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Thursday, January 29, 2015
ISRAEL ABATE CASCO AZUL ESPAÑOL?
Un cabo español cae bajo fuego israelí
Un casco azul fallece en Líbano en la respuesta del Ejército a ataques de Hezbolá
España pide a la ONU una investigación “inmediata, exhaustiva y completa”
Miguel González Madrid, DIARIO EL PAIS, MADRID, 28 ENE 2015
El cabo Francisco Javier Soria Toledo, de 36 años, perdió la vida este miércoles en el sur de Líbano al resultar alcanzado por un proyectil lanzado por el Ejército de Israel en represalia por un ataque de la milicia chií Hezbolá. El casco azul español prestaba servicio en la posición 4-28 —un destacamento de la Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (FINUL), con más de medio centenar de militares—, cuyas coordenadas son plenamente conocidas por el Ejército israelí, en las proximidades de la aldea de Ghayar, dividida entre Líbano e Israel. El militar se hallaba solo en una garita, realizando funciones de centinela, por lo que fue el único miembro del contingente alcanzado por el proyectil.
Francisco Javier Soria. / Defensa
Después de que Hezbolá tendiese una emboscada a un convoy israelí en las Granjas de Shebaa (una zona ocupada por Israel en la confluencia de las fronteras de Líbano y Siria), en el que murieron dos militares israelíes y otros siete resultaron heridos, y lanzase al menos seis cohetes contra Israel, la artillería de este país respondió con una andanada de 30 disparos —al parecer granadas de mortero— sobre la zona donde está el destacamento español, a escasos kilómetros de distancia.
El cabo resultó mortalmente herido por uno de los primeros disparos, hacia las 11.30, según fuentes militares españolas. Las investigaciones iniciales apuntan a que el Ejército israelí utilizó proyectiles que explotan antes de tocar el suelo y expanden munición antipersona, lo que amplía la zona afectada.
La FINUL pidió al Ejército israelí un cese el fuego para evacuar al herido, ya que no podía acercarse el helicóptero medicalizado, pero cuando logró llegar el equipo sanitario, procedente de la base principal del contingente español en Marjayún, distante 20 kilómetros, el cabo ya había fallecido.
La evacuación del cadáver se retrasó aún varias horas porque a las 13.30 se reanudaron los intercambios de disparos, mientras el equipo médico se hallaba aún en el destacamento. Cuando cesaron totalmente los combates, el cuerpo fue trasladado hasta Marjayún, desde donde estaba previsto llevarlo en helicóptero hasta Beirut para que sea repatriado este mismo jueves a España, informa Natalia Sancha.
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En alguna ocasión el Ejército israelí había avisado a la FINUL antes de bombardear suelo libanés, pero esta vez no consta que lo hiciese, por tratarse de una represalia inmediata contra el ataque de Hezbolá; y, si lo hizo, los cascos azules ni siquiera tuvieron tiempo de guarecerse en los refugios de los puestos que jalonan la Línea Azul, que marca la separación entre Líbano e Israel. Un portavoz de las Fuerzas de Defensa de este país evitó precisar, a preguntas de EL PAÍS, si hubo aviso previo a la FINUL y se remitió al comunicado oficial, en el que el Ejército israelí “transmite sus condolencias” por la muerte del militar español y asegura que está investigando lo sucedido. Fuentes militares españolas no creen que el ataque al puesto de la ONU fuese deliberado y sospechan que su objetivo era cortar la retirada al comando de Hezbolá, “pero ya han demostrado en el pasado que tampoco les importa demasiado si te cogen en medio y te llevan por delante”.
La respuesta de Hezbolá se esperaba desde que, el pasado 18 de enero, Israel atacase una columna de la milicia chií libanesa en Siria, matando a seis de sus miembros y a un general de los Pasdarán iraníes, cerca de los Altos del Golán. Israel había elevado en las últimas semanas la alerta en su frontera con Líbano y Siria y desplegado su escudo antimisiles (Cúpula de Hierro) en el norte del país, según informes de la inteligencia militar.
Un pelotón en la posición 428, sobre la 'Blue Line'. / N. S.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, pidió a la ONU una investigación “inmediata, exhaustiva y completa” de lo sucedido y no quiso señalar a Israel hasta contar con toda la información. “Cuando tengamos todos los datos haremos lo que tengamos que hacer y no me temblará la voz para exigir todas las responsabilidades que sean necesarias”, aseguró en una comparecencia conjunta con el enviado de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, en Madrid.
El ministro habló en la mañana de este miércoles con la embajadora española en Líbano, Milagros Hernando, quien le informó de lo sucedido, y recibió una llamada del embajador israelí en Madrid, Alon Bar, que le trasladó sus “condolencias y disculpas”.
Luego fue su homólogo israelí, Avigdor Lieberman, el que le llamó para darle sus condolencias por la muerte del casco azul y responsabilizar de lo sucedido a Hezbolá. Lieberman culpó, además, al Ejecutivo libanés de los ataques que se lanzan contra Israel desde su territorio. Margallo le precisó su intención de pedir una investigación para aclarar lo sucedido y le pidió la colaboración “al máximo nivel” de las autoridades israelíes con el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz (DPKO) de la ONU, encargado de realizarla, según fuentes de Exteriores. Liberman se comprometió a ello.
El portavoz de la ONU, Stephane Dujarric, aseguró que FINUL ya “ha iniciado una investigación para aclarar los hechos y circunstancias del incidente” y llamó a las dos partes, Israel y Hezbolá, a la contención, para evitar acciones que puedan desestabilizar aún más la situación, informa desde Nueva York Sandro Pozzi.
El ministro de Defensa, Pedro Morenés, interrumpió el viaje que había iniciado a India y regresó a España. En declaraciones a Efe, aseguró que “hay opiniones para todos los gustos” sobre la autoría del ataque que acabó con la vida del cabo y que España ha pedido una investigación a la ONU para no tener “preposicionamientos que luego pueden ser erróneos”.
Francisco Javier Soria es el decimotercer militar español que fallece en Líbano y el primero que lo hace por fuego israelí. El 24 de junio de 2007, seis soldados perdieron la vida por la explosión de un artefacto. La autoría del atentado nunca se aclaró, pero los militares españoles siempre sospecharon que se trataba de un aviso de Hezbolá. El Ejército español se incorporó a la FINUL en 2006, tras la última guerra entre Israel y Hezbolá. Su contingente actual, tras varias reducciones, asciende a 580 militares.
Wednesday, January 28, 2015
OBAMA IN INDIA
Hey, America: Give the Balance of Power a Chance
Paul R. Pillar, THE NATIONAL INTEREST, JANUARY 27.
President Obama and his team scored an early success in the president's visit to India that didn't really require any effort on their part. The first 45 minutes of the president's meeting with Prime Minister Narendra Modi was devoted to discussing China, with the U.S. side pleased to find Modi sharing their own concerns about implications of China's rise for the strategic situation in the region. Not only were the U.S. and Indian assessments about China congruent; Modi took the initiative in suggesting revival of an informal security network that included the United States, India, Australia, and Japan.
Modi's posture on this subject was much different from what has characterized India's overall strategic posture for most of its history since independence. Throughout the Cold War a major element of Indian diplomacy was what bore the label of neutralism, and later was more often called nonalignment. Neutralism did not sit well at all with U.S. policymakers, some of whom—most notably Secretary of State John Foster Dulles—sharply criticized it. In 1956 Dulles stated, “These neutral governments do not seem to realize that the Communist intentions are so diabolical and so hostile to their freedom and independence.” He said that neutralist countries “would eventually succumb unless they could develop a crusading spirit against the evil forces of Communism.” Dulles especially angered the Indians by referring to their variety of neutralism as “immoral”.
Dulles may have been more unrestrained than most in the language he applied to this topic, but he was reflecting a strong and recurring American outlook that has been applied as well to other situations in international politics. That outlook is one of seeing the world divided fairly clearly between good guys and bad guys, of becoming impatient with those who do not see it the same way, and of using U.S. initiative to get the laggards to take their proper place in the good-vs.-bad lineup. That outlook manifested itself years after the Cold War when President George W. Bush told everyone else in the world that they were either with us or with the terrorists.
Two basic problems have limited the effectiveness of this habitual American approach. One is that many people and governments do not see the global lineup the same way, and they have good reasons not to. International conflict is just not that simple, and cannot be reduced to such orderly lines. The other reason is that most people and governments do not like being prodded by the United States into standing in particular spots in the lineup as the United States defines it. They would rather reach their own conclusions and make their own decisions in acting on those conclusions. Certainly this last consideration has been for many years a major factor in shaping Indian policies.
A different and better approach for the United States would be more often to let the natural rhythm of the balance of power work. This would be understood by serious realists, for whom balancing in international politics is a core concept. There is something of a hidden hand at work, akin to how such a hand works economically in free markets. The hidden hand does not write the same script each time, and political scientists have explored the conditions under which balancing rather than bandwagoning is most likely, and vice versa. But if something a would-be hegemon is doing worries us, it probably is worrying others as well.
And thus expansion of Chinese power, including into India's own ocean, naturally makes Modi worry, without our having to tell him that he should be worried, and makes him willing to do something about it. The favorable result at the New Delhi meeting demonstrates how a balancing approach that relies on others' own interests and conclusions usually will be more successful than lecturing people, pushing and prodding them into our preferred position, or casting moral aspersions on them.
Image: White House Flickr.
MATANZA DE IGUALA: CASO CERRADO PARA EL GOBIERNO MEXICANO
“Encargué que mataran a los estudiantes y destruyeran todo”
El Gobierno mexicano da por asesinados e incinerados a los 43 normalistas
La confesión de un jefe sicario culmina la investigación
Jan Martínez Ahrens México, DIARIO EL PAIS, MADRID, 28 ENE 2015
Los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa han dejado el mundo de los desaparecidos y entrado oficialmente en el de los muertos. Desde ayer, las autoridades mexicanas les consideran fallecidos y sostienen, ya sin asomo de duda, que fueron detenidos, asesinados e incinerados. Y todo por una terrible confusión: los sicarios de Guerreros Unidos les tomaron por integrantes de un cartel rival, Los Rojos. Esta conclusión, rechazada de plano por las familias, abre el camino al cierre de un caso que ha convulsionado al país como pocos en la historia reciente y cuya persistencia en las primeras planas, alimentada por las dudas sobre la investigación oficial, lo había transformado en un huésped incómodo para el Ejecutivo. Un foco de erosión y protesta ante el que el presidente, cuyo nivel de aceptación popular toca mínimos históricos, ha decidido pasar página: “Estoy convencido de que este instante, este momento de la historia de México, de pena, tragedia y dolor, no puede dejarnos atrapados; no podemos quedarnos ahí”.
En este nuevo capítulo de la tragedia de Iguala ha jugado un papel fundamental la reciente detención de Felipe Rodríguez Salgado, alias El Cepillo. Este sicario de Guerreros Unidos, líder de una célula de 10 maleantes, fue el hombre que, según confesión propia, recibió la instrucción de su jefe de liquidar a los estudiantes. El núcleo de su espeluznante declaración habla por sí mismo: “El Chucky [su jefe] me llamó por teléfono y me dijo que me iban a entregar dos paquetes con detenidos y que eran de Los Rojos […] Eran entre 38 y 41, no los conté; algunos venían amarrados con mecate o esposados, y otros golpeados y ensangrentados […]. Al llegar al basurero de Cocula, bajamos a los estudiantes de las camionetas. Me percaté de que algunos, los que estaban abajo, ya habían muerto, creo que por asfixia. Quedaban vivos unos 15 a 18 estudiantes […]. Le encargué a El Pato que se hiciera cargo de todo, de entrevistarles y darles piso y que destruyera todo […]. El Pato ya había acostado a cuatro detenidos y les disparó en la nuca”.
Con esta explosiva confesión en la mano, el Gobierno mexicano decidió salir en tromba y poner punto final a las especulaciones sobre la tragedia de Iguala. Para ello puso delante de las cámaras al procurador general, Jesús Murillo Karam, y al director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomas Zerón. Ambos dieron un intenso repaso a las investigaciones efectuadas: 487 informes periciales, 386 declaraciones, 99 detenidos, 95 teléfonos móviles investigados, 14 registros… De esta batería de pruebas destacaron los restos óseos (uno de ellos identificado por el ADN como perteneciente al normalista Alexander Mora Venancio), las trazas de la pira que supuestamente devoró los cadáveres, las confesiones de los sicarios y los agentes municipales, los reconocimientos de los supervivientes, así como las conexiones y ubicaciones de los teléfonos celulares esa noche. Todo ello les permitió ofrecer un cuadro final, “una verdad histórica” de lo ocurrido, y que, en esencia, corresponde con la reconstrucción oficial conocida desde noviembre pasado.
El relato se inicia la tarde del 26 de septiembre, cuando los normalistas entraron en Iguala (Guerrero) con la intención de recaudar fondos para sus actividades y de tomar a la fuerza cuatro autobuses para asistir a la conmemoración de la matanza de Tlatelolco en la Ciudad de México. Su llegada a una localidad sometida al imperio del cartel de Guerreros Unidos no pasó inadvertida. Los halcones alertaron a sus jefes, entre ellos, al propio alcalde y su esposa, dos importantes integrantes de la organización criminal. La orden de pararles devino en locura. La Policía Municipal de Iguala, una terminal del narco, inició una feroz persecución que dejó sobre el asfalto seis muertos y permitió la captura de 43 aterrados estudiantes. Para borrar huellas, se les puso en manos de los agentes del vecino municipio de Cocula, igualmente corruptos. Los sicarios estaban convencidos de que entre los estudiantes había miembros del cartel rival, Los Rojos. Y de la captura se pasó al exterminio. Los normalistas fueron entregados a los sicarios en el paraje de Lomas del Coyote. Subidos en dos camionetas, fueron trasladados hasta un recóndito basurero de Cocula. Apilados como bestias, uno encima del otro, la mayoría llegó muerta por asfixia. A los supervivientes, una vez en el vertedero, les mataron de un tiro en la nuca. Sus cadáveres fueron incinerados en una inmensa pira y los restos, siempre según esta versión, arrojados en bolsas de basura al río San Juan.
Pese a la abundancia de testimonios aportados, la intención gubernamental de pasar página va a ser difícil del cumplir. El propio procurador general reconoció que mientras no se detenga a todos los implicados la investigación seguirá abierta. Entre los prófugos se encuentran los jefes policiales de Iguala y Cocula y también los lugartenientes de Guerreros Unidos que dieron la orden de matar a los estudiantes. Sus testimonios son claves para despejar las últimas dudas. Entre ellas, la fundamental: por qué los sicarios tomaron a los estudiantes por un cartel rival. Murillo Karam señaló que no hay ninguna prueba que indiqué que hubiera infiltrados del narco entre los estudiantes. Y si esto es así, ¿qué ocasionó esa terrible confusión?
Tampoco le resultará fácil al Gobierno, en pleno año electoral, restaurar la confianza. Las familias de los fallecidos se han distanciado de las tesis oficiales. Para muchos de ellos, el Ejecutivo carece de credibilidad y se niega a llegar al final de la trama. “Repudiamos la forma de actuar el Gobierno, pretenden cerrar de forma descarada el caso y no les importa el daño que causen a las familias. No bastan las declaraciones de los asesinos, queremos una demostración científica. Los padres seguimos en la lucha”, señaló el portavoz de las familias, Felipe de la Cruz. “Falta de mascada información no podemos permitir que este caso se cierre de un día para otro”, afirmó el representante de los normalistas, David Flores.
Bajo esta borrasca, algunos medios que han llegado a apuntar a la responsabilidad del Ejército y de la Policía Federal en la matanza. Una imputación que desmienten las autoridades mexicanas. Pero la hoguera difícilmente se apagará. Las protestas por la tragedia de Iguala siguen convocando a miles de personas y, en un país que se ha visto sacudido en pocos meses por una sucesión de escándalos en las más altas esferas, cualquier chispa puede ahondar la crisis.
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