que serán asumidos por la nueva firma. El magnate tendrá la capacidad tanto de continuar su trabajo con Pemex, como de competir con la empresa pública por los nuevos contratos.
El magnate tendrá la capacidad de continuar su trabajo con Pemex
La reforma energética de México, aprobada en 2013, permite la participación de la inversión privada en el sector después de 76 años en los que el Estado administró el monopolio de la industria. Slim consolida así sus oportunidades para obtener contratos para explorar y perforar yacimientos en el Golfo de México, donde se ha concentrado la mayor parte de su experiencia, así como en la construcción de ductos para el transporte de hidrocarburos. El Gobierno mexicano asignará los primeros contratos, fruto de la reforma, el próximo verano.
Slim no es el primer empresario mexicano en mover ficha tras el arranque de la reforma energética. Alberto Baillères, dueño del conglomerado Grupo Bal, anunció en febrero su incursión en la industria petrolera con la fundación de su empresa energética Petrobal. Baillères, dueño de las minas más ricas de oro y plata en México, sorprendió no sólo con el anuncio de su nueva firma sino con el fichaje de un exdirector de Pemex, Carlos Morales Gil, como cabeza de su nuevo proyecto.
Las empresas del multimillonario han respondido a los cambios ordenados por la reformas impulsadas por el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto. Por una parte, en su interés en el naciente sector energético y por otro, en su supervivencia en la industria de las telecomunicaciones. La semana pasada su empresa de telefonía, América Móvil, anunció la escisión de activos de infraestructura pasiva de sus empresas de telefonía móvil en México. Slim busca así evitar las penalizaciones que la nueva legislación antimonopolios puede imponerle.
Tuesday, April 14, 2015
Monday, April 13, 2015
CUMBRE DE LAS AMERICAS: OBAMA Y CRISTINA
Son dos Presidentes en retirada, que sin embargo, se niegan a ser "patos rengos", sin pena ni gloria. Uno, Obama, recién ahora con los deshielos propuestos a Irán y Cuba, dispuesto a justificar el Premio Nobel de la Paz de 2007, animándose a proponer iniciativas que rompan el statu quo y descolocando a adversarios internos (los republicanos más recalcitrantes y el lobby anticastrista) como aliados externos (Israel). La otra, Cristina, negándose a dejar de "marcar la cancha", intentando siempre conservar protagonismo político, incluso sobre sus posibles sucesores, como Daniel Scioli, a quien trata de presionar con puestos clave en las listas de diputados, para sus jóvenes militantes de la agrupación "La Cámpora".
Son diferentes las responsabilidades de uno y otro, porque Obama conduce al hegemón más relevante del planeta y la Presidenta, lidera un país, que ha entrado hace ya varias décadas, en una declinación marcada, pudiendo estar en un plano mucho más importante del que está. No obstante ello, en ambos se destaca esa tendencia, a evitar dejarse ganar por el ocaso personal. En los políticos del mundo de hoy, tan obsesionados por las encuestas, y tan resignados, al mismo tiempo, a sus ciclos políticos, es loable que ambos Presidentes se nieguen a dicha tendencia.
Donde se advierten divergencias, es en el discurso de ambos respecto a la reinserción cubana en el sistema interamericano. Mientras que para Cristina, como para algunos progresistas y populistas del continente, con una carencia absoluta de realismo, Cuba ha vuelto al redil porque "ha luchado dignamente por su independencia contra un gigante poderoso", para el Presidente afroamericano, como para los propios hermanos Castro, el acercamiento se produjo porque ambas partes tomaron conciencia de que el rumbo de sus relaciones mutuas a lo largo de casi seis décadas, no las conducían a nada positivo.
Lejos de la heroicidad en la que creen todavía algunos cristinistas, para la dupla gobernante en Cuba, muy distante en el tiempo, la vieja alianza soviética y ya sin satisfacer lo suficiente, los beneficios del turismo internacional o la caridad canadiense o española, Cuba acordó con Estados Unidos porque presenta un drama humanitario y económico de magnitud, realmente "indigno" para su propio pueblo, que sólo puede remediarse en el corto plazo, desde el "gran país del Norte" y su hoy, generoso, desinteresado y honrado Presidente. Desde Estados Unidos, la lectura es también similar. Obama extendió su mano porque con ella, van la promesa de inversiones y más turismo, sobre un país, con recursos humanos calificados pero infravalorados monetariamente, debido a su perverso sistema económico. De esa manera, también destraba un problema interno: el dinosáurico "lobby" anticastrista de Miami.
Por lo tanto, si bien, tanto Obama como Cristina pueden mostrar la misma ambición respecto a no perder protagonismo interno o externo, difieren en sus visiones acerca de la realidad. Mientras una, tal vez, digna representante de un país que vive de espaldas al mundo, desde hace largo tiempo, sigue aferrada a cierta concepción dogmática y cerrada del poder, tanto doméstico como hacia afuera, el otro, como buena parte de este mundo, se mueve en una lógica más pragmática, interpretando aunque no siempre, el rol que Estados Unidos tiene aún en el mundo, donde lejos de caer en el desprestigio o la decadencia, conserva todavía, no sólo una holgada supremacía militar, sino también cierta capacidad de influencia y liderazgo político.
Tal ejercicio de capacidades, si se emplea con inteligencia -y no con obstinación como en el caso ucraniano-, puede ayudar a que los demás actores estatales del sistema internacional, también jueguen su parte para que todo el sistema adquiera una mayor estabilidad y certidumbre.
HOY DEMOCRATA, EX REPUBLICANA: HILLARY RODHAM CLINTON, LA CANDIDATA
Cuando Hillary empezó a ser Hillary
En Wellesley, la universidad donde dio sus primeros pasos en la política, la candidata demócrata es una figura venerada: una líder para los libros de historia
Marc Bassets Wellesley (Massachusetts), DIARIO EL PAIS, MADRID, 13 ABR 2015
Hillary apoyaba entonces a los republicanos. Era una de sus primeras campañas electorales y reclutaba voluntarias en Wellesley College, la universidad donde estudiaba.
“La chica que no quiera salir a la calle a estrechar manos puede mecanografiar cartas o dedicarse al trabajo de oficina”, declaró Hillary Rodham a The Wellesley News.
La archivera de la universidad ha colocado en una mesa los volúmenes encuadernados de los años sesenta del semanario de Wellesley. Entre ellos, el ejemplar del 13 de octubre de 1966, con la noticia sobre la campaña para las elecciones locales y estatales de aquel año. También carpetas con recortes de periódicos. Y una copia de la tesis de final de carrera de su alumna más ilustre.
Hillary Rodham es hoy Hillary Clinton y se embarca en otra campaña. Esta vez la candidata es ella. Quiere llegar a la Casa Blanca.
Todo empezó aquí, en este campus de construcciones góticas en las afueras de Boston (Massachusetts), unos años antes de conocer a Bill Clinton, su futuro marido y presidente de Estados Unidos. En Wellesley, Hillary dejó de ser republicana y se convirtió en demócrata; su nombre salió por primera vez en los papeles; y, el 31 de mayo 1969, en el acto de graduación de su promoción, pronunció su primer discurso ante una audiencia de centenares de personas.
Ahora, profesores, alumnas y administrativos la veneran. Es una figura casi intocable. La exalumna con más éxito. La que, con su nombre, atrae a nuevos estudiantes y con la que siempre se asociará a este campus. La que aspira a ser, después de 44 hombres, la primera mujer presidenta de Estados Unidos.
Wellesley, ahora como hace medio siglo, es un lugar especial, una isla donde las mujeres pueden educarse y liderar sin la sombra de la discriminación
En Wellesley, Hillary Clinton ya es presidenta.
“Pese a nuestras diferencias ideológicas, y pese a que discrepe en algunas cosas, es una mujer que ha logrado tantas cosas y ha hecho tanto por romper el techo de cristal que no puedo hacer más que respetarla”.
La estudiante Lizamaria Arias es miembro de la dirección ejecutiva del Partido Republicano en Wellesley. En sus primeros años aquí, Hillary Rodham fue la presidenta de las Young Republicans, la misma organización a la que pertenece Arias.
En un campus donde los progresistas son mayoría, Lizamaria, como Hillary en 1966, es una excepción. Ella dice que es republicana porque cree en la libertad del individuo para labrarse su propio camino.
Clinton en Wellesley College. / Getty
¿Votaría por Hillary Clinton? “No estoy preparada para contestar. Pero sin duda lo consideraría”, responde. En tiempos de polarización política, encontrar en Estados Unidos a un republicano dispuesto a votar a Clinton es una anomalía. Sólo puede ocurrir en Wellesley.
Lizamaria Arias, nacida en 1995 en el estado de Maryland, es hija de un guatemalteco y una colombiana. Pertenece a la minoría latina, la más pujante del país con más de 50 millones en un país de más de 310 millones.
Es posible que, sin Hillary Clinton, Arias no hubiese estudiado en Wellesley. Explica que a los 16 o 17 años leyó ‘Historia viva’, sus memorias. Descubrió que la mujer que fue primera dama de Estados Unidos en los años noventa, senadora y candidata a la nominación del Partido Demócrata en la década pasada y secretaria de Estado después, fue alumna de Wellesley y que Wellesley forjó su carácter.
Para las alumnas de Wellesley, Hillary Clinton es una personalidad cercana y remota, un personaje para los libros de historia. Cuando Bill Clinton juró por primera vez el cargo de presidente, faltaban dos años para que Lizamaria Arias naciese. Cuando Bill y Hillary abandonaron la Casa Blanca al final del segundo mandato, tenía seis años. El drama por las relaciones de Bill con la becaria Monica Lewinsky, la guerra de Irak, la derrota ante Barack Obama en la nominación demócrata en 2008, son recuerdos lejanos o episodios que ha conocido por los libros o por personas mayores.
Clinton es pasado. Y es futuro: la esperanza de que sea ella quien rompa el techo de cristal de la presidencia, este límite que a simple vista parece inexistente pero que ninguna mujer ha franqueado en este país. Sus años en Wellesley forman parte de la memoria de la institución.
¿Publicar fotos de la tesis de Hillary Clinton? No sin permiso. “Le advierto de que la señora Clinton posee el ‘copyright’ de este material”, dice la archivera.
Como estudiante de ciencias políticas creo que una cosa es la política y otra la vida personal. Son cosas distintas”
¿El escándalo Lewinsky? Una representante del campus que supervisa una entrevista a dos alumnas tercia: “Creo que esto no entra en el ámbito de su papel como mujer afiliada a Wellesley”. Una alumna responde: “Como estudiante de ciencias políticas creo que una cosa es la política y otra la vida personal. Son cosas distintas”.
Wellesley, ahora como hace medio siglo, es un lugar especial, una isla donde las mujeres pueden educarse y liderar sin la sombra de la discriminación y la competición masculina. Es una de las ‘seven sisters’, o siete hermanas, la versión exclusivamente femenina de la Ivy League, la élite de la élite en la educación superior estadounidenses.
Sin Wellesley, Hillary nunca habría sido lo que es.
“El increíble aplomo y confianza en sí mismas es algo que no deja de impresionarme de las estudiantes de 18 o 19 años en Wellesley. En otros campus esto no existe”, dice Arias. “Aquí las mujeres son mujeres. No las describiría como chicas”.
Cuando Hillary Rodham, nacida en 1947, llegó al campus en 1965, era una muchacha de los barrios de clase media en el norte de Chicago, y Wellesley, una institución tradicional que formaba a buenas esposas y madres.
“La mayoría de mujeres que se graduaron en 1969, como la mayoría de mujeres que aquel año iba a la universidad, preveían trabajar sólo hasta que se casasen o tuviesen el primer hijo. Pocas se graduaron con objetivos y planes profesionales. La mayoría aún creía que es mejor que los hombres se ganen el pan y las mujeres sean esposas”, escribió, tres décadas después, la periodista Miriam Horn en ‘Rebels with white gloves’ (Rebeldes con guantes blancos), un libro sobre las mujeres de la promoción de Hillary Clinton.
Alan Schechter las conoce. Con Hillary Clinton se cartea y habla esporádicamente.
Conversar con Schechter, profesor emérito de ciencias políticas, es una inmersión en el Wellesley de los años sesenta, un momento de explosión social y política. “En 1962, el colegio no me habría contratado si yo no hubiera estado casado. Les preocupaban mucho los hombres solteros”, dice.
Wellesley era una burbuja. Este campus no era Berkeley: los ecos de las protestas estudiantiles, de Vietnam y del movimiento por los derechos civiles llegaban amortiguados.
Clinton, en el centro, durante su etapa universitaria. / Corbis
“En la primavera de 1968, Hillary todavía era republicana, aunque moderada”, recuerda Schechter, que vio en ella “habilidades de liderazgo en pleno desarrollo”. El profesor le consiguió una beca para trabajar durante el verano con el grupo republicano en el Congreso, en Washington, con el congresista Melvin Laird.
Estados Unidos era un país en metamorfosis. Como Hillary. Las leyes sobre los derechos civiles, la incipiente lucha por la igualdad de las mujeres y las dudas sobre la guerra de Vietnam —miles de muchachos coetáneos suyos morían en la jungla del sureste asiático— contribuyeron a su transformación.
“Regresó en otoño de 1968 y me dijo: ‘Quiero escribir una tesis de final de carrera sobre la pobreza’”, dice Schechter. “Esto era un signo de que su ideología había cambiado”.
La tesis, de 88 páginas, lleva por título 'Sólo existe la lucha… Un análisis del modelo Alinsky'. Se trata de un estudio sobre el izquierdista Saul Alinsky, el activista de Chicago que años después inspiraría al joven Obama.
Hillary Rodham se había vuelto demócrata, pero no revolucionaria ni hippy. Cuando hubo que cambiar las normas que regulaban la entrada de chicos en Wellesley, prefirió el diálogo con las autoridades universitarias a la confrontación.
“Algunos estudiantes querían tomar el edificio de la administración. La visión de Hillary era: ‘Veamos cómo les convencemos de que nosotros tenemos razón y ellos no’. Es un enfoque pragmático”, dice el profesor. Pura triangulación, por usar la palabra que designaría los equilibrismos ideológicos del matrimonio Clinton en los años de la Casa Blanca.
Cuando hubo que cambiar las normas que regulaban la entrada de chicos en Wellesley, prefirió el diálogo con las autoridades universitarias a la confrontación
El paso de Hillary por Wellesley concluyó con el discurso de graduación. Por primera vez hablaba una estudiante, además del invitado de honor, que aquel año fue Ed Brooke, senador republicano (y negro) por Massachusetts. Brooke criticó en su discurso las “protestas coercitivas” de las nuevas generaciones. Hillary reaccionó improvisando y criticando al senador. Causó un pequeño escándalo.
“Ella se veía como una igual con Ed Brooke”, dice Schechter. El diario The Boston Globe y la revista Life se hicieron eco de sus palabras.
“Habla en nombre de su generación”, decían unos. “¿Pero quién se ha creído?”, se indignaban otros. “Los elogios y los ataques”, escribió Hillary Clinton en sus memorias, “anticiparon lo que vendría más tarde”.Hillary ya era Hillary. Tras graduarse en Wellesley, ingresó en la escuela de leyes de Yale. Allí conoció a Bill.
El Wellesley de 2015 es un lugar tan idílico y aislado como entonces. Sigue siendo sólo para mujeres (Vassar, otra de las ‘siete hermanas’, es mixta desde 1969). Pero Estados Unidos no ha dejado de transformarse. Como el campus.
“Wellesley aceptará peticiones de ingreso de mujeres trans”, se lee en la primera plana del número del pasado 11 de marzo de ‘The Wellesley College’. Las aulas se abrirán a cualquier persona que se identifique como mujer, aunque haya nacido hombre.
¿Una mujer presidenta? En 1969 habría sido casi tan difícil de imaginar como la admisión de transexuales.
¿Y una latina presidenta?
“Quien sabe lo que traerá el futuro”, responde la latina (y republicana) Lizamaria Arias a la pregunta sobre si se ve algún día en el cargo. “No puedo contestar en este momento. Si el país lo necesita, nunca voy a decir no a mi país. Pero tampoco es lo que me propongo ahora. Están bien lejos ahorita. Esto es lo bueno de este colegio. Ser presidente no es algo que esté muy fuera del alcance. Me encanta el mensaje de Wellesley”.
—¿Cuál es el mensaje? ¿Que todo es posible?
—Básicamente, sí. Con mucho trabajo.
Subscribe to:
Comments (Atom)