Friday, April 24, 2015

BALANCE DE UN NUEVO FORO EMPRESARIO DE LA FUNDACION LIBERTAD DE ROSARIO







Importantes personalidades del mundo intelectual y empresario se hicieron presentes este año. Algunas reflexiones al respecto:

JORGE CASTRO

- El ascenso chino es inexorable. Hoy se desacelera pero a un ritmo del 7 % anual, cuando antes lo hizo al 11 durante 15 años consecutivos. En un año, crece el equivalente al PBI de Australia o Italia. 

- Para China, hay tres naciones fundamentales, como proveedoras de agroalimentos: Estados Unidos, Brasil y Argentina.

- China es la dinámica de lo impensado. La elite del PC marxista llevando adelante la mayor economía capitalista del mundo.

LUIS ETCHEVEHERE

- Tenemos el compromiso de los tres principales candidatos opositores (Macri, Massa y Sanz), de bajar las retenciones, en distintos porcentajes y variantes, pero disminuciones al fin.

ENRIQUE SZEWACH

No hay margen para la continuidad. Caben recordar dos casos, al respecto. 1999, cuando un candidato oficialista quería el cambio (la salida de la Convertibilidad que ya estaba moribunda) y un opositor (De la Rúa), quien ganó, la continuidad, para luego, terminar haciendo todo precipitadamente, dos años más tarde. O el de Brasil de Dilma, cuando por no comunicar toda la verdad respecto al desajuste fiscal que tenía el país, durante la campaña, hoy está pagando un alto costo político, ajustando todo lo que proponía su opositor Aecio. Con un candidato oficialista ganador, puede ocurrir lo mismo en diciembre.

Siempre me preguntan a cuánto tiempo está Argentina de asemejarse a la Venezuela de hoy. Yo digo dos años.

MANUEL MORA Y ARAUJO

Argentina tiene dos grandes problemas. Uno, que el 30 o 40 % de la población, más productiva, sostiene al otro 60 % (empleados públicos y empleo informal), de bajísima productividad, con un segmento medio que no reconoce eso y con un segmento, el primero, que no tiene poder político ni representatividad política acorde a su producción de riqueza. Ese dato estructural no se observa en el resto de América Latina y eso explica, en gran medida, que Argentina sea un país en decadencia a lo largo del tiempo.

El otro problema tiene relación, no con las elecciones, sino con el día después de las elecciones. De los tres componentes que requiere la política (comunicación para ganar votos, gestión e ideas), en el actual liderazgo argentino, sobra de los  dos primeros componentes -el primero es muy importante en el actual gobierno y eso explica la gran popularidad de la Presidenta- pero escasea el tercero. Lo demuestra la interna del PRO en CABA, donde no aparecen ni se discuten ideas. 

Si la economía no entra en colapso antes de agosto, gana el oficialismo, máxime si Scioli logra imponer su candidato a Vice (tal vez Gioja). 

Wednesday, April 22, 2015

ARGENTINA Y SUS LUCES Y SOMBRAS

VIDEO DE ARGENTINA, HECHO POR UN POLACO


COLABORACIONISMO PRONAZI EN EUROPA DEL ESTE: UNA VERDAD QUE DUELE

ANÁLISIS

A vueltas con el Holocausto y los usos interesados de la historia

No hay ningún tema tan debatido como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial

, DIARIO EL PAIS, MADRID,  22 ABR 2015
 
 
 
Los historiadores lo han advertido y demostrado en diferentes ocasiones: en la amplia literatura sobre el Holocausto no hay ningún tema tan debatido –y tan sometido a falsedades y prejuicios raciales- como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial.
 
Desde la disolución de las dinastías de los Habsburgo y Hohenzollern en 1918, las viejas élites y nuevas fuerzas sociales de Europa del este demostraron, con ideas y acciones, un enérgico antibolchevismo pero, sobre todo, instigadas por los partidos fascistas, un profundo y radical antisemitismo, puesto que asociaban a los judíos con todo lo que odiaban: el bolchevismo, el viejo orden y el dominio extranjero.
 
La crisis económica de los años 30 aumentó todos esos sentimientos, pero lo que causó un cataclismo en esos países fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
 
Los hechos son bien conocidos. Hasta el inicio de la guerra en 1939, sólo unos cuantos centenares de judíos habían sido asesinados en Alemania, pese a que los nazis habían comenzado a acosar y perseguir con leyes y actos violentos a la población judía desde su llegada al poder en 1933. La matanza masiva empezó con los judíos que los alemanes capturaban en las zonas conquistadas de la Unión Soviética en el verano de 1941, y en menos de cuatro años la "solución final" segó las vidas de más de cinco millones de hombres, mujeres y niños, casi la mitad de ellos en Polonia. Los nazis causaron esa destrucción y la Segunda Guerra Mundial fue el escenario apropiado en el que se expandió esa brutalidad. Para que todo eso fuera posible, no obstante, tenía que haber mucha gente dispuesta a identificar a otros como sus enemigos o a considerar aceptable el exterminio.
 
Si se dejan de lado las opiniones de esos que defienden que el Holocausto nunca tuvo lugar, o de quienes tratan de minimizarlo con comparaciones con otras manifestaciones de genocidio provocadas por los aliados, lo que los historiadores debatieron y sacaron a la luz en primer lugar fue quién decidió proceder con esa "solución final", cuándo y por qué se hizo así, y qué es lo que se perseguía con ella.
 
Lo más significativo de las dos últimas décadas, sin embargo, es que comenzaron a aparecer investigaciones, poco conocidas hasta entonces, sobre la colaboración de la policía, de las administraciones locales y de las poblaciones de otros países invadidos por el Ejército y las fuerzas de seguridad alemanes. Aunque el número de personas implicadas y la complejidad de sus motivos impedía cualquier explicación simple, lo que quedó al descubierto fue no sólo el círculo de responsables y altos cargos nazis que organizaban las deportaciones, desde Himmler a Eichmann, pasando por Heydrich, sino también la amplia red de informantes y delatores que vieron necesario ese castigo mortal, por no mencionar a los británicos y norteamericanos que, desde el otro lado de la historia, abandonaron a los judíos. Los judíos fueron asesinados por los nazis alemanes y los fascistas de Europa del este, no por toda la población, pero ya nadie podía negar la complicidad “popular” en muchos de esos países.
 
El problema se complica cuando a esa historia ya compleja y muy debatida entre auténticos especialistas, se suman las declaraciones de políticos o de gente como James Comey, el director del FBI, con sentencias fáciles y acusatorias, muy alejadas de los análisis y narraciones que interpretan aquellos acontecimientos, el “incomprensible” Holocausto, como lo definió Arno Mayer, a la luz de las fuentes disponibles.
 
Una buena parte de la clase política en Polonia y Hungría deforman aquella historia traumática para adaptarla a sus propios fines y justificar el presente. En el caso de Polonia, ya en 1990, un libro editado por Antony Polonsky, My Brother’s Keeper?: Recent Polish Debates on the Holocaust, levantó polvareda y protestas porque incluía polémicas entre intelectuales polacos y judíos polacos sobre el antisemitismo y sobre lo que muchos polacos hicieron o dejaron de hacer durante el período de eliminación sistemática de judíos.
 
En el caso de Hungría, el largo período de gobierno autoritario y ultranacionalista del almirante Miklós Horthy, mantenido sin demasiados problemas durante sus primeros veinte años, dio un cambio radical con su decisión de meter a Hungría en la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania nazi en abril de 1941. Horthy, mediante sucesivas “Leyes Judias”, en 1938, 1939 y 1941, había ido recortando los derechos de los súbditos húngaros de religión judía y hubo matanzas de judíos en el frente ruso protagonizadas por las SS, asistidas por tropas húngaras. Pero con la invasión nazi, en marzo de 1944, de las restricciones se pasó a la persecución abierta y se metió a Hungría de lleno en la solución final.
 
Viktor Orbán y la derecha húngara hace tiempo que están empeñados en demostrar que había una tradición conservadora, rota por dos ocupaciones extranjeras de Hungría, la nazi y la soviética, protagonizadas por dos ideologías totalitarias ajenas la verdadera historia del país. Solo así se explica el fracaso del liberalismo y de la democracia, la radicalización de la política, el patriotismo de Horthy, atrapada como quedó la nación, luchando por su independencia y soberanía, entre dos terribles y violentos superpoderes totalitarios. Y fue, por supuesto, un factor externo, la ocupación nazi, el que justifica la parte de la historia más complicada de explicar para los conservadores: la persecución de los judíos, iniciada ya con Horthy, y el desarrollo fatídico de los hechos que llevó a la conquista del poder de los fascistas húngaros de la Cruz Flechada en octubre de 1944.
 
Las declaraciones interesadas sobre la historia, ampliamente difundidas y manipuladas por medios de comunicación de diferente signo, contribuyen a articular una memoria popular sobre determinados hechos del pasado, hitos de la historia, que tiene poco que ver con el estudio cuidadoso de las pruebas disponibles.
 
El Holocausto es la cara más cruel de un siglo que conoció guerras, genocidios, violencias de Estado y revolucionaria sin precedentes. Pero ese siglo presenció también, gracias entre otras cosas al impacto del Holocausto, la creación de tribunales internacionales, la persecución de criminales de guerra, la formación de comisiones de la verdad. Y muchos hombres y mujeres, especialmente en los últimos años, protegidos por el paso del tiempo, necesitados de liberar sus terribles pesadillas, se han atrevido a contarlo, a documentar sus vidas, a la vez que contribuían a documentar la de todos, a denunciar la traición y cobardía de algunas de sus patrias y ciudadanías. Esa es la cara de la esperanza, la que invita a vigilar y cuidar la frágil democracia, a recordárselo a los responsables políticos, a perseguir la intolerancia, a extraer lecciones de la historia, a educar en la libertad.
 
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza

Tuesday, April 21, 2015

UNA NUEVA FASE DEL VINCULO RUSO-ARGENTINO Y LA VISITA DE CRISTINA KIRCHNER A MOSCU


 
Pocos saben que la relación entre rusos y argentinos, a nivel estatal, se remonta al 22 de octubre de 1885, cuando aquellos eran gobernados en etapas no democráticas, la de los Zares del viejo Imperio y la denominada "Generación del Ochenta", en la república oligárquica, respectivamente. También se ignora que dicha relación, sólo fue interrumpida entre la Revolución de Octubre de 1918 y el año de asunción del peronismo, en el contexto del no reconocimiento internacional de la URSS. No se conoce tampoco que entre Perón -juzgado muchas veces, unilateralmente como "fascista"- y Stalin, existió una estrecha relación personal, que incluyó la donación de la casa-embajada argentina en Moscú; que la familia sanjuanina Bravo (bloquista y colaboradora del Proceso militar) prácticamente hegemonizó dicha embajada y que, en Argentina, existe una diáspora de más de 200.000 rusos o descendientes de rusos, sobre todo, habitantes de la ciudad de Buenos Aires y algunos lugares puntuales del interior del país, como en Misiones, Entre Ríos, Rosario y Mar del Plata, entre otras. Dentro de esa diáspora, hay numerosos descendientes de aristócratas connotados, emigrados de la época de los Zares, ya en el inicio del proceso revolucionario. Esto nos hace reflexionar de cuán cerca se sienten estos dos países, por alguna razón oculta, aunque estén en los dos extremos del mundo y con culturas aparentemente tan disímiles, aunque ambos tengan un común denominador: la prevalencia de la pasión y la emoción.

 
Para demostrar que el viaje de Cristina a Moscú, no es casual y tampoco debe ideologizarse o exagerarse en su dimensión geopolítica, la relación comercial histórica también tiene sus aditamentos especiales. Por ejemplo, nunca fue tan elevada como durante los años ochenta antes y durante la Perestroika gorbachoviana, todo ello marcado por un hito previo. En ocasión del embargo alimenticio y boicot deportivo de Occidente  a las Olimpíadas de Moscú en 1980, por la invasión de la URSS a Afganistán, el gobierno militar argentino, supuestamente anticomunista, liderado por el propio Martínez de Hoz y la Sociedad Rural, vieron la oportunidad de sortear el bloqueo y proveyeron de cereales a la URSS de Brezhnev. Obviamente, dicho desaire sería muy castigado un bienio más tarde en Malvinas, para sorpresa de los propios militares argentinos, pero el beneficio comercial en divisas y el buen recuerdo todavía hoy entre los rusos por el gran gesto argentino, compensaron aquella reprimenda. También el menemismo colaboró con envíos de aceites de una gran fábrica cordobesa, al yeltsinismo, en pleno caos postsoviético. Hoy, la balanza comercial vuelve a remontar vuelo, llegando hasta los 2.500 millones de dólares, un poco más cerca de aquellos volúmenes récord de los ochenta, pero aún hay muchas posibilidades de evolución en ascenso, porque los argentinos podemos venderles a los rusos, más carne, frutas y lácteos y ellos a nosotros, más productos industrializados además de energía y por supuesto, inversiones en petróleo, gas y centrales nucleares.
 

En materia cultural, se abre también un gran abanico de posibilidades. En turismo, seguramente, muchos argentinos viajarán a las lejanas tierras rusas, en la Copa del Mundo 2018 para ver a Messi y su Selección subcampeona y los rusos se desvivirán por los encantos de Buenos Aires, las Cataratas del Iguazú y las bodegas mendocinas. Cada vez más estudiantes universitarios intercambian entre los dos países, motivados por la curiosidad y la excentricidad de ambas culturas. El tango, la danza, el ajedrez, el citado fútbol, el tenis y hasta el boxeo, como quedó demostrado el último fin de semana, son actividades que nos relacionan de una u otra forma. El hermanamiento de algunas ciudades ya es realidad y hasta a nivel político, la Legislatura de Buenos Aires y algunas Universidades nacionales, han recibido estos años, a delegaciones rusas como cada vez más autoridades argentinas han imitado el derrotero de Alfonsín en 1986, Menem en los noventa y Cristina, ahora. La llegada de la señal televisiva RT a suelo argentino, también contribuye al "soft power" ruso y acrecentar el conocimiento mutuo de ambas culturas.
 
El vínculo entre ambos países se acrecienta y aumentará más aún con los años. Parte de nuestra dirigencia política y lo que es más preocupante, los asesores de política exterior y funcionarios de Cancillería, tienden a ideologizar equivocadamente el vínculo. Gente cercana a Massa, Macri y los radicales, el 80 % de los pocos rusólogos con los que cuenta el país además de gran parte del establishment norteamericano, tradicionalmente rusofóbico,  creen que el kirchnerismo y el putinismo, son aliados políticos estratégicos porque tienen una misma concepción del poder y del mundo, siendo autocráticos y revisionistas del poder mundial. Tienen lamentablemente, una visión apegada a la Guerra Fría y no se percatan que el mundo cambió y seguirá cambiando. Pero del otro lado, el oficialista, incluyendo a la propia Cristina, también se equivocan, como antes los militares argentinos y no pocos gobiernos, que creen que pueden usar al mundo, para sus propios intereses. En la Casa Rosada y en la Cancillería, se piensa que Argentina debe fortalecer su vínculo con Rusia, porque ésta al igual que China, pretenden revisar o reformular el orden internacional, forjando una alianza contrahegemónica que desafíe el poder norteamericano y nuestro país debe estar allí, para enojar a Obama. Putin no lo ve de la misma manera: sabe que Rusia debe priorizar su desarrollo interno y abandonar viejas nostalgias imperiales contraproducentes. En ese contexto, Argentina y toda América Latina, es percibida como socia estratégica por los factores antes citados: alimentos, energía, infraestructura y cultura, mucho más en estos momentos de tensión absurda con Occidente, a raíz del conflicto civil ucraniano, en el que Rusia no ha pretendido inmiscuirse de manera directa.

En el único punto, que tal vez haya que prestar especial cuidado y no se lo tiene en cuenta paradójicamente, lo cual no sorprende en un país como el nuestro, donde todo se discute superficialmente, es en el alcance, profundidad y consistencia de los acuerdos formulados con países como China y Rusia, muchas veces, opacos, demasiados sesgados en favor de sus intereses y no de los nuestros, con hipotecas a futuro que no se alcanzan hoy a vislumbrar, en materia de tierras, medio ambiente, defensa, etc. Pero ése no es un problema que atañe a rusos y chinos, que buscan en este mundo, su propia conveniencia, sino a nuestras dirigencias y es una exigencia que debiéramos formularles a ellas, y no a elites ajenas, antes de que sea tarde para las generaciones venideras.  
 
 

Sunday, April 19, 2015

CHANTAL MOUFFE, EL POPULISMO Y "PODEMOS"

CHANTAL MOUFFE | POLITÓLOGA BELGA »

“Hay una necesaria dimensión populista en democracia”

Referente de Podemos, defiende que el partido entiende que "la política es luchar por la hegemonía"

Madrid , DIARIO EL PAIS, MADRID, 19 ABR 2015

La filósofa belga Chantal Mouffe. / VERSO BOOKS

Chantal Mouffe (Charleroi, Bélgica, 1943) habla con gesto grave del futuro de la izquierda, de populismo y posmarxismo, la corriente que inició junto a su marido, el filósofo argentino Ernesto Laclau, fallecido hace un año. En 1985 escribió con él Hegemonía y estrategia socialista, uno de los textos que inspiraron a los fundadores de Podemos. Esta politóloga, docente en la Universidad de Westminster, es una de las principales referentes teóricas de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, con quien está a punto de publicar un libro de conversaciones (Icaria Editorial).
 
Pregunta. Sus trabajos y los de su marido han inspirado a gobernantes y formaciones políticas en las últimas décadas, de Argentina a Venezuela. ¿Quiénes les han hecho caso?
Respuesta. Donde ha habido influencia de nuestros trabajos ha sido en América Latina, de alguna manera en Grecia y ahora con Podemos. Muchos de los ministros de Alexis Tsipras han estudiado en la Universidad de Essex [donde Chantal Mouffe impartió clases]. Estuvieron en un entorno en el que la teoría del discurso estaba presente. Ernesto y yo hemos tenido contacto hace bastante tiempo con la izquierda griega. Teníamos en común el eurocomunismo y el interés por pensar a la izquierda a partir de una concepción gramsciana [vinculada a la idea de hegemonía cultural]. Me es particularmente grato ver que nuestras ideas son una referencia importante para Podemos y que hay muchos puntos de convergencia entre nuestras concepciones de la política.
 
P. Existe un debate en España sobre la definición de la izquierda y su papel. ¿Podemos es de izquierdas?
R. Por una parte, la izquierda no puede ser representada por partidos como el PSOE, el Pasok o el PS francés. Por otra parte, tampoco se puede decir que la izquierda es lo que se llama extrema izquierda, que sigue pensando con las viejas categorías. ¿Es Podemos de izquierdas o no? Me parece que no es una pregunta pertinente, porque claramente no se pueden identificar con ninguno de esos dos planteamientos. Me parece absurdo presentar a Podemos como un partido de extrema izquierda. Y después critican su programa económico por ser socialdemócrata.
P. ¿Eso demuestra que las nociones de izquierda y derecha han caducado?
R. Creo que hay que clarificar lo que se entiende por eso. Una primera versión es la que uno encuentra en Anthony Giddens, que afirma que no hay más antagonismos, que no hay más fronteras porque, como decía Tony Blair, ya somos todos clase media. Esa es la visión típica de la socialdemocracia hoy día. Cuando Podemos dice que no son ni de izquierdas ni de derechas no quieren decir que ya no hay más fronteras, sino que lo que hay que hacer es repensar las fronteras. Que la frontera tiene que establecerse de manera distinta, entre el pueblo y la casta. Lo que ha caducado es tanto el planteamiento anticapitalista ultraizquierdista como el social liberal de centroizquierda.
 
P. ¿Entonces, izquierda y derecha ya no son pertinentes en tanto categorías?
El planteamiento anticapitalista
y el social liberal de izquierda han caducado
R. No diría que hay que abandonarlas, pero sí hay que repensarlas.
 
P. ¿Y quien logra fijar estas nuevas fronteras también logra imponer su visión de la realidad?
R. No basta fijar una frontera para ganar la hegemonía. Es solamente el comienzo de la batalla, cuyo resultado va a depender de la capacidad de convencer a la mayoría de que su proyecto político es el mejor para la sociedad. De eso se trata en la lucha hegemónica. Desgraciadamente, los partidos que entienden mejor la política hegemónica en este momento son los partidos populistas de derechas. Mire el caso de Marine Le Pen. Ha entendido que la política es crear fronteras, que la política es crear identidades colectivas, y entiende el papel de las pasiones. Todo esto el populismo de derechas lo entiende y por eso tiene una ventaja en muchos países sobre la izquierda. Lo que hay que hacer es reapropiarse de ese término porque la dimensión populista es demasiado central en la política para dejarla a la derecha.
 
P. Está comparando izquierda y derecha. ¿Cuál es la diferencia entre populismo de derechas e izquierdas?
 
Uno de los problemas de la izquierda es  que tiene pánico a las pasiones
R. La manera en cómo se construye el pueblo. Marine Le Pen lo construye excluyendo a los inmigrantes. Mélenchon [líder del Front de Gauche] está tratando de construir un pueblo desde otra frontera, incluyendo a los inmigrantes. Otra gran diferencia es cómo se construye el adversario. Para Mélenchon son los representantes de las instituciones neoliberales.
 
P. Pero en Europa la idea de populismo no convence.
R. Estoy harta de que a todos los que tratan de cuestionar el consenso neoliberal y que afirman que hay alternativas se les acuse de populismo. Es la manera de impedir que se piense diferente. Hay una necesaria dimensión populista en democracia.
 
P. ¿A qué se refiere?
R. El modelo occidental de democracia liberal pluralista proviene de la unión de dos tradiciones diferentes: la tradición liberal del Estado de derecho y la defensa de la libertad individual, y la tradición democrática de igualdad y de soberanía popular. Hay que reconocer que esos valores de libertad e igualdad nunca pueden ser perfectamente reconciliados y que siempre va a dominar uno sobre el otro.
 
P. ¿Por ejemplo?
R. La historia de la democracia liberal es la historia de la lucha por la primacía entre sus dos valores constitutivos. Lo que ha pasado en las últimas décadas con el neoliberalismo es que la parte liberal ha sido tan dominante que todo lo que tiene que ver con la democracia, la igualdad y la soberanía popular, ha sido completamente eliminado. Si hablas hoy de soberanía popular te tachan de hablar en términos anacrónicos. Yo creo que eso explica la hostilidad de la izquierda europea respecto de los Gobiernos que en América del Sur han tratado de recalibrar esa relación para poner la igualdad y la soberanía popular en el puesto de mando.
 
P. ¿Y qué hace Podemos en este escenario?
R. Lo interesante de Podemos es que trata de poner en práctica una concepción de la política que no consiste en negociar entre intereses ya creados. Entienden que la política consiste en establecer fronteras, en construir voluntades colectivas y en luchar por la hegemonía.
 
P. Ha hablado antes de pasiones.
R. Sí, en política los afectos tienen un papel importante, son una de las fuerzas principales que llevan a la gente a identificarse con un proyecto y a actuar políticamente. Uno de los problemas de la izquierda es que le tiene pánico a lo que tiene que ver con movilización de las pasiones, porque piensa que únicamente la derecha hace eso. Pero las fuerzas progresistas tienen que meterse en ese terreno para movilizar las pasiones en una dirección democrática. Y esa es una cosa que Podemos está entendiendo muy bien.