Wednesday, April 22, 2015

COLABORACIONISMO PRONAZI EN EUROPA DEL ESTE: UNA VERDAD QUE DUELE

ANÁLISIS

A vueltas con el Holocausto y los usos interesados de la historia

No hay ningún tema tan debatido como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial

, DIARIO EL PAIS, MADRID,  22 ABR 2015
 
 
 
Los historiadores lo han advertido y demostrado en diferentes ocasiones: en la amplia literatura sobre el Holocausto no hay ningún tema tan debatido –y tan sometido a falsedades y prejuicios raciales- como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial.
 
Desde la disolución de las dinastías de los Habsburgo y Hohenzollern en 1918, las viejas élites y nuevas fuerzas sociales de Europa del este demostraron, con ideas y acciones, un enérgico antibolchevismo pero, sobre todo, instigadas por los partidos fascistas, un profundo y radical antisemitismo, puesto que asociaban a los judíos con todo lo que odiaban: el bolchevismo, el viejo orden y el dominio extranjero.
 
La crisis económica de los años 30 aumentó todos esos sentimientos, pero lo que causó un cataclismo en esos países fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
 
Los hechos son bien conocidos. Hasta el inicio de la guerra en 1939, sólo unos cuantos centenares de judíos habían sido asesinados en Alemania, pese a que los nazis habían comenzado a acosar y perseguir con leyes y actos violentos a la población judía desde su llegada al poder en 1933. La matanza masiva empezó con los judíos que los alemanes capturaban en las zonas conquistadas de la Unión Soviética en el verano de 1941, y en menos de cuatro años la "solución final" segó las vidas de más de cinco millones de hombres, mujeres y niños, casi la mitad de ellos en Polonia. Los nazis causaron esa destrucción y la Segunda Guerra Mundial fue el escenario apropiado en el que se expandió esa brutalidad. Para que todo eso fuera posible, no obstante, tenía que haber mucha gente dispuesta a identificar a otros como sus enemigos o a considerar aceptable el exterminio.
 
Si se dejan de lado las opiniones de esos que defienden que el Holocausto nunca tuvo lugar, o de quienes tratan de minimizarlo con comparaciones con otras manifestaciones de genocidio provocadas por los aliados, lo que los historiadores debatieron y sacaron a la luz en primer lugar fue quién decidió proceder con esa "solución final", cuándo y por qué se hizo así, y qué es lo que se perseguía con ella.
 
Lo más significativo de las dos últimas décadas, sin embargo, es que comenzaron a aparecer investigaciones, poco conocidas hasta entonces, sobre la colaboración de la policía, de las administraciones locales y de las poblaciones de otros países invadidos por el Ejército y las fuerzas de seguridad alemanes. Aunque el número de personas implicadas y la complejidad de sus motivos impedía cualquier explicación simple, lo que quedó al descubierto fue no sólo el círculo de responsables y altos cargos nazis que organizaban las deportaciones, desde Himmler a Eichmann, pasando por Heydrich, sino también la amplia red de informantes y delatores que vieron necesario ese castigo mortal, por no mencionar a los británicos y norteamericanos que, desde el otro lado de la historia, abandonaron a los judíos. Los judíos fueron asesinados por los nazis alemanes y los fascistas de Europa del este, no por toda la población, pero ya nadie podía negar la complicidad “popular” en muchos de esos países.
 
El problema se complica cuando a esa historia ya compleja y muy debatida entre auténticos especialistas, se suman las declaraciones de políticos o de gente como James Comey, el director del FBI, con sentencias fáciles y acusatorias, muy alejadas de los análisis y narraciones que interpretan aquellos acontecimientos, el “incomprensible” Holocausto, como lo definió Arno Mayer, a la luz de las fuentes disponibles.
 
Una buena parte de la clase política en Polonia y Hungría deforman aquella historia traumática para adaptarla a sus propios fines y justificar el presente. En el caso de Polonia, ya en 1990, un libro editado por Antony Polonsky, My Brother’s Keeper?: Recent Polish Debates on the Holocaust, levantó polvareda y protestas porque incluía polémicas entre intelectuales polacos y judíos polacos sobre el antisemitismo y sobre lo que muchos polacos hicieron o dejaron de hacer durante el período de eliminación sistemática de judíos.
 
En el caso de Hungría, el largo período de gobierno autoritario y ultranacionalista del almirante Miklós Horthy, mantenido sin demasiados problemas durante sus primeros veinte años, dio un cambio radical con su decisión de meter a Hungría en la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania nazi en abril de 1941. Horthy, mediante sucesivas “Leyes Judias”, en 1938, 1939 y 1941, había ido recortando los derechos de los súbditos húngaros de religión judía y hubo matanzas de judíos en el frente ruso protagonizadas por las SS, asistidas por tropas húngaras. Pero con la invasión nazi, en marzo de 1944, de las restricciones se pasó a la persecución abierta y se metió a Hungría de lleno en la solución final.
 
Viktor Orbán y la derecha húngara hace tiempo que están empeñados en demostrar que había una tradición conservadora, rota por dos ocupaciones extranjeras de Hungría, la nazi y la soviética, protagonizadas por dos ideologías totalitarias ajenas la verdadera historia del país. Solo así se explica el fracaso del liberalismo y de la democracia, la radicalización de la política, el patriotismo de Horthy, atrapada como quedó la nación, luchando por su independencia y soberanía, entre dos terribles y violentos superpoderes totalitarios. Y fue, por supuesto, un factor externo, la ocupación nazi, el que justifica la parte de la historia más complicada de explicar para los conservadores: la persecución de los judíos, iniciada ya con Horthy, y el desarrollo fatídico de los hechos que llevó a la conquista del poder de los fascistas húngaros de la Cruz Flechada en octubre de 1944.
 
Las declaraciones interesadas sobre la historia, ampliamente difundidas y manipuladas por medios de comunicación de diferente signo, contribuyen a articular una memoria popular sobre determinados hechos del pasado, hitos de la historia, que tiene poco que ver con el estudio cuidadoso de las pruebas disponibles.
 
El Holocausto es la cara más cruel de un siglo que conoció guerras, genocidios, violencias de Estado y revolucionaria sin precedentes. Pero ese siglo presenció también, gracias entre otras cosas al impacto del Holocausto, la creación de tribunales internacionales, la persecución de criminales de guerra, la formación de comisiones de la verdad. Y muchos hombres y mujeres, especialmente en los últimos años, protegidos por el paso del tiempo, necesitados de liberar sus terribles pesadillas, se han atrevido a contarlo, a documentar sus vidas, a la vez que contribuían a documentar la de todos, a denunciar la traición y cobardía de algunas de sus patrias y ciudadanías. Esa es la cara de la esperanza, la que invita a vigilar y cuidar la frágil democracia, a recordárselo a los responsables políticos, a perseguir la intolerancia, a extraer lecciones de la historia, a educar en la libertad.
 
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza

Tuesday, April 21, 2015

UNA NUEVA FASE DEL VINCULO RUSO-ARGENTINO Y LA VISITA DE CRISTINA KIRCHNER A MOSCU


 
Pocos saben que la relación entre rusos y argentinos, a nivel estatal, se remonta al 22 de octubre de 1885, cuando aquellos eran gobernados en etapas no democráticas, la de los Zares del viejo Imperio y la denominada "Generación del Ochenta", en la república oligárquica, respectivamente. También se ignora que dicha relación, sólo fue interrumpida entre la Revolución de Octubre de 1918 y el año de asunción del peronismo, en el contexto del no reconocimiento internacional de la URSS. No se conoce tampoco que entre Perón -juzgado muchas veces, unilateralmente como "fascista"- y Stalin, existió una estrecha relación personal, que incluyó la donación de la casa-embajada argentina en Moscú; que la familia sanjuanina Bravo (bloquista y colaboradora del Proceso militar) prácticamente hegemonizó dicha embajada y que, en Argentina, existe una diáspora de más de 200.000 rusos o descendientes de rusos, sobre todo, habitantes de la ciudad de Buenos Aires y algunos lugares puntuales del interior del país, como en Misiones, Entre Ríos, Rosario y Mar del Plata, entre otras. Dentro de esa diáspora, hay numerosos descendientes de aristócratas connotados, emigrados de la época de los Zares, ya en el inicio del proceso revolucionario. Esto nos hace reflexionar de cuán cerca se sienten estos dos países, por alguna razón oculta, aunque estén en los dos extremos del mundo y con culturas aparentemente tan disímiles, aunque ambos tengan un común denominador: la prevalencia de la pasión y la emoción.

 
Para demostrar que el viaje de Cristina a Moscú, no es casual y tampoco debe ideologizarse o exagerarse en su dimensión geopolítica, la relación comercial histórica también tiene sus aditamentos especiales. Por ejemplo, nunca fue tan elevada como durante los años ochenta antes y durante la Perestroika gorbachoviana, todo ello marcado por un hito previo. En ocasión del embargo alimenticio y boicot deportivo de Occidente  a las Olimpíadas de Moscú en 1980, por la invasión de la URSS a Afganistán, el gobierno militar argentino, supuestamente anticomunista, liderado por el propio Martínez de Hoz y la Sociedad Rural, vieron la oportunidad de sortear el bloqueo y proveyeron de cereales a la URSS de Brezhnev. Obviamente, dicho desaire sería muy castigado un bienio más tarde en Malvinas, para sorpresa de los propios militares argentinos, pero el beneficio comercial en divisas y el buen recuerdo todavía hoy entre los rusos por el gran gesto argentino, compensaron aquella reprimenda. También el menemismo colaboró con envíos de aceites de una gran fábrica cordobesa, al yeltsinismo, en pleno caos postsoviético. Hoy, la balanza comercial vuelve a remontar vuelo, llegando hasta los 2.500 millones de dólares, un poco más cerca de aquellos volúmenes récord de los ochenta, pero aún hay muchas posibilidades de evolución en ascenso, porque los argentinos podemos venderles a los rusos, más carne, frutas y lácteos y ellos a nosotros, más productos industrializados además de energía y por supuesto, inversiones en petróleo, gas y centrales nucleares.
 

En materia cultural, se abre también un gran abanico de posibilidades. En turismo, seguramente, muchos argentinos viajarán a las lejanas tierras rusas, en la Copa del Mundo 2018 para ver a Messi y su Selección subcampeona y los rusos se desvivirán por los encantos de Buenos Aires, las Cataratas del Iguazú y las bodegas mendocinas. Cada vez más estudiantes universitarios intercambian entre los dos países, motivados por la curiosidad y la excentricidad de ambas culturas. El tango, la danza, el ajedrez, el citado fútbol, el tenis y hasta el boxeo, como quedó demostrado el último fin de semana, son actividades que nos relacionan de una u otra forma. El hermanamiento de algunas ciudades ya es realidad y hasta a nivel político, la Legislatura de Buenos Aires y algunas Universidades nacionales, han recibido estos años, a delegaciones rusas como cada vez más autoridades argentinas han imitado el derrotero de Alfonsín en 1986, Menem en los noventa y Cristina, ahora. La llegada de la señal televisiva RT a suelo argentino, también contribuye al "soft power" ruso y acrecentar el conocimiento mutuo de ambas culturas.
 
El vínculo entre ambos países se acrecienta y aumentará más aún con los años. Parte de nuestra dirigencia política y lo que es más preocupante, los asesores de política exterior y funcionarios de Cancillería, tienden a ideologizar equivocadamente el vínculo. Gente cercana a Massa, Macri y los radicales, el 80 % de los pocos rusólogos con los que cuenta el país además de gran parte del establishment norteamericano, tradicionalmente rusofóbico,  creen que el kirchnerismo y el putinismo, son aliados políticos estratégicos porque tienen una misma concepción del poder y del mundo, siendo autocráticos y revisionistas del poder mundial. Tienen lamentablemente, una visión apegada a la Guerra Fría y no se percatan que el mundo cambió y seguirá cambiando. Pero del otro lado, el oficialista, incluyendo a la propia Cristina, también se equivocan, como antes los militares argentinos y no pocos gobiernos, que creen que pueden usar al mundo, para sus propios intereses. En la Casa Rosada y en la Cancillería, se piensa que Argentina debe fortalecer su vínculo con Rusia, porque ésta al igual que China, pretenden revisar o reformular el orden internacional, forjando una alianza contrahegemónica que desafíe el poder norteamericano y nuestro país debe estar allí, para enojar a Obama. Putin no lo ve de la misma manera: sabe que Rusia debe priorizar su desarrollo interno y abandonar viejas nostalgias imperiales contraproducentes. En ese contexto, Argentina y toda América Latina, es percibida como socia estratégica por los factores antes citados: alimentos, energía, infraestructura y cultura, mucho más en estos momentos de tensión absurda con Occidente, a raíz del conflicto civil ucraniano, en el que Rusia no ha pretendido inmiscuirse de manera directa.

En el único punto, que tal vez haya que prestar especial cuidado y no se lo tiene en cuenta paradójicamente, lo cual no sorprende en un país como el nuestro, donde todo se discute superficialmente, es en el alcance, profundidad y consistencia de los acuerdos formulados con países como China y Rusia, muchas veces, opacos, demasiados sesgados en favor de sus intereses y no de los nuestros, con hipotecas a futuro que no se alcanzan hoy a vislumbrar, en materia de tierras, medio ambiente, defensa, etc. Pero ése no es un problema que atañe a rusos y chinos, que buscan en este mundo, su propia conveniencia, sino a nuestras dirigencias y es una exigencia que debiéramos formularles a ellas, y no a elites ajenas, antes de que sea tarde para las generaciones venideras.  
 
 

Sunday, April 19, 2015

CHANTAL MOUFFE, EL POPULISMO Y "PODEMOS"

CHANTAL MOUFFE | POLITÓLOGA BELGA »

“Hay una necesaria dimensión populista en democracia”

Referente de Podemos, defiende que el partido entiende que "la política es luchar por la hegemonía"

Madrid , DIARIO EL PAIS, MADRID, 19 ABR 2015

La filósofa belga Chantal Mouffe. / VERSO BOOKS

Chantal Mouffe (Charleroi, Bélgica, 1943) habla con gesto grave del futuro de la izquierda, de populismo y posmarxismo, la corriente que inició junto a su marido, el filósofo argentino Ernesto Laclau, fallecido hace un año. En 1985 escribió con él Hegemonía y estrategia socialista, uno de los textos que inspiraron a los fundadores de Podemos. Esta politóloga, docente en la Universidad de Westminster, es una de las principales referentes teóricas de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, con quien está a punto de publicar un libro de conversaciones (Icaria Editorial).
 
Pregunta. Sus trabajos y los de su marido han inspirado a gobernantes y formaciones políticas en las últimas décadas, de Argentina a Venezuela. ¿Quiénes les han hecho caso?
Respuesta. Donde ha habido influencia de nuestros trabajos ha sido en América Latina, de alguna manera en Grecia y ahora con Podemos. Muchos de los ministros de Alexis Tsipras han estudiado en la Universidad de Essex [donde Chantal Mouffe impartió clases]. Estuvieron en un entorno en el que la teoría del discurso estaba presente. Ernesto y yo hemos tenido contacto hace bastante tiempo con la izquierda griega. Teníamos en común el eurocomunismo y el interés por pensar a la izquierda a partir de una concepción gramsciana [vinculada a la idea de hegemonía cultural]. Me es particularmente grato ver que nuestras ideas son una referencia importante para Podemos y que hay muchos puntos de convergencia entre nuestras concepciones de la política.
 
P. Existe un debate en España sobre la definición de la izquierda y su papel. ¿Podemos es de izquierdas?
R. Por una parte, la izquierda no puede ser representada por partidos como el PSOE, el Pasok o el PS francés. Por otra parte, tampoco se puede decir que la izquierda es lo que se llama extrema izquierda, que sigue pensando con las viejas categorías. ¿Es Podemos de izquierdas o no? Me parece que no es una pregunta pertinente, porque claramente no se pueden identificar con ninguno de esos dos planteamientos. Me parece absurdo presentar a Podemos como un partido de extrema izquierda. Y después critican su programa económico por ser socialdemócrata.
P. ¿Eso demuestra que las nociones de izquierda y derecha han caducado?
R. Creo que hay que clarificar lo que se entiende por eso. Una primera versión es la que uno encuentra en Anthony Giddens, que afirma que no hay más antagonismos, que no hay más fronteras porque, como decía Tony Blair, ya somos todos clase media. Esa es la visión típica de la socialdemocracia hoy día. Cuando Podemos dice que no son ni de izquierdas ni de derechas no quieren decir que ya no hay más fronteras, sino que lo que hay que hacer es repensar las fronteras. Que la frontera tiene que establecerse de manera distinta, entre el pueblo y la casta. Lo que ha caducado es tanto el planteamiento anticapitalista ultraizquierdista como el social liberal de centroizquierda.
 
P. ¿Entonces, izquierda y derecha ya no son pertinentes en tanto categorías?
El planteamiento anticapitalista
y el social liberal de izquierda han caducado
R. No diría que hay que abandonarlas, pero sí hay que repensarlas.
 
P. ¿Y quien logra fijar estas nuevas fronteras también logra imponer su visión de la realidad?
R. No basta fijar una frontera para ganar la hegemonía. Es solamente el comienzo de la batalla, cuyo resultado va a depender de la capacidad de convencer a la mayoría de que su proyecto político es el mejor para la sociedad. De eso se trata en la lucha hegemónica. Desgraciadamente, los partidos que entienden mejor la política hegemónica en este momento son los partidos populistas de derechas. Mire el caso de Marine Le Pen. Ha entendido que la política es crear fronteras, que la política es crear identidades colectivas, y entiende el papel de las pasiones. Todo esto el populismo de derechas lo entiende y por eso tiene una ventaja en muchos países sobre la izquierda. Lo que hay que hacer es reapropiarse de ese término porque la dimensión populista es demasiado central en la política para dejarla a la derecha.
 
P. Está comparando izquierda y derecha. ¿Cuál es la diferencia entre populismo de derechas e izquierdas?
 
Uno de los problemas de la izquierda es  que tiene pánico a las pasiones
R. La manera en cómo se construye el pueblo. Marine Le Pen lo construye excluyendo a los inmigrantes. Mélenchon [líder del Front de Gauche] está tratando de construir un pueblo desde otra frontera, incluyendo a los inmigrantes. Otra gran diferencia es cómo se construye el adversario. Para Mélenchon son los representantes de las instituciones neoliberales.
 
P. Pero en Europa la idea de populismo no convence.
R. Estoy harta de que a todos los que tratan de cuestionar el consenso neoliberal y que afirman que hay alternativas se les acuse de populismo. Es la manera de impedir que se piense diferente. Hay una necesaria dimensión populista en democracia.
 
P. ¿A qué se refiere?
R. El modelo occidental de democracia liberal pluralista proviene de la unión de dos tradiciones diferentes: la tradición liberal del Estado de derecho y la defensa de la libertad individual, y la tradición democrática de igualdad y de soberanía popular. Hay que reconocer que esos valores de libertad e igualdad nunca pueden ser perfectamente reconciliados y que siempre va a dominar uno sobre el otro.
 
P. ¿Por ejemplo?
R. La historia de la democracia liberal es la historia de la lucha por la primacía entre sus dos valores constitutivos. Lo que ha pasado en las últimas décadas con el neoliberalismo es que la parte liberal ha sido tan dominante que todo lo que tiene que ver con la democracia, la igualdad y la soberanía popular, ha sido completamente eliminado. Si hablas hoy de soberanía popular te tachan de hablar en términos anacrónicos. Yo creo que eso explica la hostilidad de la izquierda europea respecto de los Gobiernos que en América del Sur han tratado de recalibrar esa relación para poner la igualdad y la soberanía popular en el puesto de mando.
 
P. ¿Y qué hace Podemos en este escenario?
R. Lo interesante de Podemos es que trata de poner en práctica una concepción de la política que no consiste en negociar entre intereses ya creados. Entienden que la política consiste en establecer fronteras, en construir voluntades colectivas y en luchar por la hegemonía.
 
P. Ha hablado antes de pasiones.
R. Sí, en política los afectos tienen un papel importante, son una de las fuerzas principales que llevan a la gente a identificarse con un proyecto y a actuar políticamente. Uno de los problemas de la izquierda es que le tiene pánico a lo que tiene que ver con movilización de las pasiones, porque piensa que únicamente la derecha hace eso. Pero las fuerzas progresistas tienen que meterse en ese terreno para movilizar las pasiones en una dirección democrática. Y esa es una cosa que Podemos está entendiendo muy bien.

Saturday, April 18, 2015

A LAS PUERTAS DE OTRO DRAMA HUMANITARIO EN EUROPA


EL MAPA DE LOS REFUGIADOS EN LAS PUERTAS DE LA UE (actualizado a agosto de 2015)

Mapa de inmigracion a UE


La llegada de inmigrantes irregulares a Europa se triplica en 2015

La afluencia alcanza las 57.300 personas en el primer trimestre y Frontex vaticina cifras sin precedentes para el conjunto del año

Bruselas, DIARIO EL PAIS, MADRID,  18 ABR 2015
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La última oleada de inmigración demuestra que Europa se enfrenta a un desafío sin precedentes. Casi 57.300 inmigrantes irregulares llegaron a Europa en el primer trimestre de 2015. Esa cifra supone prácticamente triplicar la del mismo periodo de 2014, un año en el que se pulverizaron todos los récords, incluidos los cosechados durante las primaveras árabes. Los fríos guarismos de la agencia europea de control de fronteras externas (Frontex), a los que ha tenido acceso este diario, confirman que la UE se enfrenta a una maraña de problemas entrelazados como las cerezas de un cesto: la oleada de conflictos en Oriente Próximo (en especial el caos en Libia), la presión demográfica en África, la creciente capacidad de la industria de traficantes de personas, la emigración económica procedente de los Balcanes y las propias dificultades de la UE para gestionar de manera homogénea sus fronteras se superponen para conformar unos números de pesadilla.
Detrás de cada una de esas cifras hay una historia personal que desmiente la manida etiqueta de los mal llamados sin papeles: un refugiado sirio; una familia huida de la guerra de Irak; un joven del Chad que atraviesa el llamado valle de las gacelas hasta llegar a Libia con la intención de encontrar un billete hacia el continente rico, donde estén más cerca las oportunidades que no tiene en su país. Pero basta con los datos para hacerse una idea de las consecuencias de ese fenómeno: 32.400 personas (en su mayoría kosovares) han entrado en la UE por los Balcanes en lo que va de año, frente a los menos de 1.000 del año pasado. Por el Mediterráneo Central —básicamente, Italia— han irrumpido 10.200 más, y eso sin contar los 10.000 adicionales rescatados en alta mar en los seis últimos días, según la Organización Internacional para la Migración (IOM, por sus sigas en inglés). Por la ruta del Mediterráneo oriental —las islas griegas y Bulgaria— han penetrado 13.500, casi el triple que hasta marzo de 2014, y por España 1.200 adicionales. Suman casi 57.300 personas, según los datos de Frontex; en el primer trimestre de 2014 eran prácticamente un tercio, 22.500.
Las fuentes consultadas en Frontex aseguran que las cifras se dispararán con el buen tiempo en el Mediterráneo —como ya se ha visto en las primeras semanas de abril; como ya sucedió en 2014— y aventuran “incrementos importantes que generarán sin ninguna duda un cúmulo de situaciones preocupantes” para el conjunto del año.
Cada vez que los ministros se reúnen en Bruselas y cada vez que la televisión da cuenta de una tragedia se repite la letanía de que Europa va a reforzar la agencia que protege las fronteras; pero Frontex no es una agencia de salvamento y rescate, sino una institución que vela por la seguridad de Europa. “En la práctica no hay suficientes recursos ni personal, y la disponibilidad de los Estados miembros para ceder medios —barcos y aviones de salvamento— es limitada o muy limitada”, expone el director adjunto de Frontex, Gil Arias. “Sobran críticas y buenas intenciones por parte de los Estados miembros; falta voluntad política y recursos”, añaden fuentes diplomáticas.
El año pasado más de 3.200 hombres, mujeres y niños perdieron la vida al intentar cruzar el Mediterráneo hacia Europa. Esas muertes no han suavizado la marea humana que huye de la violencia de los países en conflicto, o de la falta de oportunidades del África subsahariana. Europa sigue empeñada en encarar un problema humanitario —en gran parte una crisis de refugiados, salvo en los Balcanes— con una respuesta meramente policial. Sin ambición para detener esa sangría en origen, los tapones que hasta ahora eran Siria y Libia han reventado y dejan un panorama cargado de incertidumbres.
“Los flujos migratorios hacia Europa no van a dejar de aumentar por las pésimas situaciones en origen, desde Irak y Siria hasta el Cuerno de África”, subraya Giovanni Grevi, director del laboratorio de ideas FRIDE. “Detener los barcos de inmigrantes no acaba con el problema y provocará enormes costes humanitarios. Europa debería unir fuerzas con una política exterior y de seguridad robusta en un momento crítico para la cohesión europea”, añade.
Los avances, donde los hay, son tímidos. Y las amenazas se multiplican. El ascenso de partidos antiinmigración se sucede en la Europa rica (Reino Unido, Francia y Alemania) e incluso en la periferia. Bulgaria pretende levantar un muro de más de 150 kilómetros de longitud para contener la inmigración procedente de Turquía. Berlín y Londres plantean medidas para mitigar el denominado turismo del bienestar, aunque no hay cifras que avalen que la inmigración abusa de los servicios sociales. Y así ad infinitum.
Europa afronta presiones ligadas a los conflictos en la vecindad sur. Los socios abordan el problema desde una doble vertiente, ninguna de las dos muy exitosa. La primera, un mayor control de las fronteras. Cuando ocurren tragedias como la de Lampedusa, todos los países (especialmente Italia) miran a Frontex reclamando medidas para frenar los naufragios. Pero Frontex apenas tiene activos y se nutre básicamente de lo que aportan los Estados.
A los líderes políticos les cuesta suministrar más medios; en muchos casos porque creen que la existencia de barcos que en la práctica van a salvar vidas provoca un efecto llamada en las mafias y en los propios inmigrantes que eleva la magnitud del problema. En otros —los países nórdicos o Alemania— porque consideran que ellos ya sufren su propia presión al recibir más solicitudes de asilo.
La segunda vía es un cambio en la política migratoria del club comunitario. Bruselas pretende extender los canales legales para acceder al continente: cree que eso disuadirá a muchos de adoptar la vía desesperada de lanzarse al mar en busca de la costa europea. También porque, a largo plazo, los problemas demográficos de Europa harán que necesite trabajadores. Pero con la crisis aún cicatrizando, las capitales no quieren ni oír hablar de eso.

Friday, April 17, 2015

LA REVANCHA ESCOCESA EN LOS COMICIOS BRITANICOS

ELECCIONES EN REINO UNIDO »

Escocia decide el futuro de Reino Unido

La batalla en la periferia de Glasgow, donde una estudiante desafía a un peso pesado laborista, ilustra el auge de un nacionalismo que puede tener la llave del Gobierno

Glasgow, DIARIO EL PAIS, MADRID,   16 ABR 2015

Mhairi Black, candidata del Partido Nacionalista Escocés (SNP)

Mhairi Black tenía solo tres años cuando Douglas Alexander se convirtió en diputado en 1997. Los propios padres de ella le votaron. Hoy, él es el portavoz de Asuntos Exteriores de la oposición y estratega jefe de la campaña del Partido Laborista. Pero algo se ha interpuesto en su camino hacia los coches oficiales y las cumbres internacionales. Ese algo es Mhairi Black, hoy una estudiante de Políticas de 20 años, que disputa por el Partido Nacionalista Escocés (SNP) este escaño que se contaba entre los más seguros de los laboristas. La batalla entre el veterano laborista y la estudiante, que podría convertirse en la diputada más joven que ha tenido nunca el país, ilustra como pocas el terremoto político que está viviendo Escocia. Un fenómeno que puede decidir quién gobernará Reino Unido después de las elecciones del próximo 7 de mayo.
 
Con una estimación del voto por encima del 50%, el SNP está borrando a los laboristas del mapa político de Escocia. Hay 59 escaños escoceses en Westminster. En las elecciones de 2010 los laboristas obtuvieron 41 y los nacionalistas escoceses, seis. Hoy todas las encuestas otorgan al SNP más de 40 escaños. Los laboristas, por su parte, apenas retendrían media docena. Esto puede provocar que el laborista no sea el partido con más escaños tras las próximas elecciones y, por tanto, ayudar a que David Cameron siga en el poder. Pero a la vez puede convertir al SNP en la tercera fuerza política en el Parlamento británico y entregarle la llave para abrir la puerta del número 10 de Downing Street a Ed Miliband, precisamente el líder del partido que están haciendo desaparecer de Escocia.
 
Mhairi Black, de 20 años, puede ser la diputada más joven de Westminster
Los laboristas han descartado un Gobierno de coalición con el SNP: supondría gobernar el país con un partido cuyo objetivo último es romperlo. Pero hay más opciones que una coalición formal. Hoy por hoy, si las tendencias no cambian en la recta final de la campaña, un Gobierno laborista en minoría con apoyo del SNP parece el resultado más probable de estas elecciones, en las que los dos grandes partidos se encuentran en un empate técnico y con escaños insuficientes para formar Gobierno en solitario. Una posibilidad que David Cameron, que presentó este jueves en Glasgow el programa electoral de los tories escoceses, calificó de una “coalición del caos” que “amenaza el futuro de Reino Unido”.
 
“Si tenemos la llave del poder, bajo ninguna circunstancia apoyaremos un Gobierno tory”, reitera Angus Robertson, portavoz en el Parlamento y director de campaña del SNP. “Pero si hay una mayoría alternativa, como parece que será el caso, la apoyaremos”.
 
Mhairi Black acompaña a EL PAÍS de paseo por Paisley, el pueblo donde creció y al que quiere representar en Westminster. Territorio obrero, feudo del laborismo, que obtuvo aquí el 60% de los votos en 2010. La alarma sonó cuando una encuesta del pasado 4 de febrero daba al SNP ocho puntos de ventaja en esta circunscripción. Ese mismo día Angus Robertson anunció los últimos candidatos del SNP. Mhairi Black sería la encargada de desbancar a Douglas Alexander en Paisley. Sangre fresca del partido contra el establishment de Westminster. Al día siguiente, la madre de Black la acompañó al centro comercial a comprar el traje de chaqueta y pantalón que luce hoy y que apenas se ha quitado desde entonces.
 
Black dice tener algún vago recuerdo de la llegada de Blair al poder, en 1997. “Recuerdo a mi padre viendo la tele entusiasmado, ¡se habían ido los tories!”, cuenta. “Pero a medida que iba creciendo veía a mi padre cada vez más cabreado. Un día le pregunté: ‘¿Los laboristas no eran los buenos?’. Y me dijo: ‘En realidad, no’. El nuevo laborismo se había convertido en el viejo tory. El partido perdió su alma”.
 
En 2011, cuando el SNP obtuvo la mayoría en el Parlamento escocés y se anunció el referéndum, los Black rompieron sus antiguos lazos políticos. “Si ha habido alguna vez un momento para afiliarse a un partido, el momento es este”, le dijo el padre a Mhairi. Ella cogió el ordenador y los dos se afiliaron al SNP.
 
El SNP está borrando a los laboristas del mapa político escocés
La derrota del independentismo en el referéndum del pasado septiembre no ha hecho sino disparar la popularidad del partido perdedor, comandado ahora por Nicola Sturgeon, quien fuera delfín de Alex Salmond, que dimitió para seguir ahora su batalla desde Westminster. Ante el crecimiento del sí en la recta final de aquella campaña, los grandes partidos prometieron más devolución de poderes a Escocia y el SNP, desde entonces, ha sabido explotar el sentimiento de traición. Muchos escoceses no perdonan a los laboristas tres años de campaña codo a codo con los tories.
Por todo ello, el SNP ha cuadruplicado su número de afiliados desde el final del referéndum. Supera hoy los 100.000 miembros (más que la suma del resto de partidos en Escocia), que constituyen una poderosa máquina de hacer campaña, rodada ya en los meses previos a la consulta.
El laborista Jim Sheridan hace campaña en Ferguslie. / L. DERIMAIS
 
Así se curtió Black, haciendo campaña puerta a puerta por el sí. “Creo que lo que ha pasado en Escocia, y yo soy un ejemplo de eso, es que el referéndum ha forzado a la gente a cuestionarse las cosas”, explica Black. “Nos ha hecho abrir los ojos, mirar a la sociedad y decir: ‘Dios mío, ¿por qué nadie arregla esto?’. Empezamos a conectar los puntos entre los problemas de nuestras vidas y la política. Ha habido un despertar político en la sociedad y es básicamente entre la gente joven. Siempre nos ha desilusionado el hecho de que no importa quién esté en Westminster, porque nada cambia. En estas elecciones la independencia no está encima de la mesa. Aceptamos que Escocia ha elegido seguir siendo parte de la Unión. Nuestra labor, como partido escocés, es hacer que el sistema funcione mejor para nosotros”.
 
La derrota en el referéndum de septiembre ha dado alas al SNP
El barrio de Ferguslie parece un decorado sacado de la película El show de Truman. El candidato laborista Jim Sheridan, que ha sido diputado desde 2001, presume de que la delincuencia bajó cuando estas viviendas clónicas con pequeños jardines sustituyeron a los bloques de pisos. Las encuestas anuncian que Sheridan perderá su escaño en favor del SNP por un escaso margen, por eso hoy desafía a la lluvia llamando a las puertas de las casas. “En estas elecciones solo hay dos primeros ministros posibles: uno conservador o uno laborista. Esa es la alternativa”, explica a quien le quiera escuchar. “La gente cree que el laborismo les ha decepcionado, que le dio la espalda a la clase trabajadora y se acercó a los poderes económicos y políticos” añade. “Por eso muchos se han ido al SNP. Ed Miliband debería recuperar a esos votantes”.
 
“Los ‘tories’ son en Escocia el partido más odiado de Occidente”
Sin embargo, a Sheridan le toca hacer campaña puerta a puerta el día en que el periódico local abre a toda página con este titular: “El laborismo ha dado por perdida a Escocia”. Miliband había presentado la víspera el programa electoral del partido, que incluía más guiños a los votantes del centro que al viejo laborismo escocés, y ponía en evidencia a Jim Murphy, líder del partido en Escocia desde diciembre, que prometió que no apoyarían más recortes al norte de la frontera.
Pero en las puertas Sheridan no solo encuentra viejos votantes laboristas desencantados. También le toca explicar a la señora Humphreys, jubilada, que no tendrá que hacer las maletas y marcharse de Escocia —como anuncia que hará si su partido pacta con los independentistas— porque los laboristas han descartado una coalición de Gobierno con el SNP. El equilibrio de mensajes en las puertas escocesas se antoja tan complejo como el desenlace de las propias elecciones.
Una cosa sí parece estar clara. Escocia no quiere un Gobierno conservador. “Los tories en Escocia son el partido político grande más odiado del mundo occidental, así de claro”, explica Robertson. El objetivo, por tanto, es común. La diferencia está en cómo alcanzarlo.
 

Proyección de voto

• Hay 650 escaños en Cámara de los Comunes, por lo que harían falta 326 para una mayoría de Gobierno (algo menos, en realidad, ya que los diputados del Sinn Féin suelen no tomar posesión de sus puestos). Hay 59 escaños escoceses en Westminster.
 
• Esta es la estimación de voto para las elecciones generales del próximo 7 de mayo, según un agregador de encuestas de la BBC: Partido Conservador, 34%; Partido Laborista, un 34%; UKIP, el 14%; Partido Liberal Demócrata, un 8%; Verdes, el 6%; Otros (incluido el Partido Nacionalista Escocés, SNP en sus siglas inglesas), 4%.
 
• Esos votos se traducirían en los siguientes escaños, según la web May2015 a partir de diversas encuestas: Partido Laborista, 276 (18 más que en 2010); Partido Conservador, 268 (39 menos); SNP, 54 (48 más); Liberales demócratas, 26 (31 menos); UKIP, 3 (todos menos); Verdes, 1 (igual resultado); Otros: 22 (uno más).
 

El último laborista de Glasgow

William Bain es uno de los pocos diputados laboristas que, según las encuestas, podrían conservar su escaño después de las elecciones del 7 de mayo. Se presenta por la circunscripción del noreste de Glasgow. Se trata de la única de la ciudad, que ha sido tradicional feudo laborista, que no caería en manos del SNP.
 
Bain recibe a EL PAÍS en la oficina de su campaña, donde dos colaboradores introducen cartas personalizadas en sobres para dejar en los buzones. Uno de ellos, apunta Bain, lleva haciendo campaña por los laboristas desde 1945. “Como ve, no todos los votantes se nos van al SNP”, bromea.
Bain destaca la importancia que, en unas elecciones tan ajustadas, van a tener las contiendas locales. “Más que nunca, estas elecciones son 650 [el número de escaños de Westminster] peleas individuales y no una sola batalla nacional”, explica. “Por eso las campañas locales son muy importantes. Un buen candidato local te da un bonus de votos en la circunscripción que puede resultar definitivo. Una mujer me decía el otro día que le gustaba yo, pero también le gustaba el SNP. ¿Por quién acabará votando?”.
 
Lo que se está viviendo en Escocia, en opinión de Bain, “es un fenómeno que se ve en toda Europa”. “Es lo mismo que sucede con Podemos en España”, añade. “Nuevos partidos que atraen apoyos por su desafío a la política tradicional. Pero en las visitas a las casas también estoy detectando una sensación de que la gente no quiere despertarse el 8 de mayo con un Gobierno tory que podría haber evitado votando a los laboristas. Lo que le digo a la gente es que mire a la historia. La última vez que el segundo partido más votado formó Gobierno fue en 1923, y duró 13 meses. Es decir, para echar a Cameron tiene que haber más diputados laboristas que conservadores, y eso no se consigue votando al SNP”.
 
Recurriendo a la historia, Bain también cuestiona la creencia de que este siempre ha sido un territorio de su partido. “Hay un mito de que Escocia siempre ha sido laborista”, explica. “Pero no es así. En los últimos 100 años todos los grandes partidos, incluidos los tories, que obtenían la mitad de los votos a mediados de los años cincuenta, han tenido su periodo de gran éxito en Escocia”.