Sunday, March 13, 2016

EURNEKIAN, 83 AÑOS, EL EMPRESARIO SIEMPRE VIGENTE


El patrón de los aeropuertos del sur

El argentino Eduardo Eurnekian gestiona 53 terminales en el mundo

Buenos Aires, DIARIO EL PAIS, MADRID, 


Flota de aviones de Aerolíneas Argentinas en el aeropuerto Jorge Newbery, Buenos Aires. Eduardo Eurnekian, porteño de 83 años, es dueño de la cuarta fortuna de Argentina, unos 2.200 millones de dólares, según la revista Forbes. De familia armenia, sus padres instalaron una fábrica textil en el país sudamericano, pero la crisis económica tras la última dictadura militar (1976-1983) la llevó a la quiebra. Eduardo Eurnekian apostó después por la incipiente industria de la televisión por cable, que se expandió en Argentina a un ritmo acelerado respecto de otros países latinoamericanos y algunos desarrollados. Entre 1994 y 1997, vendió su participación en su empresa, Cablevisión, y a partir de entonces construyó su grupo actual, Corporación América, basado en cuatro divisiones principales: aeropuertos, agroindustrial, nanotecnológica y energética.

Eurnekian, dueño del 90% del grupo, pretende sacar a la Bolsa de Nueva Yorkeste año esas cuatro unidades de negocio, incluida aquella que controla la mayor cantidad de aeropuertos del mundo, aunque están lejos de ser los que más tráfico mueven. “Estos son cuatro campos en los que uno fue probando para seguir la evolución del mundo de los negocios. Por ejemplo, era interesante entrar en los aeropuertos en la década del 90 porque la apetencia ahora por ese sector es cada vez mayor. Me interesa la biotecnología para mejorar la calidad productiva de la agricultura y los animales. Vos ‘tenés’ que ir olfateando cuáles van a ser los grandes desafíos del futuro”, expone Eurnekian en sus oficinas en Buenos Aires.
La Corporación América facturó en 2015 unos 2.800 millones de dólares en 11 países, tanto latinoamericanos como europeos. Cuenta con 13.000 empleados, de los cuales 5.200 están en Argentina. Gran parte del negocio, unos 1.800 millones de ventas, proviene de los 53 aeropuertos que Eurnekian tiene en el mundo, la mayoría en Argentina, pero también en Brasil (incluido el de Brasilia), Uruguay, Ecuador, Armenia, Italia y Perú.

Concesiones dudosas

En 1998, Eurnekian ganó la concesión que el entonces Gobierno de Carlos Menem le dio de 35 aeropuertos, incluidos los dos de Buenos Aires, por el que circula el 90% del tráfico aéreo nacional. Cinco años más tarde, el expresidente Néstor Kirchner le reclamó una deuda que le debía al Estado por la concesión. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, según sus siglas en ingles) llegó a pedir al Gobierno argentino que rescindiera el contrato porque la empresa Aeropuertos Argentina 2000 cobraba las tasas más altas del mundo a las líneas aéreas pese a que “sus sistemas de equipajes e informático eran piezas de museo”. Kirchner renegoció en 2007 la gestión de los aeropuertos con un acuerdo que implicó, según diputados opositores, una condonación de parte de esa deuda. El convenio también derivó en inversiones para ampliar y modernizar los aeropuertos y una reducción de la tarifa que cobraban a las líneas aéreas.
La división agroindustrial abarca 100.000 hectáreas en Argentina, incluidas las de la Bodega del Fin del Mundo (con 870 hectáreas) y las dedicadas a 20.000 cabezas de ganado. La de energía comprende desde una gran planta de biodiésel en Argentina y parques eólicos en Uruguay hasta una petrolera presente en diversos países latinoamericanos, Compañía General de Combustible (CGC). La división nanotecnológica produce semiconductores y otros productos en Argentina y Brasil. Además, Eurnekian tiene en Armenia de un banco y la concesión del correo oficial y en Argentina gestiona 1.200 kilómetros de carreteras, incluida la que une Buenos Aires con Mar del Plata.
El secreto de Eurnekian para elegir en qué negocio invertir radica, “primero, en estar informado”, según reconoce. Pone como ejemplo la evolución del precio del petróleo. En su opinión, resultaba “obvio” que el crudo se abarataría como lo hizo después de la fuerte inversión que EE UU hizo en los hidrocarburos de esquisto. “A mí nunca me obnubiló el shale (esquisto) en Argentina, pese a que tenemos los segundos recursos del mundo. Eso será para el futuro, pero hoy tenemos mucho petróleo convencional a precios razonables. No creo haberme equivocado. Para el shale se necesitan ingentes inversiones. Por eso no tenemos nada en Vaca Muerta [principal formación de esquisto de Argentina, situada en la Patagonia], ahí solo tenemos la bodega”, bromea.
A la actividad agroindustrial, este empresario octogenario la llama “geriátrica”, pero espera conseguir una renta por la “biogenética y la mejora de las semillas para plantarlas en condiciones más adversas”, pero también por la infraestructura. “De nada me sirve tener una Pampa húmeda que se extiende 1.500 kilómetros al norte y otros 1.500 al sur si tengo un sistema de transporte ineficiente. Entonces estos productos van de la mano de una importante inversión logística. Hay que modernizar una red ferroviaria extraordinaria que se hizo hace más de 100 años, pero que ha quedado obsoleta”, afirma.

Thursday, February 25, 2016

OTRA SANTIAGO DEL ESTERO



Tras cuarenta años de ausencia, vi otra Santiago del Estero. La de enero de 1978, era mayoritariamente árida, con montes por doquier, con una capital monótona, con casas bajas, con ciudades como Termas de Río Hondo y La Banda, languidecientes. La que vi este verano, es muy diferente. 

Con una geografía mucho más verde, con rutas en buen estado, ciudades mucho más activas y una capital más moderna que San Fernando del Valle de Catamarca, San Miguel de Tucumán o San Salvador de Jujuy, que sí parecen detenidas en el tiempo. Ahora Santiago del Estero exhibe hoteles de categoría, edificios altos, supermercados, parques, una circunvalación que aunque carezca de estaciones de servicio, le dan otra fisonomía a la ciudad. Por supuesto, no faltan los casinos y tragamonedas, como en todo el norte argentino, donde los empleados públicos se gastan buena parte de su dinero del mes.

El costo de esta transformación no fue gratuita. Santiago del Estero, derribó el Imperio de la familia Juárez, el viejo caudillo peronista ortodoxo que apoyó a Menem, en el contexto de cuarenta años de hegemonía política justicialista, para catapultar al poder, a la familia Zamora, de cuño radical, primero con Gerardo (intendente de la capital desde 1999 hasta 2005 y luego, gobernador hasta 2013) y luego con su esposa, Claudia Ledesma Abdala, actual gobernadora, electa con el 65 % de los votos. Radicales, luego kirchneristas transversalizados y hoy, colaborativos con el macrismo, los Zamora son grandes protagonistas de la transformación de Santiago, logrando todo tipo de privilegios y recursos fiscales nacionales por parte de los Kirchner, como por ejemplo, la construcción del autódromo de Termas de Río Hondo, una obra faraónica que se usa para disputar en abril de cada año, el GP Mundial de Motos pero también, paradójicamente, para quienes se precian ser progresistas y custodios del medio ambiente, favorecieron el gran desmonte de la Provincia, hoy devenida en sojera, con todo el desequilibrio ecológico que eso conlleva. 

Véase atentamente: http://www.agroruralsistemas.com/noticias/noticia/14185/

Wednesday, February 24, 2016

RECORRIENDO EL PERU EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI

Conocí Lima en noviembre de 2013 y volví a recorrerla junto al sur peruano, este verano de 2016. En ambas ocasiones, me sorprendió gratamente el grado de avance económico y social que logró el país, con una trayectoria que si bien, salvando las distancias, es diferente a la de otrora enemigo, Chile, intentó imitar la consecución de sus pilares básicos y algunos de sus resultados.






En efecto, la sociedad peruana, también pragmática, a su manera, demostró una vez que le encantan los escritores y la literatura, pero no los vota. En 1990, una vez que se había iniciado la transición democrático-capitalista chilena, tras su exitosa embestida contra la nacionalización bancaria emprendida por el entonces Presidente Alan García –casado con una cordobesa de apellido Cafferata Norés- del antiimperialista partido APRA, el célebre Mario Vargas Llosa pasó a liderar el Movimiento FREDEMO y encabezaba las encuestas presidenciales, contra los partidos tradicionales. Ganó la primera vuelta donde terminó enfrentando a otro “outsider” sorpresivo, el ingeniero rural, el japonés “Chino” Fujimori, quien en un increíble e inexplicable giro del destino, le terminó arrebatando la Presidencia al escritor. Así como hay un Chile, antes y después de Pinochet, aunque hoy ya esa figura cobra enorme lejanía, ese hecho del resultado de los comicios presidenciales de 1990 en Perú, marcó a fuego la historia política del país “hermano” de los últimos 26 años.

La evolución posterior es conocida. Fujimori se apropió de las banderas y el programa de su contrincante, aunque con su estilo tecnocrático y autoritario. Inauguró una década parecida a la menemista en Argentina, pero mucho más eficaz. Transformó Perú, trayendo inversiones extranjeras, sobre todo, chilenas, cambió su estructura comercial, invirtió fuertemente en infraestructura y hasta alteró la ecuación de todo el sistema político. El fujimorismo trajo a la arena, nuevos líderes, la mayoría, técnicos, advenedizos, “outsiders” como él: su propia hija Keiko; Andrade, quien fuera alcalde de Lima; el indígena formado en Harvard, Toledo; Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien dejó de ser el académico formado y forjado por Mariano Grondona en Harvard para instalarse en Perú e introducirse de lleno en el mundo farragoso de la política; Lourdes Flores; el propio Ollanta Humala, un militar que intentaría emular inicialmente al venezolano Hugo Chávez.

Varios de ellos junto a Alan García –por tercera vez-, competirán por el cetro presidencial en abril de este año, con resultado incierto, aunque Keiko Fujimori va primera en las encuestas. Acuña, otro “outsider” del siglo XXI, quien iba muy posicionado, acaba de ser defenestrado, luego de comprobarse que plagió el 99 % de su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid y otros candidatos como Guzmán y Reggiardo, parecen tomar la posta pero no creo que lleguen a la meta final. Con Ollanta sin delfines, Keiko disputará la final contra PPK, García o Toledo y Perú tal vez, tenga su primera Presidenta mujer, como Chile y Argentina antes.



Pero detrás de esa Perú política, pude visualizar un país más moderno que antaño, aunque con un agudo contraste entre Lima y el interior. En la capital de 7 millones de habitantes, conviven el centro antiguo y barrios pobres como Los Cerrillos, Surco y Surquillo junto a otros que podrían ser propios de Miami: Miraflores (algo parecido a la chilena Las Condes); San Isidro (centro financiero); la intelectual progresista Barranco (la Bella Vista chilena).




No obstante sus semejanzas con el caso chileno, no pueden ocultarse las diferencias históricas. Mientras Santiago fue la capital de una megaguarnición militar, como la Capitanía General de Chile, que no oculta hasta el día de hoy, ese pasado castrense, verticalista y jerárquico, Lima fue la capital de dos Imperios: el incaico, del cual hay signos, símbolos e indicios a lo largo de todo el territorio nacional pero también del boliviano y el norte argentino y, el español. En tal sentido, Lima fue el último reducto hispánico en caer, tras la epopeya sanmartiniana y bolivariana. Como tal, muestra ese carácter señorial y semiaristocrático del cual Santiago, abrumadoramente austera, carece.

Así como los chilenos parecen norteamericanos impostados, los peruanos evidentemente, se hallan chilenizados en sus consumos y hábitos urbanos, aunque muestren un inequívoco sello propio. Retirada Santa Isabel, subsiste Unimarc y se ha sumado el socio de Cencosud, los Hermanos Wong, que junto a Vivanda, Metro y Plaza Vea, constituyen los pilares de la cadena comercial alimenticia de Perú. Ingresar a un Supermercado Wong, aun con sus precios nada baratos, es una delicia. Se trata de acceder a una enorme variedad de productos, muchísimos importados, de los más recónditos lugares del planeta, con una hermosa presentación, incluyendo la gran gama de comidas preparadas. Los peruanos, al igual que los chilenos antes, pero hoy superándolos, exhiben en sus góndolas, frutas industrializadas, en jugos, licuados, mermeladas, incluso, trayéndolas de Estados Unidos.

Como contraste, es una pena recordar cómo en esa misma Argentina de enero, los productores de frutas del sur, tiraban las mismas a la ruta, en señal de protesta por los precios que les pagan las cadenas de supermercados. De un lado de la cordillera, el nuestro, la queja y la insatisfacción paralizante. Del otro, se cultiva hasta en las montañas y se industrializa en verdaderos fundos fortificados, con marcas claras y escalas apropiadas. Perú y Chile son dos ejemplos de capitalismo sustentado en empresas de gran volumen donde todo el mundo es empleado. Argentina quiso inventar otro modelo estructural, donde la clase media quiere ser dueña de Pymes, sin escala  ni dimensión empresaria. Así nos va y así les va a ellos.



El resultado es que mientras en un supermercado peruano Wong, uno puede ver el mundo entero, también podemos comprobar tristemente la escasa presencia argentina: yerba Taragûí, alfajores Havanna, leche Sancor y las heladoras exhibidoras Arneg. Nada más. Ni siquiera innovamos con el dulce de leche. Los peruanos venden su manjar blanco y los chilenos, su manjar "a secas".

Respecto a las estaciones de servicio, además de subrayar el menor precio de la nafta en dólares que en Argentina, lo cual es bastante llamativo, considerando Perú no se autoabastece de crudo, se destacan marcas como Petroperú, Primax, Pecsa, la española Repsol, etc., las que, a diferencia del caso chileno, son administradas por familias como si fueran Pymes, propietarias de las franquicias de aquéllas.

Aun con sus virtudes, este Perú que vive, por razones de ahorro energético, dos horas adelantadas, respecto a argentinos y chilenos, ofrece claroscuros. Por ejemplo, resulta clara la diferencia entre el Perú la costa (Lima, Chincha, Ica, Ilo, Mollendo) versus el Perú de la sierra (Arequipa, Nazca, Tacna –zona libre de impuestos-). Hay una naciente clase media, más fácilmente palpable en los barrios altos de Lima, usando autos importados 0 km de 10000 a 12000 dólares y accediendo a créditos para la vivienda propia, pero también otra parte de la sociedad peruana, con sueldos magros en soles peruanos, que vive de la chicha morada y la salchipapa en las esquinas.







La infraestructura vial peruana también me llamó la atención al igual que en el caso chileno. Hay una única ruta vertebrando toda la costa de norte a sur, pero la misma bordea el difícil litoral costero, con peligros de derrumbes rocosos, pero también arenamientos y por supuesto, con precipicios de gran altura sobre el mar. En un suelo acosado por eventuales sismos, es admirable la ingeniería vial permanente, también contrastando con el caso argentino, mal ejemplo en materia de inversión física-caminera, sobre llanura.






Un espectáculo aparte y diferente, el único lugar donde se respira capitalismo popular a la vieja usanza, al estilo del descrito por Hernando de Soto a fines de los ochenta, en “El Otro Sendero”, es el de las mototaxis, verdaderos transportes humanos, al estilo de las ciudades de la India. Mucha competencia, con bocinazos permanentes, circulando en contramano, desesperación por conseguir uno o más clientes, provocando un verdadero caos vehicular. Abundan en el interior y en las barriadas pobres de Lima, no así, en las más pudientes, donde están prohibidas.


En términos de medios de comunicación, la mayoría de los diarios es sensacionalista, exponiendo romances entre “botineras” y jugadores o chismes de la política. La mayoría de las radios FM son románticas, apelando a nombres como “Felicidad”, “Corazón”, “La Inolvidable” – romanticismo a la antigua, con el brasileño Roberto Carlos, el italiano Nicola Di Bari y el argentino Leonardo Favio, liderando las canciones- y “Oxígeno”, la única donde se presenta música hip hop.  No hay periodistas estrella y el “Lanata” peruano está en Miami: es polémico y se llama Jaime Bayly.




Párrafo final para mi sorpresa respecto a la corrupción policial peruana. Si bien es por todos conocido, que las policías latinoamericanas, excepto la chilena de Carabineros, se caracteriza por diferentes grados de opacidad conductual, finalmente tendremos que confirmar lo ya dicho por no pocos sitios de Internet, respecto a que sobre todo, en los viajes de regreso, donde aparecen todos los controles camineros que no existen en los de ida, tanto chilenos, por razones obvias, como los pocos argentinos que nos aventuramos a viajar en auto, tenemos que sufrir, exigencias insólitas en materia de licencia de conductor, seguros contra accidentes, maniobras supuestamente ilegales, aduciendo la superioridad de normas locales por encima de las nacionales y sobre todo, las internacionales de la región, incluyendo la amenaza de la retención del vehículo. Una vez que se comprueba la futilidad de tales exigencias, viene el correspondiente pedido de soborno o vulgarmente, "coima"



CHILE, 27 AÑOS DESPUES

Viajé a nuestro país “hermano” en los años 1989, 1991, 1992, 1995 -viviendo allí todo ese año-, 2003, 2009, 2012 y ahora, 2016. Fui testigo de la evolución de la sociedad chilena, a través de los sucesivos gobiernos, desde el final de la dictadura pinochetista (1973-1989), hoy mínimamente discutida, con sus claroscuros, pero con un innegable efecto transformador posterior. Toda la agenda democrática de los últimos 26 años, giró en torno al impacto y al legado de esa misma dictadura. Precisamente, uno de los últimos temas de debate que dividió a la sociedad chilena, fue la introducción de la gratuidad en la enseñanza, reforma que cuestionó uno de los pilares de aquella herencia del régimen que derrocó al gobierno de la UP de Salvador Allende Gossens.


Como en las ocasiones anteriores, vi un país que sigue cambiando, viviendo una modernización sin pausas. Aun habiendo atravesado gobiernos diferentes, dentro de la misma Concertación triunfante en el `89 o la misma derecha democrática de Piñera hace algunos años atrás, Chile no detuvo su marcha ascendente. 

Recorriendo el norte del país, se ven sus nuevas autopistas con sus carísimos peajes (entre 3 y 5 dólares), como por ejemplo, la Ruta 5 Norte; las rutas de acceso a las ciudades como la cuesta de Hospicio, en plena montaña, en el ingreso a Iquique; los puertos, como el de Tocopilla, principal vía de salida del cobre de la gran mina de Chuquicamata, la pujanza de Iquique, como centro comercial y portuario, aunque tal vez ya no con su Zona Franca, hoy en declive; el crecimiento de La Serena-Coquimbo, la aparición importante de Calama, etc.

 

 

A esta nueva infraestructura logística y vial, se suma el parque de transporte automotor, basado en camiones modernos, importados, veloces pero también la cadena comercial, sustentada en supermercados nuevos como Tottus y Líder, que se suman a las más tradicionales y pujantes como Jumbo, Santa Isabel, Unimarc, más numerosos malls en muchas ciudades. Hasta las estaciones de servicio o "bombas de bencina", como se les llaman allá, aparecen automatizadas, sin personal a cargo, excepto quienes cobran en sus cabinas. La Copec tiene en algunos puntos de la Ruta 5 Norte, playas muy modernas -como puede observarse en las fotos de Hijuelas-, con jardines y accesos a baños y duchas, toda una novedad en un país, donde el acceso al agua potable fue históricamente dificultoso.






Chile hoy exhibe una clase media pujante, que ahorra pero también consume a crédito, posee sus autos importados (japoneses, coreanos y norteamericanos), a los que cambia cada dos o tres años, es protagonista de un "boom" inmobiliario, fácilmente palpable por la gran cantidad de edificios sobre la costa de las Cuarta y Quinta Región y lo que pudimos comprobar en los gigantescos malls. Atrás va quedando el consumo popular del mote con huesillos y la sopaipilla en las esquinas del centro de las grandes ciudades. 




Demográficamente, en los shoppings se muestran familias jóvenes con niños pero también como nunca antes, migrantes bolivianos y peruanos, que trabajan en las ferias de consumo y las estaciones de servicio. Llamativamente, no vimos chinos como sí los hay en los supermercados de Argentina.

Esta es la foto de la Chile 2016 que aprecié en enero: detrás de la institucionalidad y estabilidad tan ponderada de tal país, vi una nación donde se cobra hasta la respiración, seguramente por sus antecedentes de que todo tiene un costo y vale la pena erogarlo; donde se cuestiona a los argentinos por avaros cuando en realidad lo son ellos; no se discuten aunque sólo parcial y muy gradualmente, los pilares del modelo impuesto en 1973 y por último, sobresale el apego a la burocracia y las reglas escritas, con una obediencia colectiva que más bien parece, simulada y no sincera.