Friday, October 31, 2014

EL RANKING DE LOS PAISES APTOS PARA EMPRENDEDORES

Singapur y Colombia, los mejores países para hacer negocios

Los asiáticos despuntan; la mitad de los latinoamericanos mejoran el entorno empresarial


La mala noticia primero: el mejor país del mundo para montar un negocio no está en América, sino en Asia. Es Singapur. La buena noticia: en la mitad de los países de Latinoamérica han mejorado las condiciones para hacer negocios. Es una buena nueva para miles de empresarios y ciudadanos de a pie, que han soñado alguna vez con montar su propio negocio o con expandir su empresa solo para encontrar trabas con las regulaciones, la burocracia o el papeleo excesivo.
En América Latina, este último problema es cada vez menos común. Por lo menos en 16 de las 32 economías de la región que en el último año han llevado a cabo reformas que facilitan la manera de hacer negocios, según la edición 2015 del informe Doing Business tituladoMás allá de la eficiencia.
El listado lo encabeza Colombia, el país que tiene el mejor ambiente para hacer negocios en toda Latinoamérica. Desde 2005, Bogotá ha llevado a cabo 29 reformas regulatorias, tales como facilitar la transferencia de propiedades o mejorar el acceso a créditos que garantiza las operaciones, reduciendo los tiempos y eliminando obstáculos a los empresarios locales. Colombia ocupa el puesto 34 de la clasificación de 189 economías de todo el mundo.
Perú le sigue de muy de cerca, en el puesto 35, y México en el 39, entre las economías más grandes de la región con más avances en su regulación, de acuerdo al informe, que elaboran el Banco Mundial y su brazo para el sector privado, la Corporación Financiera Internacional (IFC). Por ejemplo, hace 10 años a los empresarios peruanos les llevaba 33 días registrar una venta de una propiedad. Hoy día ese plazo se ha reducido a 6,5 días. Tal vez siga pareciendo mucho tiempo, pero este periodo está por debajo de Estados Unidos (15 días).
“Algunas economías latinoamericanas han estado mejorando su ambiente de negocios durante casi una década, equiparando en muchos casos el nivel de los mejores en el mundo”, ha asegurado Augusto Lopez-Claros, director del Grupo de Indicadores Globales del Banco Mundial.

Mejorar la competitividad

Uno de los aspectos más complicados a la hora de hacer negocios es el acceso a los créditos. Las trabas legales pueden hacer que una excelente idea de negocio  quede en eso, una idea, si no se cuenta con el marco legal que facilite a las empresas el dinero para invertir y desarrollarse. México es un claro ejemplo de avance. En el último año, el país modificó su legislación sobre insolvencia al facilitar plazos para la reorganización, aclarar ciertas reglas y permitir la presentación de documentos en forma electrónica.
“Acelerar y expandir los procesos de hacer negocios ayudaría a cerrar la brecha con los países que mejor lo hacen a nivel mundial y a la vez impulsar la competitividad”, agregó López-Claros. La competitividad es clave para América Latina, que si bien es una región muy activa a la hora de emprender negocios, aún carece de habilidades para la innovación que la coloquen a la par de los países avanzados, según un reciente informe sobre el tema.
Otro país que se ha beneficiado en la reforma para acceder a créditos es Panamá, la economía de mayor crecimiento en la última década en Latinoamérica. El país centroamericano aprobó una ley que amplía la gama de activos que se pueden usar de garantía al pedir un préstamo, y permite la ejecución extrajudicial de las garantías.
En el istmo, el país con mejor nota según el Doing Business 2015 es, sin embargo, Guatemala, que facilitó la apertura de empresas al eliminar ciertas tarifas de registro y reducir el tiempo para publicar el aviso de su creación. Igualmente, simplificó el pago de impuestos y abarató el coste para las empresas al mejorar el sistema electrónico para rellenar y pagar el impuesto de sociedades y el IVA, y al reducir las tasas sobre las ganancias de capital. Esto ha permitido a las empresas ahorrar hasta 60 horas al año en trámites.
En el Caribe, Trinidad y Tobago y Jamaica resaltaron como las economías que introdujeron más reformas para facilitar la constitución de negocios. En el otro lado del espectro, en algunos países como Argentina, Venezuela y Bolivia, las condiciones para crear negocios no mejoraron.

Cambios en 'Doing Business'

Por primera vez, el Doing Business de este año recopiló información de una segunda ciudad en las 11 economías con más de 100 millones de habitantes. En Brasil, por ejemplo, analizó las regulaciones de negocios en San Pablo y Río de Janeiro, y en México, se tomaron en cuenta las mejoras de Ciudad de México y Monterrey. Asimismo, amplió los datos de tres de los 10 tópicos que analiza y para el próximo informe lo hará en cinco temas más.
A partir de esta edición, el Doing Business también cambió la metodología para calcular su clasificación. A diferencia del pasado, ahora la medición muestra cuán cerca está cada economía a las mejores prácticas globales en materia de regulación empresarial. Es decir, un puntaje más alto indica un ambiente de negocios más eficiente e instituciones legales más sólidas.
Bajo esta nueva metodología, el país con mejor calificación a nivel mundial fue Singapur, al que acompañan Nueva Zelanda, Hong Kong, Dinamarca, Corea del Sur, Noruega, Estados Unidos, Reino Unido, Finlandia y Australia como las 10 economías con mejor ambiente de negocios.
*María José González Rivas es productora online del Banco Mundial

Obama & Putin Breakfast - No comment

Thursday, October 30, 2014

THE REASONS OF RUSSIA TO CHANGE THE WORLD ORDER

Why Russia wants a change to the contemporary world order

BY IVAN TIMOFEEV
RUSSIA DIRECT, OCTOBER 30, 2014
If we are truly witnessing another shake-up of the world order, what should be Russia’s strategy for guaranteeing its security and access to global resources in a new multipolar world?
What are Russia's interests in a multipolar world? Photo: Shutterstock / Legion Media
The crisis in relations between Russia and the West, the advance of ISIS, and the arms race in the Asia-Pacific region all point to a potential shake-up of the world order. Shake-ups of this kind tend to be of a catastrophic nature – a gradual change in some critical area is suddenly accelerated, triggering a cascade.
Politicians, experts, and decision-makers repeat the mantra of nonlinearity, whereby a butterfly flapping its wings can cause a tsunami on the other side of the world. But their outlook continues to be linear and inertial, regardless. As a result, catastrophes are just that: wholesale, precipitate, destructive events. Nonlinearity has become a cliché, yet few have ever taken the time to ponder the nature of it.
Nonlinearity implies an asymmetric relationship between an outcome and the resources spent on achieving it. In some cases, the effect can be potent, the result poor. In others, even minor factors can produce disastrous consequences. In politics and many other social processes, such asymmetry is determined by resource constraints, since any political process unfolds within limited resource niches, ranging from personnel to finance and technology.
Applying the “predator-prey” model to the system of international relations
The “predator-prey” model is a textbook example of a nonlinear process. There are foxes and rabbits. As long as the rabbit population is large, little effort is required by the foxes to catch them. Neither do they have to compete with each other for prey, since there is plenty. The rabbit population is a resource niche (prey) for the foxes. But there comes a moment when there are too many foxes, and the rabbits’ rate of reproduction fails to keep pace with that of the foxes. Now the foxes have to exert much greater effort to catch their prey. And the result of these efforts is far more modest than before. The reduction in resources leads to competition for prey among the foxes themselves.
Sooner or later, the natural order of predator-prey relations passes a tipping point: either the foxes find new victims (i.e. expand their resource niche) or they kill each other until their dwindling numbers allow the rabbit population to recover. This also addresses the problem of resource constraints, although for the foxes it is more violent and destructive. Moreover, the bloodletting is multiplied by a delay factor inherent in any social or ecological system, whereby the realization that the resources have been replenished, and thus the killing can stop, does not come immediately. In other words, the delay severely exacerbates the competition for resources and its destructive consequences.
This, too, is a manifestation of nonlinearity within a limited resource niche. The scenario can be taken to the extreme: The foxes perish as a result of the resource competition or they destroy all the rabbits. One way or the other, the choice is to find new prey (resource niche) or die of starvation.
In the language of politics, the reduction of resources intensifies the competition for them and leads to a destabilization of the existing order. This destabilization produces qualitative changes (bifurcations) as a result of which either new resource niches appear or competitors are eliminated from the game and their resources are distributed to the winners. Incidentally, the “predator-prey” model is widely used in science to model political and social processes: for example, the relationships between the state and taxpayers, the mafia and business, firms and customers, etc.
International processes are also nonlinear. They clearly develop under resource constraints, and governments endeavor to secure a slice of the pie. This being the case, the resources inevitably decline. And the more the deficit is felt, the more rapidly the world order changes. It can even be said that resource depletion pushes the system of international relations towards anarchy, while resource sufficiency allows a particular order to be built in an atmosphere of cooperation.
There are two solutions for governments to the problem of a deficit: either introduce new technologies to expand the resource niche, or reduce the number of contenders to the existing resource niche. The second solution, in any event, is tactical, since it fails to address the fundamental problem of the limits of growth. Inevitably, the intensity of competition will necessitate a search for new resources. Such process is generally accompanied by a radical shift in the world order. It is clear that governments are unlikely to forgo their share of resources voluntarily, or surrender their position in the world order for the sake of a “bright future.” Therefore, the change is typically characterized by major global shocks – wars, revolutions, failed states and new ones in their place.
Dynamics of the contemporary world order
The Russian International Affairs Council (RIAC) recently prepared a report on the dynamics of the contemporary world order. A feature of the report was the use of nonlinear mathematical models to analyze the dynamics of the parameters of power and the development of modern states.
The report seems to paint a paradoxical picture of the present world order. On the one hand, we observe quite stable dynamics in terms of socio-economic development. In other words, there is yet no shortage of hard resources requiring the conduct of large-scale conflicts and the rearrangement of the existing order by force.
On the other, the world is home to a number of powerful nations whose political relations and security policies could, of their own accord, capsize the world order. Russia is one of these great powers, yet its position in the group looks vulnerable. The conversion of its large political resources into development is bounded. The country’s global weight is highly contingent on its ability to solve internal social and economic problems. In other words, Russia’s success in the international arena does not guarantee its socio-economic development.
The Ukrainian crisis illustrates the situation. Russia took a tough stance, acting ahead of the curve, asserting itself as a world power with a view to be reckoned with. It is now clear that Russia is unlikely to deviate from its chosen course. However, its opponents will respond less by political means, but rather try to limit Russia's access to global sources of growth and development. The pressure will be powerful and concerted, and Russia lacks reliable playing partners. Restricted access to the resources of globalization is the penalty for a tough foreign policy. In the present circumstances, Russia will not be able to assert its political ambitions and still maintain the same level of access to global sources of development.
In this situation, two inauspicious scenarios present themselves.
The first involves a tough confrontation with the West, more consolidated pressure on Russia in the fields of security and economics, marginalization to the world periphery, and severance from financial, technological, and other sources of growth. In this scenario, Russia will find it extremely difficult to survive.
The second entails significant concessions to the West. This is also negative, because in this instance, Russia’s return to the global world would be far more costly. Moreover, the concessions, whatever they may be, are no guarantee that Russia would not be squeezed into a corner or that it would be able to surmount its existing development problems. The bottom line is that both scenarios would deepen Russia’s backwardness and cause serious damage. The world order would be maintained, but without Russia in its accustomed role.
What are Russia’s options?
Russian President Vladimir Putin (right) and Russian Defense Minister Sergei Shoigu. Photo: AP / RIA Novosti
Naturally, any such scenario is totally unacceptable to Moscow. Hence, Russia is eyeing a possible change in the existing world order. As matters stand, it would suit Russia to realign the world order in such a way as to limit foreign adversaries’ ability to cut it off from the sources of growth. Therein lies the essence of Russian interests in a multipolar world. Multipolarity is the presence of several sources of growth and development, not simply the coexistence of several great powers.
It is evident that Russia is hardly likely to be able to build a world order all on its own. Unlike the Soviet Union, it does not even have a project to propose to other countries. Meanwhile, competition between world order projects is bound to play a part in the future of international relations. Some projects are already familiar, such as the Western liberal approach, involving the preservation and development of the existing model of globalization. Russia’s project will appeal to the costs and excesses of the Western model, and the problems of inequality and resource allocation. It is essentially a “leftist” project, regardless of what name is assigned to it. With the collapse of the Soviet Union, Russia voluntarily relinquished leadership of this project. It cannot reassume it due to a lack of resources and the country’s decisive split from leftist ideas.
So who will lead the global leftist project? The answer is obvious: China.
So far, China has exuded a marked sense of caution and restraint in foreign policy, and has explicitly avoided asserting its global ambitions. But a latent process is underway, and China will one day announce its designs for a new world order. An interesting picture may well soon emerge. Communist China is adapting a number of elements in the economics of capitalism and the tools of democracy  tools, mind you, not principles (the smooth, predictable handover of supreme power combined with flexible regional government).
But internationally it could assert itself in terms of leftist principles  so as to address the problems of marginalization, inequality, distribution of resources, etc. The project will dovetail with Beijing’s official ideology, facilitating its consolidation and legitimization through foreign policy.
The question centers on whether China will, in the foreseeable future, continue to adapt under the Western model or begin to align its own world order. If the confrontation between Russia and the West goes too far, the second option will favor Russia. In such an event, it can try to fit into the Chinese model. But equal status will not be in the cards.
Finally, the last alternative is for Russia to try to keep an independent role in multiple playing fields  not to over-aggravate the confrontation with the West, while avoiding dependence in relations with China, and to stay maneuverable, while solving the problems of its own development. It is essentially a conservative foreign policy model with the same reliance on common sense, pragmatism, and reliance on its own potential. But given Russia’s limited resources and the challenges it faces, it is diplomacy, not military force, which should be the key instrument of foreign policy.
Moscow needs a world order in which none of the players is able to monopolize global sources of growth and cut Russia off from them if political differences arise. Multipolarity is acquiring a conceptually new meaning. Once understood as the coexistence of great powers, it now supposes the presence of several alternative sources of growth and development. One of which, of course, is Russia itself.

ELECCIONES DEL CONGRESO EN USA: GRAN CAMBIO EN KANSAS?

El bastión republicano de Kansas se tambalea en el Senado de EE UU

Los sondeos dan la victoria al independiente Greg Orman en las legislativas

 Wichita DIARIO EL PAIS, MADRID29 OCT 2014 - 18:13 CET

Algo se mueve en Kansas y no en la dirección deseada por los republicanos, quienes parecen avanzar en las elecciones legislativas del próximo martes con fuerte viento a favor en todo el país excepto en este Estado del medio oeste. De que Kansas vota al partido de Lincoln no cabe duda. Mitt Romney barrió aquí en 2012 por 20 puntos, en este bastión republicano que ha ganado todos y cada uno de los escaños del Senado desde la Administración de Franklin D. Roosevelt –que comenzó mandato allá por 1933.
Con este último dato en la mente y más votaciones de las que gusta recordar, Julia Ketzner, 74, asegura que, “con todo el dolor” de su corazón no votará en esta ocasión por Pat Roberts, 78, senador en busca de renovar su escaño por cuarta vez y con casi medio siglo de trabajo en Washington a sus espaldas. La señora Ketzner se define “republicana clásica”, a saber: “creo en la familia, en el trabajo duro y en que el Gobierno se mantenga fuera de mis asuntos”.
La calle –informada por los sondeos- daba por hecho que los republicanos tomarían en esta ocasión el control del Senado, que renueva un tercio de sus escaños como cada dos años. Eso fue hasta que el candidato demócrata, Chad Taylor, se retiró de la carrera en Kansas y se sumó a la pugna Greg Orman, un empresario que se define como independiente pero que para los republicanos puede ser la definición de la derrota. La ascensión en los sondeos de Orman ha sido fugaz: 7%; 14%; 20%; 37; 47%... A menos de una semana de los comicios, las encuestas le dan entre 1 y tres puntos arriba, excepto una que da una ventaja mínima al senador Roberts.Pero, ¿acaso no es eso lo que persigue también el senador Roberts? “No”, contesta enérgica mientras atiende clientes en un destartalado café a las afueras de Wichita. “Roberts ha ido demasiado lejos, demasiado a la derecha”, explica quien se define contraria al aborto, alérgica a los impuestos y cumplidora con el Señor, al ir cada domingo a la Iglesia para que su pastor la guíe. A la ultraderechización de Roberts, según la señora Ketzner, se suma el hecho de que ha pasado “demasiado tiempo” en el cargo –tanto que el senador ni siquiera posee residencia fija en Kansas y suele rentar una habitación en casa de un donante cuando viaja a su estado natal, lo que ha sido un tema –en su contra- en la campaña.
En una aparente busca constante de cambio, Orman votó en 2008 por Barack Obama y en 2012 por Mitt Romney. Hoy, este hombre de 45 años reclama algo que parecía imposible hasta hace un par de meses, que los votantes –mayoritariamente republicanos pero cansados del sistema- se olviden de los llamados ‘valores’ (aborto; inmigración; pero también incluidos en este capítulo armas y Obamacare) y opten por expulsar al ‘establishment’ de Washington. Pide hacer de Kansas un experimento político.
Si funciona, Orman hará historia. Bien lo sabe el senador Roberts, que en un acto de campaña este martes en un aeródromo a las afueras de Wichita lo hacía notar. “Miren esas cámaras”, decía señalando a los camarógrafos de televisión, apostados al final del hangar. “Los ojos del país y del mundo están puestos sobre nosotros porque podemos retomar el senado”, exclamaba bajo los aplausos. Por supuesto, el senador no dijo que esos mismos objetivos también le filmaban por lo contrario, por la posibilidad de que tras décadas sirviendo en el Congreso de EE UU sus ciudadanos dejen de querer sus servicios.
Saberlo lo sabía, o de otra manera su equipo de campaña no hubiera recurrido a la artillería de guerra y solicitado la ayuda de los pesos pesados –y posibles contendientes presidenciales en 2016- del partido. El lunes fue Mitt Romney en Kansas City –al que se unió el exsenador Bob Dole-; el martes en Wichita, Rand Paul, senador por Kentucky aupado por el Tea Party que busca ganarse la simpatía del Partido Republicano; la semana pasada el senador texano Ted Cruz… incluso la incombustible Sarah Palin, quien se resiste a abandonar el espectro mediático-político, ha acudido al rescate de Roberts.
No solo Roberts está en la cuerda floja en Kansas. Sam Brownback, 58, aspirante a la nominación para la Casa Blanca en 2008 y exsenador, lucha por su supervivencia tras haber fracasado lo que él calificó en 2010 al llegar a la mansión del Gobernador como “un experimento en tiempo real”. “Mi Administración probará de una vez por todas que el camino para ser próspero pasa por eliminar el Gobierno de la vida económica”.
Hasta ese momento, ningún otro Estado había ido tan lejos al reducir de forma drástica los impuestos para las rentas más altas; endurecer el proceso para obtener prestaciones sociales; eliminar de un plumazo hasta cuatro agencias estatales con la consecuente pérdida de empleos (hasta 2.000); y recortar en 200 millones de dólares el gasto en educación, la mayor reducción en la historia de Kansas. Todo ello aconsejado por el economista de la era de Ronald Reagan, Arthur Laffer, padrino de la escuela de la economía de la oferta y quién describió el proceso como “una revolución en un trigal”.
“Se cambia América cambiando primero los Estados”, declaró Brownback durante la campaña de 2012. Dos años más tarde, los resultados no invitan a la copia. El recorte de impuestos ha provocado una pérdida de ingresos públicos de casi 700 millones; Kansas podría ser deficitario hasta 2019 y tanto Moody´s como Standard & Poor´s han rebajado notablemente el crédito del Estado. Brownback podría no repetir mandato.
Tras tres décadas de votar por un republicano para que ocupe la mansión del Gobernador en Topeka, el matrimonio formado por Rosie y Wesley Denning romperá la tradición y se pasará a las filas demócratas al apoyar a Paul Davis, 42. “El Gobernador Brownback acabará por hundir el Estado”, asegura Wesley Denning mientras al caer la noche carga las bolsas de la compra realizada en Wal-Mart en su furgoneta. “Su ‘experimento’ nos dejará sin escuelas, sin trabajos y sin futuro”. “Los experimentos en el laboratorio”, musita a su lado la señora Denning.

Una utopía ultraconservadora fallida

No solo Roberts está en la cuerda floja en Kansas. Sam Brownback, de 58 años, aspirante a la nominación para la Casa Blanca en 2008 y exsenador, lucha por su supervivencia tras haber fracasado en lo que él calificó en 2010 al llegar a la mansión del Gobernador como “un experimento en tiempo real”. “Mi Administración probará de una vez por todas que el camino para ser próspero pasa por eliminar el Gobierno de la vida económica”.
Hasta ese momento, ningún otro Estado había ido tan lejos al reducir de forma drástica los impuestos para las rentas más altas; endurecer el proceso para obtener prestaciones sociales; eliminar de un plumazo cuatro agencias estatales con la consecuente pérdida de empleos (hasta 2.000); y recortar en 200 millones de dólares el gasto en educación, la mayor reducción en la historia de Kansas. Todo ello aconsejado por el economista de la era de Ronald Reagan, Arthur Laffer, padrino de la escuela de la economía de la oferta y quién describió el proceso como “una revolución en un trigal”.
“Se cambia América cambiando primero los Estados”, declaró Brownback durante la campaña de 2012. Dos años más tarde, los resultados no invitan a la copia. El recorte de impuestos ha provocado una pérdida de ingresos públicos de casi 700 millones; Kansas podría ser deficitario hasta 2019 y tanto Moody’s como Standard & Poor’s han rebajado notablemente el crédito del Estado. Brownback podría no repetir mandato.
Tras tres décadas de votar por un republicano para que ocupe la mansión del Gobernador en Topeka, el matrimonio formado por Rosie y Wesley Denning romperá la tradición y se pasará a las filas demócratas al apoyar a Paul Davis, de 42 años. “Brownback acabará por hundir el Estado”, asegura Wesley Denning. “Su ‘experimento’ nos dejará sin escuelas, sin trabajos y sin futuro”. “Los experimentos en el laboratorio”, musita a su lado la señora Denning.

LAS FARC COLOMBIANAS RECONOCEN EL DAÑO A LOS CIVILES

Las FARC admiten por primera vez el daño causado a los colombianos

La guerrilla, que negocia desde hace dos años su final con el Gobierno de Santos, dice que los civiles jamás fueron su objetivo

 Bogotá DIARIO EL PAIS, MADRID30 OCT 2014 


La guerrilla de las FARC, que desde hace dos años negocia con el Gobierno de Juan Manuel Santos el final de 50 años de conflicto armado en Colombia, reconoció ayer el daño causado a la población civil. “Es evidente que hemos intervenido de manera activa [en el conflicto] y hemos impactado al adversario y de alguna manera afectado a la población que ha vivido inmersa en la guerra”, dijo el jefe guerrillero conocido como Pablo Atrato en La Habana, sede de las negociaciones de paz.
Esta declaración de las FARC llega cuatro meses después de que los negociadores de ambas partes dijeran que cualquier discusión sobre cómo reparar a los afectados por la violencia partía de reconocer su responsabilidad. Ese anuncio fue considerado como histórico, ya que la guerrilla se había negado a hacerlo con el argumento de que sus acciones fueron una respuesta a la violencia del Estado. “Ahora, al reiterar su responsabilidad, lo hacen de una forma más contundente”, dice Carlos Prieto, analista de la Fundación Ideas para la Paz. 
Sin embargo, las FARC dijeron ayer que los civiles no han sido su principal blanco y que nunca ha existido por parte de su organización una política para victimizar a la población. “Reconocemos explícitamente que nuestro accionar ha afectado a civiles en diferentes momentos y circunstancias a lo largo de la contienda, que al prolongarse ha generado mayores y múltiples impactos, pero jamás como parte de nuestra razón de ser”, dijo Atrato. Estas “afectaciones”, según las FARC, son errores involuntarios o “consecuencias no previstas en circunstancias de guerra”. Este anuncio de las FARC se produce días antes de que Santos emprenda desde el próximo lunes un viaje de cinco días por Europa para buscar un mayor respaldo al proceso de paz. Sólo el 39% de los colombianos confían en que se firme el pacto, según un sondeo publicado ayer. 
Precisamente, Santos aseguró ayer en Bogotá que el hecho de que las víctimas viajen a La Habana no quiere decir que se estén negociando sus derechos. “No son negociables. Lo que hicimos fue dar un paso audaz para que las propias víctimas nos dijeran a las dos partes en la mesa cómo quisieran ellas mismas que nosotros respetáramos sus derechos”, indicó. Sin embargo, las FARC han tenido salidas en falso, como negar la condición de víctima de la parlamentaria Clara Rojas, que permaneció seis años secuestrada.Los negociadores se concentran ahora en discutir cómo se resarcirán los derechos a la verdad, la justicia y la reparación, de cerca de siete millones de víctimas de la guerra en Colombia, por lo que desde mediados de agosto han viajado a La Habana 36 afectados no solo por la guerrilla, sino también por los paramilitares y agentes del Estado, para verse con los negociadores. Estos viajes han generado gran polémica en Colombia, ya que algunos consideran que solo deberían ir las víctimas directas de las FARC.